No fue fácil llegar hasta la torre. El enano que nos había dirigido por el camino hacia ella se dispuso a marchar. Sus ojos eran blancos, quizá su cordura estuviera a punto de desaparecer junto con el color de ellos. Recuerdo las voces que anteriormente nos acecharon. “No saben a dónde van” “¿Crees que unos simples mortales pueden sobrevivir?” “Ilusos”. A pesar de todo intenté que el miedo no me invadiera.
Ash había desaparecido, aunque mejor para ella, así permanecería a salvo de todo. Ethan y yo continuamos nuestro camino y fue a partir de entonces cuando comenzó todo.
A la entrada de la torre pude ver perfectamente la silueta de mi hermano Iefel. Él se alejó de la entrada y corrió escaleras arriba antes de poder alcanzarlo. Al llegar lo vi de nuevo mientras gritaba:
-¡Guardias, hay intrusos!-Ya me imaginaba que acabaría luchando contra muchos guardias.
Apareció uno con el rostro cubierto, que sin piedad separó la cabeza del cuerpo a mi hermano con su arma. Yo… me quedé paralizada unos momentos, mientras la cabeza se acercaba hacia mí rodando y el cuerpo inerte de Iefel se mantenía unos momentos en pie hasta caer. La furia, la rabia, la ira… todo inundó mi cuerpo. Embestí contra el guardia, ya nada me importaba más que matarle. Atravesé su cuerpo con mi espada y de su boca solo salió un pequeño grito de dolor y sorpresa.
Lo que ocurrió después fue aún peor. Al quitarle lo que le cubría la faz vi el rostro dolido de mi padre que no tardó en quedarse sin vida.
“Esto no está pasando, ¡esto no está pasando!” Intenté reaccionar, pero mi cuerpo no estaba por la labor. Sin darme cuenta, me dejé caer al suelo.
-Kyra, debemos continuar.-Escuché la voz lejana de Ethan. Anteriormente su rostro había estado cambiando poco a poco. Sus orejas se volvieron más puntiagudas y al hacer un gesto con la boca pude visualizar que sus dientes se alargaron. En ese momento, no estaba segura de si realmente era él, pero ya no me importaba.
-No puedo… he matado… a mi padre y a mi hermano.-Lágrimas recorrían mi rostro sin piedad mientras en mi garganta se ahogaba un grito que deseaba la libertad.
-No podemos parar aquí.
-Ve sin mí, Ethan, ya no puedo más.
-Kyra… no puedo hacer esto sin ti… te necesito. Me estoy perdiendo a mí mismo.- Esas palabras me convencieron. Me dije a mí misma que debía continuar el camino, no venía a cuento tanto sacrificio sin motivo.
Me levanté del suelo y proseguí. Ethan parecía afectado, pero no entendía por qué a él no le pasaban cosas al igual que a mí. No tenía ganas de preguntarle, no tenía ganas de nada. Solo de acabar con todo. Subimos y subimos hasta la última planta, y antes de poder pasar la puerta vi algo que me desconcertó del todo, que me hizo más daño aún que lo anterior.
Mi madre. Su mirada tenía un claro matiz de decepción, parecía que iba a romperse de un momento a otro.
-Kyra… ¿Qué has hecho?-Me preguntó. Permanecí en silencio, aparte de por el shock en sí, porque no tenía nada que decir.-Has matado a tu hermano… a tu padre… ¿Tan poco valen? ¿Crees que merecen morir para salvar tu vida?
No entendía por qué mi madre me estaba diciendo todo eso. Ella, quien me cuidó y me quiso incluso después de morir, porque aún la siento cerca… y esa persona que estaba delante de mí no me inspiraba cercanía alguna.
-¿No quieres que viva?- No contestó, no era ella o no quería pensar que era ella. “Mi madre es un ángel” Caí de pronto en esa absurda deducción. Sin pensarlo agarré el picaporte de la puerta que conducía al final del camino y la abrí.
Fue un alivio el ver que lo que decía ser mi madre se convirtió en algo parecido a aquella cosa negra que vimos en el bosque y que nos perseguía. Justo al abrir la puerta, vi al fondo de una inmensa sala otra puerta que se abría de pronto, y a Ethan salir de ella. Al mirar atrás ya no estaba y las piezas empezaron a encajar. Fue todo una prueba que debíamos llevar a cabo de forma individual, y ambos la habíamos superado.
Estábamos agotados y finalmente caímos al suelo.
Desperté, él también lo hizo. La sala en la que estábamos era extraña, y no me fijé demasiado en el decorado. Tan solo me percaté del centro, donde había un cristal zafirino sobre un pedestal.
-No lo toques.-Me ordenó Ethan.-Si no quieres irte a una dimensión diferente y no puedas volver a Argonath.
