Sentirse caer. Quería volar durante un tiempo, olvidarme de todo lo que estaba por ocurrir. La guerra me asustaba, a pesar de que quería parecer decidido. Kyra necesitaba algo en qué creer, algo que recordar. Quería aprender cómo era la vida como Jinete de Dragón.
Y por fin lo estábamos consiguiendo. Aunque las cosas comenzasen a torcerse. La pérdida del Maestro, las ideas de Kyra. Las extrañaba, mucho. Aunque no fueran como las recordaba. Pero lo estaba intentando con todas sus fuerzas, podía verlo.
Una sombra se cruzó ante mí mientras volaba. Una sombra, maldita sea. Era una figura, que también volaba. ¿Otro Jinete sobre su dragón? Me detuve, observando como poco a poco discernía más, o quizás el mismo a más velocidad. Intenté dominar la situación girando y buscando una posición desde la que pudiera luchar. Pero entonces sentí un dolor en el pecho, en el corazón.
Sentir como si un hilo se tensase y se rompiese en un fuerte chasquido.
De pronto ¿caía? Sentía frío, era extraño sentir frío. Y vértigo. Atravesaba las nubes a gran velocidad.
El resto fue silencio
16 may 2013
14 may 2013
Tomando la ciudad blanca
No sabía que sería tan fácil entrar. Aquellos agentes del bien y de la paz, montados en sus esplendorosos dragones, estaban demasiado confiados en sí mismos como para percibir la realidad que se cernía sobre ellos. Apenas repararon en nosotros cuando entramos, la primera cuadrilla enviada.
- ... ¿De veras? ¿Hemos entrado? ¿Tan fácil? - preguntó uno de los más jóvenes. Sangre nueva, furia imparable.
Alcé suavemente una mano, para que contuviese su excitación y nervios. No necesitábamos ser descubiertos por el muchacho, dejaría de ser útil.
Cuando todo parecía tranquilo, le contesté.
- Claro que sí... - repuse, sonriendo casi - Creen tener la batalla ganada, así que no se preocupan por sus fronteras...
- Bueno... al fin y al cabo - comenzó a reírse, sin hacer ruido - no hay fronteras en el aire.
Nos convenía el buen humor, llevabamos demasiado tiempo esperando a esta oportunidad. Aunque tampoco le convenía a él relajarse. Podría acabar como aquellos a los que teníamos por misión liquidar. Su desaparición, por llamarla así, podría ser conveniente para mí.
Podía ver desde mi posición el palacio que era el núcleo de la ciudad. Allí estaban los manuscritos que se habían conservado desde incontables años.
Pero no nos interesaban. Ataques moderados. Pequeños. Pero intensos.
Algunos cabecillas debían perder la vida en esta acometida, y poco a poco más de ellos. Tardarían un tiempo en darse cuenta de los continuados ataques, si es que eran un poco listos. Pero antes de eso, ya habríamos allanado el camino.
Notaba su respiración acelerada, esperando a la mínima señal para comenzar, para entrar en acción. Era divertido observarle, como si fuera un perro deseando correr salvajemente. Pero no tenía sentido hacerle esperar más.
- ... ¿De veras? ¿Hemos entrado? ¿Tan fácil? - preguntó uno de los más jóvenes. Sangre nueva, furia imparable.
Alcé suavemente una mano, para que contuviese su excitación y nervios. No necesitábamos ser descubiertos por el muchacho, dejaría de ser útil.
Cuando todo parecía tranquilo, le contesté.
- Claro que sí... - repuse, sonriendo casi - Creen tener la batalla ganada, así que no se preocupan por sus fronteras...
- Bueno... al fin y al cabo - comenzó a reírse, sin hacer ruido - no hay fronteras en el aire.
Nos convenía el buen humor, llevabamos demasiado tiempo esperando a esta oportunidad. Aunque tampoco le convenía a él relajarse. Podría acabar como aquellos a los que teníamos por misión liquidar. Su desaparición, por llamarla así, podría ser conveniente para mí.
Podía ver desde mi posición el palacio que era el núcleo de la ciudad. Allí estaban los manuscritos que se habían conservado desde incontables años.
Pero no nos interesaban. Ataques moderados. Pequeños. Pero intensos.
Algunos cabecillas debían perder la vida en esta acometida, y poco a poco más de ellos. Tardarían un tiempo en darse cuenta de los continuados ataques, si es que eran un poco listos. Pero antes de eso, ya habríamos allanado el camino.
Notaba su respiración acelerada, esperando a la mínima señal para comenzar, para entrar en acción. Era divertido observarle, como si fuera un perro deseando correr salvajemente. Pero no tenía sentido hacerle esperar más.
