Escondí los cuerpos lo más rápido posible, y después dejé que los consumiera el fuego. Aquello agotó las pocas fuerzas que me quedaban.
Caminaba para alejarme de aquello, y perdí la cuenta del tiempo que pasé escondido, pensando en lo que había pasado. Me refugié en la oscuridad para no ver en la luz el recuerdo de lo que había hecho.
Y para no ver las marcas que en mi cuerpo habían dejado. No solo las heridas. Marcas parecidas a runas, en mi torso y en mis brazos. Guardaban un gran calor, y cuando intentaba tocarlas con mis dedos, comenzaban a arder en mi piel. Creo que eso era lo que hacía mi debilidad, que se prolongó durante mucho tiempo. Hasta que por fin dejó de arder, dejó de doler, de herir.
Para entonces yo volvía a estar en camino, evitando los caminos, evitando a la gente. En el bosque y en la maleza el tiempo corre de manera distinta.
Y no conseguía recuperarme, dandome cuenta de mis ¿recuperadas? limitaciones. No eran grandes, pero se me hacía extraño. A la vez que me sentía constantemente perseguido.
Necesitaba escapar de una amenaza que nunca podía llegar a ver, que nunca identificaba. Por mucho que buscase, estando escondido, no podía ver a nadie. Pero seguía sintiendo ese miedo.
¿Venganza? ¿Sádica diversión? ¿Mi propia locura?
No descartaba ninguna opción mientras huía. En cualquiera de mis dos destinos, mi hogar y mi lugar entre sus brazos, quizás me estuvieran esperando, y no tenía un segundo que perder.
13 ene 2014
29 dic 2013
Facilidades
Antes no me preocupaba tanto por los
sentimientos.
Será que Aleks tiene razón y me he
adaptado demasiado al mundo, a mi parte humana.
¿Qué ha sido de mí?
Ojalá lo supiera, pero ni siquiera
recuerdo cómo era yo antaño. No soy más que una sombra de ello,
una muchacha que a veces saca sus alas para recordarse a sí misma
que no del todo humana.
Con lo fácil que sería... tan solo
vivir.
No me gustan las ataduras, quiero
dejarme llevar por los diferentes momentos de mi vida.
Pero no puedo.
Ellos inundan mi conciencia todo el
tiempo.
Andrea con sus recuerdos, con las
primeras veces y las emociones que conllevan.
Y Aleks con nuestro pasado e incluso
nuestro presente. Pero quizá solo está enamorado de Zafirel.
Desearía saber quién es Zafirel.
Pero estoy atrapada en un cuerpo que me
ha poseído a mí.
Que ironía, ¿no?
24 dic 2013
Días de viaje
Ya no sangran las heridas cuando me pongo en camino. Hemos tenido un poco de tiempo para asimilar todo lo que ha ocurrido, para recuperarnos, para ser conscientes de lo que hemos perdido.
Mi familia está rota, y yo estoy a punto de quebrarla más todavía. Pero es un precio a pagar. Si tengo éxito, todo volverá a ser como era, más o menos felices, pero unidos.
En la oscuridad de la noche, y eclipsados por los llantos de las gentes que encontraban a sus familiares entre los cadáveres, las sabandijas abundaban.
Aquellos que todavía vivían, inconscientes o quizás aturdidos en aquella marea de sangre, eran atrapados para ser llevados como mercancía al que pudiera afrontar el mejor precio.
Esclavos. Esa era mi mejor apuesta. Tenía que arriesgarme, pues no tendría vuelta atrás. Pero... ¿qué otra opción tenía? Me puse en marcha.
Intento olvidar el dolor que me producía separarme de mis allegados una vez más. Había formado una familia para abandonarla. No se lo merecían. ¿Cuándo se cansarían de todo aquello? Pero tenían que entender, debían entender.
---
He despertado en la oscuridad, en mitad de la noche.
A mi alrededor había... cuerpos. Cadáveres. Estaban mutilados, destrozados. Lo poco que pude discernir de sus ropas demostró que eran Atalayas...
Y las mías estaban manchadas con su sangre.
Me siento temblar, furioso. Como si una mínima provocación pudiera hacerme estallar. Me sentí así desde que empezó la guerra. Tenso. Iracundo.
... ¿Yo... yo les he matado? Sin control, sin medida, y ahora sin fuerzas. ¿Qué me ha ocurrido? La fuerza de mi sangre parece ahora controlarme a mí... Y a su vez, me consume.
