Parscia marchaba una vez más. Después de la destrucción que habíamos iniciado en este pequeño punto de Bisra, todo iba a cambiar.
Hijas e hijos de Parscia desfilaban, haciéndose notar a nuestros enemigos con el ensordecedor ritmo de sus pasos, avanzando hacia la victoria. Y sabía, que de estar entre ellos, mirando sus rostros, vería en sus ojos un brillo especial. No era más que esa luz que daba la esperanza de regresar a casa antes de lo esperado, dando fin a todo este sufrimiento, pero mezclada con ese miedo de haber visto cosas increíbles... y que alimentarían sus pesadillas durante los años que estaban por venir.
Quizás así luchasen con más fiereza. Si mataban a todos los Ile-Riens sobre este continente, no tendrían que volver a escuchar cómo el fuego devoraba a las gentes de Bisra. Sí, pocos lo verían así, pero estaba por verse cómo sucedería la batalla final.
Mi imaginación me había transportado junto a los soldados, pero no... mis pies seguían en lo alto de la pequeña montaña que decoraba el campamento donde habían descansado estos días, donde podía contemplar nuestra grandeza.
El frío arreciaba, y las heridas en mi rostro empezaban a quemar una vez más al contacto con ese viento helado. Eso aumentaba mi ira, que solo lograba calmar la carta que ahora quedaba oculta en mi abrigo.
En esa carta, las palabras más sabrosas que podría imaginar. Bezler, hasta ahora cabeza del escuadrón más poderoso de Parscia, respondería ante mí. Su resistencia durante años a mis métodos no había servido de nada, pues la verdad había acabado por quebrar todo pudor, toda excusa, toda palabra que estuviese en mi contra. Se avecinan tiempos de sangre y muerte, y serán los cimientos de nuestro imperio.
Los dioses sabrían perdonar todo aquello que les hiera. Al fin y al cabo, ellos han construido el camino que ahora sigo. Y por ellos que llegaré hasta el final.
29 dic 2018
27 dic 2018
Lo mejor de la aventura
Esta noche apenas puedo dormir. No dejo de darle vueltas a todo lo que he vivido en el campamento de los soldados de Parscia. A veces me despierto tras haber soñado que soy yo la que está dentro de esas jaulas, mal nutrida y sucia, castigada físicamente y coaccionada. Ojalá el hombre al que ayudé a escapar se los hubiera llevado a todos. Ahora él debe estar lejos de aquí, a salvo. Quizá el odio creciendo en su corazón. Al igual que en el del Capitán Hefron.
El Capitán... me dan escalofríos de recordarlo. Lo que he hecho tras haber ayudado al prisionero de Ile-Rien ha desencadenado que, si era posible, su odio sea aún mayor que cuando llegué al campamento. No por eso me arrepiento de haber colaborado en su huida.
De hecho, creo que todos mis compañeros están preocupados por mí ahora debido a todo lo que he visto. Y es natural, yo también lo estaría en su lugar. Sin embargo, a pesar de todo lo horrible que he podido encontrar allí, no puedo evitar sentirme satisfecha por haber formado parte de todo eso durante este corto tiempo. Los soldados de Parscia me acogieron bien, al igual que los conversos de mi propia nación. Nunca imaginé que eso fuera posible, de hecho creo que no existe esa posibilidad en el bando de Ile-Rien.
Al menos el recuerdo de jugar con ellos, de contar anécdotas o historias de terror y de verles beber y fumar, olvidando durante unos momentos su destino, me hace sentir una agradable sensación dentro de mí.
Como decía mi hermana Ada: "Quédate siempre con lo mejor de la aventura, o si no todo lo malo que pueda ocurrirte será lo único que recuerdes al volver a casa".
El Capitán... me dan escalofríos de recordarlo. Lo que he hecho tras haber ayudado al prisionero de Ile-Rien ha desencadenado que, si era posible, su odio sea aún mayor que cuando llegué al campamento. No por eso me arrepiento de haber colaborado en su huida.
De hecho, creo que todos mis compañeros están preocupados por mí ahora debido a todo lo que he visto. Y es natural, yo también lo estaría en su lugar. Sin embargo, a pesar de todo lo horrible que he podido encontrar allí, no puedo evitar sentirme satisfecha por haber formado parte de todo eso durante este corto tiempo. Los soldados de Parscia me acogieron bien, al igual que los conversos de mi propia nación. Nunca imaginé que eso fuera posible, de hecho creo que no existe esa posibilidad en el bando de Ile-Rien.
