Rompiendo el Velo y otras historias... w/@NoodlesDice pic.twitter.com/XKMhrvNxPN
— Elena (@Beelzenef_) March 10, 2015
10 mar 2015
Rompiendo el Velo y otras historias...
Desde que entráramos en la habitación, apenas hizo gesto de reconocernos. De darse cuenta de que estábamos allí. Solo intentaba ver su paz no perturbada por nuestra presencia, alejándose de nosotros y mirando tranquilamente por la ventana enrejada.
Dudamos unos segundos, sin saber cómo proceder. ¿Cómo tomas y te llevas a una persona en apariencia tan frágil? Temía que entrara en cólera al vernos allí, al intentar arrastrarle hacia ese exterior que no pisaba desde hacía demasiado tiempo. Pero ya era hora.
Personas estaban muriendo por buscarle, porque no se atrevían a asegurar de si estaba vivo o muerto. Porque querían tener el placer de acabar con él si es que seguía con vida. Y pronto crecerían más, envalentonados por todos los ataques que estallaban como quemaduras de vela a lo largo del mapa de Argonath. Ni siquiera entre mis muros estaría seguro.
Mis hombres lo cogieron con poca delicadeza desde un inicio, temiendo que se rebelase de forma violenta. Pero solo supo quejarse y agachar la cabeza, quizás recordando sus otros traslados.
Ahora, sentado en aquel carruaje protegido, esperaba a que los guardias que le escoltarían hasta que llegaran a un nuevo lugar, a seguro de los que estaban sedientos de su sangre, se acercó hacia la luz. Desde allí podía mirarme.
- ¿Dónde?
- Allá donde los tuyos pueden protegerte. - dije tras unos segundos de duda, forzándome a mirarle.
- No... me han olvidado...
- Ni los Dioses tampoco. Caminarán contigo.
Probablemente no hubiera escuchado la última frase, se había sentado y hundido en sus pensamientos con un nuevo brillo en su mirada. No sabía decir qué era, todavía no podía decirse. Solo esperaba que llegara a ser esperanza.
Dudamos unos segundos, sin saber cómo proceder. ¿Cómo tomas y te llevas a una persona en apariencia tan frágil? Temía que entrara en cólera al vernos allí, al intentar arrastrarle hacia ese exterior que no pisaba desde hacía demasiado tiempo. Pero ya era hora.
Personas estaban muriendo por buscarle, porque no se atrevían a asegurar de si estaba vivo o muerto. Porque querían tener el placer de acabar con él si es que seguía con vida. Y pronto crecerían más, envalentonados por todos los ataques que estallaban como quemaduras de vela a lo largo del mapa de Argonath. Ni siquiera entre mis muros estaría seguro.
Mis hombres lo cogieron con poca delicadeza desde un inicio, temiendo que se rebelase de forma violenta. Pero solo supo quejarse y agachar la cabeza, quizás recordando sus otros traslados.
Ahora, sentado en aquel carruaje protegido, esperaba a que los guardias que le escoltarían hasta que llegaran a un nuevo lugar, a seguro de los que estaban sedientos de su sangre, se acercó hacia la luz. Desde allí podía mirarme.
- ¿Dónde?
- Allá donde los tuyos pueden protegerte. - dije tras unos segundos de duda, forzándome a mirarle.
- No... me han olvidado...
- Ni los Dioses tampoco. Caminarán contigo.
Probablemente no hubiera escuchado la última frase, se había sentado y hundido en sus pensamientos con un nuevo brillo en su mirada. No sabía decir qué era, todavía no podía decirse. Solo esperaba que llegara a ser esperanza.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
5 mar 2015
La puerta se abrió de nuevo con lentitud, y el que abría vacilaba a la hora de entrar. El prisionero volvía a estar en aquella incómoda posición que acabaría por atrofiar su cuerpo, además de provocarle desmayos de tanto en tanto. En aquel instante parecía estar al borde de uno, pero se mantenía. Tuvo la fuerza suficiente para alzar la cabeza. y mirarle.
- Esto no va a ser agradable para ninguno de los dos.
Y comenzó aquel festival de emociones. No podía moldear la realidad, pero había aprendido a moldear la percepción de ella. Para cada individuo. Por suerte, gracias a Catherin y a aquel brebaje de la verdad, ahora sabía mucho más sobre él. Y otras tantas cosas que se atrevía a imaginar.
