13 abr. 2013

Tres días

El tiempo ha pasado demasiado deprisa. Más bien... ha sido corto para los acontecimientos que me han sucedido en solo... ¿tres días?
En la ciudad en la cual he estado más tiempo habían llegado un ejército encabezado por un temido general acompañado por su... fiel mano derecha. Esa última persona resultó ser alguien que ya conocía. Un elfo oscuro llamado Drek. Lo más impactante fue que resultó ser mi amante.
Entonces me pregunté: ¿tenía un amante? ¿por qué, si amaba a mi marido?
No lo comprendí, tampoco he tenido tiempo para comprenderlo del todo.

Es un hombre persistente, y en cierta parte, tierno. Ojos rojos que reflejan la verdad de sus sentimientos, que me impiden dudar de sus palabras. Intenté hablar con él, explicarle lo que pensaba hacer... disfrutar de los momentos que surgieran hasta que apareciera Ethan. Entonces intentaría estar con él, pero Drek me ha dado toda la vuelta.
Decidí darle una oportunidad, no sé exactamente para qué, creo que no he hecho bien. Pero me sentía bien en sus brazos, intentando conocerle.
Hasta que finalmente se decidió que al día siguiente nos marcharíamos y conocería a toda mi familia.

Marché, dejándolo con una esperanza y el recuerdo de un beso que no llegamos a darnos. En solo cuestión de días no puedo estructurar mi vida por completo.

Llegamos al pueblo en Dalanvor, donde vive mi hermano mayor. Estaba tan nerviosa que no podía responder por mí misma. Nara se quedó en Kaine-Dwin, ahora que más la necesito. Pero tenía que enfrentarme a eso.
Conocí a mi hermano, a mi hija que es... como si fuera yo en pequeña y con la piel más clara. Y a mi hijo. Todos parecían tristes. Entiendo lo duro que tiene que ser que a alguien a quién quieres no le puedes dar el abrazo que tanto ansías. No podía... era demasiada presión para mí pequeño corazón.

Entonces alguien apareció por detrás. Ya había conocido a quienes debía conocer, solo faltaba él. Me giré lentamente mientras apenas podía centrarme en observar al hombre que se mantenía en pie tras de mí.
Un tiflin, apuesto, alto... me moría de vergüenza, y no sabía por qué. Bueno, en realidad sí. 
Apenas lo miré, estaba muy asustada. Era un hombre muy cansado, que aparentaba más años de los que debería tener. Y en un momento me fijé en sus ojos.

Increíble.
Una mirada roja, cargada de tristeza. Como la de Drek. Incluso parece que ambas reflejan un sentimiento parecido. Pero al mismo tiempo, diferente.
Me abrazó mientras reprimía a duras penas algunos sollozos.
Y yo me dejé abrazar. Y durante ese abrazo pensé tanto... que finalmente mi cabeza decidió olvidar durante ese momento.

Pensar que... si lo recordara sería aún más doloroso, me hace saber que hay cosas que es mejor dejar en el pasado.

1 comentario:

  1. Es cuestión de vivir con lo que se tiene, el corazón, poco a poco, irá acallando la fuerza de las emociones

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