13 ene 2014

Días de viaje II

Escondí los cuerpos lo más rápido posible, y después dejé que los consumiera el fuego. Aquello agotó las pocas fuerzas que me quedaban.
Caminaba para alejarme de aquello, y perdí la cuenta del tiempo que pasé escondido, pensando en lo que había pasado. Me refugié en la oscuridad para no ver en la luz el recuerdo de lo que había hecho.

Y para no ver las marcas que en mi cuerpo habían dejado. No solo las heridas. Marcas parecidas a runas, en mi torso y en mis brazos. Guardaban un gran calor, y cuando intentaba tocarlas con mis dedos, comenzaban a arder en mi piel. Creo que eso era lo que hacía mi debilidad, que se prolongó durante mucho tiempo. Hasta que por fin dejó de arder, dejó de doler, de herir.

Para entonces yo volvía a estar en camino, evitando los caminos, evitando a la gente. En el bosque y en la maleza el tiempo corre de manera distinta.
Y no conseguía recuperarme, dandome cuenta de mis ¿recuperadas? limitaciones. No eran grandes, pero se me hacía extraño. A la vez que me sentía constantemente perseguido.
Necesitaba escapar de una amenaza que nunca podía llegar a ver, que nunca identificaba. Por mucho que buscase, estando escondido, no podía ver a nadie. Pero seguía sintiendo ese miedo.

¿Venganza? ¿Sádica diversión? ¿Mi propia locura?
No descartaba ninguna opción mientras huía. En cualquiera de mis dos destinos, mi hogar y mi lugar entre sus brazos, quizás me estuvieran esperando, y no tenía un segundo que perder.


29 dic 2013

Facilidades

Antes no me preocupaba tanto por los sentimientos.
Será que Aleks tiene razón y me he adaptado demasiado al mundo, a mi parte humana.
¿Qué ha sido de mí?
Ojalá lo supiera, pero ni siquiera recuerdo cómo era yo antaño. No soy más que una sombra de ello, una muchacha que a veces saca sus alas para recordarse a sí misma que no del todo humana.

Con lo fácil que sería... tan solo vivir.
No me gustan las ataduras, quiero dejarme llevar por los diferentes momentos de mi vida.
Pero no puedo.

Ellos inundan mi conciencia todo el tiempo.
Andrea con sus recuerdos, con las primeras veces y las emociones que conllevan.
Y Aleks con nuestro pasado e incluso nuestro presente. Pero quizá solo está enamorado de Zafirel.

Desearía saber quién es Zafirel.
Pero estoy atrapada en un cuerpo que me ha poseído a mí.

Que ironía, ¿no?

24 dic 2013

Días de viaje

Ya no sangran las heridas cuando me pongo en camino. Hemos tenido un poco de tiempo para asimilar todo lo que ha ocurrido, para recuperarnos, para ser conscientes de lo que hemos perdido.
Mi familia está rota, y yo estoy a punto de quebrarla más todavía. Pero es un precio a pagar. Si tengo éxito, todo volverá a ser como era, más o menos felices, pero unidos.

En la oscuridad de la noche, y eclipsados por los llantos de las gentes que encontraban a sus familiares entre los cadáveres, las sabandijas abundaban.
Aquellos que todavía vivían, inconscientes o quizás aturdidos en aquella marea de sangre, eran atrapados para ser llevados como mercancía al que pudiera afrontar el mejor precio.

Esclavos. Esa era mi mejor apuesta. Tenía que arriesgarme, pues no tendría vuelta atrás. Pero... ¿qué otra opción tenía? Me puse en marcha.
Intento olvidar el dolor que me producía separarme de mis allegados una vez más. Había formado una familia para abandonarla. No se lo merecían. ¿Cuándo se cansarían de todo aquello? Pero tenían que entender, debían entender.

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He despertado en la oscuridad, en mitad de la noche.
A mi alrededor había... cuerpos. Cadáveres. Estaban mutilados, destrozados. Lo poco que pude discernir de sus ropas demostró que eran Atalayas...
Y las mías estaban manchadas con su sangre.

Me siento temblar, furioso. Como si una mínima provocación pudiera hacerme estallar. Me sentí así desde que empezó la guerra. Tenso. Iracundo.
... ¿Yo... yo les he matado? Sin control, sin medida, y ahora sin fuerzas. ¿Qué me ha ocurrido? La fuerza de mi sangre parece ahora controlarme a mí... Y a su vez, me consume.

