7 jun. 2016

Engañarme es fácil. Me he lanzado a los brazos de una mujer a la que apenas empiezo a conocer. Creo que está tan asustada como yo, pero ya me he equivocado otras veces con las personas. Es complicado para mí ver señales, gestos, actos que podrían ser pasos para la traición.

Me cuesta dormir y también me cuesta, tal y como ella me dijo, llamarla porque tampoco en las noches consigue conciliar el sueño. Así el tiempo se pasaría más rápido, de forma amena, sin menos miedo. Si es un engaño, vivir felizmente en él durante un tiempo. Podría ser que solo nos necesitásemos durante unos meses. Quizás unas pocas semanas más.

Esa idea me molesta, me incomoda. No quiero esperar demasiado en ella, pero es difícil.

Tal vez no sea para siempre. Ni siquiera hasta que se acabe, sin medir el tiempo. Puede que seamos consuelo mutuo y después necesitemos separarnos.
He conseguido con ella aferrarme de nuevo a la vida con una nueva cuerda. Antes solo me ataba una, fuerte, pero también quebradiza con el paso del tiempo. Sigo caminando sin rumbo, esa es mi verdad.

Mientras, ella parece feliz en esta quietud para el alma. ¿Cómo explicarle que podría estar solo de paso? ¿Podría comprenderlo? ¿Podría soportar ese dolor?

Esa llama que me pide tanto de otros es la que a la vez les está hiriendo. Vuelvo a pensar en apagarla... hasta que la vida vuelva a prender, a iluminar con un sentido.

5 jun. 2016

Hemos salido otra noche para conducir hacia ninguna parte, con gasolina robada, música que se escapa por las ventanillas abiertas y algo de alcohol que pasa de mano a mano. Hoy me ha tocado en la ventana, a través de la que me dedico a mirar. Es fácil que me aísle de todo mientras les escuche de fondo cantar.

Mañana es domingo y nos toca regresar a clases, de forma diferente desde que ella apareció de vuelta desde Moscú. Ha cambiado mucho, y parece que ya no tiene tanto miedo. Creo que le invadía más que a mí cuando nos conocimos.

Con la obsesión que tiene por contárselo todo a mi padre podría quebrarlo todo, pero a la vez me ha hecho recordar esa fantasía absurda que tenía de pequeña. Corriendo por la casa para encontrar a esa gigantesca familia que nunca he conocido y que ahora sé que no tengo. Quizás podría estar habitada por sus amigos, por otros músicos, por Falk, por Andrea... Hacer nuestra vida todos juntos, unidos, considerándonos una familia de verdad aunque esté rota.

Quizás sea un sueño que todavía se pueda cumplir, si ella quisiera.
El móvil sigue en mi bolsillo y podría llamarla, es fácil. Proponerle algo, una idea, intentar que lo pensara al menos... y acabo de ver a un lobo enorme cruzar la carretera. ¿Qué? Un lobo gigantesco. Atravesando la carretera en perpendicular, detrás de nosotros. Creo que nadie lo ha visto. Estaban en el punto álgido de la canción que les obsesiona ese mes.

Un escalofrío. El viento que entra por la ventana se hace insoportable de golpe. A Natt no parece importarle que me eche en su hombro, incluso me abraza. Es como recordar una pesadilla. Y la idea de llamar... se esfuma.