-Gracias por el aviso. Ethan… lo que ha pasado… no era real, ¿verdad?
-No, ha sido todo una ilusión.-Un suspiro largo salió de muy dentro de mí. Fue un verdadero alivio, me sentí menos pesada.- Bueno, ahora hay que poner fin a todo esto. No te asustes por lo que voy a hacer.
Sacó una pequeña daga y le dije: “Vasa cortarte, ¿no?” Él me respondió que sí, de todas formas no iba a asustarme por eso. Pero ojala hubiera sido solo eso. Con la mano bañada en sangre oscura agarró el cristal y lo impregnó de ella. Todo fue muy rápido. El suelo temblaba, y de una espesa nube de humo negro algo apreció, una criatura de las tinieblas cuyo cuerpo estaba maltrecho y dejaba ver gran parte de su esqueleto. Extendió sus manos hacia el cielo y poco a poco algo pareció formarse en ellas. Una esfera negra de lo que supuse que sería aquel demonio del que queríamos deshacernos.
Caí al suelo, mis piernas dejaron de responder.
-¿¡Para qué me habéis llamado!?-Gritó con una voz profunda.
-Quiero rescatar al mago que tienes encerrado.- Ethan habló mientras continuaba agarrando el cristal. El otro ser deja surgir una gran risa atroz.
-No es tan fácil como quieres creer, pero por entregarme a mi esclavo te acercaré a él. ¡Y tú por mancillar mi piedra serás castigado!- Profesó esa última parte señalando a Ethan.
De las manos de aquel ser surgieron hilos de fuego que atacaron sin piedad el cuerpo de Ethan. Empezó a consumirse, su carne, su ropa, su ser. Quise correr a salvarlo e interponerme a su castigo. Pero para mi sorpresa, Ethan comenzó a reírse, con una carcajada descontrolada.
-¡Vamos, libérame de esta carcasa mortal!
Poco a poco intenté comprender… o estaba muriendo, o… No pude acabar el hilo de mis pensamientos, pues la oscuridad invadió mi mente hasta dejarme inconsciente.
[Diario XV]
21 may 2011
17 may 2011
Pasión
Todo fue muy extraño al igual que fugaz. Bajo el efecto de alguna planta alucinógena que no me esperaba encontrar entre nuestro vendaje.
Hablábamos, como siempre. Mientras descansábamos sobre una cama mirándonos a los ojos. Nunca me había fijado antes en el brillo misterioso de ellos, no de esa manera, ni de cómo sus ropajes se ceñían fieles a su piel grisácea. Tampoco en que sus labios fueran de un color algo más cálido que el resto de su cuerpo, y de lo suaves que parecían. Un segundo eterno de miradas significativas.
El beso me ardía, tal vez segundos, o minutos… no me importa. Siempre me ha importado el tiempo y cuando no sé de él me agobio, pero en ese momento no existía. Tan solo su aliento en mi boca y la punta de mi lengua deseando ir más allá.
En fin, ocurrió lo que tuvo que ocurrir. Y fue algo más tarde que aquel beso cuando consumamos aquel acto ardiente. Sin detalles morbosos, pues escribo un simple diario para recordar en un futuro como surgió y el por qué. Cómo me sentía, pero no son necesarios tales detalles pues en mi memoria bien fijados se quedarán.
[Diario XIV]
Hablábamos, como siempre. Mientras descansábamos sobre una cama mirándonos a los ojos. Nunca me había fijado antes en el brillo misterioso de ellos, no de esa manera, ni de cómo sus ropajes se ceñían fieles a su piel grisácea. Tampoco en que sus labios fueran de un color algo más cálido que el resto de su cuerpo, y de lo suaves que parecían. Un segundo eterno de miradas significativas.
El beso me ardía, tal vez segundos, o minutos… no me importa. Siempre me ha importado el tiempo y cuando no sé de él me agobio, pero en ese momento no existía. Tan solo su aliento en mi boca y la punta de mi lengua deseando ir más allá.
En fin, ocurrió lo que tuvo que ocurrir. Y fue algo más tarde que aquel beso cuando consumamos aquel acto ardiente. Sin detalles morbosos, pues escribo un simple diario para recordar en un futuro como surgió y el por qué. Cómo me sentía, pero no son necesarios tales detalles pues en mi memoria bien fijados se quedarán.
[Diario XIV]
El portal
El cristal zafirino estaba manchado ya de aquella sangre negra como el mismísimo abismo que acababan de convoncar. El suelo temblaba, y como una tempestad en mitad del océano, una terrible nube de color negro comenzó a formarse en la sala.