9 may 2013
La crónica empieza ahora
Llevamos décadas aguardando a que llegara el momento propicio. No hay profecías que garantizasen nuestra victoria, pero seguimos aguardando.
Hace poco que rescatamos las palabras de aquellos antepasados que vieron con sus propios ojos a las grandes criaturas que pueblan ahora nuestra tierra. Sus escritos están guardados a buen recaudo, pero son de nuevo narradas para todo aquel que esté dispuesto a escuchar. A aquel que quiere creer.
Muchos se han unido a nosotros desde que apareció el primer dragón.
La plata. Dragones del bien. Un bien que no admite ninguna otra postura. Y todos en consecuencia se unieron a la causa. Pero algunos no podemos seguir el camino de la pureza, de la bondad y rectitud. Algunos tienen en su naturaleza el caos y la malicia.
La ambición, la astucia por caminos no siempre rectos. Y por ello son condenados. Y al principio, aunque no los vieramos, nos reuníamos para encontrar aquellos que nos eran comunes. Pero pronto nos tomaron como amenaza, y se reúnen, en algún lugar indeterminado. Todavía nos es desconocido, pero sabemos que hablan, que temen, que tiemblan.
Los dragones han regresado, y con ellos, su antigua guerra.
Hace poco que rescatamos las palabras de aquellos antepasados que vieron con sus propios ojos a las grandes criaturas que pueblan ahora nuestra tierra. Sus escritos están guardados a buen recaudo, pero son de nuevo narradas para todo aquel que esté dispuesto a escuchar. A aquel que quiere creer.
Muchos se han unido a nosotros desde que apareció el primer dragón.
La plata. Dragones del bien. Un bien que no admite ninguna otra postura. Y todos en consecuencia se unieron a la causa. Pero algunos no podemos seguir el camino de la pureza, de la bondad y rectitud. Algunos tienen en su naturaleza el caos y la malicia.
La ambición, la astucia por caminos no siempre rectos. Y por ello son condenados. Y al principio, aunque no los vieramos, nos reuníamos para encontrar aquellos que nos eran comunes. Pero pronto nos tomaron como amenaza, y se reúnen, en algún lugar indeterminado. Todavía nos es desconocido, pero sabemos que hablan, que temen, que tiemblan.
Los dragones han regresado, y con ellos, su antigua guerra.
2 may 2013
Inmenso diario
¿Cómo empezar? ¿Cómo retomar las
páginas vacías de un diario que se me antoja extraño, ajeno...?
Apenas he podido leer, tan solo el principio de lo que al parecer fue
el comienzo de mi aventura, con personas que no recuerdo y a las que
aún no he podido conocer.
El resto... está escrito en un idioma
extraño que no logro comprender. ¿Sería un idioma propio, o es de
alguna criatura?
No lo sé... ni tampoco sé qué
escribir.
Mi entrenamiento está enriqueciendo no
solo mi cuerpo, sino también mi mente. Mi Maestro nos está
enseñando grandes lecciones, y he podido construir mi propio muro.
En un lugar donde sé que nadie puede molestarme ni manipular mis
emociones. Mi mente.
Meditar me hace sentir bien, es una
sensación extraña que disfruto junto a Hob.
En cuanto a mis propios sentimientos...
gracias al hecho de estar tan ocupada, estoy mucho más concentrada
en otros asuntos que en eso. Pero hace un rato... o más bien, desde
anoche, he comenzado a necesitar desesperadamente los brazos de un
hombre. Ayer casi besé a Ethan, y hoy, dejando sin significado lo
que ocurrió anoche, él me ha besado.
Y yo me he dejado. Pero no es más que
un deseo carnal, una necesidad que no llega a algo más lejos que la
atracción física.
Me gustaría dejarle eso aún más
claro de lo que he hecho. Dejar de pensar un poco en los demás y ser
algo egoísta. Explicarle lo que hay y lo que busco.
Mientras tanto, las cartas que guardo
con recelo, no dejan de acumular polvo dentro de este inmenso diario.
[Diario I]
[Diario I]
24 abr 2013
(I) Despierto en soledad
Intentaba volver a respirar, y aunque lo consiguiese, parecía que no llegaba el aire. Parecía como si hubiera arrebatado demasiadas vidas como para permanecer con la mía propia. Así pues, el Destino o los Dioses tenían preparado el modo de compensarme por lo que había hecho.
Ella no estaba.
