26 jul 2015

¿Quienes somos nosotros, criaturas mortales, para oponernos a la voluntad de una entidad superior? Mientras observo desde lo alto como se afanan para cargar esa carreta con todo lo que necesitarán, pienso en ella. Actúa de la misma forma que cuando era pequeña y marchaba con nuestro padre.

Quizás ese frío que siento emanar de ella sea realmente ajeno a ella. Su esencia podría no estar... corrompida como he visto en tantas otras ocasiones, en mis muchos viajes. Tengo demasiados deberes y el único modo de escapar en mi mente es volver a pensar en ella, llenándome de un profundo sentimiento de culpa. Pensando en que la salvaría, que protegería todo lo que siempre ha sido, quizás la he empujado hacia una caída mortal en su espíritu.

Es mejor dejarla marchar. Cuidar de ella y proteger a los demás de ese mal que guarda. Así podremos sobrevivir, puede que durante un tiempo, juntos.

24 jul 2015

Cuatro personas. No sé si son mujeres u hombres, pero su estado es terrible. Casi parece que llevan eones en esa posición. Es posible que así sea, en este lugar todo parece infinito, y no me extrañaría encontrarme con esa certeza.

Levantan sus brazos observando como si fueran presos de ella, totalmente ajenos a cualquier otro estímulo... a esa luz. Veo también a Evelyn, que me observa y también centra su atención en esa esfera brillante. Parece asustada. Como yo.
Fijo mi vista al centro y poco a poco... parece que veo a una persona. Escucho gritos, no me ensordecen, pero me aterran de igual modo.
Quizá esos gritos no sean de quién parece estar dentro de esa esfera luminiscente, quizá sean lamentos de otras personas.

Presto de nuevo atención a esas personas indefinidas y me pregunto... si serán sus voces.
No puedo mirar mucho más pues Evelyn, sacudida por ese miedo y ese espíritu díscolo, decide algo.
En esa almenara de la cual ya conozco el origen de su luz, hay cuatro ventanales gigantescos que dan a aquella tormenta de la que sé que sobreviviremos.
Por eso no me importa que Evelyn caiga y me arrastre con ella.

Ahora medito sobre ese... ¿sueño? No... revelación. Creo que cada vez que aparezco en ese lugar consiste en eso.
Siento temor al pensar en algo tenebroso. Lo primero que pensé fue en el tiempo que podrían llevar esas personas ahí. ¿Y si eran sacerdotes en tiempos pasados? ¿Y si ese es nuestro destino? ¿Y si el Dios de la Luz quiere que los nuevos sacerdotes mantengamos viva esa esfera? Es posible que mis miedos me provoquen pensamientos retorcidos.

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Empiezo a entender. Siento como si mis pensamientos fueran piezas que van encajando, que van comprendiendo todo lo que he descubierto.
Durante mi viaje no puedo evitar darle vueltas. El paisaje cambia, la carreta en movimiento y la brisa en mi rostro despeja mis recuerdos.

"... de la prisión que crearon los primeros..."

¡Claro! ¡Eso es!
Esas sombras me lo dijeron, provenían de una prisión. Y aquel lugar desde luego parece una prisión. Los primeros deben ser... ¿los Dioses? No cabe otra explicación, esa no es creación posible para los mortales, y tampoco está en nosotros la capacidad de mantener encerrado a... ¡un Dios!

Creo que lo estoy empezando a comprender. Los Dioses mantienen encerrado al Dios de la Luz en esa prisión. Quizá quiere que le liberemos para propósitos que desconozco.
Pero que sin duda... no traerán nada bueno a nuestro mundo.

23 jul 2015

Mi corazón se enfría. Supongo que en algún momento tendría que pasar. Todos dicen que soy inocente, que observo el mundo de una forma... irreal.
Antes pensaba que las personas eran buenas por naturaleza. Ahora creo que lo corrupto no se puede revertir. Es más difícil ser bueno que hacer el mal. Es obvio que lo segundo resulta más gratificante, mejor para nosotros.

Al menos dejaré de ver un mundo lleno de colores, y gracias a ello encontraré matices en él. Las personas miran por su propio bien, y la verdad... va siendo hora de pensar en mí misma.
Me duele el corazón, me muero por dentro mientras mi realidad se desmorona. Pero, maldita sea... ¿cómo he podido tardar tanto en abrir los ojos?