Las tinieblas se expandieron creando una cúpula de terror y muerte en su interior. Nada podía verse a través de ella, y pocos querrán ver algo así. Ella cae al suelo de impresión y miedo
De la piedra comenzó a sugir un ente viviente. Reblandecida, dejó que unas diminutas manos comenzaran a abrise paso y a expander su superficie. Tal velocidad, o tal pasmo con el que contemplaban toda la escena, que pronto tuvieron ante sí a un señor de las tinieblas
Su carne fustigada mil veces en los infiernos dejaba ver un esqueleto maltrecho. Su espalda encorvada dejaba entrever una columna destrozada, con un crujido que asemejaba al de los ancianos árboles al caer.
Extiende una mano hacia lo que sería el cielo de poder verlo. Una esfera negra comienza a formarse en su mano. Siervo díscolo y amo cruel vuelven a reunirse en aquella sala de espanto.
- ¡¿Para qué me habéis llamado?! - preguntó con una voz surgida de las profundidades
- Quiero rescatar al mago que tienes encerrado - se atreve a hablar el que aferra la piedra
De aquella garganta surge una risa divertida y atroz
- No es tan fácil como quieres creer - responde - pero por entregarme a mi esclavo, te acercaré a él ¡Y tú - señala al joven aterrorizado - por mancillar mi piedra, serás castigado!
De sus manos surgen pequeños hilos de fuego que comienzan a consumir la carne y las ropas del que recibe el castigo. Los gritos no tardan en llegar, y para asombro de la que lo acompaña, una risa descontrolada
- ¡Vamos, libérame de esta carcasa mortal!
Y al terminar la frase, caen en la oscuridad de un sueño profundo, muy profundo, más allá de las tierras que se conocen.
Las tinieblas se expandieron creando una cúpula de terror y muerte en su interior. Nada podía verse a través de ella, y pocos querrán ver algo así. Ella cae al suelo de impresión y miedo
De la piedra comenzó a sugir un ente viviente. Reblandecida, dejó que unas diminutas manos comenzaran a abrise paso y a expander su superficie. Tal velocidad, o tal pasmo con el que contemplaban toda la escena, que pronto tuvieron ante sí a un señor de las tinieblas
Su carne fustigada mil veces en los infiernos dejaba ver un esqueleto maltrecho. Su espalda encorvada dejaba entrever una columna destrozada, con un crujido que asemejaba al de los ancianos árboles al caer.
Extiende una mano hacia lo que sería el cielo de poder verlo. Una esfera negra comienza a formarse en su mano. Siervo díscolo y amo cruel vuelven a reunirse en aquella sala de espanto.
- ¡¿Para qué me habéis llamado?! - preguntó con una voz surgida de las profundidades
- Quiero rescatar al mago que tienes encerrado - se atreve a hablar el que aferra la piedra
De aquella garganta surge una risa divertida y atroz
- No es tan fácil como quieres creer - responde - pero por entregarme a mi esclavo, te acercaré a él ¡Y tú - señala al joven aterrorizado - por mancillar mi piedra, serás castigado!
De sus manos surgen pequeños hilos de fuego que comienzan a consumir la carne y las ropas del que recibe el castigo. Los gritos no tardan en llegar, y para asombro de la que lo acompaña, una risa descontrolada
- ¡Vamos, libérame de esta carcasa mortal!
Y al terminar la frase, caen en la oscuridad de un sueño profundo, muy profundo, más allá de las tierras que se conocen.
14 may 2011
Viajando con un demonio
Ya hemos emprendido nuestro viaje. La despedida no fue tan dura, aunque cogí cariño a Gran Sapo y a los demás e incluso me había acostumbrado a que me llamaran renacuajo, ya me he concienciado de que no puedo echar raíces en ningún lugar… al menos de momento. Ethan me regaló un colgante bastante extraño, pero viniendo de él es todo un detalle. Aunque seguro que había algo escondido en todo eso. Bueno, poco después supe lo que era, pero no voy a escribirlo ahora sin explicar lo que ocurrió antes, ¿no?
Salimos de la ciudad y bueno, simplemente cabalgabamos por el bosque. Aún me descolocaba el cambio de personalidad que Ethan tiene de la noche a la mañana. Era raro, pero no parece la misma persona. Y quiera o no, tiene algo bueno por el día y por la noche al mismo tiempo. Ah, y otras muchas cosas malas, hay que añadir ese punto importante. Pero bueno, incluso le he cogido aprecio. Sin pasarse.
Hemos jugado a preguntarnos cosas y a pesar de no descubrir mucho, me había llamado la atención que guardara un secreto relacionado conmigo. Además de haber matado a alguien, pero nadie es perfecto, y yo no soy quien para juzgar eso. También me explicó que aquella criatura que vimos tras matar al lobo (si se puede denominar así) es un demonio y lo que estamos haciendo es huir de él. El colgante… bueno, es uno contra demonios, ya sabía yo que algo tenía.
-¿Cómo podemos deshacernos del demonio?-Le pregunté.
