Esta tierra parece cambiar a medida que camino por ella. Al perder a mi compañía en viajes habitual... todo se vuelve diferente. He marchado solo, y ahora me pierdo entre mis propios pensamientos a cada momento.
A veces escucho voces que me reclaman. Risas o la simple pregunta de si falta mucho para llegar a nuestro destino.
Supongo que son recuerdos que jamás me abandonarán, y que me torturarán sin descanso a medida que pase el tiempo. Me da miedo pensar que poco a poco se irán volviendo más reales, hasta que acabe viviendo en una ilusión mucho más atrayente que esta realidad.
¿Cómo hacer para abandonarme a ella?
¿Cómo puedo extrañarla tanto? Y ahora extraño también a mis hijos, a su hermano, a mi amigo. He sacrificado mi tiempo con ellos por encontrar a la mujer que me ha dado la vida.
Aquella mujer que me arrastró de esa vida que conocía, pero que me adentró en otra llena de sorpresas, amor, aventuras. Y a pesar de que no la supe hacer feliz...
La necesito a mi lado. No.
Necesito saber que está viva, necesito saber que ella puede vivir, donde sea. Siguiendo su propio camino, pero que sigue viviendo.
Tal vez necesite deshacerse de todos los lazos que la unían a mí. Después de la guerra... todo se preveía diferente. Mi destino, tal y como lo conocía, se veía incierto. Pero no de este modo.
Escribo casi ya sin sentido, no encuentro cordura en mis pensamientos. Pero en parte, me hace sentir mejor. Estas palabras arderán después en una hoguera, pero sirvieron a un propósito. Evitar que me sumergiera en un abismo de locura.
Primeros días en camino.
29 ago 2013
22 ago 2013
Una oscuridad casi infinita. Ecos de pasos que resonaban por largo tiempo. Tan solo se escuchaban pausados pasos en esa tranquilidad. Estos pasos rompían con el habitual y único sonido de las gastadas y agrietadas páginas de un libro al ser pasadas de un lado a otro.
El ávido lector, que alimentaba su sed de conocimientos a la tenue luz de un candil, alzaba la cabeza. Y una sonrisa se enmarcó en su rostro.
- No te esperabamos por aquí... No en mucho tiempo... - susurra, desde aquella sonrisa lobuna.
El interpelado sonríe a su vez, pero agacha la cabeza, sin tener del todo claro qué contestar. Observa la fría sala, desprovista de todo salvo de sombras que parecían cobrar vida. Y de secretos aún por descubrir.
Tras aquella extraña bienvenida, el visitante comenzaba a pasear por la sala. A pesar de caminar a oscuras, sabía guiarse entre aquella zona. Como si fueran para pesados y numerosos tomos, grandes estanterías se alzaban hacia una altísima cúpula, y en ellas... pequeñas esferas.
Esas pequeñas esferas, contenidas en idénticos soportes de madera negra, emitían un leve resplandor. De diferente color, pero igualmente atenuado para todas. Parecían contener una pequeña niebla o bruma en su interior. Como si quisieran revelar su naturaleza, muy leves ecos de voces, sonidos de parajes... surgían de ellas.
- Sabes que no puedes tomar ninguno de ellos, ¿cierto? - pregunta el anfitrión, que había seguido los pasos del visitante ceremoniosa y silenciosamente.
- Solo me da curiosidad. Quería saber cómo sería si decidiese hacer lo mismo... - deja escapar de sus pensamientos. - Dicen que es liberador... Ella parece satisfecha después de todo, ¿no es así? - inquiere el anfitrión, con un leve rastro de humor en su voz.
El interpelado no responde, solo se detiene. Suspira después de unos momentos. La amenaza velada que ella había dejado todavía le hacía sentir escalofríos. ¿Se atrevería a hacerlo de nuevo?
Se da la vuelta y camina hacia aquel pilar de cristal, que contenía a aquel ser monstruosamente torturado durante tanto tiempo. Su mayor tortura era seguir viviendo, mientras era utilizado para propósitos que no eran nada conocidos por él. Sus ojos se abrieron, para contemplar aquellas criaturas que siempre acudían en busca de su poder. Pero que jamás lo dejarían escapar de su prisión que era la vida.
- Todavía no. - responde, finalmente, antes de marcharse por donde había venido. En realidad, huía de todas aquellas esferas de recuerdos que contemplaba. Lo habían aterrorizado hasta un punto que desconocía en él.