Cerró la puerta, evitando así distracciones del exterior, y comenzó a llenar aquel pozo de su extraña magia. Y con tesón y paciencia, comenzó a elevar su imaginación hasta convertirla en una realidad que el prisionero pudiera sentir. Aflojando sus cadenas, volvió a sentir algo en su castigado cuerpo. Alzaba la mirada para verse en un lugar diferente. Indefinido, cambiante.
Y a su alrededor, muchas personas, observándole fijamente. Todas ellas conocidas, aunque fueran frágiles recuerdos. Poco a poco, se acercarían a él a una velocidad pasmosa, comenzando a gritarle. Desde fuera, el reo comenzó a sacudirse al verse sorprendido por tantas voces dirigidas a él, ensordeciéndole.
Podría ser un monstruo, pero hasta los monstruos se veían superados. Todos los crímenes ante él se vieron repetidos, pero aún cuando esas ilusiones ya deberían ser de cadáveres, estos se levantaban y amenazaban con hacerle cumplir los mismos horrores por los que ellos habían muerto. Y no solo amenazas. Sin que fuera real, era capaz de sentir el miedo, tal vez un atisbo de dolor.
La tortura se alargó durante realmente poco tiempo, pero para torturador y torturado parecieron eones.
Cuando acabó, el silencio llegó con demasiado peso. Los dos estaban en el suelo, agotados, casi presas de la asfixia. Los dos habían visto lo mismo, con tal de cumplir ese castigo. No se miraron, y esperaron hasta volver a ser lo suficientemente fuertes como para huir, del otro y de sí mismos, de sus propios pensamientos.
- Esto no va a ser agradable para ninguno de los dos.
Y comenzó aquel festival de emociones. No podía moldear la realidad, pero había aprendido a moldear la percepción de ella. Para cada individuo. Por suerte, gracias a Catherin y a aquel brebaje de la verdad, ahora sabía mucho más sobre él. Y otras tantas cosas que se atrevía a imaginar.
Cerró la puerta, evitando así distracciones del exterior, y comenzó a llenar aquel pozo de su extraña magia. Y con tesón y paciencia, comenzó a elevar su imaginación hasta convertirla en una realidad que el prisionero pudiera sentir. Aflojando sus cadenas, volvió a sentir algo en su castigado cuerpo. Alzaba la mirada para verse en un lugar diferente. Indefinido, cambiante.
Y a su alrededor, muchas personas, observándole fijamente. Todas ellas conocidas, aunque fueran frágiles recuerdos. Poco a poco, se acercarían a él a una velocidad pasmosa, comenzando a gritarle. Desde fuera, el reo comenzó a sacudirse al verse sorprendido por tantas voces dirigidas a él, ensordeciéndole.
Podría ser un monstruo, pero hasta los monstruos se veían superados. Todos los crímenes ante él se vieron repetidos, pero aún cuando esas ilusiones ya deberían ser de cadáveres, estos se levantaban y amenazaban con hacerle cumplir los mismos horrores por los que ellos habían muerto. Y no solo amenazas. Sin que fuera real, era capaz de sentir el miedo, tal vez un atisbo de dolor.
La tortura se alargó durante realmente poco tiempo, pero para torturador y torturado parecieron eones.
Cuando acabó, el silencio llegó con demasiado peso. Los dos estaban en el suelo, agotados, casi presas de la asfixia. Los dos habían visto lo mismo, con tal de cumplir ese castigo. No se miraron, y esperaron hasta volver a ser lo suficientemente fuertes como para huir, del otro y de sí mismos, de sus propios pensamientos.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
3 mar 2015
Cuando desperté en aquel sitio solo pude mirar hacia donde supuse que estaría el cielo, para solo adivinar rejas en lo que era un profundo pozo. Solo y encadenado al final del mismo. Me sorprendí cuando percibí que estaba de pie, al fallarme las piernas. Todo mi cuerpo me dolía, agarrotado y terriblemente frío.
La boca seca, la garganta rota. Como si hubiera estado gritando durante horas sin parar. Caí de rodillas de una forma estrepitosa, y el ruido de cadenas hizo que algo se alertara en el exterior. Sin apenas tardar, la puerta que había frente a mí se abrió con rudeza, y parecía comprobar el estado en el que me encontraba. Se aseguró de que estaba bien unido al suelo a través de mis ataduras, y recibí por respuesta a mi intento de acabar con él una certera patada en el vientre.
Cuando la tos y el dolor cesaron, ya estaba de nuevo en soledad.