Al menos el recuerdo de jugar con ellos, de contar anécdotas o historias de terror y de verles beber y fumar, olvidando durante unos momentos su destino, me hace sentir una agradable sensación dentro de mí.
Como decía mi hermana Ada: "Quédate siempre con lo mejor de la aventura, o si no todo lo malo que pueda ocurrirte será lo único que recuerdes al volver a casa".
5 dic 2018
Parece imposible que permanezcamos todos juntos. Me estaba frustrando y asustando demasiado todo, y más aún al escuchar la noticia de que Alexandra había muerto. Las esperanzas se estaban diluyendo, y el miedo a perder más aún me hizo agarrar la llave y desear que mi padre viniera con nosotros.
Aún no entiendo cómo funciona esto. Ahora los tres están juntos y yo... podría haber ocupado el lugar en la celda de mi padre, y si mi madre tiene razón y lo que querían aquella noche era a mí, podría haber significado algo terrible.
Pero ni mi padre estaba en la celda ni Alexandra estaba muerta.
Ahora creo que estamos más lejos aún. Pero... ¿de qué? No puedo volver a casa. No puedo estar con mi familia porque ahora deben estar muy lejos. Solo la tengo a ella, caminando a tientas, sin saber a dónde ir. Tengo el nombre de la ciudad donde les dejé, pero nada me garantiza que vayan a estar allí cuando yo llegue. Me pregunto si Ada se sentirá igual de perdida que yo. Si no tenía opción de volver a casa... ¿cuál sería su destino?
Tenemos que seguir adelante, simplemente. Ocultarnos, sobrevivir, y con un poco de suerte encontrar a mi familia. Que Dios, o los Dioses, o quien sea... nos protejan.
Aún no entiendo cómo funciona esto. Ahora los tres están juntos y yo... podría haber ocupado el lugar en la celda de mi padre, y si mi madre tiene razón y lo que querían aquella noche era a mí, podría haber significado algo terrible.
Pero ni mi padre estaba en la celda ni Alexandra estaba muerta.
Ahora creo que estamos más lejos aún. Pero... ¿de qué? No puedo volver a casa. No puedo estar con mi familia porque ahora deben estar muy lejos. Solo la tengo a ella, caminando a tientas, sin saber a dónde ir. Tengo el nombre de la ciudad donde les dejé, pero nada me garantiza que vayan a estar allí cuando yo llegue. Me pregunto si Ada se sentirá igual de perdida que yo. Si no tenía opción de volver a casa... ¿cuál sería su destino?
Tenemos que seguir adelante, simplemente. Ocultarnos, sobrevivir, y con un poco de suerte encontrar a mi familia. Que Dios, o los Dioses, o quien sea... nos protejan.
2 dic 2018
"Simplemente... no están"
La reunión se había prolongado demasiado tiempo, y lo único que había pedido para sí misma eran unos momentos de soledad en sus jardines privados. Alexandra todavía escuchaba las voces que continuaban demandando atención, proponiendo iniciativas absurdas, destinando recursos a causas que estaban arruinando la nación...
Cuando había pasado una hora que sabía a poco, la encontraron. Sus doncellas conseguían eliminar esa sensación de ser constantemente perseguida, pero no cuando cargaban esa expresión. Traerían la preocupación habitual, la expresión de que debía volver a la circulación de palacio donde podían atenderla... pero también traían mensajes, podía verlo en su forma de tratarla. Por más que siguiese con la mirada a Mya, no conseguía encontrarla.
Al final, se arrodilló en el suelo a su lado, solo entonces pudo tomar su mano con firmeza. Estaba fría, como de costumbre, pero esa vez temblaba.
— Mya. Dime. —le dijo, con infinita paciencia.
— Mya. Dime. —le dijo, con infinita paciencia.
— Esa muchacha, su familia, Khaneres... — comenzó a decir, insegura. — Seguían estando bajo protección. Pero anoche una cuadrilla asaltó su casa. La matriarca ha sido encontrada, pero la niña y su madre no están. Simplemente... no están. — explicó, quedándose en un hilo de voz. Parecía querer explicar más, pero no había forma de hacerlo.
Alexandra permaneció estática, mirando hacia ella pero sin ver absolutamente nada durante unos segundos. La suave brisa que atravesaba el jardín hasta llegar a ellas era lo único que podía sentir en aquellos momentos. Poco más tarde llegaría la incredulidad, el frío abrazo del miedo y también el veloz despertar de la ira.