No existen las oportunidades, solo lo que demostramos.
Así que... ¿para qué esforzarme? Si solo se quedarán con lo malo de mí...
¿Y si... fuera real lo vivido?

Las palabras resonaron como si alguien hubiera modificado su garganta para darle eco a sus palabras. Los dos presentes solo pudieron girarse para mirarla, como si estuvieran presenciando algo extraordinario... algo que ni siquiera había llegado.

Ella se tambaleó durante unos segundos, como si fueran a fallar sus piernas. Los dos hicieron amago de aproximarse, pero en su corazón algo les decía que no. Ojos que se oscurecieron en breves instantes, como el que deja caer una gota de tinta en un mar de claridad. Y lo que siguió entonces fue un episodio de violencia que no podía ser entendido para sus víctimas.

El dragón en su forma humana rápidamente fue tumbado hasta rodar por el suelo, y desprendido de su arma apenas pudo reaccionar. La muchacha, armada y con su voluntad sustituida por una ajena y mucho más poderosa, rápidamente se giró.

El tiflin observaba, impávido en apariencia, cómo ella se acercaba. Conocía lo que estaba por venir, sería el castigo a ser impuesto para su desobediencia. No había encontrado el momento, y aquella parecía entonces la oportunidad. Extendió las manos hacia delante, como si se entragara a esa criatura.

No sabía de dónde sacó el valor para dirigirse a ella, pero finalmente habló.

- Sabes mi deseo. Libérala y tendrás mi vida, tal y como quisiste la de Ana.

No hubo respuesta de aquella voz trémula que solo podía adivinar a través de la mujer que le había guiado hacia la deidad. Pero cuando, tras detenerse, sintió el acero atravesar su carne, una gran paz le llenó mientras perdía la vida.

19 jul 2015

La investigación

De vuelta a la soledad, no puedo evitar pensar en lo que me ha dicho. Muchas cosas han cambiado desde que he vuelto a ser... yo mismo, creo. Y se ha vuelto oscuro como nunca antes, sin haber podido evitar que almas como las de mi hija pierdan su inocencia y tengan terribles deseos.

La mujer a la que odiaba ahora tiene sus buenos deseos. No muchas cosas han ido demasiado bien, por lo que me cuesta creer que la haya perdonado. ¿Es acaso que desea terminar lo que empezó? ¿Que se arrepiente de haberla dejado con vida? Temores que me hacen estremecer...

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Dos figuras que entraban en el dormitorio que permanecía vacío, y que en cualquier momento podía ser invadido.

- ¿Estás seguro de esto? - preguntaba Iefel como si fuera un niño asustado que desobedecía a fuerzas mayores.
- No... no recuerdo dónde estaba, pero es posible que lo encontremos aquí.
- ¿Cómo se os ocurre? ¿Cuándo pensábais compartirlo?
- Sabes que no es algo para ir comentando de cualquier manera, ¿verdad? - respondió Zekkyou con molestia mientras se apostaba sobre la cama. - Ayúdame a moverla, vamos.

Movieron la cama con la mayor presteza posible y alzaron la pesada losa que ocultó en otro tiempo el tesoro de una criatura durmiente esperando a encontrar al alma con el que compartiría su camino. Pero no estaba allí. Solo encontrarían lo que serían acertijos que quebrarían la realidad y que les ayudaría a entender la amenaza que se cernía sobre ellos.

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3 Noruber explica lo que sabe sobre Lisan
Sentados todos juntos, dejaban que las antes calientes bebidas se enfriasen poco a poco. La mesa, iluminada con la luz de las velas, ofrecía tantos misterios que ni siquiera esa luz era capaz de despejar. Los tres presentes sentían como no se auguraba nada bueno.

- Parece... es decir, coincide con algo que le dije a Therin una vez. Sobre Lisan.
- ¿Sobre Lisan?
- Sí... ella siempre ha sospechado, y me encargó averiguar todo lo que pude. Sobre su pasado en el que había hecho que muchos la odiasen, su huida hacia los bosques, su carisma propio de una hechicera. - explicaba a medida que iba señalando los diversos motivos sobre el papiro. - Nunca ha dejado de pensar en eso, supongo.

