10 ago. 2017

Escapando de la bruma

Se abrieron las puertas, aumentando el caos de aquel huracán que había nacido en el sótano de aquella casa. Hubo gritos, tanto de aquellos que habían sido sorprendidos como de los que habían llegado para detenerles.

Estos últimos llegaron con armas, y al ver el portal se lanzaron con todo y contra todo con tal de detener a la última viajera. Nunca más escucharía las tres campanadas que marcaban el regreso a casa, y aquello no podía ser permitido.

Corrió la sangre de los esclavos con una violencia que hacía tiempo no era vista en aquella tierra imposible, y hasta el corazón del Dios, que todo lo observaba, tembló.

El portal se cerraba al instante que ella desaparecía, y en toda aquella agitación el círculo de la invocación había sido alterado. Era imposible seguirles. Así lo comunicó el soldado que informaba a la sacerdotisa, de la que se decía que había dejado de caminar entre los vivos.

Le escuchó con sorprendente tranquilidad, y aquel soldado podía decir que incluso sonreía. Podía estar satisfecha con todos aquellos a los que había apresado, y que serían castigados con vehemencia. Incluso cuando toda la información necesaria hubiera sido obtenida. Simplemente para asegurarse de que no olvidaran la lección.

Pero parecía otra cosa. Un conocimiento que el guardia no poseía y que prefería dejar de ese modo. Aún así, rompió su deseo, y habló.

- Sabré dónde encontrarles, no hay nada que temer. Hay un mensaje que debe ser escuchado. - decía, y comenzó a inclinarse hacia él, desde ese asiento que ocupaba, hasta quedar demasiado cerca del rostro del guardia. - Se avecina la guerra, una vez más.

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