Aún no me lo puedo creer. Dios... es como si... como si estuviera en un maldito cuento de Edgar Allan Poe. Tengo miedo de gritar en mitad del Elíseo algo parecido a "¡ese corazón delator!". Pero el corazón está atravesado por una estaca. Y su cuerpo yace eternamente, si nadie lo descubre, bajo tierra.
No, no puedo creer que Daniel haya hecho algo así. Mi plan era diferente, no me iba a manchar las manos. Pero ahora ambos tenemos un secreto. Un terrible y oscuro secreto que puede atraernos serios problemas.
No está muerto pero... no podrá despertar.
Estoy pensando en desenterrarlo y esconderlo en otra parte para que Daniel no lo encuentre de nuevo, arrepentido, y lo salve. O evitar que sepan que fue él. También estoy pensando en desenterrarlo pero para dejar que la luz del sol le abrase y le consuma para siempre en cenizas.
Le quería muerto, a mi merced. Y ahora tengo su miserable vida en mis manos. Lo peor de todo es que no sé qué hacer con este poder.
¿Matarle? ¿Dejarle vivir? ¿Salvarle? No... eso último no. Merece sufrir, merece morir.
Puede que le acabe matando.
Total, me he dado cuenta que tampoco está tan mal. Todo el mundo tiene que morir algún día.
27 dic 2014
26 dic 2014
Cuando regresé por fin entre las paredes que me brindaban protección y confianza, apenas podía creer lo que había hecho. Los pensamientos me rondaban, pero se asentaron con terrible lentitud cuando me detuve.
Mis pasos resonaban sobre esa piedra con increíble estruendo, ¿o es que acaso esperaba que nadie me escuchase? No tardé demasiado en comprobar que así era.
La insidiosa Anthica estaba sentada en la biblioteca, fingiendo degustar de una buena lectura, hasta que me vio. Cerró el libro y alzó la cabeza solo para liberar una burlona carcajada. Me había visto, escuchado, o cualquier otra cosa para conocer lo que había ocurrido.
Por suerte, le gustaba conocer, no delatar. El juego de que ese juguete que era la información era solo suyo la absorbía bastante, para mi suerte.
Así que me dejó estar, huir hacia mis aposentos, donde aquel gran balcón me esperaba para contemplar mi infinito crepúsculo.
En este día la extraño más que nunca. He vuelto a decir, he confesado, que la amaba. Cada día me repito que la extraño, cada vez me falta más, y cada vez siento menos apego a este mundo donde ella ya no está.
Él quizás no merezca la verdad, por no saber mantenerla a su lado, por hacerla infeliz mirando solo por sí mismo. Pero ¿la hija? ¿Se merece saber más? ¿Todo lo que ocurrió?
Cambiaría su mundo, y ya bastantes hemos sufrido por algo así, siendo extraños en nuestra propia piel.
Mis pasos resonaban sobre esa piedra con increíble estruendo, ¿o es que acaso esperaba que nadie me escuchase? No tardé demasiado en comprobar que así era.
La insidiosa Anthica estaba sentada en la biblioteca, fingiendo degustar de una buena lectura, hasta que me vio. Cerró el libro y alzó la cabeza solo para liberar una burlona carcajada. Me había visto, escuchado, o cualquier otra cosa para conocer lo que había ocurrido.
Por suerte, le gustaba conocer, no delatar. El juego de que ese juguete que era la información era solo suyo la absorbía bastante, para mi suerte.
Así que me dejó estar, huir hacia mis aposentos, donde aquel gran balcón me esperaba para contemplar mi infinito crepúsculo.
En este día la extraño más que nunca. He vuelto a decir, he confesado, que la amaba. Cada día me repito que la extraño, cada vez me falta más, y cada vez siento menos apego a este mundo donde ella ya no está.
Él quizás no merezca la verdad, por no saber mantenerla a su lado, por hacerla infeliz mirando solo por sí mismo. Pero ¿la hija? ¿Se merece saber más? ¿Todo lo que ocurrió?
Cambiaría su mundo, y ya bastantes hemos sufrido por algo así, siendo extraños en nuestra propia piel.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
25 dic 2014
La conversación se desarrollaba con normalidad, aunque terriblemente aburrida para mí. Sin mayores preocupaciones.
- Eso parece, si nada se lo impide.
- Preparad entonces sus aposentos, vamos a...
