13 dic. 2015

A punto de partir



Hay tantos lugares por explorar que apenas puedo concentrarme en uno sólo hacia el que emprender camino. De todas nuestras experiencias podemos aprender, en todos los rincones de todos los mundos se esconde una enseñanza, todos los entes pensantes pueden regalarnos una nueva reflexión. Por ese motivo es tan difícil emprender, marcar una ruta.

La observo y veo a mi hija. También al eco de su madre. La determinación de salvarlos a todos igual que la de su padre. Tiene tanto de todos los que la rodean, que perderla sería quebrar también en ellos lo mejor que le han dado. Comienzo no sólo a ver en ella muchas posibilidades, si no también una responsabilidad a la que mantener si finalmente se decide a viajar.
Porque claro, por temor a la vida que deja atrás, podría retractarse y dejar escapar esta oportunidad.

La esfera en la que se concentran la visión de todos los mundos que conozco pero no los que me quedan por conocer, sigue flotando delante de mí, emitiendo esa suave luz que rompe con la oscuridad. Es lo suficientemente tenue como para que no despierte a mi pequeña, que duerme a poca distancia de mí, de esta gastada madera que hace de mesa. Y lo suficientemente atrayente como para que mi mirada se pierda.


Allí, en esa oscura visión en la que despuntan esos mundos, mi mirada vuela en pensamientos nunca concretos, siempre viajando.

Tenemos tanto que aprender en un lugar que ha cambiado tanto, que me resulta tan ajeno... Cree que es para ella, pero será un descubrimiento para ambos. Y que sano será tener una compañía tan entusiasta, una mente tan hambrienta a mi lado.

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