Temblando junto a Mya, Alexandra soltó la mano de su doncella y se levantó. Miró a su alrededor, sintiéndose atrapada. Solo en el cielo que comenzaba a cubrirse de nubes encontró refugio.
Todas las doncellas se retiraron, temiendo su ya conocida ira.
Una vez sola, comenzó a buscar explicaciones en su mente, a gran velocidad.
Podían estar presas, ocultas, lejos de su protección.
También muertas, y con su supuesta desaparición distraer su atención del verdadero punto de mira.
Pero había posibilidades de que huyeran, hacia ninguna parte. Todo lo que había más allá de las fronteras era muerte y desasosiego.
Todas esas posibilidades hacían que su corazón se acelerase, o simplemente se añadiese un peso adicional a su corazón, más allá de todo lo que su posición le obligaba a cargar. Simplemente no podía más.
No podía continuar acercándose a personas en las que veía luz, para ver como estas eran tocadas con la oscura niebla que se cernía sobre la nación... y que surgía de la misma capital. Todo lo que tocaba, era destruido.
La ira que temían las personas con las que compartía su vida, Mya y tantas otras, no llegó. Solo una frágil calma con la que debía proceder a partir de entonces, que solo ocultaba un miedo mayor de lo que podía gestionar.
Las Khaneres volverían a casa... y quizás ella misma las encontrase.
20 oct 2018
Una unión fragmentada
Las palabras seguían fluyendo en la sala, junto con toda su fuerza, cuando el mal la invadió. La presencia del Caos fue percibida por aquellas personas sensibles a lo invisible y sobrenatural... y por las que llevaban demasiado tiempo cerca de ese tipo de oscuridad.
Incluso podía percibirse cómo el alma que había sido arrancada de su cuerpo, de Moira, abandonaba el lugar, quizás para siempre si nadie la anclaba a su mundo. Pero entonces el ser que se movía entre tejidos de Argonath ya estaba atento, sintiendo que una nueva oportunidad para la caza se estaba presentando.
Los guardias que vieron como la más allegada a la Emperatriz rompía con el protocolo para acercarse a ella no se alarmaron, era más bien esperado. Por eso no se movieron, no reaccionaron, no la detuvieron. Hasta que llegó aquella luz azul.
Su cuerpo comenzaba a envolverse en un aura que a pesar de su luminosidad auguraba frío, lejanía, terror. Esa luz se convertiría en un arma que podría acabar con la Emperatriz y el que sería su compañero de vida, solo que alguien parecía preparado para evitarlo.
La atención de esa nueva criatura que había tomado forma humana perdió su atención sobre la Emperatriz y sobre la Gran Atalaya, y se encaró con aquella maga que hacía tiempo había perdido la cordura y que decían era familia de Thross.
Cuando el Concilio comenzaba a materializar a sus agentes, la amenaza no estaba clara. ¿Cooperaban? ¿Se habían diferenciado hasta que volvieran al ataque? Cualquier posible amenaza debía ser eliminada, aunque fuera para proteger a toda aquella gente que había querido asistir y en esos momentos huía hacia todas las direcciones en las que creían poder encontrar una salida.
Toda la familia Thross se quedó congelada, observando como en soledad Catherin se encaraba con aquella criatura que dominaba los actos de a quien consideraba una amiga. Sol, sintiendo como el efecto de cada sustancia que había consumido antes del gran momento desaparecía por el miedo, se giró y fue a cumplir lo que creía que era su papel.
Aquella gente que se alzaba en gritos contra la Emperatriz y toda su sangre empezaban a ver su victoria demasiado cercana y eso era peligroso para todo aquel que estuviera presente.
Iefel en esos momentos terminaba de conjurar ciertas protecciones que garantizarían algo de seguridad a su familia, para después coger a su pequeña. Noruber tuvo que imitarle con las dos más jóvenes, y empezar a buscar una salida. Llamar a su compañera no serviría de nada, tenía algo que cumplir y estar en medio solo le complicaría las cosas.
La Gran Atalaya, sintiendo lo que ocurría y lo que todavía no se había dado, solo podía concentrar su energía en cerrar el paso a fuerzas mayores... pero incluso para ella era demasiado. Cuando sintió que desfallecía, más de los que estaban traicionando al Imperio y a todo lo que este suponía llegaron a su posición. Se aprovecharon de su indefensión para tomarla y hacer que todo aquel que opusiese resistencia se rindiese al momento, pero la Emperatriz no estaba dispuesta a que eso ocurriera. Había tenido la prudencia de armarse y pronto aquel insulso que creía poder dominar la situación sangraba hasta morir.