Y hubiera seguido hablando si no fuera por el impacto del diminuto ave contra mi cara, ese maldito colibrí, un pequeño pajarito histérico que conocía bien gracias a mi hija..
Se movía de un lado para a otro, incluso intentaba tirar de mi pechera con su diminuto cuerpo, siempre hacia el exterior. Algo no iba bien. Suspiré, temiendo algo malo con respecto a mi pequeña.
- Llamad a la guardia.
No tenía tiempo para tomar mis armas, apenas para tomar mi capa una vez más y dirigirme hacia donde la pequeña criatura quería guiarme.
Pero escuché que algunos de sus hombres le seguían.
Y cuando por fin llegué, la escena me heló la sangre. Esperaba problemas, esperaba miedo. Pero no aquella dantesca escena en la que la sangre cubría a mi hija y al que era en otro tiempo su amigo. ¿Estaban muertos? Me arrojé sobre su cuerpo, y volví a respirar con mayor vida que nunca cuando sentí que todavía en su pecho latía su joven corazón. Nada más me importaba, solo quedaba llevarla a salvo.
La tomé en mis brazos, esperando a que recogieran también al muchacho. Y las voces de mis hombres parecían llegar de muy lejos.
La tomé en mis brazos, esperando a que recogieran también al muchacho. Y las voces de mis hombres parecían llegar de muy lejos.
- Parecen... huargos, milord.
Giré mi cabeza hacia el que había expresado esas palabras. Miré las huellas que quedaban... junto con otras. Montones de ellas, mucho más pequeñas... quizás de lobo.
Todo indicaba a que no deberían estar mucho más tiempo en ese lugar. No tardamos en cumplir la retirada, escuchando aullidos en la distancia, que aterrorizaban a mis hombres. Pero al menos ella estaba a salvo, conmigo, a punto de recibir los cuidados que necesitaba.
Y pronto también se acabaría aquella amenaza que poblaba en los bosques.
Todo indicaba a que no deberían estar mucho más tiempo en ese lugar. No tardamos en cumplir la retirada, escuchando aullidos en la distancia, que aterrorizaban a mis hombres. Pero al menos ella estaba a salvo, conmigo, a punto de recibir los cuidados que necesitaba.
Y pronto también se acabaría aquella amenaza que poblaba en los bosques.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
Cuando se despertó, no pudo reprimir un grito con tan solo verme. No es que ella sea un dechado de valor precisamente, pero mientras me miraba que expresase semejante miedo...
No pude hacer más que salir huyendo también de esa habitación. Soportar algo así durante más tiempo era más de lo que realmente podía. Las heridas en la carne eran una cosa. Las heridas del corazón... un obstáculo casi insalvable.
Me he pasado toda la vida temiendo este momento, en el que ella descubriese mi verdadera naturaleza. Que descubriese que es la causa de muchos males acontecidos a nuestra familia. Que descubriese que su padre es el monstruo que acompaña a Kyra la elfa en sus aventuras, aquel ser de otro mundo que suscitaba tantos temores y leyendas junto a ella. Al final, todo ha surgido, casi por accidente. O por la voluntad del maldito doctor, que no ha hecho más que enturbiar nuestras vidas con sus oscuros secretos.
Pero en parte, es liberador. Ya no es un secreto que solo guardamos unos pocos, temiendo que ocurra lo peor. En parte, no ha reaccionado tan mal, ¿no es cierto?
He intentando no fallarle nunca.
He intentado dar lo mejor de mí, vencer esa mitad oscura que siempre estará en mi interior.
Al fin y al cabo, nos queremos... ¿cierto?
No pude hacer más que salir huyendo también de esa habitación. Soportar algo así durante más tiempo era más de lo que realmente podía. Las heridas en la carne eran una cosa. Las heridas del corazón... un obstáculo casi insalvable.
Me he pasado toda la vida temiendo este momento, en el que ella descubriese mi verdadera naturaleza. Que descubriese que es la causa de muchos males acontecidos a nuestra familia. Que descubriese que su padre es el monstruo que acompaña a Kyra la elfa en sus aventuras, aquel ser de otro mundo que suscitaba tantos temores y leyendas junto a ella. Al final, todo ha surgido, casi por accidente. O por la voluntad del maldito doctor, que no ha hecho más que enturbiar nuestras vidas con sus oscuros secretos.
Pero en parte, es liberador. Ya no es un secreto que solo guardamos unos pocos, temiendo que ocurra lo peor. En parte, no ha reaccionado tan mal, ¿no es cierto?
