29 oct 2015

La carrera a través de la maleza y todo el entorno natural que ya había dejado atrás, mostraba las secuelas de lo precipitado de su curso. Pasos cada vez más inestables marcaban su camino, así como un destino que no parecía claro. Su tambaleo hacia que variase, hacia que cambiase de dirección casi cada vez.

Las criaturas vivas a su alrededor eran capaces de ignorar su presencia. Si no fuera por los ruidos que emitía al correr, apenas existiría en el bosque. A veces se hacía tan traslúcida que ni siquiera era capaz de alterar el entorno para el animal que la contemplase. Ese cuerpo todavía no estaba acostumbrado a verse afectado por las necesidades de recuperar el aliento y descansar. La fuerza con la que se había alimentado, la fe que le había inspirado la vida, se diluía con el tiempo. Con una velocidad sorprendente, todo su poderío comenzaba a desaparecer.

No podía lamentarse de haber fallado, solo sentía la urgencia de sobrevivir. Y si seguía con vida, necesitaba mantenerse como lo que había construido. Si estaba allí, es que había quien mantenía la esperanza por encontrarse con el ser perdido.

Aunque fuera alejándoles de todo lo que tenían... mantendrían su esperanza. Un largo camino les esperaba, juntos, en extraña familia por pocos que fueran.

22 oct 2015

Conversaciones perdidas

Aquel lugar era extraño, oscuro. No suelo juzgar las cosas por lo que aparentan ser, pero las personas que habitaban ese enorme lugar, alejado de todo y todos, solo me indicaban una sensación: hostilidad.
Mi compañero me advirtió que no hablase, y yo queriendo entorpecer lo menos posibles procuré hacerle caso. ¡Poco sabía yo que no podía ni hablar aunque me hicieran una pregunta! Eso sí que es extraño, las personas que se someten a estas enseñanzas se deben volver locas de no poder expresar ni siquiera algún gesto.
Lo más seguro, en soledad, se dediquen a hablar con ellos mismos. Serán muchas las conversaciones que se pierden entre estas paredes.

Pero lejos de la oscuridad y la hostilidad, no puedo evitar sentir admiración. Aquellas estanterías cargadas de libros y más libros. Todo el conocimiento que abarca esa biblioteca apenas podría encontrarlo en nuestro mundo. Imagino cualquier materia, un tema cualquiera al azar... y un libro que, escondido entre esos recovecos, espere darme la respuesta.

Sin duda, lugares extraños. Puedes tomar lo mejor de él o someterte a unas firmes disciplinas.
Yo opto por lo primero.
Volver a casa ha sido un mal trago que había que atravesar. Si estaban en juego las vidas de esos niños... supongo que ha merecido la pena de los sacrificios que se han producido. El reconocimiento de mis iguales realmente... no es para tanto.

¿Algo que recordar? ¡Planear antes de hacer viajes! Las burlas llegarán, pero quizás pasen meses hasta que vuelva y para entonces hasta puede que me olviden. O quizás no. Gracias a alguien que se hace llamar nuestro maestro. Su presencia y el temor que inspira se han hecho algo molesto, un recuerdo que pierde fuerza a medida que pasan mis días.

Aprendo y enseño, he conocido un modo de vida tranquilo en el que se busca la eficiencia... en un ámbito amable. No sólo importan los resultados. Importan las personas. Y mientras porto conmigo el conocimiento obtenido en nuestro breve viaje, pienso en esa persona que me instó a viajar. Se ha llevado mis secretos y mi confianza. Su dedicación a pesar de la torpeza es entrañable, pero sólo con lo que intenta asimilar en conocimientos. Esa dedicación que se transforma en pasión hacia sus seres amados, aquellos con los que comparte el día a día. Esa llama que es su vivacidad, como un luminoso candil que aparece en la travesía dentro de un bosque oscuro.

Es esa persona que empieza a importarme más que el resto.