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4 Zekk e Iefel intentan averiguar qué ha cambiado para que haya dejado de maldecir al Dios de la Luz
Caminando de nuevo hacia el castillo, agotados por tanta información que a veces incluso resultaba redundante, sentían el pesar en sus corazones. Si se repetía tanto era porque quizás realmente estaba desesperada por encontrar ayuda. Pero con tanto secretismo era difícil hacer algo.

Zekkyou, más calmado que su compañero, rompió el silencio.

- Pudo tener una revelación... y arrepentirse de ello.
- Es una deidad oscura, ¿acaso te parece extraño? -
- ¿Pero entonces... sigue sirviendo a pesar de haber perdido la fe, la confianza?
- ¿Cómo va a dejar de tener fe en algo que la amenaza, que teme? A veces no es solo la fe, si no también el miedo. - concluyó, enrareciendo ya el cansado ambiente que existía entre los dos.

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Habían marchado de esa extraña casa dejando a su único habitante con grandes inquietudes y temores. Palabras y versos que confirmaban temores que tomarían formas únicas en las mentes de los que estaban interesados en descubrir la verdad.

¿Su temor?

No era tanto lo que podía pasar, si no por lo que ella estaba pasando en esos momentos. Sola, buscando ayuda, quebrando su mente para buscar y pedir ayuda. ¿Cómo sería aquel infierno? No podía abandonarla, se había hecho la promesa de amarla en cualquier circunstancia, en ser su apoyo... y el camino parecía claro. Con temblores, dejó caer las manos de reposarlas sobre su cabeza y comenzó a prepararse. Había mucho que buscar, una mentalidad que cambiar y dejarse arrastrar por lo que ella ahora practicaba.

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La biblioteca estaba solo iluminada esa noche por el candelabro yacía sobre el escritorio donde el guardián descansaba y vigilaba. Solo que el guardián ya no era necesario, y era una figura que reflexionaba y dejaba perder su mirada en las tinieblas entre libros. Solo el silencio fue roto por la presencia de Zekkyou, que tardó en hacerse advertir ante el presente.

Cuando por fin despertó de sus ensoñaciones, se miraron con gesto grave y contagiándose una cierta tensión:

- ¿Qué pasa?
- Necesito decirte algo, y que abandones tu escudo de fe inquebrantable en una persona. - dijo el interpelado, apoyándose sobre la mes apara acercarse a Iefel.
- Habla entonces... - respondió rehuyendo la mirada y comenzando a sentirse incómodo, sabiendo que no sería fácil eso que le pedía.

Zekkyou tomó una silla y se sentó frente a él, dejando esa mesa entre ellos como zona segura entre los dos.

- Es sobre Ethan... estuvo influido, y me dijiste que el miedo, la fe o lo que sea es difícil de arrancar. Podría tener esos sentimientos todavía, influenciando a tu sobrina... Sabes la posición de poder que tiene sobre ella, ¡sería tan fácil!

El silencio inundó la sala, incómodo, como si fuera a quebrarse en una explosión.

- ¿Acaso crees... que no he pensado en ello alguna vez? - preguntó Iefel, volviendo a mirarle durante unos segundos, arrepintiendose de haber hablado aunque fuera con un hilo de voz. Solo por la pasión que vio en sus ojos, como una llama al saberse en lo cierto.
- Entonces... podrían ser otras muchas cosas. Que fingiera no recordar... ha manipulado antes, ¿por qué habría parado?

Iefel se levantó para tomar distancias con el problema y frenarle si es que era posible.

- No lo sabemos y haremos mal en presuponerlo. Partiremos y buscaremos ayuda, igual que en el pasado. Hobsyllwin sabrá qué hacer.

En su asiento, Zekkyou se dejó reposar en el respaldo, mientras seguía sus pasos con la mirada.

- ¿No será demasiado tarde? - preguntó con voz suave.
- ¿Tarde? ¿No te parece demasiado tarde que ella sirva a ese dios? Se ha convertido en su enemigo, ¿qué podría ser peor?
- ¿Que encuentre a ese quinto?

Un pesado suspiro cayó en el aire.

- Entonces más nos vale darnos prisa.