He intentando no fallarle nunca.
He intentado dar lo mejor de mí, vencer esa mitad oscura que siempre estará en mi interior.
Al fin y al cabo, nos queremos... ¿cierto?
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
23 dic 2014
El humo del cigarrillo se perdía en el viento, azotado por la brisa. No es que fuera una idea brillante permanecer allí, en el frío invernal, podría pensar cualquiera. Pero tenía la suerte de que ni el frío, ni el calor, ni tampoco el paso del tiempo, hacían mella en su cuerpo.
Y mientras hacía que se consumiera, perdida entre pensamientos, una figura llamó su atención.
Caminaba encogido sobre sí mismo, con la mirada puesta en el suelo que pisaba, ausente de todo lo que había a su alrededor. Pero como si le llamase, alzó la vista. Sus miradas se encontraron y él se detuvo.
No recordaban si habían hablado realmente, solo... conocían su existencia.
Habían compartido un corazón donde ocupar un lugar, pero solo uno de los dos había permanecido para bien, para brindar calor y quizás consuelo. Pensaba permanecer todo el tiempo que se le permitiese, sanando heridas, recuperando su tiempo perdido, viviendo de otro modo lo que casi se les había negado.
Ella lanzó el cigarrillo al suelo, caminando para ponerse a su altura, quizás desafiante, iracunda por lo que sabía que ella, en el edificio que dejaba atrás, sentía. No estaba dispuesta a dejarse llevar por la violencia, salvo que unas palabras la invitasen a ello.
- ¿Se te ha perdido algo?
Él suspiró, mirando hacia arriba, hacia su casa. Parecía que sus planes tendrían que cambiar a la fuerza.
- No. Nada de tu incumbencia en todo caso.
- Entonces puedes seguir caminando. No tienes nada que hacer cerca de este sitio, mucho menos cerca de ella.
- No sabía que tuviera un perro guardián.
La risa de ella fue prácticamente una fuga, por el doble sentido de aquella frase, pero no se dejó amilanar.
- Tiene lo que necesita: amigos, gente que la quiere y que no la hiere sin motivo alguno.
Comprendiendo el golpe recibido, retrocedió un par de pasos, como si tomara conciencia de la situación. Miró de un lado a otro, sin saber que hacer, sintiendose perdido por momentos.
Finalmente, su cuerpo dejó escapar la tensión, al no tener que reunir más fuerzas estando en la derrota.
- Si dejas que este mensaje llegue a ella... dile que deseo que sea muy feliz. Es lo único, y es un deseo sincero.
Y caminó, perdiéndose en las oscuras calles bajo la mirada de Andrea, que apenas podía decidirse a qué hacer, en aquel momento tan crítico...
Y mientras hacía que se consumiera, perdida entre pensamientos, una figura llamó su atención.
Caminaba encogido sobre sí mismo, con la mirada puesta en el suelo que pisaba, ausente de todo lo que había a su alrededor. Pero como si le llamase, alzó la vista. Sus miradas se encontraron y él se detuvo.
No recordaban si habían hablado realmente, solo... conocían su existencia.
Habían compartido un corazón donde ocupar un lugar, pero solo uno de los dos había permanecido para bien, para brindar calor y quizás consuelo. Pensaba permanecer todo el tiempo que se le permitiese, sanando heridas, recuperando su tiempo perdido, viviendo de otro modo lo que casi se les había negado.
Ella lanzó el cigarrillo al suelo, caminando para ponerse a su altura, quizás desafiante, iracunda por lo que sabía que ella, en el edificio que dejaba atrás, sentía. No estaba dispuesta a dejarse llevar por la violencia, salvo que unas palabras la invitasen a ello.
- ¿Se te ha perdido algo?
Él suspiró, mirando hacia arriba, hacia su casa. Parecía que sus planes tendrían que cambiar a la fuerza.
- No. Nada de tu incumbencia en todo caso.
- Entonces puedes seguir caminando. No tienes nada que hacer cerca de este sitio, mucho menos cerca de ella.
- No sabía que tuviera un perro guardián.
La risa de ella fue prácticamente una fuga, por el doble sentido de aquella frase, pero no se dejó amilanar.
- Tiene lo que necesita: amigos, gente que la quiere y que no la hiere sin motivo alguno.