20 oct 2015

Os necesito más que vosotros

Siento que tiemblo, que mi corazón late de una forma diferente. Aún no sé qué es, cómo llamarlo. No me arriesgaré a ponerle un nombre, pues anteriormente he usado esa palabra en personas por las que realmente no lo sentía.
Y como aún no sé cómo es, prefiero pensar que solo es miedo.

¿Cuándo aprendí a amar? Me pregunto si también sentí miedo cuando en mi interior se formaba algo tan hermoso pero al mismo tiempo, peligroso. Por eso me pregunto si existe algún tipo de... transición. Un momento determinado en tu vida en que sabes ponerle un nombre. Sin embargo, normalmente se suele saber, se asegura que se ama.
Pero yo no puedo asegurar si odio. Llevo tiempo preguntándome qué sentirán las personas para llegar a semejantes actos. Lo máximo que he vivido ha sido ira, lo cual quizá sea lo más parecido a ese sentimiento.
Quizá sea eso. Pero de momento, como he mencionado antes... lo llamaré miedo.

Dicen que soy como un lazo. Un lazo que mantiene a toda mi familia unida, un lazo necesario. Y la verdad, aunque puede que la carga sea difícil de llevar en ocasiones... soy feliz de que sea así. Me hace realmente feliz que ellos me necesiten. Es algo mutuo. Si ellos no me necesitaran yo estaría perdida. Yo tendría menos razones para existir.

Entonces... sabiendo que ella fue antaño tan importante para mi familia como yo lo soy ahora... no puedo evitar sentir ese miedo.
El miedo a que ella sea suficiente.

El miedo a que dejen de necesitarme.
He tenido no pocos enemigos en este lugar. Mientras intentaba ser para mi padre el mejor aliado, muchas amenazas nos hemos encontrado. Siempre hemos estado el uno para el otro, velando por todos para así vivir de la mejor forma posible. Estoy seguro y el así lo cree de que estoy preparado para lo que está por venir y más.

Pero una situación así, no puede ser sostenida por más tiempo. Una sombra que nos está atrapando a todos y sin nada que hacer, cobra fuerza para asfixiarnos. No podemos huir del pasado cuando toma vida y nos da caza. Todos están temblando y pensando en sobrevivir mientras que yo me levanto y preparo mis armas. No seré el eslabón débil de esta cadena, ya no somos los que éramos cuando ella desapareció tras una pesada cortina de humo. ¿Por qué comportarnos como si lo fuéramos entonces? ¿Por qué no responder con todas las emociones que nos inspiró? El odio es su legado, ¡hagamos alarde de sus enseñanzas!

Solo será una desaparición más.
Un ausencia que no volverá a resolverse.

Entre las personas adecuadas y la cantidad suficiente... todos volveremos a respirar tranquilos, y esta vez hasta nuestro final.

18 oct 2015

La carrera hacia ese encuentro había sido el trayecto más largo de mi vida. Temía encontrar mi destino y a la vez no hacerlo, porque aquello sería una auténtica locura. No me imaginaba acompañado de nadie, en ninguna otra circunstancia salvo esta.

Nadie podría entender esta soledad, tampoco la alegría de encontrar a mi única hermana. Esa persona que me rescató de tantas veces que mi vida se caía a pedazos, esa persona que nos abandonó cuando realmente no podía más. Nadie entiende su sacrificio, ni siquiera después de todo este tiempo. Su hija, alejada del dolor de ese abandono por parte de alguien que no llegó a conocer... es ella quien lo entiende.

Ha sido capaz de apartar su velo de rabia y mirar a través.

Igual que yo miro ahora su figura. Junto al río, dejándose llevar por el sonido del agua, entrenando con un arma que parece ser una prolongación de su cuerpo. No tarda demasiado tiempo en advertirme. Me observa, asustada. Siento su miedo porque es igual que el mío.

Y aunque no sepamos qué será de nosotros después de este encuentro, ninguno de los dos duda mucho más tiempo hasta encontrarnos en un abrazo. Ella abandona la espada, su eterna compañera. Yo abandono mis miedos, la presencia que nunca me abandona.

- Bienvenida a casa.