-He combatido antes contra otros demonios, pero no sé como vencer a este.
-Igual con algo de… ¿magia?
-Sí, es posible.
Me quedé callada. No me hacía ninguna gracia tratar con magos, y sabía que ese sería nuestro destino. Así que eso decidimos, buscar una torre de magos y a alejarnos de la costa, a pesar de que ese no era mi destino. Pero si no, nos va a perseguir siempre y lo mejor es eliminarlo cuanto antes de nuestro camino. Mi mayor temor es encontrarme a Sol allí.
No tardé mucho es descubrir su secreto. Solo me fui un momento a… no recuerdo a qué. Pero deje a Ethan descansando al pie de un árbol. Al volver Ash no estaba y él aunque parecía que estaba dónde lo dejé, tampoco estaba… al menos, no su conciencia.
Sus ojos estaban negros y su voz no era la suya. No. Era la de aquel demonio, que al parecer se había introducido dentro de él. Nuestros colgantes brillaban, y parecían repeler a la criatura. Le dije que saliera de él, que buscaría a Sol, creo que es eso lo que quiere y a pesar de no querer hacerlo, tengo que encontrarlo. Hasta que por fin salió.
Lo dejé durmiendo y lo cubrí con una manta. Yo también caí traspuesta.
Al amanecer, era el mismo de siempre. Bueno, el mismo de cuando es de noche. Le va a durar esa faceta unos días, me dijo. Su secreto no era otro que el simple hecho de tener sangre de demonio. Y aunque me asusté un poco al principio, he comprendido que no por ello debo darle de lado. Como ya he mencionado, le he cogido aprecio.
Y allí vamos, en busca de la torre. Pronto llegaremos y espero que haya servido de algo.
[Diario XIII]
Salimos de la ciudad y bueno, simplemente cabalgabamos por el bosque. Aún me descolocaba el cambio de personalidad que Ethan tiene de la noche a la mañana. Era raro, pero no parece la misma persona. Y quiera o no, tiene algo bueno por el día y por la noche al mismo tiempo. Ah, y otras muchas cosas malas, hay que añadir ese punto importante. Pero bueno, incluso le he cogido aprecio. Sin pasarse.
Hemos jugado a preguntarnos cosas y a pesar de no descubrir mucho, me había llamado la atención que guardara un secreto relacionado conmigo. Además de haber matado a alguien, pero nadie es perfecto, y yo no soy quien para juzgar eso. También me explicó que aquella criatura que vimos tras matar al lobo (si se puede denominar así) es un demonio y lo que estamos haciendo es huir de él. El colgante… bueno, es uno contra demonios, ya sabía yo que algo tenía.
-¿Cómo podemos deshacernos del demonio?-Le pregunté.
-He combatido antes contra otros demonios, pero no sé como vencer a este.
-Igual con algo de… ¿magia?
-Sí, es posible.
Me quedé callada. No me hacía ninguna gracia tratar con magos, y sabía que ese sería nuestro destino. Así que eso decidimos, buscar una torre de magos y a alejarnos de la costa, a pesar de que ese no era mi destino. Pero si no, nos va a perseguir siempre y lo mejor es eliminarlo cuanto antes de nuestro camino. Mi mayor temor es encontrarme a Sol allí.
No tardé mucho es descubrir su secreto. Solo me fui un momento a… no recuerdo a qué. Pero deje a Ethan descansando al pie de un árbol. Al volver Ash no estaba y él aunque parecía que estaba dónde lo dejé, tampoco estaba… al menos, no su conciencia.
Sus ojos estaban negros y su voz no era la suya. No. Era la de aquel demonio, que al parecer se había introducido dentro de él. Nuestros colgantes brillaban, y parecían repeler a la criatura. Le dije que saliera de él, que buscaría a Sol, creo que es eso lo que quiere y a pesar de no querer hacerlo, tengo que encontrarlo. Hasta que por fin salió.
Lo dejé durmiendo y lo cubrí con una manta. Yo también caí traspuesta.
Al amanecer, era el mismo de siempre. Bueno, el mismo de cuando es de noche. Le va a durar esa faceta unos días, me dijo. Su secreto no era otro que el simple hecho de tener sangre de demonio. Y aunque me asusté un poco al principio, he comprendido que no por ello debo darle de lado. Como ya he mencionado, le he cogido aprecio.
Y allí vamos, en busca de la torre. Pronto llegaremos y espero que haya servido de algo.