Comprendiendo el golpe recibido, retrocedió un par de pasos, como si tomara conciencia de la situación. Miró de un lado a otro, sin saber que hacer, sintiendose perdido por momentos.
Finalmente, su cuerpo dejó escapar la tensión, al no tener que reunir más fuerzas estando en la derrota.
- Si dejas que este mensaje llegue a ella... dile que deseo que sea muy feliz. Es lo único, y es un deseo sincero.
Y caminó, perdiéndose en las oscuras calles bajo la mirada de Andrea, que apenas podía decidirse a qué hacer, en aquel momento tan crítico...
21 dic 2014
Quería sentirme libre, por una vez, completo.
Nunca había tenido afinidad con los que había considerado míos, pero aquí estamos, ¿no es cierto? Ignoro el tiempo que tardamos en llegar, porque en inicio no íbamos a ninguna parte. Pero seguimos nuestro camino a través de las nubes, sintiéndonos vacíos de todo...
Hemos huido de la noche, buscando atardeceres a lo largo y ancho de nuestro mundo.
Ninguno de los dos parece ya el mismo que era, después de tanto tiempo sin encontrarnos. Algo terrible se esconde en su mirada, algo que no quiere contarme.
Por más que insista, algo le impide contarme lo que le roba el sueño, en las pocas horas que nos permitimos cerrar los ojos. Así que sentados el uno al lado del otro, contemplando como las olas impactan casi apaciblemente contra el acantilado que hemos declarado nuestro.
Su cabeza reposa tranquilamente sobre mi hombro, e ignoro por donde vagan tanto sus pensamientos como su mirada. Pero no la siento lejana. Suspira, y yo decido romper ese silencio.
- A veces tu silencio me inquieta.
Ella se incorpora, agachando la cabeza, ¿quizás avergonzada?
- Lo lamento...
- No, no era eso... - me incorporé yo también, intentando ordenar lo que sabía, lo que pensaba y lo que sospechaba, que no era una mezcla fácil de asimilar. - Son otras muchas cosas, que no terminan de tener sentido en mi mente. - le confieso, mirándola ahora.
Al instante veo que comprende lo que intento expresar, pero se limita a sonreír y a abrazarse a sí misma, como si pudiera o quisiera restarle importancia. Acepto ese silencio como una invitación a continuar.
- Hace tanto que no sé de ti, de tus sueños, tus ambiciones... Hasta ahora, que llegas para alejarme de todo lo que amo, sin apenas explicarme qué es lo que pasa... y con una pena secreta que no terminas de poder ocultar. ¿Qué es lo que ocurre para que me buscaras?
Le dejo que encuentre las palabras, pues el tiempo no es algo que nos importe en estos instantes.
- En cierto modo, te envidio... pues creo que siempre tendrás un lugar al que volver, con los que te consideran familia. ¿Pero qué ocurriría si lo perdieses todo? ¿A dónde irías? ¿Qué harías?
Entendí entonces, y no podía imaginarme el abismo que sería estar totalmente solo. ¿Era acaso lo único que le quedaba? ¿Qué había ocurrido para que se viese así?
No pude más que alzarme con tal de sostenerla, de dejarle claro que no estaba sola de ninguna de las maneras.
- No voy a abandonarte, ni tampoco a hacerte sentir sola... Pero necesito volver a casa, con los míos. Ven conmigo, y no te faltará de nada. - le propongo, y busco su mirada.
Ella me mira, asustada, insegura, aunque con un brillo de esperanza ante esa perspectiva. Finalmente, asiente y acepta a acompañarme. Volvemos a casa.
Nunca había tenido afinidad con los que había considerado míos, pero aquí estamos, ¿no es cierto? Ignoro el tiempo que tardamos en llegar, porque en inicio no íbamos a ninguna parte. Pero seguimos nuestro camino a través de las nubes, sintiéndonos vacíos de todo...
Hemos huido de la noche, buscando atardeceres a lo largo y ancho de nuestro mundo.
Ninguno de los dos parece ya el mismo que era, después de tanto tiempo sin encontrarnos. Algo terrible se esconde en su mirada, algo que no quiere contarme.
Por más que insista, algo le impide contarme lo que le roba el sueño, en las pocas horas que nos permitimos cerrar los ojos. Así que sentados el uno al lado del otro, contemplando como las olas impactan casi apaciblemente contra el acantilado que hemos declarado nuestro.
Su cabeza reposa tranquilamente sobre mi hombro, e ignoro por donde vagan tanto sus pensamientos como su mirada. Pero no la siento lejana. Suspira, y yo decido romper ese silencio.
