21 may. 2016

Ya corría la tercera copa de vino, en una noche que se mostraba sin luna y la amenaza de que la paz muriese en el imperio era cada vez más. El cuartel estaba en silencio, ya establecidas las nuevas guardias y sin margen para conversaciones banales.
Solo palabras se escuchaban en la celda de la teniente, que liberada de responsabilidades, podía actuar como el verdadero cargo que ostentaba. Había recibido la visita de su subordinado, en quien sabía que podía confiar. Y la tensión era cada vez mayor.

- Está muy lejos de casa, es joven y tiene una vida que vivir. No es ella. - repuso ella, con la mirada perdida en el vacío y el puño cerrado frente a su boca.

El suboficial la observaba, de pie a diferencia de ella, con los brazos cruzados. Lentamente, negaba con la cabeza, antes de hablar:

- Tiene el marco perfecto para que el resto del mundo piense que es inocente.
- Aún así. Es diferente.
- Te estás dejando llevar por lo que te inspira. Nunca lo haces. ¿Por qué? - dijo mientras extendía los brazos, desbordado por esa falta de frialdad.

Ella alzó la mirada por primera vez hacia él, moviendo ligeramente la cabeza, como buscando las palabras adecuadas. Recordaba su reacción ante la falsa noticia de la muerte de la Emperatriz, y había sido duro incluso para ella. La idea se le hacía terrible, había tenido que hacerla real para realizar el interrogatorio.

- Parece sentir verdadero afecto. - concluyó, casi en un susurro. Solo supo que él le había escuchado por la ira que creía en su rostro.
- Y por eso debemos olvidar todo lo que la rodea. Maldita sea, todo apunta hacia ella. - dijo, antes de girarse después de dar un golpe en la mesa.

Ese golpe hizo que la teniente se alterase, y acabara de pie aunque fuera solo para llevar algo de control sobre la situación.

- Escucha. Escúchame. - le reclamó, haciendo que su interlocutor se destuviese con la mano en el pomo de la puerta que les encerraba en esa celda. - Si da un paso en falso, si me da motivos de más además de los que ya tiene... yo misma le cortaré las manos con las que conjura. Y la llevaré a la justicia.

- Esperemos que haya un imperio para entonces desde el que ejercerla.

Y salió por fin, dejando dudas, miedo y un futuro por descubrir.

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