5 sept. 2016

Volver a un mundo tan diferente es una experiencia muy curiosa, casi divertida. No recordaba muchas cosas, pero a la vez soy capaz de adaptarme a esta nueva corriente, como si fuera capaz de cambiar mis costumbres a la velocidad de un chasquido.

Estoy segura que nadie ha advertido los problemas que tengo para relacionarme con otros, y que me introducción en esa ciudad desconocida ha pasado sin mayores contratiempo. Ahora soy como una más, siempre presente pero desde no se sabe cuanto. La maestra del disfraz, esa soy yo.

Y mientras los observo desde mi discreta posición, aprendo cosas. Había olvidado la fragilidad de Xanos. No recordaba a una Therin tan fuerte. Olvidé los muchos mensajes que Zekk me envió para ella. No había tanta oscuridad en los ojos del que contenía a Ophiel en su interior.

Todo es diferente, y este mundo parece aproximarse a un fin que ninguno puede sentir. Quizás sea el fin de ese pequeño mundo que lo componen estas personas con las que regreso. Caminan sobre hielo. Podría advertirles. Pero soy tan lejana ya que estaría afectando a un mundo al que no pertenezco. Y además... no sería tan divertido.

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