Observaba lo poco que tenía a la vista, y al poco me cansé del mismo paisaje. Y con el paso de las horas me agotaba todavía más el hecho de no ver llegar la noche. La luz no variaba. Siempre la misma aquella penumbra, nunca la oscuridad total que me permitiría descansar.
De tanto en tanto alguien llegaba a comprobar mi estado, pero era un mero espectador. Hasta que rompió el silencio con su voz, haciendo una oscura novedad en mi presidio.
Abrió la puerta, y me miró largamente.
- Quería darte la bienvenida, prisionero... además de hacerte saber que pronto recibirás algunas otras comodidades. Y tendrás que creerme cuando te digo que este es el mejor destino al que has podido llegar en este lugar. Aunque consigas escapar, serás prisionero de este mundo, y pasto de las fieras si te aventuras en el bosque. Si tienes una meta clara, reconsidérala. Disfruta de tu estancia.
La boca seca, la garganta rota. Como si hubiera estado gritando durante horas sin parar. Caí de rodillas de una forma estrepitosa, y el ruido de cadenas hizo que algo se alertara en el exterior. Sin apenas tardar, la puerta que había frente a mí se abrió con rudeza, y parecía comprobar el estado en el que me encontraba. Se aseguró de que estaba bien unido al suelo a través de mis ataduras, y recibí por respuesta a mi intento de acabar con él una certera patada en el vientre.
Cuando la tos y el dolor cesaron, ya estaba de nuevo en soledad.
Observaba lo poco que tenía a la vista, y al poco me cansé del mismo paisaje. Y con el paso de las horas me agotaba todavía más el hecho de no ver llegar la noche. La luz no variaba. Siempre la misma aquella penumbra, nunca la oscuridad total que me permitiría descansar.
De tanto en tanto alguien llegaba a comprobar mi estado, pero era un mero espectador. Hasta que rompió el silencio con su voz, haciendo una oscura novedad en mi presidio.
Abrió la puerta, y me miró largamente.
- Quería darte la bienvenida, prisionero... además de hacerte saber que pronto recibirás algunas otras comodidades. Y tendrás que creerme cuando te digo que este es el mejor destino al que has podido llegar en este lugar. Aunque consigas escapar, serás prisionero de este mundo, y pasto de las fieras si te aventuras en el bosque. Si tienes una meta clara, reconsidérala. Disfruta de tu estancia.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
23 feb 2015
La impotencia que sentía en mi
interior solo encontraba una salida, que era la furia y la ira. La
ira sobre aquellos que eran mis seres más preciados, aquellos que
más daño podían hacerme. La amenaza estaba en todas partes, en
cualquier momento podía descubrir una horrible verdad sobre una
parte oscura de mi vida.
Las promesas, a base del ejemplo de los
demás, parecen poco válidas. Cualquier palabra es solo aire a
veces. Los lazos pueden no llegar a significar nada, por cambios en
la vida de esas personas. Por cosas que simplemente no podemos
controlar.
Por mucho que luche por ellos, pueden
abandonarme, abandonarse entre ellos.
¿Cómo sobrevivir a algo así? Quiero
confiar, quiero creer en ellos. Quiero dejar de vivir con miedo a
todo lo que ocurre a mi alrededor.
Que no haya historias sin terminar para
mí, y que acaben destruyendo la visión que intento tener. Por ella,
por mí, por todos.
Mi deseo de venganza contra mi búsqueda
de la felicidad. Nunca he vivido una batalla tan intensa, ni siquiera
cuando he hecho correr la sangre de otros. Deseo fervientemente no perder el control, no otra vez.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
16 feb 2015
Sueño con un mundo en el que ella no tenga que sufrir por no poder alcanzarlo. Al final, todo puede resolverse de la misma manera. Detener las guerras, las armas como único adorno ritual de eras pasadas, donde no haya temor por ser asaltado.
Para ello, hay que resolver conflictos mucho más profundos, mucho mayores y más antiguos. La necesidad genera esa pérdida de temor a hacer cualquier cosa por el dinero que falta, por algo que echarse a la boca y poder comer. Esa violencia que es la pobreza.
Mi ira contra todo no es una solución al problema, pero acalla la impotencia al ver su dolor. Durante unos momentos, al menos. Tal vez... tal vez creciendo... creciendo y no acumular riquezas. Entregándolas para que crezcan otros, sin que sea necesario pedirlo. Y así, creceríamos todos juntos para ser más fuertes. Unidos para ayudar a todo aquel que necesite...