8 dic 2013

Volver a vivir

Recuerdo cuando escribía relatos interminables que me desahogaban y me quitaban el sueño al mismo tiempo.
Antaño tenía muchas cosas que contar, muchos sentimientos y aventuras. Pero en este tiempo he sentido mi vida estancada, vacía.
Me he vuelto a enamorar. Sé que no es tan intenso como... cuando lo amaba a él. Ni siquiera recuerdo cómo era, y a veces, aunque no extraño esas emociones, las siento lejos, ajenas a mí. Como si jamás hubiese vivido todas esas aventuras.

Soy cobarde, no sería capaz de pedir que me regresaran todo aquello a mi alma. Más bien, que me devolvieran ese pedazo del alma que pedí que me arrebataran.
Pero no estoy mal, al fin y al cabo es lo que quería.
Aunque no es tan intenso, y no estoy segura de que llegue muy lejos, puedo volver a sentir ese calor en el pecho, unos brazos que me rodean por la noche. Somos muy diferentes, lo opuesto. Dicen que eso es lo que atrae de la otra persona, pero creo que pertenecemos a mundos completamente paralelos.

Quiero luchar, intentarlo. Hemos partido en busca de aventuras que solo yo ansío. Y de nuevo arrastro a personas detrás de mí.
Ahora navegamos hacia Dalanvor, en un viaje aparentemente pacífico.

He visto una sombra. He oído cómo decía “por fin”. La he observado mientras intentaba subir por la cubierta del barco.
Pero solo son leyendas, mi mente me está jugando malas pasadas.


O no.

10 sept 2013

Oportunidades

He sucumbido a la pasión y al deseo.
En ese momento creí que nada me importaba, que la felicidad estaba ahí, sin miedos ni inseguridades que me impidiesen dejarme llevar.

Verlo ahí, buscándome. Creo que ambos lo arriesgaríamos todo para salvarnos el uno al otro. Aunque luego... sigamos en la misma situación.

Hemos retrasado lo inevitable. Me hubiera gustado no caer finalmente, que él mismo se hubiera rendido a la primera negativa. Pero, para no variar, es un hombre insistente.
Y mis defensas se están cayendo poco a poco.

Ahora, aquí en las montañas, tras habernos infiltrado en la torre del Atalaya y haberme desvelado a mi hermano, haciéndole olvidar después y confiar en Anthica.
Tras... ver caer a Zekkyou al vacío y recuperarlo después.
Me he dado cuenta de que no puedo más, de que no puedo seguir luchando.

Quería evitar el dolor, y es lo único que estoy consiguiendo. Tantos rechazos, tantas palabras hirientes que salen de mis labios pero no de mi corazón.
¿No era acaso lo que quería evitar?

Sí... creo que... finalmente acabaré por rendirme. Acabaré dándonos una oportunidad.

Tan solo espero no llegar demasiado tarde.

[Diario X]

29 ago 2013

Esta tierra parece cambiar a medida que camino por ella. Al perder a mi compañía en viajes habitual... todo se vuelve diferente. He marchado solo, y ahora me pierdo entre mis propios pensamientos a cada momento.
A veces escucho voces que me reclaman. Risas o la simple pregunta de si falta mucho para llegar a nuestro destino.

Supongo que son recuerdos que jamás me abandonarán, y que me torturarán sin descanso a medida que pase el tiempo. Me da miedo pensar que poco a poco se irán volviendo más reales, hasta que acabe viviendo en una ilusión mucho más atrayente que esta realidad.
¿Cómo hacer para abandonarme a ella?

¿Cómo puedo extrañarla tanto? Y ahora extraño también a mis hijos, a su hermano, a mi amigo. He sacrificado mi tiempo con ellos por encontrar a la mujer que me ha dado la vida.
Aquella mujer que me arrastró de esa vida que conocía, pero que me adentró en otra llena de sorpresas, amor, aventuras. Y a pesar de que no la supe hacer feliz...

La necesito a mi lado. No.
Necesito saber que está viva, necesito saber que ella puede vivir, donde sea. Siguiendo su propio camino, pero que sigue viviendo.
Tal vez necesite deshacerse de todos los lazos que la unían a mí. Después de la guerra... todo se preveía diferente. Mi destino, tal y como lo conocía, se veía incierto. Pero no de este modo.
Escribo casi ya sin sentido, no encuentro cordura en mis pensamientos. Pero en parte, me hace sentir mejor. Estas palabras arderán después en una hoguera, pero sirvieron a un propósito. Evitar que me sumergiera en un abismo de locura.

Primeros días en camino.

22 ago 2013

Una oscuridad casi infinita. Ecos de pasos que resonaban por largo tiempo. Tan solo se escuchaban pausados pasos en esa tranquilidad. Estos pasos rompían con el habitual y único sonido de las gastadas y agrietadas páginas de un libro al ser pasadas de un lado a otro.