Era el momento de escapar, escapar si podían llevarse a Catherin en el camino... y huir de Moira, que en aquellos momentos ni siquiera parecía ella. Su cuerpo deformado por esas oscuras hastas que surgían desde su cráneo hasta la espalda habían hecho de ella algo monstruoso, y que no dudaba ante nada en arrancar más vidas.
A pesar de todo el caos que había surgido, los defensores de la Emperatriz creían tener todo bajo control, durante unos momentos... pero solo el Caos sabía que solo acumulaba energía para acabar con todo aquel plan que tanto se estaba postergando.
Fue entonces cuando se materializaron las raíces que dan vida al mundo, que lo mantiene cohesionado, evitando que todo se destruya. La ira y la emoción de la caza al Caos fue tal, que las Raíces no pudo evitar que su cuerpo tomara dimensiones descomunales... pero al momento supo que aquello paralizaría absolutamente todo lo que los mortales estuvieran haciendo. El miedo podía paralizarles, el miedo podía acabar con todo...
Los cristales rotos plagaban el suelo, como los cadáveres y todo aquel que había desfallecido en la batalla. Todo aquel que estaba vivo miraba con puro terror su forma cambiante y monstruosamente grande. No importaban, no importaban mientras se mantuviesen cuerdos, quietos, haciendo caso a su instinto de supervivencia. Ahora el Caos estaba en sus manos, como el alma de aquella muchacha que lo portaba consigo... su destino no le importaba demasiado, pero quizás mereciera la pena mantenerla con vida... y bajo control.
Incluso podía percibirse cómo el alma que había sido arrancada de su cuerpo, de Moira, abandonaba el lugar, quizás para siempre si nadie la anclaba a su mundo. Pero entonces el ser que se movía entre tejidos de Argonath ya estaba atento, sintiendo que una nueva oportunidad para la caza se estaba presentando.
Los guardias que vieron como la más allegada a la Emperatriz rompía con el protocolo para acercarse a ella no se alarmaron, era más bien esperado. Por eso no se movieron, no reaccionaron, no la detuvieron. Hasta que llegó aquella luz azul.
Su cuerpo comenzaba a envolverse en un aura que a pesar de su luminosidad auguraba frío, lejanía, terror. Esa luz se convertiría en un arma que podría acabar con la Emperatriz y el que sería su compañero de vida, solo que alguien parecía preparado para evitarlo.
La atención de esa nueva criatura que había tomado forma humana perdió su atención sobre la Emperatriz y sobre la Gran Atalaya, y se encaró con aquella maga que hacía tiempo había perdido la cordura y que decían era familia de Thross.
Cuando el Concilio comenzaba a materializar a sus agentes, la amenaza no estaba clara. ¿Cooperaban? ¿Se habían diferenciado hasta que volvieran al ataque? Cualquier posible amenaza debía ser eliminada, aunque fuera para proteger a toda aquella gente que había querido asistir y en esos momentos huía hacia todas las direcciones en las que creían poder encontrar una salida.
Toda la familia Thross se quedó congelada, observando como en soledad Catherin se encaraba con aquella criatura que dominaba los actos de a quien consideraba una amiga. Sol, sintiendo como el efecto de cada sustancia que había consumido antes del gran momento desaparecía por el miedo, se giró y fue a cumplir lo que creía que era su papel.
Aquella gente que se alzaba en gritos contra la Emperatriz y toda su sangre empezaban a ver su victoria demasiado cercana y eso era peligroso para todo aquel que estuviera presente.
Iefel en esos momentos terminaba de conjurar ciertas protecciones que garantizarían algo de seguridad a su familia, para después coger a su pequeña. Noruber tuvo que imitarle con las dos más jóvenes, y empezar a buscar una salida. Llamar a su compañera no serviría de nada, tenía algo que cumplir y estar en medio solo le complicaría las cosas.
La Gran Atalaya, sintiendo lo que ocurría y lo que todavía no se había dado, solo podía concentrar su energía en cerrar el paso a fuerzas mayores... pero incluso para ella era demasiado. Cuando sintió que desfallecía, más de los que estaban traicionando al Imperio y a todo lo que este suponía llegaron a su posición. Se aprovecharon de su indefensión para tomarla y hacer que todo aquel que opusiese resistencia se rindiese al momento, pero la Emperatriz no estaba dispuesta a que eso ocurriera. Había tenido la prudencia de armarse y pronto aquel insulso que creía poder dominar la situación sangraba hasta morir.