La última vez que la vi... Dioses, es todo tan confuso en la batalla. Apenas puedo recordar los rostros con los que me crucé, lo que pude decir, a quién pude salvar y cómo... Pero creo recordar una espada que se caía sobre su cabeza. Me lancé para protegerla. No se había apenas dado cuenta de la muerte que se cernía sobre ella. Cuando acabé por fin con la amenaza, ya la había perdido de vista.
No me detuve ni aún cuando terminó la batalla. Tenía que encontrar su rastro. No podía desaparecer así, sin más. Su cuerpo, incosciente... muerto. No, aquello no. Ese vínculo todavía no estaba roto. Podía sentirlo en alguna parte.
Había visto como algunas de las criaturas de otros planos. Demonios y criaturas peores que estos. Algunos habían devorado almas y cadáveres a su paso, alimentados y enloquecidos por el caos y el odio que se había desatado en aquel lugar.
Eso era un fin definitivo. Pero no era el caso de Kyra. No podía serlo. Y rabiaba al ver un miedo cada vez más arraigado en la mirada de Iefel.
Él creía que podía haber pasado. No podía pasar. No podía entender. Y lo lamentaba por él. Mi esperanza era para él como un garfio al rojo vivo que mantenía abierta una herida. Una herida que llegaba hasta lo más profundo. Hobsyllwin ni siquiera se acercaba. No quería enfrentarse a esa ausencia.
La despedida fue larga. Tan larga como lo eran los silencios que habitaban entre nosotros cuando no había nada inmediato que hacer. Nuestra pequeña lloraba, desconsolada, hasta que alguien acudía a abrazarla. Parecía comprender, parecía asustada a romper ese silencio. Hasta que no podía soportarlo más.
Pasé con ellos el tiempo necesario para que se acostumbrasen al dolor. Si es que eso era posible. Y entonces tuve que marchar.
A encontrarla. Ellos estarían bien. Tenían que estarlo mientras yo estuviera fuera.
Pronto estaríamos todos juntos, de nuevo.
Ella no estaba.
La última vez que la vi... Dioses, es todo tan confuso en la batalla. Apenas puedo recordar los rostros con los que me crucé, lo que pude decir, a quién pude salvar y cómo... Pero creo recordar una espada que se caía sobre su cabeza. Me lancé para protegerla. No se había apenas dado cuenta de la muerte que se cernía sobre ella. Cuando acabé por fin con la amenaza, ya la había perdido de vista.
No me detuve ni aún cuando terminó la batalla. Tenía que encontrar su rastro. No podía desaparecer así, sin más. Su cuerpo, incosciente... muerto. No, aquello no. Ese vínculo todavía no estaba roto. Podía sentirlo en alguna parte.
Había visto como algunas de las criaturas de otros planos. Demonios y criaturas peores que estos. Algunos habían devorado almas y cadáveres a su paso, alimentados y enloquecidos por el caos y el odio que se había desatado en aquel lugar.
Eso era un fin definitivo. Pero no era el caso de Kyra. No podía serlo. Y rabiaba al ver un miedo cada vez más arraigado en la mirada de Iefel.
Él creía que podía haber pasado. No podía pasar. No podía entender. Y lo lamentaba por él. Mi esperanza era para él como un garfio al rojo vivo que mantenía abierta una herida. Una herida que llegaba hasta lo más profundo. Hobsyllwin ni siquiera se acercaba. No quería enfrentarse a esa ausencia.
La despedida fue larga. Tan larga como lo eran los silencios que habitaban entre nosotros cuando no había nada inmediato que hacer. Nuestra pequeña lloraba, desconsolada, hasta que alguien acudía a abrazarla. Parecía comprender, parecía asustada a romper ese silencio. Hasta que no podía soportarlo más.
Pasé con ellos el tiempo necesario para que se acostumbrasen al dolor. Si es que eso era posible. Y entonces tuve que marchar.
A encontrarla. Ellos estarían bien. Tenían que estarlo mientras yo estuviera fuera.
Pronto estaríamos todos juntos, de nuevo.
21 abr 2013
Preparémonos
Han pasado un par de días.
He estado pensando mucho, reconociendo
que decidí mal los últimos acontecimientos que sucedieron de forma
tan prematura.
Y he decidido no forzar nada, dejarme
llevar por mis pasos en un camino de varias direcciones. En ese
camino surgirán diversas emociones, muchos sentimientos. Con quién
sea, no me importa.
Aunque no me lo ponen fácil, si ambos
son tan persistentes e insisten en no dejarme escapar. ¿De verdad
vale la pena? Quizá eso era lo que me gustaba de ellos, pero
ahora...