[Diario XIII]
13 may 2011
Palabras de fuego [V]
Aquella misma noche nos despertó el fuego. Las gastadas campanas de la iglesia a los que pocos acudían comenzaron a sonar, despertando a todos los pueblerinos. Varias casar ardían con furor sin que nadie pudiese impedirlo. A pesar de ello, muchos intentaban contenerlo con la escasa agua de los pozos. Nadie pudo detenerlo
Yo los contemplaba con la boca abierta, casi sin darme cuenta. La gente empujaba y golpeaba prácticamente por el hecho de moverse. Sus rostros eran iluminados por aquel fuego estremecedor. Allí lo vi, entre las sombras. Una mano descubierta, fuera del arrope de su capa, como si dirigiera el fuego. Es más, las llamas se avivavan con el movimiento de sus manos
Yo no podía creerlo, y ni se me pasó por la cabeza detener aquel destrozo obrado por aquel conjurador de males. No podría permanecer mucho tiempo en ese pueblo si yo confesaba lo que vi. El temor a la magia era increíblemente potente en comunidades como la mía. Al parecer, aquel hombre tan misterioso también pensó en que no guardaría silencio. Sus ojos me miraron con rabia, y tal vez quiso ponerle remedio
Las llamas cobraron vida, justamente delante de mí. Como si surgieran de la tierra muerta. Quedé cegado por momentos, y cuando recuperé parte de la visión, encontré algo sorprendente. Había caído al suelo del miedo, y ahora una figura femenina hecha de llamas se inclinaba sobre mí. Sus ojos me recordaron a los míos: un increíble vacío blanco que llenaba el corazón de temor
Sus labios se unieron con los míos. Al contrario de lo esperado, no abrasaban. Un calor profundo que irradiaban sus labios, mientras que un estupor me invadía. Ya no pude volver a pronunciar palabra hasta horas después.
Aquel hombre lleno de misterios me arrastró tras haber causado todo aquel caos. En aquellos instantes era mudo, por lo que solo podía intentar escapar e intentar averiguar que era lo que pasaba a través de lo poco que podía ver en aquella noche tan oscura y aciaga
Yo los contemplaba con la boca abierta, casi sin darme cuenta. La gente empujaba y golpeaba prácticamente por el hecho de moverse. Sus rostros eran iluminados por aquel fuego estremecedor. Allí lo vi, entre las sombras. Una mano descubierta, fuera del arrope de su capa, como si dirigiera el fuego. Es más, las llamas se avivavan con el movimiento de sus manos
Yo no podía creerlo, y ni se me pasó por la cabeza detener aquel destrozo obrado por aquel conjurador de males. No podría permanecer mucho tiempo en ese pueblo si yo confesaba lo que vi. El temor a la magia era increíblemente potente en comunidades como la mía. Al parecer, aquel hombre tan misterioso también pensó en que no guardaría silencio. Sus ojos me miraron con rabia, y tal vez quiso ponerle remedio
Las llamas cobraron vida, justamente delante de mí. Como si surgieran de la tierra muerta. Quedé cegado por momentos, y cuando recuperé parte de la visión, encontré algo sorprendente. Había caído al suelo del miedo, y ahora una figura femenina hecha de llamas se inclinaba sobre mí. Sus ojos me recordaron a los míos: un increíble vacío blanco que llenaba el corazón de temor
Sus labios se unieron con los míos. Al contrario de lo esperado, no abrasaban. Un calor profundo que irradiaban sus labios, mientras que un estupor me invadía. Ya no pude volver a pronunciar palabra hasta horas después.
Aquel hombre lleno de misterios me arrastró tras haber causado todo aquel caos. En aquellos instantes era mudo, por lo que solo podía intentar escapar e intentar averiguar que era lo que pasaba a través de lo poco que podía ver en aquella noche tan oscura y aciaga
10 may 2011
Va de monstruos
Finalmente lo he logrado. Aunque pensé en el momento que vi aquella huella que no iba a contar esta experiencia jamás. Era como la zarpa de un lobo, salvo que parecía ser cinco veces más grande de lo habitual. Lo peor llegó cuando contemplé a la verdadera criatura, un lobo casi tan alto como yo caminando a cuatro patas. Ni mencionar su tamaño erguido.
Fue una batalla dura y aunque algunos salimos heridos, unos más que otros he de añadir, conseguimos vencer. Ethan y yo decidimos volver más tarde para examinar el cuerpo e intentar averiguar que criatura era.
Mala idea. El cuerpo inerte del lobo dejó de serlo al llegar. Su parte trasera permanecía inmóvil mientras se arrastraba con sus patas delanteras, con unos ojos negros como abismos y un movimiento sumamente tétrico. Poco a poco, su mandíbula se fue abriendo hasta desencajarse, expulsando una especie de pus negra que fue tomando forma de hombre.
No un hombre cualquiera. Era Sol. Pero al mismo tiempo no lo era. Fue extraño y aunque efímero, duradero.
Ethan dijo que vio a su padre, y aunque dedujimos que tal vez habíamos visto cosas distintas, me inquietaba y aterraba al mismo tiempo. Supuse que no tardaría mucho en encontrármelo de nuevo, y así fue.