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
8 dic 2013
Volver a vivir
Recuerdo cuando escribía relatos
interminables que me desahogaban y me quitaban el sueño al mismo
tiempo.
Antaño tenía muchas cosas que contar,
muchos sentimientos y aventuras. Pero en este tiempo he sentido mi
vida estancada, vacía.
Me he vuelto a enamorar. Sé que no es
tan intenso como... cuando lo amaba a él. Ni siquiera recuerdo cómo
era, y a veces, aunque no extraño esas emociones, las siento lejos,
ajenas a mí. Como si jamás hubiese vivido todas esas aventuras.
Soy cobarde, no sería capaz de pedir
que me regresaran todo aquello a mi alma. Más bien, que me
devolvieran ese pedazo del alma que pedí que me arrebataran.
Pero no estoy mal, al fin y al cabo es
lo que quería.
Aunque no es tan intenso, y no estoy
segura de que llegue muy lejos, puedo volver a sentir ese calor en el
pecho, unos brazos que me rodean por la noche. Somos muy diferentes,
lo opuesto. Dicen que eso es lo que atrae de la otra persona, pero
creo que pertenecemos a mundos completamente paralelos.
Quiero luchar, intentarlo. Hemos
partido en busca de aventuras que solo yo ansío. Y de nuevo arrastro
a personas detrás de mí.
Ahora navegamos hacia Dalanvor, en un
viaje aparentemente pacífico.
He visto una sombra. He oído cómo
decía “por fin”. La he observado mientras intentaba subir por la
cubierta del barco.
Pero solo son leyendas, mi mente me
está jugando malas pasadas.
O no.
10 sept 2013
Oportunidades
He sucumbido a la pasión y al deseo.
En ese momento creí que nada me
importaba, que la felicidad estaba ahí, sin miedos ni inseguridades
que me impidiesen dejarme llevar.
Verlo ahí, buscándome. Creo que ambos
lo arriesgaríamos todo para salvarnos el uno al otro. Aunque
luego... sigamos en la misma situación.
Hemos retrasado lo inevitable. Me
hubiera gustado no caer finalmente, que él mismo se hubiera rendido
a la primera negativa. Pero, para no variar, es un hombre insistente.
Y mis defensas se están cayendo poco a
poco.
Ahora, aquí en las montañas, tras
habernos infiltrado en la torre del Atalaya y haberme desvelado a mi
hermano, haciéndole olvidar después y confiar en Anthica.
Tras... ver caer a Zekkyou al vacío y
recuperarlo después.
Me he dado cuenta de que no puedo más, de que no puedo seguir
luchando.
Quería evitar el dolor, y es lo único
que estoy consiguiendo. Tantos rechazos, tantas palabras hirientes
que salen de mis labios pero no de mi corazón.
¿No era acaso lo que quería evitar?
Sí... creo que... finalmente acabaré
por rendirme. Acabaré dándonos una oportunidad.
Tan solo espero no llegar demasiado
tarde.
[Diario X]
29 ago 2013
Esta tierra parece cambiar a medida que camino por ella. Al perder a mi compañía en viajes habitual... todo se vuelve diferente. He marchado solo, y ahora me pierdo entre mis propios pensamientos a cada momento.
A veces escucho voces que me reclaman. Risas o la simple pregunta de si falta mucho para llegar a nuestro destino.
Supongo que son recuerdos que jamás me abandonarán, y que me torturarán sin descanso a medida que pase el tiempo. Me da miedo pensar que poco a poco se irán volviendo más reales, hasta que acabe viviendo en una ilusión mucho más atrayente que esta realidad.
¿Cómo hacer para abandonarme a ella?
¿Cómo puedo extrañarla tanto? Y ahora extraño también a mis hijos, a su hermano, a mi amigo. He sacrificado mi tiempo con ellos por encontrar a la mujer que me ha dado la vida.
Aquella mujer que me arrastró de esa vida que conocía, pero que me adentró en otra llena de sorpresas, amor, aventuras. Y a pesar de que no la supe hacer feliz...
La necesito a mi lado. No.
Necesito saber que está viva, necesito saber que ella puede vivir, donde sea. Siguiendo su propio camino, pero que sigue viviendo.
Tal vez necesite deshacerse de todos los lazos que la unían a mí. Después de la guerra... todo se preveía diferente. Mi destino, tal y como lo conocía, se veía incierto. Pero no de este modo.