Ethan me ha explicado lo que era, su
naturaleza oscura y temible. Justificándose explicando que no es
malvado. Y es cierto, no parece ser así... pero de todas maneras,
sigue asustándome. Sin embargo, ya no es un demonio, ha perdido todo
ese poder y ha insinuado que es posible que eso lo haga “menos
atractivo”. ¿Quiere decir que su poder era un pilar importante entre nosotros? No sé si sentirme insultada o no. Pero creo que no lo dijo con
mala intención.
Ya ha comenzado a intentar enamorarme.
Empezar de cero, dijo.
Fui también a hablar con Drek, pero ya
habían levantado el campamento. Aún así dejó un mensaje a Nara,
explicándole que me encontraría. Viaja hacia aquí, a Dalanvor.
Espero poder entregarle mis cartas entonces y decirle lo mismo que le
he dicho a Ethan.
A pesar de todo, después de tanto
pensar, en lo único que quiero centrarme ahora es en la guerra que
está por venir. Hemos ido a... la ciudad de los dragones, por
llamarlo de alguna manera. He conocido a mucha gente agradable, y a
un enano que me está ayudando con mi entrenamiento. La verdad es que
he disfrutado ahí arriba, si ignoro el motivo de la reunión.
Hobsyllwin y yo, luchando juntos,
contra otros jinetes y sus dragones que pueden provocar el caos en
nuestro mundo. Muchas discusiones y debates de personas que no están
seguras de si luchar o no.
Yo estoy dispuesta, tengo la esperanza
de poder impedir que las personas inocentes de abajo mueran en vano.
Entrenar, luchar, vencer.
No os preocupéis por mí, esta vez...
llevaré casco.
Mejor así, ¿no?
14 abr 2013
De regreso
Creía que sentiría júbilo, nerviosismo, miedo, inseguridad. Pero lo que guardo en mi interior es un frío que no me permite albergar otros sentimientos. Y todavía no caigo en un pánico pues tengo ese miedo ante el frío. La total indiferencia causada por el fuego que quemaba.
Sus desaforados sentimientos hacia ellos, sean quienes sean, terminaron por minar mis esperanzas de recuperar lo que hubo. Tan solo quería encontrarla. Sabía que estaba viva, y tenía que saber si estaba bien. Quería ignorar si sus sentimientos se desbocaban por otra persona. Yo ya no existía en su corazón, ignoraba por qué. Pero seguí adelante.
Ahora está conmigo. Es como si fuera una desconocida, igual que ahora soy para ella. Todo se ha quedado detrás de un velo gris que lo vuelve distante y extraño
Sus desaforados sentimientos hacia ellos, sean quienes sean, terminaron por minar mis esperanzas de recuperar lo que hubo. Tan solo quería encontrarla. Sabía que estaba viva, y tenía que saber si estaba bien. Quería ignorar si sus sentimientos se desbocaban por otra persona. Yo ya no existía en su corazón, ignoraba por qué. Pero seguí adelante.
Ahora está conmigo. Es como si fuera una desconocida, igual que ahora soy para ella. Todo se ha quedado detrás de un velo gris que lo vuelve distante y extraño
13 abr 2013
Caigo a pedazos
Marchar incansablemente, acumulando victorias y sembrando el terror, así era como se presentaba una nueva vida. Nueva vida que ahora está rota por su presencia. El éxito, respeto y fama que había ganado se derrumba ante una mujer que se marcha buscando un sueño, despreciando la realidad.
A pesar de mis palabras, se ha marchado en su busca. Mientras me sumerjo de nuevo en la oscuridad que había conseguido dejar atrás desde que me embarqué en esta misión, en este proyecto. Me encontré con que me necesitaban por fin, para algo real. Y no ser solo la persona a la que acudir a escondidas, como algo prohibido.
Yo podía existir por fin para el mundo.
Y apareciendo ella, esta nueva realidad se cae pedazo a pedazo
A pesar de mis palabras, se ha marchado en su busca. Mientras me sumerjo de nuevo en la oscuridad que había conseguido dejar atrás desde que me embarqué en esta misión, en este proyecto. Me encontré con que me necesitaban por fin, para algo real. Y no ser solo la persona a la que acudir a escondidas, como algo prohibido.
Yo podía existir por fin para el mundo.
Y apareciendo ella, esta nueva realidad se cae pedazo a pedazo
Tres días
El tiempo ha pasado demasiado deprisa.
Más bien... ha sido corto para los acontecimientos que me han
sucedido en solo... ¿tres días?