Me dijo atrocidades acerca de Sol. Y no quiero creerlas, pero al fin y al cabo es un desconocido que jamás habló de él. Y aunque pude huir sé que volveré a verle. Pronto nos iremos, Ethan y yo, pero antes él irá a un viaje y yo buscaré a mi hermano. O tal vez me quede ahogando mis lamentos con algunas copas que no sientan nada mal.
[Diario XII]
Fue una batalla dura y aunque algunos salimos heridos, unos más que otros he de añadir, conseguimos vencer. Ethan y yo decidimos volver más tarde para examinar el cuerpo e intentar averiguar que criatura era.
Mala idea. El cuerpo inerte del lobo dejó de serlo al llegar. Su parte trasera permanecía inmóvil mientras se arrastraba con sus patas delanteras, con unos ojos negros como abismos y un movimiento sumamente tétrico. Poco a poco, su mandíbula se fue abriendo hasta desencajarse, expulsando una especie de pus negra que fue tomando forma de hombre.
No un hombre cualquiera. Era Sol. Pero al mismo tiempo no lo era. Fue extraño y aunque efímero, duradero.
Ethan dijo que vio a su padre, y aunque dedujimos que tal vez habíamos visto cosas distintas, me inquietaba y aterraba al mismo tiempo. Supuse que no tardaría mucho en encontrármelo de nuevo, y así fue.
Me dijo atrocidades acerca de Sol. Y no quiero creerlas, pero al fin y al cabo es un desconocido que jamás habló de él. Y aunque pude huir sé que volveré a verle. Pronto nos iremos, Ethan y yo, pero antes él irá a un viaje y yo buscaré a mi hermano. O tal vez me quede ahogando mis lamentos con algunas copas que no sientan nada mal.
[Diario XII]
8 may 2011
Palabras de fuego [IV]
Desperté a las puertas de mi hogar. Todavía no había amanecido, y fue una suerte. La reprimenda por haber pasado la noche fuera de casa habría sido monumental, y eso no entraba en mis planes. Fingí haber dormido toda la noche en mi lecho, y me deshice de todas mis obligaciones en el menor tiempo posible.
Pude entonces buscar a ese hombre misterioso. Lo ocurrido por la noche era como un sueño muy difuso. Apenas recordaba nada, salvo el "márchate". Aquello había sido en mi mente como una palabra de los mismos dioses. Mi cuerpo no había respondido a mis impulsos.
Lo encontré tomando un frugal desayuno mientras leía. No parecía tener mucho dinero para más, en aquellos instantes. Y por el honor que le hacía a la comida, tampoco querría gastarse mucho. No apartaba la mirada de su libro, hasta que me di cuenta de que me miraba. No se había movido un palmo, tan solo sus ojos
Cerró el libro sobre la mesa y me indicó que me acercara. Yo le había estado observando desde la puerta, sin que nadie me llamara o delatara mi presencia. Aquel hombre era realmente extraño, y también su libro.
Curioso, no le quitaba ojo mientras me sentaba frente a él. Me miró durante segundos que se hicieron eternos, pero yo seguía mirando su libro. Podía sentir su mirada sobre mí
- ¿Tanto te interesa el libro como para olvidar lo que pasó anoche? - me preguntó con una voz cargada de sorna. Ante la ausencia de mi respuesta, preguntó - ¿Sabes leer?
Respondí casi sin querer, negando con la cabeza. Después, la agaché avergonzado. Aquello era un lastre que llevaba sobre mis hombros desde hacia mucho tiempo. Y hasta el momento, no había manera de ponerle solución.
Solo me quedaba resignarme ante mi ignorancia
- Espero que sepas ponerle remedio a eso, muchachito - me dijo en el tono más amable que podía dar de sí - Si aprendes, podrás hacer grandes cosas
Mi frustración creció con aquellas palabras. Me sentía inútil e incapaz de hacer nada. Tenía dos manos para trabajar, pero no era para nada lo que yo esperaba. Me alborotó el pelo antes de marcharse hacia algún lugar al que no podía seguirle. Me dediqué a imaginar como sería yo siendo como aquel hombre. ¡No podría parar de escribir, cualquier pensamiento! En cambio, tenía que perderlos por el paso del tiempo
Aún pensaba en ello cuando dormía, o hacía el intento. Pero la solución a mis ruegos llegaría pocas horas después, con el imparable fuego
Pude entonces buscar a ese hombre misterioso. Lo ocurrido por la noche era como un sueño muy difuso. Apenas recordaba nada, salvo el "márchate". Aquello había sido en mi mente como una palabra de los mismos dioses. Mi cuerpo no había respondido a mis impulsos.