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17 jul 2015

El paso del tiempo no existía. Me consolaba pensando en ello. Podía ser incluso que hacía apenas unas horas que me mantenían encerrado. La caída infinita con la que algunos infelices eran castigados, no lo suficientemente fuertes como para aguantar la marca, era a veces un destino deseable.

Las cadenas que me sostenían arrodillado ya hacían marcas imposibles en mi piel, y me recordarían lo sufrido allí aunque fuera imposible escapar para mí. No recordaría nada cuando cumpliera el plan que tenían reservado para mí. Quería ser el que menos gritase cuando me llevasen a las alturas, desprovisto de mente, de la capacidad para sufrir. Quizás incluso podría precipitarme al abismo que pude adivinar cuando llegué aquí. Recuerdo la tormenta bajo nuestros pies, como si las nubes fueran el agua y nuestra posición... algo supraterrenal.


Escucho la voz en mi cabeza, deseosa de mi sometimiento. Es un camino a seguir con tantas salidas que apenas puedo ser consciente de ellas. Podría incluso evitar mi tortura, mi destino preparado. Pero siempre he luchado, hasta la más adversa situación por los demás. Quería también, por una vez, luchar por mí mismo. Y también por la niña que viaja a mi lado, aunque no tenga claro en qué momento se ha unido a mí. Solo sé que me ha liberado, sin saber todavía si ha sido para bien o para mal en su vida.

Somos almas perdidas que escalan en una torre, ascendiendo hacia las fauces de una deidad hambrienta de mundos.

14 jul 2015

El ajedrez es la representación de todas las luchas en todas las eras en todas las circunstancias. Es el combate interminable, la quimera que nos hace creernos capaces de manejar los hilos en la eterna lucha entre opuestos. Cuando en realidad, no somos más que peones en un tablero mucho mayor.

Me consumen los pensamientos y ya apenas recuerdo lo que he dicho en voz alta entre estas paredes. Nadie me escuchará, solo el papiro recuerda mis palabras. A veces me contradigo pero tardo horas en descubrirme en mi error. Pero no evoluciono. Están atrapados, esos hilos de pensamiento, igual que mi cuerpo en esta habitación.

Esas piezas de ajedrez se mantienen siempre a la espera de enfrentarse, de iniciar una nueva batalla representando cualquier causa, bandera o ideal. Pero las envidio, en cualquiera de sus bandos, por saberse en igualdad de condiciones que sus rivales. Ellas saben que esperan y solo las diferencia la astucia de aquel que las guiará. En cambio, servidor, preso e ignorante de lo que quieran de mí, no sé contra qué debo combatir. La muchacha me inspira confianza, me ha brindado un papel que no sé si me pertenece pero que me abre la curiosidad hacia un bonito pasado. Todo podría formar parte de la misma amenaza, haciendome confiar y abandonar mis miedos que a la vez tanto me agotan. No sé si quiero o puedo dejarme arrastrar por los hermosos sentimientos que sus ojos me inspiran.

Tengo tanto miedo al vacío de mis recuerdos. Casi tanto como a la negrura de mi futuro, donde caben tantos peligros que ni siquiera podría contarlos.

12 jul 2015

La nieve bajo su cuerpo empezó a oscurecerse como si tragase la sangre de una bestia herida. A cada movimiento que hacía, esta mancha seguía creciendo. Sus manos se agarraban a la fría materia blanca que cubría el suelo, haciendo esfuerzo sobrehumano para salir de lo que parecía un pozo de negrura. Toda criatura viva se había alejado del lugar, mientras el cuerpo humaniforme que hacía por salir con gran esfuerzo se resistía a la fuerza que quería tragarlo de nuevo hacia las profundidades.

Al principio era silencio, pero como si hubiera comprendido que vivía y no era solo una pesadilla de la que escapar, gritos y gemidos por el esfuerzo exhalaban de su boca. No quería mirar atrás, suponía una poca pero valiosa energía que necesitaba para no morir.