Tras aquella extraña bienvenida, el visitante comenzaba a pasear por la sala. A pesar de caminar a oscuras, sabía guiarse entre aquella zona. Como si fueran para pesados y numerosos tomos, grandes estanterías se alzaban hacia una altísima cúpula, y en ellas... pequeñas esferas.
Esas pequeñas esferas, contenidas en idénticos soportes de madera negra, emitían un leve resplandor. De diferente color, pero igualmente atenuado para todas. Parecían contener una pequeña niebla o bruma en su interior. Como si quisieran revelar su naturaleza, muy leves ecos de voces, sonidos de parajes... surgían de ellas.
- Sabes que no puedes tomar ninguno de ellos, ¿cierto? - pregunta el anfitrión, que había seguido los pasos del visitante ceremoniosa y silenciosamente.
- Solo me da curiosidad. Quería saber cómo sería si decidiese hacer lo mismo... - deja escapar de sus pensamientos. - Dicen que es liberador... Ella parece satisfecha después de todo, ¿no es así? - inquiere el anfitrión, con un leve rastro de humor en su voz.
El interpelado no responde, solo se detiene. Suspira después de unos momentos. La amenaza velada que ella había dejado todavía le hacía sentir escalofríos. ¿Se atrevería a hacerlo de nuevo?
Se da la vuelta y camina hacia aquel pilar de cristal, que contenía a aquel ser monstruosamente torturado durante tanto tiempo. Su mayor tortura era seguir viviendo, mientras era utilizado para propósitos que no eran nada conocidos por él. Sus ojos se abrieron, para contemplar aquellas criaturas que siempre acudían en busca de su poder. Pero que jamás lo dejarían escapar de su prisión que era la vida.
- Todavía no. - responde, finalmente, antes de marcharse por donde había venido. En realidad, huía de todas aquellas esferas de recuerdos que contemplaba. Lo habían aterrorizado hasta un punto que desconocía en él.
21 ago 2013
Si desaparecieran...
Ahora que había encontrado un lugar en
el cual mantenerme, había planeado negocios, maneras de conseguir un
tratado de comercio, guardias para el pequeño pueblo que se mantiene
debajo de mi inmenso castillo... parecía que empezaban a ocurrir
problemas.
Una nueva emoción, un misterio que
resolver.
Una extraña sombra que bordeaba la
montaña de enfrente.
Acudí hacia allá, con Sol como
compañero. No fue fácil, antes de poder averiguar nada un enorme
oso nos atacó y debilitó nuestras fuerzas. Él casi no lo cuenta,
pero por suerte regresamos a tiempo a mi castillo.
Estuve enferma, curándome de mis
heridas. Entre tanto... Zekkyou vino a visitarme, aún afectado por
las heridas de las lanzas. Pero el muy cabezota quería verme, e
insistía en que hubiera algo más entre nosotros que simple amistad.
Parece no entender, parece no querer
comprender que me he hecho tanto daño a mí misma y a mi alrededor que esa
idea ha quedado descartada desde un principio.
Una vez recuperada, viendo que más
personas se veían afectadas por esa extraña sustancia negra, lo que
fuera... regresé a la montaña, en esa ocasión con Zekkyou, que ya
se había recuperado por completo.
Viajamos durante casi un día entero,
escalando a la cima de la montaña cuando pude ver que era ahí donde
nacía ese misterio.
Seguimos hablando, tan insistente. Ya
casi me quedaba sin argumentos, parecía que el más importante no
era suficiente para él. Pero aún así, no he desistido.
Llegamos a la cima y vimos... un
extraño altar con velas de fuego negro. ¿Invocaciones? No pude
averiguar mucho más de él, pues dos enormes lobos comenzaron a
atacarnos. Conseguimos vencerlos, pero yo ya no pude continuar...
Desperté, no sé cuánto tiempo
después, en el Bosque Crepúsculo. Echaba mucho de menos ese lugar,
y no quería marcharme de nuevo. Pero lo hice, cuando me encontré
mejor.
Estúpida, cabezota, arrogante...
¿cuándo entenderás que en realidad no quieres separarte de su
lado?
Pero él ya lo había decidido, entre
los dos, cuando hablábamos sin llegar a una conclusión exacta. No
volvería a verlo en largo tiempo.