El ávido lector, que alimentaba su sed de conocimientos a la tenue luz de un candil, alzaba la cabeza. Y una sonrisa se enmarcó en su rostro.

- No te esperabamos por aquí... No en mucho tiempo... - susurra, desde aquella sonrisa lobuna.

El interpelado sonríe a su vez, pero agacha la cabeza, sin tener del todo claro qué contestar. Observa la fría sala, desprovista de todo salvo de sombras que parecían cobrar vida. Y de secretos aún por descubrir.

Tras aquella extraña bienvenida, el visitante comenzaba a pasear por la sala. A pesar de caminar a oscuras, sabía guiarse entre aquella zona. Como si fueran para pesados y numerosos tomos, grandes estanterías se alzaban hacia una altísima cúpula, y en ellas... pequeñas esferas.

Esas pequeñas esferas, contenidas en idénticos soportes de madera negra, emitían un leve resplandor. De diferente color, pero igualmente atenuado para todas. Parecían contener una pequeña niebla o bruma en su interior. Como si quisieran revelar su naturaleza, muy leves ecos de voces, sonidos de parajes... surgían de ellas.

- Sabes que no puedes tomar ninguno de ellos, ¿cierto? - pregunta el anfitrión, que había seguido los pasos del visitante ceremoniosa y silenciosamente.

- Solo me da curiosidad. Quería saber cómo sería si decidiese hacer lo mismo... - deja escapar de sus pensamientos. - Dicen que es liberador... Ella parece satisfecha después de todo, ¿no es así? - inquiere el anfitrión, con un leve rastro de humor en su voz.

 El interpelado no responde, solo se detiene. Suspira después de unos momentos. La amenaza velada que ella había dejado todavía le hacía sentir escalofríos. ¿Se atrevería a hacerlo de nuevo?

 Se da la vuelta y camina hacia aquel pilar de cristal, que contenía a aquel ser monstruosamente torturado durante tanto tiempo. Su mayor tortura era seguir viviendo, mientras era utilizado para propósitos que no eran nada conocidos por él. Sus ojos se abrieron, para contemplar aquellas criaturas que siempre acudían en busca de su poder. Pero que jamás lo dejarían escapar de su prisión que era la vida.

- Todavía no. - responde, finalmente, antes de marcharse por donde había venido. En realidad, huía de todas aquellas esferas de recuerdos que contemplaba. Lo habían aterrorizado hasta un punto que desconocía en él.

21 ago 2013

Si desaparecieran...

Ahora que había encontrado un lugar en el cual mantenerme, había planeado negocios, maneras de conseguir un tratado de comercio, guardias para el pequeño pueblo que se mantiene debajo de mi inmenso castillo... parecía que empezaban a ocurrir problemas.
Una nueva emoción, un misterio que resolver.
Una extraña sombra que bordeaba la montaña de enfrente.

Acudí hacia allá, con Sol como compañero. No fue fácil, antes de poder averiguar nada un enorme oso nos atacó y debilitó nuestras fuerzas. Él casi no lo cuenta, pero por suerte regresamos a tiempo a mi castillo.
Estuve enferma, curándome de mis heridas. Entre tanto... Zekkyou vino a visitarme, aún afectado por las heridas de las lanzas. Pero el muy cabezota quería verme, e insistía en que hubiera algo más entre nosotros que simple amistad.
Parece no entender, parece no querer comprender que me he hecho tanto daño a mí misma y a mi alrededor que esa idea ha quedado descartada desde un principio.

Una vez recuperada, viendo que más personas se veían afectadas por esa extraña sustancia negra, lo que fuera... regresé a la montaña, en esa ocasión con Zekkyou, que ya se había recuperado por completo.

Viajamos durante casi un día entero, escalando a la cima de la montaña cuando pude ver que era ahí donde nacía ese misterio.
Seguimos hablando, tan insistente. Ya casi me quedaba sin argumentos, parecía que el más importante no era suficiente para él. Pero aún así, no he desistido.
Llegamos a la cima y vimos... un extraño altar con velas de fuego negro. ¿Invocaciones? No pude averiguar mucho más de él, pues dos enormes lobos comenzaron a atacarnos. Conseguimos vencerlos, pero yo ya no pude continuar...

Desperté, no sé cuánto tiempo después, en el Bosque Crepúsculo. Echaba mucho de menos ese lugar, y no quería marcharme de nuevo. Pero lo hice, cuando me encontré mejor.

Estúpida, cabezota, arrogante... ¿cuándo entenderás que en realidad no quieres separarte de su lado?