Era el momento de escapar, escapar si podían llevarse a Catherin en el camino... y huir de Moira, que en aquellos momentos ni siquiera parecía ella. Su cuerpo deformado por esas oscuras hastas que surgían desde su cráneo hasta la espalda habían hecho de ella algo monstruoso, y que no dudaba ante nada en arrancar más vidas.
A pesar de todo el caos que había surgido, los defensores de la Emperatriz creían tener todo bajo control, durante unos momentos... pero solo el Caos sabía que solo acumulaba energía para acabar con todo aquel plan que tanto se estaba postergando.
Fue entonces cuando se materializaron las raíces que dan vida al mundo, que lo mantiene cohesionado, evitando que todo se destruya. La ira y la emoción de la caza al Caos fue tal, que las Raíces no pudo evitar que su cuerpo tomara dimensiones descomunales... pero al momento supo que aquello paralizaría absolutamente todo lo que los mortales estuvieran haciendo. El miedo podía paralizarles, el miedo podía acabar con todo...
Los cristales rotos plagaban el suelo, como los cadáveres y todo aquel que había desfallecido en la batalla. Todo aquel que estaba vivo miraba con puro terror su forma cambiante y monstruosamente grande. No importaban, no importaban mientras se mantuviesen cuerdos, quietos, haciendo caso a su instinto de supervivencia. Ahora el Caos estaba en sus manos, como el alma de aquella muchacha que lo portaba consigo... su destino no le importaba demasiado, pero quizás mereciera la pena mantenerla con vida... y bajo control.
12 oct 2018
La cuenta atrás
Las pruebas se repetían una y otra vez. Un nuevo ensayo para asegurar que el evento sería perfecto, cumpliría las expectativas de todos los presentes y se cumpliría toda la gloria que pertenecía al imperio. Y a cada nueva repetición pensaba en que nos acercábamos más al fracaso más absoluto.
Gente que llega tarde.
Mis nietos se escapan.
Catherin decide que es mala idea e interrumpe la unión.
Iefel se desmaya para no despertar hasta al menos el día siguiente.
Sol se desmaya también, solo que debido al alcohol.
Solo de pensarlo me entran ganas de desaparecer, esconder la cara tras las manos... y es entonces cuando interrumpo otra sesión, solo que de vestuario. Me miraba al espejo y apenas me reconocía. Aquella opulencia, aquellos gastos, aquellas personas que iban a entrar en mi vida y que significarían más de lo que yo deseaba pero no en el sentido que yo deseaba...
Dejé que me quitaran la ropa que debía llevar en el gran día y me dejaron a solas. Cuando volví a cruzar mi propia mirada en el espejo fue cuando encontré a otros ojos sobre mí. Moira sonreía de forma tímida, apoyada en el marco de la puerta. Cuando la descubrí, se mostró más divertida, y entró en mis aposentos.
— No serán dudas eso que veo, ¿no?
No pude más que reírme, intentando esquivar la pregunta.
— Si me dices que tú no dudarías, entonces puede que empiece a sentirme mal. — le respondí. — Pero no, no voy a dejar que... los nervios me ganen esta batalla.
Ella estaba lo suficientemente cerca como para darme un toque en el brazo, un gesto cariñoso con el que quería darme ánimos. Después se alejaba, dejándome la posibilidad de regocijarme en esa sensación.
— Hace unos días tomé una decisión... y parece que las personas implicadas están también de acuerdo. — me comentaba, y esperé en silencio a que resolviera mi intriga. — Creo que no seguiré mucho más tiempo aquí, de momento. Tu hijos y sus familias me acogerán en Aevloran... hasta que todo pase.
Ella cerró los ojos para acariciarse la frente, quizás pensando en lo que había dicho. No era grave, solo era una extraña forma de referirse a la unión: como una terrible tormenta.
Asentí, solo podía hacerlo mientras ponía en orden mis pensamientos.
— Eres... una gran parte de la felicidad de Morrow. Y también eres parte de mi vida. Quiero que estés aquí, que tengas ganas de... regresar a casa. Así que no lo dudes, cuando estés preparada.
Un abrazo sería lo ideal para culminar aquella conversación, después de todo, pero no llegó. Quizás cuando volviese, cuando se cerrasen todas las heridas... y por fin formasemos una familia unida.
Gente que llega tarde.