No quería, pero en el fondo sabía que
era lo mejor para él.
Y aquel beso de despedida... pensé que
sería lo único que obtendría de él en mucho tiempo.
Y sin embargo, acaba de marcharse.
Mientras preparaba a los muchachos del pueblo y seleccionaba a unos
pocos para que me acompañaran a encontrar a la persona que invocaba
en la montaña... él estaba a mi lado.
Dijo que no lo vería en mucho tiempo,
y de pronto... lo veo de nuevo en mi castillo. Sol lo había
solicitado, y yo de nuevo tenía que verlo.
Se pregunta por qué lo evité,
probablemente le duela que lo hiciera. Pero... ¿qué si no? La noche
anterior nos despedimos como si no nos fuésemos a ver en mucho
tiempo, y a la mañana siguiente ahí estaba de nuevo... pero con el
recuerdo de aquel beso que nos dimos.
Al menos... conseguí solucionar el
problema. Entregué a mi Maestro a la mujer que se encargaba de crear
la discordia, una bruja.
Y Zekkyou volvió a marcharse,
sintiendo una emoción más fuerte antes de caer en el portal.
Ahora... me pregunto cuándo volveré a
verlo. Y si seguiré viéndome capaz de continuar reprimiendo mis
sentimientos.
Preguntándome... qué ocurriría si desaparecieran para
siempre.
[Diario IX]
20 jul 2013
Gema azabache
Al fin comienzo a hacer algo. No está
mal eso de robar un huevo de dragón como primera misión. Ya lo
había hecho una vez hace años, cuando aún no estaban los dragones
sobrevolando el cielo y ese huevo era lo único que se tenía de
ellos. Esta vez... sería más fácil.
Había estado hablando con Zekkyou
sobre nosotros, esta vez sin tapujos. Ya era el momento, tenía que
aclararle que no quiero tener ninguna relación, que no estoy
preparada para ello. Que sí... tengo miedo de mí misma. Pero es
natural, he hecho daño a muchas personas por culpa de mis
sentimientos. Incluso a mí misma, y tampoco quiero sufrir de nuevo.
Quién sabe, quizá no tenga por qué haber sufrimiento, pero...
prefiero no arriesgarme de nuevo.
Sol nos ordenó que fuésemos juntos a
esa misión, completamente consciente de lo que hemos hablado y todo
lo que nos rodea. Pero en fin, el trabajo es el trabajo.
Fuimos los dos, aunque luego
descubrimos que alguien se nos había colado en el viaje. Mi nueva
discípula, Claire, una niña de siete años que era una de las
sirvientes de Zekkyou hasta que yo decidí ser su Maestra. Y tras la
infiltración y algunos rompecabezas, llegamos a la sala de los
huevos, torpemente vigilada por un anciano prácticamente ciego.
Cogimos uno de los huevos, uno negro,
para salir de ahí cuanto antes.
Todo estaba siendo demasiado fácil, y
nosotros mismos lo comentamos. Pero al final tuvimos problemas al
estar tanto tiempo dentro del hogar del Atalaya.
Mientras fingíamos que eramos
feligreses, mi hermano Dorek empezó a bendecir a cada uno de
nosotros. Por supuesto, antes de llegar hasta aquí, Zekkyou me
cambió el rostro, por lo que no había riesgo de que me reconociera.
Pero a él sí.
-¡Guardias!-Gritó al identificar a mi
compañero como miembro del Sol Negro. Y algunos guardias empezaron a
atacar. Consiguió abrir el portal hacia el Bosque Crepúsculo, y yo
entré rápidamente con la niña. Pero él fue más lento, y dos
lanzas le hirieron de gravedad en ambos costados.
Sangraba mucho, y grité ayuda nada más
regresar. Sol me dijo que podría haber muerto, y no sé por qué,
pensé que tal vez quisiera decirme con eso que debería darle una
oportunidad antes de perderlo. O tal vez fueron imaginaciones mías
porque yo misma lo pensé.
Ya había hecho eso en numerosas
ocasiones. Cuando casi perdía a Ethan o yo misma me veía en una
situación extrema, decidía sin pensar cualquier cosa con respecto a
él. La boda es un buen ejemplo.
Y no quiero volver a cometer ese error,
no voy a volver a dejar que un acontecimiento cambie mi manera de ver
las cosas, mis sentidos. Incluso debo dejar de escribir sobre ello.