Habrá enemigos, y será necesario el poder para discernirles entre los que se unan.
Parece un camino, parecen unas metas a seguir. Incluso parecen posibles. Solo hace falta recordar que caminamos juntos. Que debemos deteneros si uno desfallece.
Hemos llegado ya muy lejos, no es momento de rendirse.
Nuestro mundo parece mucho más grande que en un inicio, aún con todo lo que he vivido. Más peligros, más incierto. Solo para evitar que ella no siga en ese mundo hay que seguir en pie.
Para ello, hay que resolver conflictos mucho más profundos, mucho mayores y más antiguos. La necesidad genera esa pérdida de temor a hacer cualquier cosa por el dinero que falta, por algo que echarse a la boca y poder comer. Esa violencia que es la pobreza.
Mi ira contra todo no es una solución al problema, pero acalla la impotencia al ver su dolor. Durante unos momentos, al menos. Tal vez... tal vez creciendo... creciendo y no acumular riquezas. Entregándolas para que crezcan otros, sin que sea necesario pedirlo. Y así, creceríamos todos juntos para ser más fuertes. Unidos para ayudar a todo aquel que necesite...
Habrá enemigos, y será necesario el poder para discernirles entre los que se unan.
Parece un camino, parecen unas metas a seguir. Incluso parecen posibles. Solo hace falta recordar que caminamos juntos. Que debemos deteneros si uno desfallece.
Hemos llegado ya muy lejos, no es momento de rendirse.
Nuestro mundo parece mucho más grande que en un inicio, aún con todo lo que he vivido. Más peligros, más incierto. Solo para evitar que ella no siga en ese mundo hay que seguir en pie.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
Nunca me había sentido tan insegura. Dasha me había hecho ver que ni siquiera de mis propios contactos podía fiarme, porque había posibilidades de que se hubieran hecho pasar por ellos. Mi único contacto seguro, con el hogar, lo único que me hacía sentirme segura en esta tierra que ahora me era hostil... ¿era una mentira? ¿Había sido engañada de una forma tan estúpida?
Creía estar preparada para lo que había en esta ciudad. Creía que podría permanecer a su lado contra toda adversidad que se hiciera presente.
Pero no me esperaba que todo estuviera tan mal. Dan parece no haber captado del todo lo que está ocurriendo mientras recogemos a toda velocidad. Puede que no lo haya asimilado, es demasiado inocente, quizás simplista, para estas jodidas intrigas. No estamos a salvo y hay que marcharse, en realidad no es más que eso. La protección de la que creíamos gozar... quizás no una protección, solo un respaldo por nuestras acciones... ya no existe. Nunca ha existido.
Y todos los que están a mi alrededor podrían verse afectados. Por saber de nuestra presencia aún estando expulsados y no haber informado a quienes debían. Casi siento que me ahogo de solo pensarlo. Por culpa de un Príncipe demasiado asustado de ver enemigos por todas partes abandono a mis amigos, cuanto tanta falta les hace nuestro apoyo.
Mientras dura la noche, no puedo evitar acordarme de ella. De tantos abrazos que me quedan por darle. Y tantas palabras por hacerle llegar.
Nos veremos antes de lo que esperas, es una promesa.
9 feb 2015
Perder el control es una de las sensaciones más desagradables y frustrantes que he tenido el horror de tener que soportar. Es la inseguridad, es el miedo, es no poder relacionarme con los demás por temor a una mala palabra. Porque cualquier cosa puede hacerme explotar en la rabia, en el pánico.
Y mientras tanto ella no dejaba de insistir, de buscarme. De querer saber qué me ocurre cuando es lo último que puedo permitirme que descubra. El avance de la mancha que parece ser mi sangre se ha detenido en su avance, o quizás vaya tan lento que sea imperceptible para mí.
Tal vez lo haga también mi ira, tal vez logre vencer este descontrol a base de fuerza de voluntad.
Desde que me hirieron... todo por culpa de esa hoja infecta.
Los asesinos, en un momento de lucidez, mientras reflexiono y medito para llamar a la calma, eran demasiado astutos. Si no podían aniquilarnos a cuchillo, se asegurarían con heridas como la mía de que nos destruyésemos a nosotros mismos. Con mi fuerza y mi habilidad podrían haberlo logrado de una forma muy fácil. Iefel era muy inocente, aún con sus años. Therin se sumergiría en mis brazos a la mínima llamada. Ethan sería un reto, pero mediante engaño podría quedar indefenso.