Mis nietos se escapan.
Catherin decide que es mala idea e interrumpe la unión.
Iefel se desmaya para no despertar hasta al menos el día siguiente.
Sol se desmaya también, solo que debido al alcohol.
Solo de pensarlo me entran ganas de desaparecer, esconder la cara tras las manos... y es entonces cuando interrumpo otra sesión, solo que de vestuario. Me miraba al espejo y apenas me reconocía. Aquella opulencia, aquellos gastos, aquellas personas que iban a entrar en mi vida y que significarían más de lo que yo deseaba pero no en el sentido que yo deseaba...
Dejé que me quitaran la ropa que debía llevar en el gran día y me dejaron a solas. Cuando volví a cruzar mi propia mirada en el espejo fue cuando encontré a otros ojos sobre mí. Moira sonreía de forma tímida, apoyada en el marco de la puerta. Cuando la descubrí, se mostró más divertida, y entró en mis aposentos.
— No serán dudas eso que veo, ¿no?
No pude más que reírme, intentando esquivar la pregunta.
— Si me dices que tú no dudarías, entonces puede que empiece a sentirme mal. — le respondí. — Pero no, no voy a dejar que... los nervios me ganen esta batalla.
Ella estaba lo suficientemente cerca como para darme un toque en el brazo, un gesto cariñoso con el que quería darme ánimos. Después se alejaba, dejándome la posibilidad de regocijarme en esa sensación.
— Hace unos días tomé una decisión... y parece que las personas implicadas están también de acuerdo. — me comentaba, y esperé en silencio a que resolviera mi intriga. — Creo que no seguiré mucho más tiempo aquí, de momento. Tu hijos y sus familias me acogerán en Aevloran... hasta que todo pase.
Ella cerró los ojos para acariciarse la frente, quizás pensando en lo que había dicho. No era grave, solo era una extraña forma de referirse a la unión: como una terrible tormenta.
Asentí, solo podía hacerlo mientras ponía en orden mis pensamientos.
— Eres... una gran parte de la felicidad de Morrow. Y también eres parte de mi vida. Quiero que estés aquí, que tengas ganas de... regresar a casa. Así que no lo dudes, cuando estés preparada.
Un abrazo sería lo ideal para culminar aquella conversación, después de todo, pero no llegó. Quizás cuando volviese, cuando se cerrasen todas las heridas... y por fin formasemos una familia unida.
10 sept 2018
Viaje VI - El fin
El viaje ha concluido. Hace bastante que no escribo pues los últimos acontecimientos sucedieron de forma precipitada. Ha sido difícil, el Caos se interesó por Morrow para provocar lo que su nombre impone en este mundo, y al intentar impedirlo le arrebaté la vida a Moira.
A pesar de que Zandhur consiguió salvar su alma de las garras del Caos y ahora camina entre nosotros, es algo que no podré perdonarme. Podría volver a suceder, y seguramente la próxima vez no habrá salvación alguna. A veces lo que me ayuda a proteger también se convierte en un arma contra ellos.
El Victorioso fue asesinado, nos quedamos sin ninguna pista sobre dónde encontrar el antídoto, y las esperanzas se esfumaron casi por completo. Sin embargo, la Tierra y el Cielo, los Dioses o quién demonios quiera, me guió hasta ella en una tierra sagrada que nunca debí pisar.
Todo... ¿para qué? Para darme cuenta de que no, los Dioses no quieren que yo libere a esas criaturas, sino más bien atormentarme por mi pecado.
"Esto es lo que le pasará a tu hija". Ahora tengo dudas de si ella debería saberlo o no.
Se acabó, estoy curada y lo único que he encontrado en mi viaje son malas noticias. Todo para esto.
Quizá nunca debí escribir a Kennara sobre los suyos para protegerla de un futuro inevitable, pero que algún día llegará.
Dioses... ¿qué he hecho tan horrible para que me castigueis así?
A pesar de que Zandhur consiguió salvar su alma de las garras del Caos y ahora camina entre nosotros, es algo que no podré perdonarme. Podría volver a suceder, y seguramente la próxima vez no habrá salvación alguna. A veces lo que me ayuda a proteger también se convierte en un arma contra ellos.
El Victorioso fue asesinado, nos quedamos sin ninguna pista sobre dónde encontrar el antídoto, y las esperanzas se esfumaron casi por completo. Sin embargo, la Tierra y el Cielo, los Dioses o quién demonios quiera, me guió hasta ella en una tierra sagrada que nunca debí pisar.