- A veces tu silencio me inquieta.
Ella se incorpora, agachando la cabeza, ¿quizás avergonzada?
- Lo lamento...
- No, no era eso... - me incorporé yo también, intentando ordenar lo que sabía, lo que pensaba y lo que sospechaba, que no era una mezcla fácil de asimilar. - Son otras muchas cosas, que no terminan de tener sentido en mi mente. - le confieso, mirándola ahora.
Al instante veo que comprende lo que intento expresar, pero se limita a sonreír y a abrazarse a sí misma, como si pudiera o quisiera restarle importancia. Acepto ese silencio como una invitación a continuar.
- Hace tanto que no sé de ti, de tus sueños, tus ambiciones... Hasta ahora, que llegas para alejarme de todo lo que amo, sin apenas explicarme qué es lo que pasa... y con una pena secreta que no terminas de poder ocultar. ¿Qué es lo que ocurre para que me buscaras?
Le dejo que encuentre las palabras, pues el tiempo no es algo que nos importe en estos instantes.
- En cierto modo, te envidio... pues creo que siempre tendrás un lugar al que volver, con los que te consideran familia. ¿Pero qué ocurriría si lo perdieses todo? ¿A dónde irías? ¿Qué harías?
Entendí entonces, y no podía imaginarme el abismo que sería estar totalmente solo. ¿Era acaso lo único que le quedaba? ¿Qué había ocurrido para que se viese así?
No pude más que alzarme con tal de sostenerla, de dejarle claro que no estaba sola de ninguna de las maneras.
- No voy a abandonarte, ni tampoco a hacerte sentir sola... Pero necesito volver a casa, con los míos. Ven conmigo, y no te faltará de nada. - le propongo, y busco su mirada.
Ella me mira, asustada, insegura, aunque con un brillo de esperanza ante esa perspectiva. Finalmente, asiente y acepta a acompañarme. Volvemos a casa.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
15 dic 2014
Romper con todo
He roto con algunas cosas. Dejado atrás cierto problema que me impedía ser del todo feliz. He dado un gran paso del que espero no arrepentirme.
Se acabó. Permitir que Falk se acerque tanto a mí, aunque sea para tener una buena relación... no haría otra cosa más que envenenarme por dentro.
Por eso, porque aún le quiero y necesito que ese amor se esfume, nos hemos dicho adiós.
Me duele. A veces, mirando mi móvil, temo cogerlo rápidamente, marcar su número y pedirle volver a verle. Temo encontrármelo por la calle y no poder reprimirme las ganas de abrazarle, de besarle de nuevo.
Pero veo la sonrisa de Daniel, me refugio en sus brazos y me olvido de todo. Recuerdo su amor y mi amor por él. Ya es más fuerte que el que podía profesar por Falk. Aunque con él fuera más intenso. Son diferentes, eso es lo que quiero. No volver a sufrir por alguien de esa forma. No creo merecerlo.
Al haber dicho adiós, mi decisión fue firme. Ya llevaba un tiempo pensándolo, pero cuando Daniel me lo preguntó sentí en mi corazón que debía hacerlo. Era el momento indicado.
Una nueva vida junto a él, compartiendo la misma cama todos los días, los desayunos, las risas, las lágrimas. Apenas nos separará el trabajo o las clases, pero al volver a casa nos encontraremos con nuestro calor.
Me ha apenado empaquetar mis cosas, despedirme de mis amigos. Sobre todo de Elijah. Pero sé que estarán ahí siempre, al igual que yo lo estaré para ello.
Mi vida comienza de nuevo, no desde cero, pero sí desde otro prisma.
Solo deseo que salga bien.
Se acabó. Permitir que Falk se acerque tanto a mí, aunque sea para tener una buena relación... no haría otra cosa más que envenenarme por dentro.
Por eso, porque aún le quiero y necesito que ese amor se esfume, nos hemos dicho adiós.
Me duele. A veces, mirando mi móvil, temo cogerlo rápidamente, marcar su número y pedirle volver a verle. Temo encontrármelo por la calle y no poder reprimirme las ganas de abrazarle, de besarle de nuevo.
Pero veo la sonrisa de Daniel, me refugio en sus brazos y me olvido de todo. Recuerdo su amor y mi amor por él. Ya es más fuerte que el que podía profesar por Falk. Aunque con él fuera más intenso. Son diferentes, eso es lo que quiero. No volver a sufrir por alguien de esa forma. No creo merecerlo.