Pero eso, desde luego, sería la vía fácil. Satisfacer mi rabia y mi saña contra los que más quiero en estos momentos. Los que me han dado un hogar, una vida, un calor.
Después de acabar con ellos, si es que sobrevivía para seguir en mi lucha contra el mundo, ¿qué ocurriría? ¿Más rabia? ¿Más sangre? ¿Cuanto tiempo tardaría en caer bajo otra espada para evitar más daños a otros inocentes?
Todavía puedo luchar y lo haré. He sobrevivido a incontables cosas, y ahora que tengo grandes motivos para luchar, no va a ser menos. No voy a rendirme. No solo por ellos. Me dejaré llevar por el orgullo, con tal de proteger a los objetivos de mi afecto.
Y mientras tanto ella no dejaba de insistir, de buscarme. De querer saber qué me ocurre cuando es lo último que puedo permitirme que descubra. El avance de la mancha que parece ser mi sangre se ha detenido en su avance, o quizás vaya tan lento que sea imperceptible para mí.
Tal vez lo haga también mi ira, tal vez logre vencer este descontrol a base de fuerza de voluntad.
Desde que me hirieron... todo por culpa de esa hoja infecta.
Los asesinos, en un momento de lucidez, mientras reflexiono y medito para llamar a la calma, eran demasiado astutos. Si no podían aniquilarnos a cuchillo, se asegurarían con heridas como la mía de que nos destruyésemos a nosotros mismos. Con mi fuerza y mi habilidad podrían haberlo logrado de una forma muy fácil. Iefel era muy inocente, aún con sus años. Therin se sumergiría en mis brazos a la mínima llamada. Ethan sería un reto, pero mediante engaño podría quedar indefenso.
Pero eso, desde luego, sería la vía fácil. Satisfacer mi rabia y mi saña contra los que más quiero en estos momentos. Los que me han dado un hogar, una vida, un calor.
Después de acabar con ellos, si es que sobrevivía para seguir en mi lucha contra el mundo, ¿qué ocurriría? ¿Más rabia? ¿Más sangre? ¿Cuanto tiempo tardaría en caer bajo otra espada para evitar más daños a otros inocentes?
Todavía puedo luchar y lo haré. He sobrevivido a incontables cosas, y ahora que tengo grandes motivos para luchar, no va a ser menos. No voy a rendirme. No solo por ellos. Me dejaré llevar por el orgullo, con tal de proteger a los objetivos de mi afecto.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
4 feb 2015
Cada día tenía que hacer un esfuerzo para entrar por aquella puerta con algo más de ánimo del que sentía. Al menos, una suave sonrisa que ofrecer a los que allí estaban.
El pueblo estaba bien, estable. Sus habitantes se dedicaban a sus quehaceres y hacía tiempo que se habían resguardado, preparándose para pasar otra noche. A lo que tenía que enfrentarme era a cómo pasar otra noche de mi vida en la tortura de la ignorancia.
Cerré la puerta preparando mi careta, aunque esa vez no me hizo demasiada falta.
La pequeña Catherin ya hacía por correr hacia mí, a través de esas escaleras que siempre se le hacían grandes. Bajaba un escalón y me miraba. Bajaba otro y volvía a mirarme, para comprobar que yo no me había esfumado mientras ella hacía por bajar lo más rápido que podía.
Me quedé al pie de las escaleras, agachado y esperando a recibirla con un abrazo. Se reía cuando la alzaba y la balanceaba un poco, como si fuera un juguete.
- Papiii, tardas muuuucho.
- Ya lo sé, pero estoy aquí y te voy a llevar a la cama, a dormir.
Entonces la pequeña enmudeció, pensando en lo que le había dicho.
- No hace falta, puedes tardar más si quieres. - dijo, asintiendo e intentando convencerme.
Ahora ame tocaba a mí reírme con ganas mientras subíamos a su dormitorio.
La acosté y arropé con cariño, acariciando su pelo, acariciando sus mejillas. Poco a poco se estaba quedando dormidita, pero seguía mirándome con atención.
- ¿No te irás más?
- ¿A dónde voy a ir?
- No sé... Lejos...
Me acerqué a ella para darle un besito en la frente, que agradeció con un suspiro de infinita tranquilidad.
- No voy a desaparecer. Te quiero, y por nada del mundo me iría lejos de ti.