Pero él ya lo había decidido, entre los dos, cuando hablábamos sin llegar a una conclusión exacta. No volvería a verlo en largo tiempo.
No quería, pero en el fondo sabía que era lo mejor para él.
Y aquel beso de despedida... pensé que sería lo único que obtendría de él en mucho tiempo.

Y sin embargo, acaba de marcharse. Mientras preparaba a los muchachos del pueblo y seleccionaba a unos pocos para que me acompañaran a encontrar a la persona que invocaba en la montaña... él estaba a mi lado.
Dijo que no lo vería en mucho tiempo, y de pronto... lo veo de nuevo en mi castillo. Sol lo había solicitado, y yo de nuevo tenía que verlo.

Se pregunta por qué lo evité, probablemente le duela que lo hiciera. Pero... ¿qué si no? La noche anterior nos despedimos como si no nos fuésemos a ver en mucho tiempo, y a la mañana siguiente ahí estaba de nuevo... pero con el recuerdo de aquel beso que nos dimos.

Al menos... conseguí solucionar el problema. Entregué a mi Maestro a la mujer que se encargaba de crear la discordia, una bruja.
Y Zekkyou volvió a marcharse, sintiendo una emoción más fuerte antes de caer en el portal.

Ahora... me pregunto cuándo volveré a verlo. Y si seguiré viéndome capaz de continuar reprimiendo mis sentimientos. 

Preguntándome... qué ocurriría si desaparecieran para siempre.

[Diario IX]

20 jul 2013

Gema azabache

Al fin comienzo a hacer algo. No está mal eso de robar un huevo de dragón como primera misión. Ya lo había hecho una vez hace años, cuando aún no estaban los dragones sobrevolando el cielo y ese huevo era lo único que se tenía de ellos. Esta vez... sería más fácil.

Había estado hablando con Zekkyou sobre nosotros, esta vez sin tapujos. Ya era el momento, tenía que aclararle que no quiero tener ninguna relación, que no estoy preparada para ello. Que sí... tengo miedo de mí misma. Pero es natural, he hecho daño a muchas personas por culpa de mis sentimientos. Incluso a mí misma, y tampoco quiero sufrir de nuevo. Quién sabe, quizá no tenga por qué haber sufrimiento, pero... prefiero no arriesgarme de nuevo.

Sol nos ordenó que fuésemos juntos a esa misión, completamente consciente de lo que hemos hablado y todo lo que nos rodea. Pero en fin, el trabajo es el trabajo.

Fuimos los dos, aunque luego descubrimos que alguien se nos había colado en el viaje. Mi nueva discípula, Claire, una niña de siete años que era una de las sirvientes de Zekkyou hasta que yo decidí ser su Maestra. Y tras la infiltración y algunos rompecabezas, llegamos a la sala de los huevos, torpemente vigilada por un anciano prácticamente ciego.
Cogimos uno de los huevos, uno negro, para salir de ahí cuanto antes.

Todo estaba siendo demasiado fácil, y nosotros mismos lo comentamos. Pero al final tuvimos problemas al estar tanto tiempo dentro del hogar del Atalaya.

Mientras fingíamos que eramos feligreses, mi hermano Dorek empezó a bendecir a cada uno de nosotros. Por supuesto, antes de llegar hasta aquí, Zekkyou me cambió el rostro, por lo que no había riesgo de que me reconociera. Pero a él sí.

-¡Guardias!-Gritó al identificar a mi compañero como miembro del Sol Negro. Y algunos guardias empezaron a atacar. Consiguió abrir el portal hacia el Bosque Crepúsculo, y yo entré rápidamente con la niña. Pero él fue más lento, y dos lanzas le hirieron de gravedad en ambos costados.

Sangraba mucho, y grité ayuda nada más regresar. Sol me dijo que podría haber muerto, y no sé por qué, pensé que tal vez quisiera decirme con eso que debería darle una oportunidad antes de perderlo. O tal vez fueron imaginaciones mías porque yo misma lo pensé.
Ya había hecho eso en numerosas ocasiones. Cuando casi perdía a Ethan o yo misma me veía en una situación extrema, decidía sin pensar cualquier cosa con respecto a él. La boda es un buen ejemplo.

Y no quiero volver a cometer ese error, no voy a volver a dejar que un acontecimiento cambie mi manera de ver las cosas, mis sentidos. Incluso debo dejar de escribir sobre ello.


Pronto, cuando se recupere, marcharé hacia mi castillo, ya finalizado, junto con Aeryn. Y sentirme en él la reina del mundo, entre esas paredes de roca negra y ese paraje frío y tenebroso.

[Diario VIII]

19 jul 2013

Veritaserum

Qué vergüenza. Qué. Vergüenza.

[Diario VII]