Lo encontré tomando un frugal desayuno mientras leía. No parecía tener mucho dinero para más, en aquellos instantes. Y por el honor que le hacía a la comida, tampoco querría gastarse mucho. No apartaba la mirada de su libro, hasta que me di cuenta de que me miraba. No se había movido un palmo, tan solo sus ojos
Cerró el libro sobre la mesa y me indicó que me acercara. Yo le había estado observando desde la puerta, sin que nadie me llamara o delatara mi presencia. Aquel hombre era realmente extraño, y también su libro.
Curioso, no le quitaba ojo mientras me sentaba frente a él. Me miró durante segundos que se hicieron eternos, pero yo seguía mirando su libro. Podía sentir su mirada sobre mí
- ¿Tanto te interesa el libro como para olvidar lo que pasó anoche? - me preguntó con una voz cargada de sorna. Ante la ausencia de mi respuesta, preguntó - ¿Sabes leer?
Respondí casi sin querer, negando con la cabeza. Después, la agaché avergonzado. Aquello era un lastre que llevaba sobre mis hombros desde hacia mucho tiempo. Y hasta el momento, no había manera de ponerle solución.
Solo me quedaba resignarme ante mi ignorancia
- Espero que sepas ponerle remedio a eso, muchachito - me dijo en el tono más amable que podía dar de sí - Si aprendes, podrás hacer grandes cosas
Mi frustración creció con aquellas palabras. Me sentía inútil e incapaz de hacer nada. Tenía dos manos para trabajar, pero no era para nada lo que yo esperaba. Me alborotó el pelo antes de marcharse hacia algún lugar al que no podía seguirle. Me dediqué a imaginar como sería yo siendo como aquel hombre. ¡No podría parar de escribir, cualquier pensamiento! En cambio, tenía que perderlos por el paso del tiempo
Aún pensaba en ello cuando dormía, o hacía el intento. Pero la solución a mis ruegos llegaría pocas horas después, con el imparable fuego
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
7 may 2011
Sombras
Cada vez todo es más oscuro.
Cada vez hay más almas que caminan sin rumbo.
Cada vez más de ellas acuden a mí.
¿Por qué yo? !Dejadme tranquila¡ Estoy harta de vuestras lamentaciones, de vuestros gritos en mi cabeza, de las pesadillas que sufro al dormir. Estoy harta de veros, de intentar escucharos para que me dejéis en paz, también detesto vuestro silencio ¿Qué queréis de mi? ¡Buscad a otro a quien podáis atormentar!
Da igual cuanto grite, da igual lo que insista, siempre obtendré como respuesta el silencio.
Y, a pesar de todo, os necesito tanto...
Da igual cuanto grite, da igual lo que insista, siempre obtendré como respuesta el silencio.
Y, a pesar de todo, os necesito tanto...
6 may 2011
Leyendas del norte (II)
Observo el cielo casi con indiferencia. Desde la torre más alta de nuestro castillo, padre dejaría de escuchar mis molestas quejas acerca de su manera de llevar el gobierno. Siempre llevó muy mal las críticas, incluídas las suaves y amables sugerencias de madre
- Calla, mujer, no necesito de tu pérfida lengua ¡Lárgate a acallar a esos insidiosos niños! - le gritaba sin cesar
Para él, siempre fuimos un estorbo. Pero mi hermano pudo considerarse más inteligente. Pronto aprendió a callar y a acceder a sus deseos, como un corderito. Estúpido y más que estúpido. Anuló toda tu capacidad para pensar, y ahora eres una copia de él.
Podría decirse que padre cumplió su objetivo. Sus ínfulas y delirios radicales de poder no era sino su ansiedad por ser inmortal. De verlos juntos, cualquiera podría decir que el pasado y el futuro se unieron en un agujero temporal
Y por ello no puedo soportarlo
¿Nadie conoce la justicia salvo cuando no se la trata con ella? ¿Tanto ciega el exceso de placeres y poder? No quiero ser así, no puedo permitir que este mundo quede así. Mi espíritu cambia, una sonrisa más sincera y libre de temor aparece en mis labios
Se acerca la noche
- Calla, mujer, no necesito de tu pérfida lengua ¡Lárgate a acallar a esos insidiosos niños! - le gritaba sin cesar
Para él, siempre fuimos un estorbo. Pero mi hermano pudo considerarse más inteligente. Pronto aprendió a callar y a acceder a sus deseos, como un corderito. Estúpido y más que estúpido. Anuló toda tu capacidad para pensar, y ahora eres una copia de él.