Todo... ¿para qué? Para darme cuenta de que no, los Dioses no quieren que yo libere a esas criaturas, sino más bien atormentarme por mi pecado.
"Esto es lo que le pasará a tu hija". Ahora tengo dudas de si ella debería saberlo o no.
Se acabó, estoy curada y lo único que he encontrado en mi viaje son malas noticias. Todo para esto.
Quizá nunca debí escribir a Kennara sobre los suyos para protegerla de un futuro inevitable, pero que algún día llegará.
Dioses... ¿qué he hecho tan horrible para que me castigueis así?
8 sept 2018
Huyendo en mitad de la noche
Las noches resultan más frías en este maldito lugar. Ya no hay refugios, ni para el cuerpo ni para el alma, en el que olvidarlo. Ojalá tener esos refugios.
Me miro las manos y siento como se congelan por momentos, haciéndome perder la movilidad de las mismas. No siento los dedos, ya no responden a mi voluntad. Pueden volver a estar bajo mi control, como otras veces ha estado pasando. O puede ser la última vez que pueda dominar mis movimientos, si esta nueva condición termina apoderándose de mí.
Me ha ralentizado. No, me ha detenido por completo.
Todavía puedo ver las luces de su campamento desde aquí. Podrán verme en este desierto que parece infinito, con toda la furia por el abandono, cuando aparezca de nuevo la estrella por el horizonte. No debía escuchar, no debía estar ahí. La urgencia de un mensaje de la guardia me hizo olvidar la privacidad del momento.
Ahora, mientras espero a que llegue el calor de nuevo a mi cuerpo para retomar el camino, pienso si agradezco haber escuchado secretamente... o me arrepiento amargamente de ello.
Quizás en este camino que estoy por descubrir encuentre la forma de dominar a ese ser que observa desde otra dimensión. Dioses, ni siquiera puedo entender exactamente cómo funciona, por qué y si alguien puede pararlo. Pero si va a hacer presa de mí, encontrará a otras víctimas con las que hacer daño... y puede que no todo sea tan terrible.
Todo esto me hace cuestionar el valor que tiene mi vida ahora mismo, el daño que podría evitar al desaparecer de todo y para todos. Sigo caminando para no pensar en ello, no todavía.
Si voy a morir, que el horror de mi cadáver no sea encontrado.
Y si voy a vivir, que no sea para convertirme en una amenaza para aquellas personas que he llegado a amar con demasiada intensidad.
Me miro las manos y siento como se congelan por momentos, haciéndome perder la movilidad de las mismas. No siento los dedos, ya no responden a mi voluntad. Pueden volver a estar bajo mi control, como otras veces ha estado pasando. O puede ser la última vez que pueda dominar mis movimientos, si esta nueva condición termina apoderándose de mí.
Me ha ralentizado. No, me ha detenido por completo.
Todavía puedo ver las luces de su campamento desde aquí. Podrán verme en este desierto que parece infinito, con toda la furia por el abandono, cuando aparezca de nuevo la estrella por el horizonte. No debía escuchar, no debía estar ahí. La urgencia de un mensaje de la guardia me hizo olvidar la privacidad del momento.
Ahora, mientras espero a que llegue el calor de nuevo a mi cuerpo para retomar el camino, pienso si agradezco haber escuchado secretamente... o me arrepiento amargamente de ello.
Quizás en este camino que estoy por descubrir encuentre la forma de dominar a ese ser que observa desde otra dimensión. Dioses, ni siquiera puedo entender exactamente cómo funciona, por qué y si alguien puede pararlo. Pero si va a hacer presa de mí, encontrará a otras víctimas con las que hacer daño... y puede que no todo sea tan terrible.
Todo esto me hace cuestionar el valor que tiene mi vida ahora mismo, el daño que podría evitar al desaparecer de todo y para todos. Sigo caminando para no pensar en ello, no todavía.
Si voy a morir, que el horror de mi cadáver no sea encontrado.
Y si voy a vivir, que no sea para convertirme en una amenaza para aquellas personas que he llegado a amar con demasiada intensidad.
3 sept 2018
De nuevo en la oscuridad, en el fango, en el silencio del que había escapado. Esta vez, sin seguidores que puedan hacerme ver que hay un sitio al que volver. Descuidé a los que encontré, en busca de una presa mayor, y ahora no hay NADA.