Pronto, cuando se recupere, marcharé
hacia mi castillo, ya finalizado, junto con Aeryn. Y sentirme en él
la reina del mundo, entre esas paredes de roca negra y ese paraje
frío y tenebroso.
[Diario VIII]
19 jul 2013
29 jun 2013
Hay una quietud inamovible en el bosque. Todas las criaturas que allí conviven, que se muestran o no a los ojos de los mortales, descansan apaciblemente. Ya no existe el crepúsculo, sino una noche que parece eterna.
Pero hay un lugar, lejos del castillo que parece reinar sobre ese lugar, que desprende luz. Una hoguera da lumbre a su alrededor. Y una figura aguarda, en silencio, oteando a su alrededor. Y esperando a que vuelva aparecer la imagen de aquella muchacha al otro lado de un espejo colocado al pie de una roca. Como una puerta en un lugar imposible, una puerta a una dimensión pequeña, con una única salida.
Y la curiosidad que una vez le enseñaron, como el niño que cruelmente observa como sufre un pequeño animal, se pregunta que ocurriría. Para evitar verse vencido por ella, ha preparado su salida. Porque hay una naturaleza salvaje que se ha impuesto en su interior.
Sigue aguardando a ver su mirada, sus ojos empañados en lágrimas, y una sonrisa triste.
Y la extrañaba. Pero tal y como se había hablado en el castillo... ¿la liberaría para volver a verla sufrir?
Pero hay un lugar, lejos del castillo que parece reinar sobre ese lugar, que desprende luz. Una hoguera da lumbre a su alrededor. Y una figura aguarda, en silencio, oteando a su alrededor. Y esperando a que vuelva aparecer la imagen de aquella muchacha al otro lado de un espejo colocado al pie de una roca. Como una puerta en un lugar imposible, una puerta a una dimensión pequeña, con una única salida.
Y la curiosidad que una vez le enseñaron, como el niño que cruelmente observa como sufre un pequeño animal, se pregunta que ocurriría. Para evitar verse vencido por ella, ha preparado su salida. Porque hay una naturaleza salvaje que se ha impuesto en su interior.
Sigue aguardando a ver su mirada, sus ojos empañados en lágrimas, y una sonrisa triste.
Y la extrañaba. Pero tal y como se había hablado en el castillo... ¿la liberaría para volver a verla sufrir?
28 jun 2013
No es momento
No es momento de pensar con el corazón.
Ha ocurrido algo inesperado, que puede ser… el principio del
cambio, de nuestro objetivo que ha venido por sí solo. Sol ha regresado. No sin
antes llevarme un susto de muerte y llorar la supuesta pérdida de Zekkyou.
Cuando vi su cuerpo inerte, sin vida… lo único que pude
sentir era ira y un gran vacío dentro de mí. Se ha convertido en una persona
demasiado importante. No solo porque lo haya dejado todo, incluidos mis
sentimientos, sino… porque estoy conociendo a un hombre que jamás pensé que
encontraría en él.
Y al hilar mis pensamientos en ese arrebato de ira y ver al
mismo tiempo a Sol, temí que fuera el mismo quién lo había matado. Pero me
resistí a atacarle, porque… al fin y al cabo, ¡Sol es muy importante para mí!
Luego comprendí que Zekkyou tan solo utilizó una marioneta
para que, esa sombra que resultó ser nuestro Maestro, se despistara. Al igual
que hizo conmigo para fingir mi muerte.
Ahora estamos de nuevo trece. Sol ha encontrado a Aeryn, y
se mantiene en el bosque, quizá intentando liberarla, o quizá no.
He hablado con Zekkyou, sin poder evitar fijarme en su comportamiento
hacia mí. Recordando lo que sentí cuando pensé que… me había dejado sola. “Hormigueo
en el estómago”, curiosa descripción para lo que siente. ¿Es algo parecido lo
que siento yo?
¿Pero qué digo?
No es momento de pensar con el corazón.
[Diario VI]
16 jun 2013
Siguiente paso
Poco a poco, me voy acostumbrando a
estar aquí, con Zekkyou, sus sombras y sus peticiones extrañas.
Fuimos a Argonath para encontrar personas solitarias, secuestrarlas y
esclavizarlas en su castillo. Sí... así de sencillo. Fue un trabajo
fácil, una pequeña prueba.