Podría decirse que padre cumplió su objetivo. Sus ínfulas y delirios radicales de poder no era sino su ansiedad por ser inmortal. De verlos juntos, cualquiera podría decir que el pasado y el futuro se unieron en un agujero temporal
Y por ello no puedo soportarlo
¿Nadie conoce la justicia salvo cuando no se la trata con ella? ¿Tanto ciega el exceso de placeres y poder? No quiero ser así, no puedo permitir que este mundo quede así. Mi espíritu cambia, una sonrisa más sincera y libre de temor aparece en mis labios
Se acerca la noche
La puerta a
Crónicas de Argonath: Lágrimas del Cielo
5 may 2011
Misión aceptada
He visto el barco zarpar. Ha sido doloroso a la par de esperanzador. Estoy segura de que volveré a ver a Darius y conseguiré encontrar a mi hermano.
Las personas de este continente no se identifican por su amabilidad. Incluso tengo que abrirme paso con seguridad para que la gente no se choque conmigo. Encontré una posada que, aunque el dueño es bastante estirado, está bien. Tiene cama y baño ¿qué más puedo pedir? Me quedaba poco dinero y conocí a aquel tipo extraño.
Al principio tan solo me choqué con él, pero después coincidimos en una pequeña discusión entre el posadero y otro mercader, entonces fue cuando me propuso acompañarle a tomar un trago. Pensé: Bueno, es gratis. Además me daba mucha curiosidad su piel gris al igual que su cabello, pero lo que más incertidumbre me causaba eran sus ojos, más bien el brillo, de color rojo. Algo me impulsó a saber de él, pero no fueron sus modales. En absoluto. Y fue peor cuando embriagué y desperté en su cama. Por suerte sin signos de nada extraño.
Por el día era más serio, aunque seguía siendo insoportable, pero por la noche lo era más aún debido a que decía todo de una forma más directa. ¿Quieres acostarte conmigo? Incluso insinuó que era una mujer fácil. Pero en fin, he podido soportarle. Me explicó sus cambios de humor, debidos a que su raza tolera bastante poco la luz del Sol, y les provoca mal estar.
Y finalmente me propuso una misión. Eran diez monedas de oro a cambio de realizarla ¿pero cómo iba a negarme con el poco dinero que me quedaba? Buscar y vencer a una bestia que ronda esta ciudad, al parecer nadie la ha visto de forma directa. Confío en mí, sé que podré sobrevivir después de todo lo que me ha pasado y de paso intentaré librar a esta ciudad de su bestia. A lo mejor no es para tanto, aunque sé que tan solo intento convencerme a mí misma de ello.
Tan solo me queda coger mi espada, pues mi camisa de mallas ya la tengo puesta. Me queda mentalizarme o tal vez tranquilizarme al pensar lo que me espera ahora. Tengo que sobrevivir, he de encontrar a mi hermano, tengo que cumplir mi promesa de que volveré a ver a Darius, esperar a Alvin y sobretodo… tengo que volver a ver a Hedrek.
[Diario XI]
Las personas de este continente no se identifican por su amabilidad. Incluso tengo que abrirme paso con seguridad para que la gente no se choque conmigo. Encontré una posada que, aunque el dueño es bastante estirado, está bien. Tiene cama y baño ¿qué más puedo pedir? Me quedaba poco dinero y conocí a aquel tipo extraño.
Al principio tan solo me choqué con él, pero después coincidimos en una pequeña discusión entre el posadero y otro mercader, entonces fue cuando me propuso acompañarle a tomar un trago. Pensé: Bueno, es gratis. Además me daba mucha curiosidad su piel gris al igual que su cabello, pero lo que más incertidumbre me causaba eran sus ojos, más bien el brillo, de color rojo. Algo me impulsó a saber de él, pero no fueron sus modales. En absoluto. Y fue peor cuando embriagué y desperté en su cama. Por suerte sin signos de nada extraño.
Por el día era más serio, aunque seguía siendo insoportable, pero por la noche lo era más aún debido a que decía todo de una forma más directa. ¿Quieres acostarte conmigo? Incluso insinuó que era una mujer fácil. Pero en fin, he podido soportarle. Me explicó sus cambios de humor, debidos a que su raza tolera bastante poco la luz del Sol, y les provoca mal estar.
Y finalmente me propuso una misión. Eran diez monedas de oro a cambio de realizarla ¿pero cómo iba a negarme con el poco dinero que me quedaba? Buscar y vencer a una bestia que ronda esta ciudad, al parecer nadie la ha visto de forma directa. Confío en mí, sé que podré sobrevivir después de todo lo que me ha pasado y de paso intentaré librar a esta ciudad de su bestia. A lo mejor no es para tanto, aunque sé que tan solo intento convencerme a mí misma de ello.
Tan solo me queda coger mi espada, pues mi camisa de mallas ya la tengo puesta. Me queda mentalizarme o tal vez tranquilizarme al pensar lo que me espera ahora. Tengo que sobrevivir, he de encontrar a mi hermano, tengo que cumplir mi promesa de que volveré a ver a Darius, esperar a Alvin y sobretodo… tengo que volver a ver a Hedrek.
[Diario XI]
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