21 abr. 2010

Que disfrutes de tu estancia

Como un buen viajante, llego a una nueva ciudad de la que aún no sé su nombre. Parece una ciudad tranquila, pero ha sido un viaje muy largo y ahora mismo no tengo ganas de explorar. Por suerte encuentro un motel cercano, y observo que está viejo y desgastado. Al entrar veo que no es el mejor motel del mundo, pero espero que al menos tenga una cama y algo de comida digna. En la recepción encuentro a un muchacho sentado...con un cierto aire de pasotismo.

-Buenas noches.-Digo-¿Tendría una habitación en la que poder hospedarme por esta noche?

El chico hace un gesto con la mano en señar de dinero. Desde luego, no tiene demasiados modales...pero he de admitir que yo tampoco. Solo tengo 150 dólares, así que saco 50...pero al ver como se le salen los ojos de las órbitas al chaval, decido dejar mi oferta en 25. Se desanima levemente.

-Sígame.-Se levanta y me conduce hacia mi habitación.

La madera del lugar esta gastada, el papel de las paredes está arrancado...sin dudas he pagado demasiado. Al llegar a mi habitación no me sorprende encontrar lo que veo. El chico se va y me deja a solas. Contemplo un lugar pequeño, con una cama pequeña, una televisión pequeña y todo a un precio enorme.

-¡Para esto he pagado 25 dólares!-Grito.

Escucho un murmullo de queja a lo lejos. Para quejas yo, ¿no?
Veo que al lado del televisor hay unas cuantas películas calientes, y como soy un hombre (y además necesitado), decido ver alguna. Pero descubro que son de la misma calidad que el motel...cutres. Paro la película y decido que lo mejor va a ser dormir, pues el viaje ha sido duro.

Me acuesto en mi cama y el cansancio me vence, sumergiéndome en la oscuridad.

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