Al regresar estuve entrenando, un poco
fuera de lugar al principio. No terminaba de adaptarme, de sentirme
cómoda aquí. Pero es natural... al fin y al cabo lo he dejado todo
por esto. No quiero arrepentirme.
He intentado dejar de ser tan... amable
con los nuevos sirvientes y creo que a estas alturas ya me tendrán
un poco de miedo. Pero la verdad es que sabe bien esto de ser de “los
malos”, como dice el pequeño nuevo discípulo de Zekkyou.
Estuvimos planeando cómo podríamos
traer a Sol hasta aquí. Ya que no podía despertarse, pensamos en la
opción de traerlo a la fuerza, sin embargo, al observarle... resultó
ser que se había despertado. Que extraño, ¿por qué ahora?
Así que él convocó al resto del Sol
Negro para planear nuestro siguiente paso. La noticia de que había
despertado no sentó muy bien, algunos incluso sintieron miedo. No
sabemos si Sol nos ignorará, se intentará unir a nosotros o
intentará matarnos. Por lo que... dos de las personas con las que él
tenía más confianza, irán a hablar con él mientras nosotros
vigilamos de cerca.
Ya me entusiasma, en parte, la idea de
movernos al fin. Me gustaría poder ayudar a resurgir de las cenizas.
No puedo desconfiar de ellos, se han mostrado ante mí tal y como
son. Quiero creer que así es.
Y mientras planeamos lo que ocurrirá,
lo mejor será fortalecer y entrenar mis nuevas habilidades. No
comprendo del todo por qué puedo volver a controlar el poder del
fuego, pero... no me quejo.
Y viajar entre portales será una tarea
compleja, mas... los objetivos se alcanzan con esfuerzo, y al menos
esta vez, tengo algo por lo que esforzarme.
[Diario V]
9 jun 2013
Habíamos cometido un pequeño error, una mísera metedura de pata. La solución sería sencilla, si la noticia de que habíamos regresado no hubiera volado como los sórdidos cotilleos corren por la corte que rodea al Emperador. Volveríamos a desaparecer, volveríamos a ser invisibles.
Nuestra entrada en el palacio había pasado inadvertida, refugiados por el bibliotecario que ocultaba un terrible hechicero bajo esa apariencia de piel de pergamino. Inofensivo, pero efectivo. Y ahí, escondidos para todos, fue el momento en el que escuché todo lo necesario para nuestro siguiente paso.
- Mira, lee... La orden del Sol Negro es una ambiciosa organización de magos... que durante mucho tiempo han buscado el poder y escalar sobre otros...
- Parecen peligrosos... ¿cómo podemos unirnos a ellos?
Y ese fue el momento. Glorioso, delicioso. Reconocía aquella voz, su eco todavía resuena entre las vacías habitaciones de un palacio que se cobija bajo un eterno crepúsculo.
El resto aceptaría una nueva incorporación. Una rivalidad que se tornaba en amistad. Un nuevo empuje para nuestro regreso de entre las cenizas
Lo que estoy haciendo.
Lo que he hecho.
Lo que debí o no debí hacer.
Dónde estoy.
A quién sigo, a quién he dejado
atrás.
Todo eso ahora... no importa.
He dejado atrás todo, absolutamente
todo. Para acabar aliada con personas que un día intentaron matarme
a mí y a quienes consideraba mi familia...
Lo he recordado todo también, sin
embargo decidí cortar de raíz todo tipo de recuerdos o sentimientos
que pudieran provocarme un dolor punzante en el corazón. Constante.
Ya apenas recuerdo los rostros, las
miradas... he muerto para siempre. He empezado de cero, y mi familia
también.
Muerta. Así me creen. Será menos
doloroso y menos esperanzador para ellos. Porque yo... no siento nada
ya. Ni siquiera lo poco que pude llegar a sentir cuando me reencontré
con ellos.
Ahora pertenezco a un nuevo lugar, a
una nueva causa. Sin líderes, por el momento. Decisiones que se
toman entre todos, verdades que se muestran sobre la mesa. Nada que
ocultar. O eso quiero creer. Quizá las cosas no sean como me las han
mostrado. Pero necesito confiar en alguien, si no... acabaré por
volverme loca.
Aquí estamos, en este crepúsculo
permanente. Nosotros, el Sol Negro.
En el fondo... sabía que algún día
tenía que ocurrir.
[Diario IV]
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