Escribo casi ya sin sentido, no encuentro cordura en mis pensamientos. Pero en parte, me hace sentir mejor. Estas palabras arderán después en una hoguera, pero sirvieron a un propósito. Evitar que me sumergiera en un abismo de locura.
Primeros días en camino.
A veces escucho voces que me reclaman. Risas o la simple pregunta de si falta mucho para llegar a nuestro destino.
Supongo que son recuerdos que jamás me abandonarán, y que me torturarán sin descanso a medida que pase el tiempo. Me da miedo pensar que poco a poco se irán volviendo más reales, hasta que acabe viviendo en una ilusión mucho más atrayente que esta realidad.
¿Cómo hacer para abandonarme a ella?
¿Cómo puedo extrañarla tanto? Y ahora extraño también a mis hijos, a su hermano, a mi amigo. He sacrificado mi tiempo con ellos por encontrar a la mujer que me ha dado la vida.
Aquella mujer que me arrastró de esa vida que conocía, pero que me adentró en otra llena de sorpresas, amor, aventuras. Y a pesar de que no la supe hacer feliz...
La necesito a mi lado. No.
Necesito saber que está viva, necesito saber que ella puede vivir, donde sea. Siguiendo su propio camino, pero que sigue viviendo.
Tal vez necesite deshacerse de todos los lazos que la unían a mí. Después de la guerra... todo se preveía diferente. Mi destino, tal y como lo conocía, se veía incierto. Pero no de este modo.
Escribo casi ya sin sentido, no encuentro cordura en mis pensamientos. Pero en parte, me hace sentir mejor. Estas palabras arderán después en una hoguera, pero sirvieron a un propósito. Evitar que me sumergiera en un abismo de locura.
Primeros días en camino.
22 ago 2013
Una oscuridad casi infinita. Ecos de pasos que resonaban por largo tiempo. Tan solo se escuchaban pausados pasos en esa tranquilidad. Estos pasos rompían con el habitual y único sonido de las gastadas y agrietadas páginas de un libro al ser pasadas de un lado a otro.
El ávido lector, que alimentaba su sed de conocimientos a la tenue luz de un candil, alzaba la cabeza. Y una sonrisa se enmarcó en su rostro.
- No te esperabamos por aquí... No en mucho tiempo... - susurra, desde aquella sonrisa lobuna.
El interpelado sonríe a su vez, pero agacha la cabeza, sin tener del todo claro qué contestar. Observa la fría sala, desprovista de todo salvo de sombras que parecían cobrar vida. Y de secretos aún por descubrir.
Tras aquella extraña bienvenida, el visitante comenzaba a pasear por la sala. A pesar de caminar a oscuras, sabía guiarse entre aquella zona. Como si fueran para pesados y numerosos tomos, grandes estanterías se alzaban hacia una altísima cúpula, y en ellas... pequeñas esferas.
Esas pequeñas esferas, contenidas en idénticos soportes de madera negra, emitían un leve resplandor. De diferente color, pero igualmente atenuado para todas. Parecían contener una pequeña niebla o bruma en su interior. Como si quisieran revelar su naturaleza, muy leves ecos de voces, sonidos de parajes... surgían de ellas.
- Sabes que no puedes tomar ninguno de ellos, ¿cierto? - pregunta el anfitrión, que había seguido los pasos del visitante ceremoniosa y silenciosamente.
- Solo me da curiosidad. Quería saber cómo sería si decidiese hacer lo mismo... - deja escapar de sus pensamientos. - Dicen que es liberador... Ella parece satisfecha después de todo, ¿no es así? - inquiere el anfitrión, con un leve rastro de humor en su voz.
El interpelado no responde, solo se detiene. Suspira después de unos momentos. La amenaza velada que ella había dejado todavía le hacía sentir escalofríos. ¿Se atrevería a hacerlo de nuevo?
Se da la vuelta y camina hacia aquel pilar de cristal, que contenía a aquel ser monstruosamente torturado durante tanto tiempo. Su mayor tortura era seguir viviendo, mientras era utilizado para propósitos que no eran nada conocidos por él. Sus ojos se abrieron, para contemplar aquellas criaturas que siempre acudían en busca de su poder. Pero que jamás lo dejarían escapar de su prisión que era la vida.
- Todavía no. - responde, finalmente, antes de marcharse por donde había venido. En realidad, huía de todas aquellas esferas de recuerdos que contemplaba. Lo habían aterrorizado hasta un punto que desconocía en él.