16 oct 2015

Falsa mirada violeta

Escuché los golpes en la puerta y ya sabía quién era la persona que había tras ella. Por eso no me sorprendió encontrármela de frente, con esos ojos violetas que heredé de ella, mirándome de forma vacía. A veces siento que no pueden mirar más allá que de sí misma, por todo lo que sé de ella, por todo lo que estoy viendo ahora.

La agarré del brazo, pensé: "esta vez no te escapas de mí". Y ella tan solo preguntaba por la única persona que le interesaba ahora. Justo en este momento, es como si quisiera impedir que algo pase, aunque no sé exactamente qué ni cómo.
Pero desde luego no la iba a soltar.

De pronto, alzo su mano, y lo que pensé que en un principio sería un gesto hostil se convirtió en una caricia en mi rostro. No duró mucho, no se lo permití. No quería que alguien como ella me tocara, que una falsa caricia me hiciera creer que realmente todo lo que sé es mentira o ha cambiado. Ni hablar, no la creeré.

Y por ello, una sensación de rabia me invadió por completo. Le golpeé el rostro con la poca fuerza que mi cuerpo puede ofrecer. Sin embargo, lo hice para evitar otros deseos. Quería colocar mi mano sobre su faz para que las llamas desvelasen aquella mentira. No quiero creer que de verdad esa mujer es mi madre, me aferro a las hipótesis con las que Xanos me dejó reflexionando.
Pero me contuve a golpearle, y sobre todo a gritarle. Tenía muchas ganas de echarle en cara todo lo que hizo y estaba haciendo ahora. Sin embargo, no podía olvidar la fragilidad del testigo que se hallaba en nuestra misma habitación.

Tuve que dejarla ir, pero no permitiría que nadie la descubriese. Nadie debe saber de ella, sea real o no.
Bastante hemos sufrido ya por su culpa.

13 oct 2015

Como la noche y el día

En ocasiones me mareaba por tanto dolor. Pero cerraba los ojos e imaginaba dos luces sobre mi vientre, dándome calor. Esas me ayudaban a seguir luchando por mí, por ellos. No olvidaba el dolor, pero consolaba parte de él. Y también lo hacían los ojos de Noruber, otras dos luces que me animaban a seguir adelante porque me gritaban en silencio que seguirían mirándome así durante mucho más tiempo en nuestra vida.

Llegó Raziel, con un suave llanto que al instante cambió la atmósfera de la habitación. El dolor cesó unos instantes y casi al completo cuando vi ese rostro pequeño, rosado. Lloraba, le vería hacerlo durante mucho tiempo, pero sentí la necesidad de consolarle como haría en todas esas ocasiones. Sin embargo, no pude. De nuevo sentí la punzada del dolor en mi vientre. Ya queda menos, mi otra luz está a punto de acompañar a su hermano, al que ahora asean y acomodan. Quiero darme prisa para tener a los dos en mis brazos, poder abrazarles y besar sus pequeñas mejillas. Pero no puedo, debo armarme de paciencia y esperar a que mi otro bebé llegue, a su ritmo, con cuidado...

Pero algo iba mal.
Lo sentí en mis entrañas, como si la luz que antes me daba calor se estuviera apagando. Ya no pude esperar, algo me decía que debía empujar más.
Al sentirme al fin lejos de ese dolor, cerré los ojos e intenté escuchar. Pero no oí nada, lo cual me hizo abrir mis ojos de nuevo para descubir a la pequeña de piel pálida, con los ojos cerrados, sin llorar.

Les pedí que la hicieran llorar, casí sentí quebrar mi corazón. Xanos se la llevó y temí no volver a ver esa pequeña carita. Noruber me consolaba mientras yo casi gritaba por mi niña, y aunque él pretendía transmitirme un falso optimismo, vi en su mirada ese sufrimiento velado.
Pero todo cambió cuando escuché el pequeño llanto de Sira lejos de mí. De nuevo, mi corazón volvió a latir. Dejó de hacerlo durante dos minutos, al menos... Pero al fin respiré. Como ella lo hacía.

