21 ene. 2017

La marcha pronto estará lista.

El lugar que ha sido hogar de la primera revolución se ve tan diferente. Hogares han sido derribados, familias han sido separadas por la muerte o el miedo. Pero seguimos en pie.

El hogar de los que fueron grandes, la temible familia Bentar, es ahora nuestro objetivo.

Desde que la mujer que fue nuestra fuerza muriera, nada ha sido lo mismo. Ya no hay calma y esperanza. Ahora encuentro más rabia en nuestros corazones. ¿Ha cambiado eso nuestra forma de luchar? ¿Ha cambiado nuestra forma de ver el mundo? ¿Ha cambiado los límites, el lugar hasta el que nos atreveríamos a llegar?

Las dudas me asaltan, pero sé que puedo contra ellas. Por el momento, agradecería la interrupción de aquella aliada que marchó y ahora esperamos. Dicen que no va a volver, que fue solo el momento de alguien que en el pasado fue poderoso y buscaba limpiar su conciencia. Yo quiero creer. Por última vez quiero creer.

Nuestros espías han enviado mensajes de esperanza hacia nuestro destino. El escenario está preparado. La rebelión se ha gestado, solo esperando a salir a la superficie. Nuestro ejemplo ha inspirado a otros.

Marcharemos, venceremos. Abrirán las puertas al enemigo que tiene los días contados. Aunque hay temor, no podría haber mejor augurio para nuestra lucha. Nuestra liberación.

11 ene. 2017

Fuera del mar

La tranquilidad con la que se me había bendecido durante estos escasos días tocaba su fin. Una vida normal, solo atendiendo a mis hijos, intentando recuperar a Noruber después de esa traición. Podría haberme mantenido así, centrada en él, en mi familia y en mi causa. Esos serían mis mayores problemas.

Sin embargo, optar a eso significaba dejar morir a una criatura que se sacrificaba por nuestro bienestar en el mar de mi alma. No podía permitirlo, no soportaría dejarle morir. De modo que, a pesar de saber que esa opción volvería a traer problemas en mi vida, volvería a traer la tentación que ya ha sido probada y plenamente disfrutada... tenía que encontrarle.

Y por fin le tengo a mi lado de nuevo. Debo reconocer que extrañaba su voz en mi mente, su cinismo, sus abrazos. Ahora tenemos que ser distantes, y duele. Duele mucho. Sobre todo, su rechazo hacia esa criatura que juntos hemos creado. Sabía que no le importaría en absoluto, pero confirmarlo me hizo sentir tremendamente sola. Me hizo sentir el dolor de su propio hijo al verse renegado de su padre. Me hizo tener ganas de desaparecer para siempre de su vida para que nuestro hijo nunca tenga que conocerle.

Ahora me siento extraña, incómoda. No sé cómo explicarlo, es... no saber cuándo él nos está escuchando a mí y a Noruber. Es recordar aquello que hicimos. Verles casi al mismo tiempo. Como si yo no formase ya parte de mí y fuera Zandhur el dueño de mi cuerpo y mente.

Nunca podría explicar esta confusión, este dolor. Pero es a lo que me he arriesgado para que su alma no se consuma para siempre.
Tal vez todos tengan razón y nunca pienso en mí misma. Que debería ser más egoísta.

Supongo que es hora de aprender a serlo.


4 ene. 2017

Mientras duraban las noches, he tenido mucho tiempo para pensar. Cuando el frío te paraliza hasta que apenas sientes los dedos, tu mente se aleja para soñar con mejores momentos. Echaba de menos despertarme en el calor de casa y saber que los pequeños dormían bajo mi techo. A lo mejor paseaban medio dormidos, quizás para cambiarse de cama o invadir la de alguno de sus hermanos.

Mientras, ella dormiría sin interrupciones hasta que estuviera bien alta la estrella. Su rostro descansado era algo con lo que sonreír cada mañana.

Ahora no están demasiado lejos, pero siento que me lo han arrancado todo de entre las manos. Los quiero a mi lado, puedo verlos frente a mí, pero ese dolor que tengo dentro es casi como una enredadera y espinos que me impiden llegar. Intentar atravesar ese muro ni siquiera me dejaría vivir. Podría intentarlo, pero me da tanto miedo que duela tanto como la primera vez, cuando me lo decía.

Había hecho acopio de valor, sí, pero no deja de sorprenderme la frialdad con la que podía decirlo. Después llegaron las lágrimas, pero mientras tanto… Supongo que la admiro por haber tenido el valor de decirlo, pero desearía que nunca lo hubiera hecho.

Ahora suena el mar. Las olas cobran fuerza al morir sobre la orilla, y vuelvo a aquella cabaña, a aquellos compañeros, a aquella masa de agua que parece infinita y que me aterroriza cuando pienso en subir a la barca. Ojalá ella estuviera aquí y me abrazase en sueños. Olvidar la realidad y vivir en esa pequeña fantasía.