En la ciudad en la cual he estado más
tiempo habían llegado un ejército encabezado por un temido general
acompañado por su... fiel mano derecha. Esa última persona resultó
ser alguien que ya conocía. Un elfo oscuro llamado Drek. Lo más
impactante fue que resultó ser mi amante.
Entonces me pregunté: ¿tenía un
amante? ¿por qué, si amaba a mi marido?
No lo comprendí, tampoco he tenido
tiempo para comprenderlo del todo.
Es un hombre persistente, y en cierta
parte, tierno. Ojos rojos que reflejan la verdad de sus sentimientos,
que me impiden dudar de sus palabras. Intenté hablar con él,
explicarle lo que pensaba hacer... disfrutar de los momentos que
surgieran hasta que apareciera Ethan. Entonces intentaría estar con
él, pero Drek me ha dado toda la vuelta.
Decidí darle una oportunidad, no sé
exactamente para qué, creo que no he hecho bien. Pero me sentía
bien en sus brazos, intentando conocerle.
Hasta que finalmente se decidió que al
día siguiente nos marcharíamos y conocería a toda mi familia.
Marché, dejándolo con una esperanza y
el recuerdo de un beso que no llegamos a darnos. En solo cuestión de
días no puedo estructurar mi vida por completo.
Llegamos al pueblo en Dalanvor, donde
vive mi hermano mayor. Estaba tan nerviosa que no podía responder
por mí misma. Nara se quedó en Kaine-Dwin, ahora que más la
necesito. Pero tenía que enfrentarme a eso.
Conocí a mi hermano, a mi hija que
es... como si fuera yo en pequeña y con la piel más clara. Y a mi
hijo. Todos parecían tristes. Entiendo lo duro que tiene que ser que
a alguien a quién quieres no le puedes dar el abrazo que tanto
ansías. No podía... era demasiada presión para mí pequeño
corazón.
Entonces alguien apareció por detrás.
Ya había conocido a quienes debía conocer, solo faltaba él. Me
giré lentamente mientras apenas podía centrarme en observar al
hombre que se mantenía en pie tras de mí.
Un tiflin, apuesto, alto... me moría
de vergüenza, y no sabía por qué. Bueno, en realidad sí.
Apenas lo miré, estaba muy asustada. Era un hombre muy cansado, que aparentaba más años de los que debería tener. Y en un momento me fijé en sus ojos.
Increíble.
Una mirada roja, cargada de tristeza.
Como la de Drek. Incluso parece que ambas reflejan un sentimiento
parecido. Pero al mismo tiempo, diferente.
Me abrazó mientras reprimía a duras
penas algunos sollozos.
Y yo me dejé abrazar. Y durante ese
abrazo pensé tanto... que finalmente mi cabeza decidió olvidar
durante ese momento.
Pensar que... si lo recordara sería
aún más doloroso, me hace saber que hay cosas que es mejor dejar en
el pasado.
11 abr 2013
Lord Aethrody
Lord Aethrody. Señor de la guerra, el Terror, la Horda que arrasa y abrasa la tierra. Sus tropas, a caballo o a pie, marchan buscando un enemigo digno de ser batido, derrotando a los rivales de algún señor con las suficientes monedas como para buscar esa rápida solución.
Su figura es un enigma. Nadie ha visto su rostro. Posee una sombra que lo protege de todo mal, un encapuchado que muestra su mirada que brilla en rojo sangre antes de arrebatar la vida. Nadie conoce su nombre, su origen, su motivo para pertenecer a la Horda. Pero Lord Aethrody lo trata como a un hermano. Su ira solo se contiene cuando trata con él. Porque de él depende su vida.
No han sido pocos los intentos para arrebatarle la vida. Y se aprende a desconfiar de todos, y a confiar en aquella espada que te ha protegido. Porque no conoce la clemencia, solo la ambición. Sus tropas crecen en número y en fama, que se convierte en miedo que se propaga.
De nuevo, marchan.
Su figura es un enigma. Nadie ha visto su rostro. Posee una sombra que lo protege de todo mal, un encapuchado que muestra su mirada que brilla en rojo sangre antes de arrebatar la vida. Nadie conoce su nombre, su origen, su motivo para pertenecer a la Horda. Pero Lord Aethrody lo trata como a un hermano. Su ira solo se contiene cuando trata con él. Porque de él depende su vida.
No han sido pocos los intentos para arrebatarle la vida. Y se aprende a desconfiar de todos, y a confiar en aquella espada que te ha protegido. Porque no conoce la clemencia, solo la ambición. Sus tropas crecen en número y en fama, que se convierte en miedo que se propaga.
De nuevo, marchan.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)