21 may. 2014

Un solo gesto

Más sentimientos habían comenzado a tomar forma en el maldito camino, entorpeciendome. Y ni siquiera había hecho falta de que pasara demasiado tiempo. El encuentro con el indeseable mago... ¿Cómo podía extrañar su presencia? ¿Cómo podía preferir su compañía a la de... cualquier otro?

No te necesita tanto, no eres como él.

Sentía como dolía mi cuerpo de la misma rabia contenida. Y ella, con manipuladoras palabras me había arrastrado hacia una mesa. Quería hablar de un futuro, de la felicidad. Metas y sueños. Esa clase de conceptos habían sido creados para los humanos. No estaban a nuestro alcance, pues nuestro fin último ya estaba finalizado. ¿Por qué seguíamos entonces allí? Todo perdía sentido por momentos.

Salvo mi mano moviéndose hacia un borde de la mesa. Al principio, como un modo de contener el puñetazo que caería sobre la tabla de madera. Segundos después, solo quedaba el deseo de acariciar sus dedos. Que poco a poco se acercaban a los míos. Mi corazón amenazaba con explotar de puro gozo, nerviosismo o alguna otra absurda emoción desaforada.

Nuestras manos se encontraron, piel con piel, dejando en mi rostro una sonrisa, y en mi memoria una marca que no se borraría nunca.

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