En su mente había demasiados pensamientos muy fugaces sobre el pasado inmediato y los temores que podían hacerse realidad. Toda esa corriente de emociones provocadas le hacían luchar con más ahínco. Casi no le permitían detectar a las otras criaturas de sombra que, igual que ella, parecían huir de un pozo que siempre tragaba. Escuchó un gran estruendo a sus espaldas, igual que una violenta ventisca comenzó a empujarla hacia atrás. Gritó frustrada por encontrar tantas adversidades para algo que parecía tan simple como arrastrarse por el suelo, pero no se rindió. El estruendo se intensificó hasta acabar en una tremenda explosión que hizo eco en el bosque donde se encontraba, acabando también con la poderosa ventisca. Volvió a respirar de forma normal, aunque tardaría en sentir que su corazón latía de forma saludable.

Alzó su rostro para observar que aquellas formas de sombra, variadas en forma y tamaño, se apostaban sobre ella, como queriendo adivinar sus movimientos. Tembló, acostumbrada a ellas pero no con tal atención. Parecían amenazadoras, y tuvo presente lo que debía hacer. Apenas quedó de rodillas y cerró los ojos, asumiendo el destino que le esperaba. Aquellas sombras, que intensificaban el frío que poblaba el helado paraje, escucharon sus palabras de sumisión y lealtad una vez más, satisfechas por el precio que había tenido que pagar. No había sido el fin, todavía no.

11 jul 2015

El precio a pagar

Esa noche ocurriría, no sabía qué... pero no me esperaba encontrarme con semejante escena. ¿Quiénes somos? ¿Cuándo dejamos de ser los que fuimos? ¿En quién podemos confiar?
El fuego acabaría con ella, mujer a la que amaba, o eso decía... Temo que sea capaz de olvidar a los que le aman por ese miedo que se apodera de él.

Al fin lo he descubierto todo. Mis sospechas, mi desconfianza injustificada... fueron ciertas. ¿Cuándo me perdí a mí misma?
Quise su muerte, a toda costa, a cualquier precio. Incluida mi vida. No me imaginé terminar en aquel paraje blanco, tras el muro.
Sabía que lo que fuera a pasar probablemente acabaría conmigo, aunque no el modo.
Arranqué el colgante de su cuello y al fin pude ver en ella una expresión que no era esa tranquilidad, esa seguridad... No. Vi el miedo. Y me regocijé en él antes de la explosión y la oscuridad.

Cuando desperté sentí en mi piel y mi cuerpo la consecuencia de mis pecados. En mi fuero interno aún deseo su destrucción.
Ya no creo en las personas. Quizá me haya perdido a mí misma, pero no volverán a hacernos daño. Es el precio a pagar por hacer de este un mundo mejor.

Maldigo al Dios de la Luz, cuyo nombre oscurece aquello que defiende.

8 jul 2015

- Suéltala ahora.

- No puedo hacerlo. Todavía no. - le respondió, intentando ser firme aunque sus manos estuvieran temblando de forma casi incontenible.

A ella no se le escapó ese detalle, aún cuando él estaba haciendo por ocultar esos temblores con verdadero esfuerzo. Volvió a pasarse una mano por su rostro antes de sentarse, más lejos de él que de costumbre en aquella sala, que tantas conversaciones y confidencias guardaba en ecos...

- Ella es inocente, todos lo sabemos.

- Sí, pero el capitán ha visto demasiados asesinatos en las cortes como para que quiera dejar esta situación con dudas. Y si te soy sincero, yo también tengo ciertas dudas.

- ¿Qué? ¿Tienes dudas? ¿Dudas de tu propia hija?

- ¡No! ... dudas sobre si es verdad que ahora intentan asesinarme, porque la amenaza puede venir de cualquier parte.

El silencio de nuevo habitó el salón, mientras se contemplaban con temor y cierto reto. Podían coincidir en pensamiento, pero sus métodos distaban demasiado entre sí.

- Piensa entonces en que acabas de apartar a tu mejor aliada en este mundo. - concluyó, poniéndose en pie y dejándole solo con sus pensamientos tras esas palabras.

La injusticia era una realidad, pero el miedo le estaba haciendo un inevitable compañero. Temiendo por su vida, incluso sus propios hijos podían ser sus asesinos. Uno había abandonado el hogar para siempre, mientras al que consideraba su hermano seguía sin aparecer tras aquel choque por la libertad de Therin.

Las lágrimas brotaban a la par que su pecho se sacudía por los sollozos. Quería encontrar la solución, pero no la veía, ni siquiera intentando escuchar las palabras del cielo. Nunca se había sentido tan solo.