Al haber dicho adiós, mi decisión fue firme. Ya llevaba un tiempo pensándolo, pero cuando Daniel me lo preguntó sentí en mi corazón que debía hacerlo. Era el momento indicado.
Una nueva vida junto a él, compartiendo la misma cama todos los días, los desayunos, las risas, las lágrimas. Apenas nos separará el trabajo o las clases, pero al volver a casa nos encontraremos con nuestro calor.
Me ha apenado empaquetar mis cosas, despedirme de mis amigos. Sobre todo de Elijah. Pero sé que estarán ahí siempre, al igual que yo lo estaré para ello.
Mi vida comienza de nuevo, no desde cero, pero sí desde otro prisma.
Solo deseo que salga bien.
12 dic 2014
Nigromante
Todo se volvió de una forma diferente a las cosas que solía ver habitualmente. Los colores, las formas... mis ojos lo percibían entonces de una forma diferente. Terrorífica.
El doctor Xanos, frente a mí, parecía alguien totalmente diferente. Una figura oscura con algunos surcos blancos que la rodeaban.
Tuve que taparme la boca para no gritar de puro miedo, como prometí. Los guardias podrían haber entrado si lo hubiera hecho.
-Mira a tu izquierda.-Me dijo con voz neutra. Pero sabía que lo que había en ese lado era aún más horroroso.
Al principio negué con la cabeza, con los ojos abiertos de puro pánico. Pero insistió.
Me armé de valor y miré.
Y me quedé paralizada.
Donde estaba su ayudante, el semiogro... Era un ser en plena descomposición. Estaba muerto, ¡estaba muerto y aún así caminaba! ¡Parecía estar vivo! Solo en esa visión podía ver cómo estaba realmente.
Muerto, muerto, muerto...
¿Cómo es posible?
Cerré los ojos de nuevo y al abrirlos de nuevo volvía a ver como siempre. Pero no podría olvidar esa imagen en la vida.
Ahora que ha aceptado comenzar a enseñarme... lo único que me calma y no me impide negarme en rotundo a aprender de él es que podré salvar vidas.
Y mis métodos son diferentes a los suyos.
El doctor Xanos, frente a mí, parecía alguien totalmente diferente. Una figura oscura con algunos surcos blancos que la rodeaban.
Tuve que taparme la boca para no gritar de puro miedo, como prometí. Los guardias podrían haber entrado si lo hubiera hecho.
-Mira a tu izquierda.-Me dijo con voz neutra. Pero sabía que lo que había en ese lado era aún más horroroso.
Al principio negué con la cabeza, con los ojos abiertos de puro pánico. Pero insistió.
Me armé de valor y miré.
Y me quedé paralizada.
Donde estaba su ayudante, el semiogro... Era un ser en plena descomposición. Estaba muerto, ¡estaba muerto y aún así caminaba! ¡Parecía estar vivo! Solo en esa visión podía ver cómo estaba realmente.
Muerto, muerto, muerto...
¿Cómo es posible?
Cerré los ojos de nuevo y al abrirlos de nuevo volvía a ver como siempre. Pero no podría olvidar esa imagen en la vida.
Ahora que ha aceptado comenzar a enseñarme... lo único que me calma y no me impide negarme en rotundo a aprender de él es que podré salvar vidas.
Y mis métodos son diferentes a los suyos.
Moscas. Moscas que revoloteaban. Señal de podredumbre, de muerte y descomposición.
Elementos que, más a menudo de lo que quisiera en realidad, forman parte de mi vida. Especialmente desde que la pobre criatura que ahora me sigue y protege vive en contra de todo lo que los dioses dictaban.
No quedan muchos como yo, no después de la Purga.
Pero he aprendido a ser más que necesario, satisfaciendo el deseo de toda criatura viviente: la vida eterna. O una emulación de ella, si es que es realmente posible. Eso es lo que los supervivientes no han terminado de entender.
Nada de resistencias. El Sol Negro es un auténtico circo. Ha llegado el momento de entender, de comenzar a pensar solo en el ego, la supervivencia individual.
No habrá lugar para todos una vez la entendamos. No nos vale con demostrarles que no queremos mal. Si solo buscan su beneficio, habrá que proporcionarselo. Solo unos pocos seremos necesarios, nada quedará para el resto si realmente queremos sobrevivir a este nuevo mundo.