Mis dos pequeños, en mi pecho. Las dos luces por las que lucharé para que nunca se extingan.
La hora había llegado y ninguno parecía tener claro cómo reaccionar a ello. Algunos parecían recordar cómo era cuando lo vivimos por primera vez, otros no tenían tanta suerte. Por ejemplo, Iefel ya había tenido dos breves desmayos desde que Xanos acogió la situación. Su frialdad me resultaba envidiable, pero tenía suerte de no tenerla. De sentirme como él, no estaría a punto de ser abuelo.

Mis manos ya casi están rojas de tanto masajearlas entre sí, nervioso mientras miro un punto fijo. Escucho a Hob caminar alrededor, mientras atiende a su vez a Tirsa. Hay muchas cosas terribles sucediendo en el mundo, algunas de ellas que nos afectan de forma directa. Pero todo puede detenerse ahora, todo se ha detenido ahora, para esperar a que esas maravillosas criaturas lleguen al mundo.

---

Hay demasiado fuego en mí. Ahora mismo desearía estar en muchas partes, tantas como cosas que tengo que hacer. Pero sobre todas ellas deseo volar, desahogar todo este fuego que me hace estar inquieto. El motivo de esa sensación está haciendo sonreír a todos, incluso a Ethan aunque no sea consciente de ello.

La suave brisa acaricia mi rostro en mi búsqueda de tranquilidad y de aire. El futuro se avecina en cierto modo terrible. Las frágiles vidas que están a punto de llegar, si es que viven siendo tan tempranas, serán nuevos blancos para nuestros enemigos. Además de distracciones, perderemos una poderosa aliada que no debe atender a otra cosa que no sean sus hijos.

Oscuras nubes en un tiempo tan feliz. Ojalá pudiera eliminarlas de nuestro cielo.

---

Nunca he sido un hombre que depositara su confianza en los dioses. Estos no parecían escuchar más que a los hombres que se humillaban para ver sus milagros que a veces eran crueles castigos o extrañas suertes que no coincidían con sus plegarias. Decidí obrar por mí mismo mis propios milagros como era la supervivencia, y con esa voluntad conocí al hombre que me permitiría vivir.

Gracias a él, conocí a la mujer que hoy me sigue permitiendo respirar.

Puede que sea la lección, la demostración de que siguen ahí, observándome. No lo sé. Pero si realmente están allí, lo único que puedo pedirles y que les pediré jamás es que los dejen vivir a los tres, felices, a mi lado hasta que pueda mantenerme en pie. Y así poder creer, tener fe a través de ellos.

11 oct 2015

Jaque

Intento meterme en su mente, pero creo que aunque pudiera, no querría. Lo he dicho bien, no he cambiado el orden de las palabras.
No me gustaría saber lo que cruza por esa mente tan calculadora y a la par, tan sádica. Todo planeado desde un principio, a saber cuánto tiempo lleva con ese esquema en su mente.

Siento miedo, pues de verdad me siento como una simple pieza que puede ser agarrada en cualquier momento por la mano de un hombre que podría reducirme a cenizas.
Y más aún sabiendo qué pieza podría ser yo.
Claro, entiendo que para ganar la partida antes debes eliminar las más fuertes, sin embargo tengo la sensación de que él podría tomar la victoria en cualquier momento que deseara.

Solo tendría que... tomar al rey del tablero. No es que sea una pieza poderosa, y ese es el problema. Porque conozco lo que podría pasar si la tomara, y lo que se avecinaría me gusta menos aún por las acciones de las personas que quiero, al intentar evitarlo.
Sin embargo... toda partida de ajedrez es simétrica. Y todo adversario tiene su rey...
¿Cuál será el suyo?
Quizá sea... la fuente de su poder. Tendríamos que saber cuál es, tomarla, alejarla. Averiguar cuáles son sus siguientes pasos, pero no soy capaz de meterme en sus pensamientos.
Y como ya he mencionado... tampoco lo deseo.