En este refugio no deberían encontrarme, ya deberían haberse cansado de buscarme en este lugar. Aunque sientan mi esencia, quizás la tormenta imparable en la que me he encerrado les ahuyente... y quien no tenga valor para intentar capturarme, quizás pase de largo y se conforme con saber que sigo aquí, herido y sin las fuerzas para volver.
Solo imaginando cómo vengarme de los mortales cualquier forma ya parece suficiente para hacer que esta eternidad sea más liviana. Especialmente cuando se trata de ella.
La oportunidad para hacer de este mundo un poco más fiel a su naturaleza está perdida.
La moneda de cambio que debía brindarme algo de paz, también perdida.
Así como el poder alimentarme de esa alma, tan aferrada a la vida, a aquello que amaba. Hubiera sufrido durante eones mientras la consumía.
En cualquier caso, hay un nexo inquebrantable que nos une ahora... y aunque en diferentes planos, ella sabrá que la observo, que la sigo... y que esperaré a capturarla cuando el momento llegue.
En este refugio no deberían encontrarme, ya deberían haberse cansado de buscarme en este lugar. Aunque sientan mi esencia, quizás la tormenta imparable en la que me he encerrado les ahuyente... y quien no tenga valor para intentar capturarme, quizás pase de largo y se conforme con saber que sigo aquí, herido y sin las fuerzas para volver.
Solo imaginando cómo vengarme de los mortales cualquier forma ya parece suficiente para hacer que esta eternidad sea más liviana. Especialmente cuando se trata de ella.
La oportunidad para hacer de este mundo un poco más fiel a su naturaleza está perdida.
La moneda de cambio que debía brindarme algo de paz, también perdida.
Así como el poder alimentarme de esa alma, tan aferrada a la vida, a aquello que amaba. Hubiera sufrido durante eones mientras la consumía.
En cualquier caso, hay un nexo inquebrantable que nos une ahora... y aunque en diferentes planos, ella sabrá que la observo, que la sigo... y que esperaré a capturarla cuando el momento llegue.
26 ago 2018
Viaje V - Epifanía
He estado reflexionando desde el comienzo de mi viaje sobre algo que todavía no había plasmado aquí. Por mucho que lo deteste, los Dioses existen y forjan caminos en contra de nuestra voluntad. Es pretenciosa pensar que quizá sean tan severos conmigo porque soy capaz de hacer cosas grandiosas, llevar a cabo cambios necesarios en este mundo. Como ya ha ocurrido en el pasado. Como puede que suceda en el futuro.
En un principio pensé que estar infectada por esta enfermedad era debido a que estaba destinada a encontrar el antídoto y salvar a los afectados. Arrogante y egocéntrico, sí, pero al menos daba un sentido a tanto sufrimiento gratuito.
Sin embargo ahora, después de lo que he encontrado ahí abajo... creo que la enfermedad no es más que una excusa. De ser así, significarían muchas cosas. Desde que recientemente pacté con el Refugio para que nacieran más seres como mi hija, los Dioses han buscado la manera de hacerme saber que ya existen. Para ello tuve que ser infectada por una enfermedad cuya cura está exclusivamente en la castigada Medor... donde se esconden no sólo uno, ni quizá solo veinte. Sino cientos de ellos.
Puede que los Dioses quieran que lo saque todo a la luz, que los salve, que les permita vivir una vida en comunión al resto de criaturas de esta tierra.
Estoy destinada a cambiarlo todo, siempre lo he hecho, y lo seguiré haciendo hasta el fin de mis días.
Por fin lo entiendo todo.
En un principio pensé que estar infectada por esta enfermedad era debido a que estaba destinada a encontrar el antídoto y salvar a los afectados. Arrogante y egocéntrico, sí, pero al menos daba un sentido a tanto sufrimiento gratuito.
Sin embargo ahora, después de lo que he encontrado ahí abajo... creo que la enfermedad no es más que una excusa. De ser así, significarían muchas cosas. Desde que recientemente pacté con el Refugio para que nacieran más seres como mi hija, los Dioses han buscado la manera de hacerme saber que ya existen. Para ello tuve que ser infectada por una enfermedad cuya cura está exclusivamente en la castigada Medor... donde se esconden no sólo uno, ni quizá solo veinte. Sino cientos de ellos.
Puede que los Dioses quieran que lo saque todo a la luz, que los salve, que les permita vivir una vida en comunión al resto de criaturas de esta tierra.
Estoy destinada a cambiarlo todo, siempre lo he hecho, y lo seguiré haciendo hasta el fin de mis días.
Por fin lo entiendo todo.
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