Y ahora, con esta nueva aprendiz, si es que aprende a hacerse valer...
Me recuerda la inocencia que todos tuvimos una vez, al ser jóvenes o inexpertos. Antes de que comprendiese y me guiasen hacia lo que soy ahora. Somos lo que este mundo hace de nosotros.
No sé si es consciente de lo que puede perder si me acompaña en este camino. No sé si lo soportará siquiera. Pero el mundo se mueve y pienso seguir en él, me acompañe o no.
Elementos que, más a menudo de lo que quisiera en realidad, forman parte de mi vida. Especialmente desde que la pobre criatura que ahora me sigue y protege vive en contra de todo lo que los dioses dictaban.
No quedan muchos como yo, no después de la Purga.
Pero he aprendido a ser más que necesario, satisfaciendo el deseo de toda criatura viviente: la vida eterna. O una emulación de ella, si es que es realmente posible. Eso es lo que los supervivientes no han terminado de entender.
Nada de resistencias. El Sol Negro es un auténtico circo. Ha llegado el momento de entender, de comenzar a pensar solo en el ego, la supervivencia individual.
No habrá lugar para todos una vez la entendamos. No nos vale con demostrarles que no queremos mal. Si solo buscan su beneficio, habrá que proporcionarselo. Solo unos pocos seremos necesarios, nada quedará para el resto si realmente queremos sobrevivir a este nuevo mundo.
Y ahora, con esta nueva aprendiz, si es que aprende a hacerse valer...
Me recuerda la inocencia que todos tuvimos una vez, al ser jóvenes o inexpertos. Antes de que comprendiese y me guiasen hacia lo que soy ahora. Somos lo que este mundo hace de nosotros.
No sé si es consciente de lo que puede perder si me acompaña en este camino. No sé si lo soportará siquiera. Pero el mundo se mueve y pienso seguir en él, me acompañe o no.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
9 dic 2014
¿Es tanto pedir?
Ojalá las soluciones fueran más limpias y sencillas, no que acaban en problemas no mayores, pero sí terribles.
Tras nuestro último beso antes de que empezara el duelo, con la esperanza de que mi magia sobre su arma pudiera darle algún beneficio, lo único que veía en la arena era sangre y más sangre.
¿Es esto lo que disfruta el mundo?
¿El sufrimiento? ¿La ira? ¿La guerra? ¿El dolor? ¿La muerte?
Si es así, no lo entiendo. Porque no hay nada más hermoso que el latir de un corazón, que el amar. La gente no ama. La gente mata.
Roy no es el culpable de esta muerte pues ha evitado que ella se la llevase antes de tiempo. No merecía morir, pero tampoco la víctima. Nadie.
Poco he podido hacer más que ver cómo luchaban delante de mí sin poder detener tal atrocidad.
Al menos puedo dar las gracias porque él siga con vida.
Cada vez que creo que va a morir una oscuridad se cierne sobre mí de una forma tan abrupta que creo perderme en ella para no encontrar la salida.
Tengo miedo de estos nuevos sentimientos. Me gustan cómo están las cosas ahora.
Pero no el derramamiento de sangre.
Sueño con que algún día el mundo recupere la cordura.
¿Es tanto pedir?
Tras nuestro último beso antes de que empezara el duelo, con la esperanza de que mi magia sobre su arma pudiera darle algún beneficio, lo único que veía en la arena era sangre y más sangre.
¿Es esto lo que disfruta el mundo?
¿El sufrimiento? ¿La ira? ¿La guerra? ¿El dolor? ¿La muerte?
Si es así, no lo entiendo. Porque no hay nada más hermoso que el latir de un corazón, que el amar. La gente no ama. La gente mata.
Roy no es el culpable de esta muerte pues ha evitado que ella se la llevase antes de tiempo. No merecía morir, pero tampoco la víctima. Nadie.
Poco he podido hacer más que ver cómo luchaban delante de mí sin poder detener tal atrocidad.
Al menos puedo dar las gracias porque él siga con vida.
Cada vez que creo que va a morir una oscuridad se cierne sobre mí de una forma tan abrupta que creo perderme en ella para no encontrar la salida.
Tengo miedo de estos nuevos sentimientos. Me gustan cómo están las cosas ahora.
Pero no el derramamiento de sangre.
Sueño con que algún día el mundo recupere la cordura.
¿Es tanto pedir?
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