Tras aquella extraña bienvenida, el visitante comenzaba a pasear por la sala. A pesar de caminar a oscuras, sabía guiarse entre aquella zona. Como si fueran para pesados y numerosos tomos, grandes estanterías se alzaban hacia una altísima cúpula, y en ellas... pequeñas esferas.
Esas pequeñas esferas, contenidas en idénticos soportes de madera negra, emitían un leve resplandor. De diferente color, pero igualmente atenuado para todas. Parecían contener una pequeña niebla o bruma en su interior. Como si quisieran revelar su naturaleza, muy leves ecos de voces, sonidos de parajes... surgían de ellas.
- Sabes que no puedes tomar ninguno de ellos, ¿cierto? - pregunta el anfitrión, que había seguido los pasos del visitante ceremoniosa y silenciosamente.
- Solo me da curiosidad. Quería saber cómo sería si decidiese hacer lo mismo... - deja escapar de sus pensamientos. - Dicen que es liberador... Ella parece satisfecha después de todo, ¿no es así? - inquiere el anfitrión, con un leve rastro de humor en su voz.
El interpelado no responde, solo se detiene. Suspira después de unos momentos. La amenaza velada que ella había dejado todavía le hacía sentir escalofríos. ¿Se atrevería a hacerlo de nuevo?
Se da la vuelta y camina hacia aquel pilar de cristal, que contenía a aquel ser monstruosamente torturado durante tanto tiempo. Su mayor tortura era seguir viviendo, mientras era utilizado para propósitos que no eran nada conocidos por él. Sus ojos se abrieron, para contemplar aquellas criaturas que siempre acudían en busca de su poder. Pero que jamás lo dejarían escapar de su prisión que era la vida.
- Todavía no. - responde, finalmente, antes de marcharse por donde había venido. En realidad, huía de todas aquellas esferas de recuerdos que contemplaba. Lo habían aterrorizado hasta un punto que desconocía en él.
21 ago 2013
Si desaparecieran...
Ahora que había encontrado un lugar en
el cual mantenerme, había planeado negocios, maneras de conseguir un
tratado de comercio, guardias para el pequeño pueblo que se mantiene
debajo de mi inmenso castillo... parecía que empezaban a ocurrir
problemas.
Una nueva emoción, un misterio que
resolver.
Una extraña sombra que bordeaba la
montaña de enfrente.
Acudí hacia allá, con Sol como
compañero. No fue fácil, antes de poder averiguar nada un enorme
oso nos atacó y debilitó nuestras fuerzas. Él casi no lo cuenta,
pero por suerte regresamos a tiempo a mi castillo.
Estuve enferma, curándome de mis
heridas. Entre tanto... Zekkyou vino a visitarme, aún afectado por
las heridas de las lanzas. Pero el muy cabezota quería verme, e
insistía en que hubiera algo más entre nosotros que simple amistad.
Parece no entender, parece no querer
comprender que me he hecho tanto daño a mí misma y a mi alrededor que esa
idea ha quedado descartada desde un principio.
Una vez recuperada, viendo que más
personas se veían afectadas por esa extraña sustancia negra, lo que
fuera... regresé a la montaña, en esa ocasión con Zekkyou, que ya
se había recuperado por completo.
Viajamos durante casi un día entero,
escalando a la cima de la montaña cuando pude ver que era ahí donde
nacía ese misterio.
Seguimos hablando, tan insistente. Ya
casi me quedaba sin argumentos, parecía que el más importante no
era suficiente para él. Pero aún así, no he desistido.
Llegamos a la cima y vimos... un
extraño altar con velas de fuego negro. ¿Invocaciones? No pude
averiguar mucho más de él, pues dos enormes lobos comenzaron a
atacarnos. Conseguimos vencerlos, pero yo ya no pude continuar...
Desperté, no sé cuánto tiempo
después, en el Bosque Crepúsculo. Echaba mucho de menos ese lugar,
y no quería marcharme de nuevo. Pero lo hice, cuando me encontré
mejor.
Estúpida, cabezota, arrogante...
¿cuándo entenderás que en realidad no quieres separarte de su
lado?
Pero él ya lo había decidido, entre
los dos, cuando hablábamos sin llegar a una conclusión exacta. No
volvería a verlo en largo tiempo.
No quería, pero en el fondo sabía que
era lo mejor para él.
Y aquel beso de despedida... pensé que
sería lo único que obtendría de él en mucho tiempo.
Y sin embargo, acaba de marcharse.