Abrió los ojos una vez más solo para regalarme otra sonrisa, y caer suavemente dormida de forma definitiva. No sabía si podía hacerla feliz, pero mientras estuviera en mi mano jamás estaría sola.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
2 feb 2015
Dos coronas menos
Quiero volver a casa. No debería haberme ido de ahí, el mundo exterior es un peligro. Y de la corte ya ni puedo hablar...
Estoy cansada de estos muros, de esta tensión, este miedo. A veces quiero irme a mi castillo, entrar en mis aposentos y esconderme debajo de las sábanas para protegerme de todos los horrores. Pero por otra parte, deseo con todas mis fuerzas seguir luchando por un mundo mejor.
Y tras la muerte del Emperador, pensé que no sucedería nada más que me desestabilizara por completo. Pero me equivoqué.
Quizá los Dioses quisieron que encontrase esa carta de un viajero anónimo que debemos encontrar. Ellos querían que desvelara la verdad. Al fin y al cabo, siempre he luchado por ella, y creo que la vida me ha concedido una irónica oportunidad para ello.
Esa nota... era de alguien nuevo, un Gran Atalaya por descubrir.
Mi tío era un impostor. No sabemos desde cuando, pero dejó de escuchar a los Dioses, dejó de ser el Gran Atalaya.
Es increíble como puede cambiar todo en unos instantes. Unos momentos antes discutía con él la injusticia que se llevaba a cabo con nosotros, los magos. Y ahora ha caído. ¿Hemos vencido?
Pero yo le quiero, a pesar de todo. Sé que tenía miedo, por eso nos mintió. Todo el mundo tiene miedo a morir, aunque su solución fuese un tanto cobarde.
Le quiero y le perdono. Pero el mundo no es tan sencillo como eso. El mundo pedirá justicia, y temo que la sangre corra.
Y no solo eso, tengo miedo de mis propias consecuencias. Ya me han dado la certeza de que me arrepentiré, probablemente una amenaza encubierta.
¿Qué haré ahora? No puedo esperar a que otros solucionen mis problemas. Llorar a mi padre o a mi prometido para que me protejan. Son mis consecuencias, al fin y al cabo.
Y pienso luchar para que la certeza se convierta en un imposible. Lucharé además por ese mundo con el que sueño y con el que unos pocos van soñando a su vez.
Es el principio del cambio. Y para ello, las coronas han debido y deberán pasar a manos más limpias y puras.
Estoy cansada de estos muros, de esta tensión, este miedo. A veces quiero irme a mi castillo, entrar en mis aposentos y esconderme debajo de las sábanas para protegerme de todos los horrores. Pero por otra parte, deseo con todas mis fuerzas seguir luchando por un mundo mejor.
Y tras la muerte del Emperador, pensé que no sucedería nada más que me desestabilizara por completo. Pero me equivoqué.
Quizá los Dioses quisieron que encontrase esa carta de un viajero anónimo que debemos encontrar. Ellos querían que desvelara la verdad. Al fin y al cabo, siempre he luchado por ella, y creo que la vida me ha concedido una irónica oportunidad para ello.
Esa nota... era de alguien nuevo, un Gran Atalaya por descubrir.
Mi tío era un impostor. No sabemos desde cuando, pero dejó de escuchar a los Dioses, dejó de ser el Gran Atalaya.
Es increíble como puede cambiar todo en unos instantes. Unos momentos antes discutía con él la injusticia que se llevaba a cabo con nosotros, los magos. Y ahora ha caído. ¿Hemos vencido?
Pero yo le quiero, a pesar de todo. Sé que tenía miedo, por eso nos mintió. Todo el mundo tiene miedo a morir, aunque su solución fuese un tanto cobarde.
Le quiero y le perdono. Pero el mundo no es tan sencillo como eso. El mundo pedirá justicia, y temo que la sangre corra.
Y no solo eso, tengo miedo de mis propias consecuencias. Ya me han dado la certeza de que me arrepentiré, probablemente una amenaza encubierta.
¿Qué haré ahora? No puedo esperar a que otros solucionen mis problemas. Llorar a mi padre o a mi prometido para que me protejan. Son mis consecuencias, al fin y al cabo.
Y pienso luchar para que la certeza se convierta en un imposible. Lucharé además por ese mundo con el que sueño y con el que unos pocos van soñando a su vez.
Es el principio del cambio. Y para ello, las coronas han debido y deberán pasar a manos más limpias y puras.
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