25 may. 2016

El caballo que me había ayudado en tan largo viaje flaqueaba intensamente, casi tanto como mis fuerzas y mi ánimo en aquellos instantes. Suspiraba, miraba al cielo, buscaba en las estrellas la calma que había dejado atrás.

Y por fin, después de tanta oscuridad en la que cabalgabamos, luz nueva. Parecía un campamento de viajeros que, sin tanta prisa como nosotros, tenían la fortuna de poder hacer un alto desde que oscureciera tal vez. Nosotros pararíamos tal vez si es que la noche era tan cerrada que nos fuera imposible ver.

Pero Ethan alzó una mano para señalar el alto en toda su compañía. Quizás reconociera que estaba tan cansado como el resto de nosotros. Pareció darse cuenta demasiado tarde que aquellos hombres formaban parte de la misma guardia del Imperio, por cómo se giró con sorpresa al ver sus blasones, escudos y armaduras. También comprendió que marchar después de mostrar intenciones de compartir el claro sería demasiado sospechoso.

Me acaricié los ojos de puro agotamiento, sin saber qué más esperar de aquel viaje interminable. Desde luego, jamás hubiera imaginado encontrarla saliendo de esa tienda.

Salió con rostro inquieto, desconfiado. Como si fuera la dirigente de toda aquella marcha y se hubiera interrumpido su sueño tan merecido. Se me escapó la sonrisa antes de poder entender que era ella. Que nos había reconocido, que se acercaba a su padre dispuesta a tumbar el caballo si con ello podía abrazarla. Pero no fue necesario.

Ethan caía torpemente para levantarse y abrazarla con fuerza. Fue eterna la espera hasta que la liberó para cedérmela. Estaba sucio, desarreglado, cansado, desprovisto de aliento... pero me entregaría a estar peor si es que así podía tenerla de nuevo. A ella no parecía importarle nada más que el hecho de que los tres la mantuviéramos abrazada.

La vi en sus horas más bajas, arrebatada de la libertad y de la luz que le daban vida. Cuando salió, apenas había empezado a recuperarse. Y cuando la realidad se asentaba sobre ella como un cálido manto en una noche fría, recuperó la vida que parecía perdida en sus ojos. Yo, en cambio, volvía a sentir cómo mi corazón volvía a latir con las ganas de vivir una vida junto a ella.

21 may. 2016

Ya corría la tercera copa de vino, en una noche que se mostraba sin luna y la amenaza de que la paz muriese en el imperio era cada vez más. El cuartel estaba en silencio, ya establecidas las nuevas guardias y sin margen para conversaciones banales.
Solo palabras se escuchaban en la celda de la teniente, que liberada de responsabilidades, podía actuar como el verdadero cargo que ostentaba. Había recibido la visita de su subordinado, en quien sabía que podía confiar. Y la tensión era cada vez mayor.

- Está muy lejos de casa, es joven y tiene una vida que vivir. No es ella. - repuso ella, con la mirada perdida en el vacío y el puño cerrado frente a su boca.

El suboficial la observaba, de pie a diferencia de ella, con los brazos cruzados. Lentamente, negaba con la cabeza, antes de hablar:

- Tiene el marco perfecto para que el resto del mundo piense que es inocente.
- Aún así. Es diferente.
- Te estás dejando llevar por lo que te inspira. Nunca lo haces. ¿Por qué? - dijo mientras extendía los brazos, desbordado por esa falta de frialdad.

Ella alzó la mirada por primera vez hacia él, moviendo ligeramente la cabeza, como buscando las palabras adecuadas. Recordaba su reacción ante la falsa noticia de la muerte de la Emperatriz, y había sido duro incluso para ella. La idea se le hacía terrible, había tenido que hacerla real para realizar el interrogatorio.

- Parece sentir verdadero afecto. - concluyó, casi en un susurro. Solo supo que él le había escuchado por la ira que creía en su rostro.
- Y por eso debemos olvidar todo lo que la rodea. Maldita sea, todo apunta hacia ella. - dijo, antes de girarse después de dar un golpe en la mesa.

Ese golpe hizo que la teniente se alterase, y acabara de pie aunque fuera solo para llevar algo de control sobre la situación.

- Escucha. Escúchame. - le reclamó, haciendo que su interlocutor se destuviese con la mano en el pomo de la puerta que les encerraba en esa celda. - Si da un paso en falso, si me da motivos de más además de los que ya tiene... yo misma le cortaré las manos con las que conjura. Y la llevaré a la justicia.

- Esperemos que haya un imperio para entonces desde el que ejercerla.

Y salió por fin, dejando dudas, miedo y un futuro por descubrir.

1 may. 2016

Las noches parecen más frías en el que dicen núcleo del mundo moderno en el que ahora vivimos. Esta tierra ha cambiado y no para bien desde que estuve aquí la última vez, para deleitarme de sus costumbres, pensamientos, modelos de conducta.

Ahora que he introducido a un loco en un nido de víboras para intentar salvar a una presa demasiado fácil, tengo tiempo para pensar. Y mientras, ellos, tiempo para morir.
Se hablan muchas cosas, mientras les observo, mientras degustan sus manjares, mientras se frotan las manos para ver el espectáculo del juicio de mi amiga. Por lo que hablan también, está en duda el futuro de estas gentes.

Porque después de tantos años, parece que se impondrá para siempre uno de los dos bandos irreconciliables. Satas estaría satisfecho. Esto no son guerrillas lejos de la civilización, no es la preparación para el grandioso futuro que imaginaba. Si están en debate entre la razón y la fe, es porque ha agitado a los suficientes hombres y mujeres poderosos y resulta preocupante.

Mientras camino de regreso a mi escondite, se me escapa la sonrisa.
El mundo estaba cambiando, y sería un espectador directo de ese cambio.