Mientras preparaba a los muchachos del pueblo y seleccionaba a unos
pocos para que me acompañaran a encontrar a la persona que invocaba
en la montaña... él estaba a mi lado.
Dijo que no lo vería en mucho tiempo,
y de pronto... lo veo de nuevo en mi castillo. Sol lo había
solicitado, y yo de nuevo tenía que verlo.
Se pregunta por qué lo evité,
probablemente le duela que lo hiciera. Pero... ¿qué si no? La noche
anterior nos despedimos como si no nos fuésemos a ver en mucho
tiempo, y a la mañana siguiente ahí estaba de nuevo... pero con el
recuerdo de aquel beso que nos dimos.
Al menos... conseguí solucionar el
problema. Entregué a mi Maestro a la mujer que se encargaba de crear
la discordia, una bruja.
Y Zekkyou volvió a marcharse,
sintiendo una emoción más fuerte antes de caer en el portal.
Ahora... me pregunto cuándo volveré a
verlo. Y si seguiré viéndome capaz de continuar reprimiendo mis
sentimientos.
Preguntándome... qué ocurriría si desaparecieran para
siempre.
[Diario IX]
20 jul 2013
Gema azabache
Al fin comienzo a hacer algo. No está
mal eso de robar un huevo de dragón como primera misión. Ya lo
había hecho una vez hace años, cuando aún no estaban los dragones
sobrevolando el cielo y ese huevo era lo único que se tenía de
ellos. Esta vez... sería más fácil.
Había estado hablando con Zekkyou
sobre nosotros, esta vez sin tapujos. Ya era el momento, tenía que
aclararle que no quiero tener ninguna relación, que no estoy
preparada para ello. Que sí... tengo miedo de mí misma. Pero es
natural, he hecho daño a muchas personas por culpa de mis
sentimientos. Incluso a mí misma, y tampoco quiero sufrir de nuevo.
Quién sabe, quizá no tenga por qué haber sufrimiento, pero...
prefiero no arriesgarme de nuevo.
Sol nos ordenó que fuésemos juntos a
esa misión, completamente consciente de lo que hemos hablado y todo
lo que nos rodea. Pero en fin, el trabajo es el trabajo.
Fuimos los dos, aunque luego
descubrimos que alguien se nos había colado en el viaje. Mi nueva
discípula, Claire, una niña de siete años que era una de las
sirvientes de Zekkyou hasta que yo decidí ser su Maestra. Y tras la
infiltración y algunos rompecabezas, llegamos a la sala de los
huevos, torpemente vigilada por un anciano prácticamente ciego.
Cogimos uno de los huevos, uno negro,
para salir de ahí cuanto antes.
Todo estaba siendo demasiado fácil, y
nosotros mismos lo comentamos. Pero al final tuvimos problemas al
estar tanto tiempo dentro del hogar del Atalaya.
Mientras fingíamos que eramos
feligreses, mi hermano Dorek empezó a bendecir a cada uno de
nosotros. Por supuesto, antes de llegar hasta aquí, Zekkyou me
cambió el rostro, por lo que no había riesgo de que me reconociera.
Pero a él sí.
-¡Guardias!-Gritó al identificar a mi
compañero como miembro del Sol Negro. Y algunos guardias empezaron a
atacar. Consiguió abrir el portal hacia el Bosque Crepúsculo, y yo
entré rápidamente con la niña. Pero él fue más lento, y dos
lanzas le hirieron de gravedad en ambos costados.
Sangraba mucho, y grité ayuda nada más
regresar. Sol me dijo que podría haber muerto, y no sé por qué,
pensé que tal vez quisiera decirme con eso que debería darle una
oportunidad antes de perderlo. O tal vez fueron imaginaciones mías
porque yo misma lo pensé.
Ya había hecho eso en numerosas
ocasiones. Cuando casi perdía a Ethan o yo misma me veía en una
situación extrema, decidía sin pensar cualquier cosa con respecto a
él. La boda es un buen ejemplo.
Y no quiero volver a cometer ese error,
no voy a volver a dejar que un acontecimiento cambie mi manera de ver
las cosas, mis sentidos. Incluso debo dejar de escribir sobre ello.
Pronto, cuando se recupere, marcharé
hacia mi castillo, ya finalizado, junto con Aeryn. Y sentirme en él
la reina del mundo, entre esas paredes de roca negra y ese paraje
frío y tenebroso.
[Diario VIII]
19 jul 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)