26 ene. 2016

Confusión

He conocido a muchas personas en estos últimos días. Muchas historias, cosas extrañas que no sé si me gustan, vidas normales...
Pero por mucho que camine por esta ciudad, llena de rostros desconocidos que en algunos momentos me sonríen o me saludan... por mucho que hable o me relacione con aquellos que dicen ser mi familia... nada. No recuerdo nada. Todo sigue en blanco, y mi corazón no me ayuda a recordar, por mucho que lo desee.

Me hubiera encantado que ese beso fuera de verdad el resultado para curar mi mal. Sin embargo, no ha podido ser.
Al menos, conozco un poco más a Noruber, y creo que empieza a gustarme un poco...
Creo...
No sé.
Todo es tan confuso...

Ahora, en este castillo, rodeada de estas paredes de piedra, lejos de sentirme segura, me siento extraña. No es un lugar donde cobijarme, donde sentirme segura, a pesar de todo.
¿Cómo decirlo? Estoy fuera de lugar.
Me gustaba esa posada. Ya me había acostumbrado, quizá porque es lo primero que he tenido y desde el lugar donde me he atrevido a caminar.

Además... en ese lugar está él.
Esa persona a la que vi por primera vez al despertar y que desde entonces ha cuidado de mí y ha mostrado determinación por vengarme. Quizá es cierto que le importo.
Y creo... creo que a mí también me importa.

Sí, en estos momentos... Sol es la luz que ilumina tanta oscuridad.
El vuelo en dragón nunca había sido tan feroz. Mientras el que era mi hijo surcaba los cielos en su verdadera forma, me costaba mantener mi posición sobre su cuerpo. Sentía que el viento amenazaban con cortar mi rostro, y la poca piel que tenía al descubierto en realidad.

En algún momento tuve que abrazarme a su cuello, y el rugido que vibraba de forma constante en su garganta sin ser expulsado, se relajó después de unos segundos. Apenas habíamos cruzado una palabra desde que recibiéramos ese mensaje caído del cielo.

La letra de Iefel tardó unos momentos en calar en la mente de mi hijo, que empezaba a mostrar el pasmo en su rostro cuando lo alzó. Algo iba a mal, no hacía falta mucho para darse cuenta para aquello. Sólo se levantó y se apartó, para deshacerse de su ropa y empezar a dejar escapar el dragón que había en él. Entretanto, yo había leído lo que estaba ocurriendo en mi hogar.

Era la segunda vez que ese hombre se llevaba a mi hija en los últimos tiempos y la segunda vez que todo iba terriblemente mal. Si había una próxima vez, acabaría por matarla.

Yo sólo podía arrugar las palabras que había en mis manos y recoger lo poco que habíamos cargado con nosotros.

Tanta búsqueda para no conseguir nada más que peores noticias que la última vez. La calma que había conseguido en mi interior, sacudida por aquella inquietud, se destruyó. Sentía que había construido una frágil estructura, de cristal, que alguien había destruido en mil pedazos. Mi rostro debía de haber perdido toda la seriedad, toda la compostura, todo el arrojo del que me había armado durante el precipitado viaje.

Hobsyllwin había completado su transformación, y arrastraba la tierra bajo sus patas, nervioso, aguardándome para partir. Y cuando por fin estuve sobre su cuerpo, agitó las alas con violencia, lanzando un rugido que alertó a los habitantes de aquella aldea lejana en la que habíamos descansado por algunas horas. Sentíamos sus miradas cuando abandonamos la superficie de Dalanvor.

No se imaginaban la ira que se daba en nuestros corazones, y que estaba por agotar el tiempo de vida de un mago que había caminado demasiado tiempo sobre el mundo.

24 ene. 2016

Las llamas han consumido parte de lo que era el lugar donde había dedicado mi vida en los últimos meses. Algunos de los hombres y mujeres que creían en la causa habían sufrido grandes heridas por salvar aquello que era más valioso, puede que incluso de sus mismas vidas.

Su sacrificio me enorgullece y a ellos les honra.
Comprenden el valor de todo esto, lo que implica, lo que podemos llegar a hacer...

Las noticias ya han empezado a correr sobre este incidente. Nuestras debilidades han quedado expuestas, pero las historias a través del mapa de Argonath pueden ser cambiadas. Mártires, en lugar de villanos. Necesitados de más ayuda para los que estén indecisos. Los errores provocados por mi ira y una venganza injusta han resultado mejor de lo que esperaba. Todo sigue un cauce. Incluso su consecuencia, el robo de esa pieza de recuerdos.

Tan frágiles, tan intensos, tan llenos de color. Me permití observarlos durante largos momentos, observando, comprendiendo y resolviendo incógnitas que me habían mantenido durante años inquieto. Por fin, hay un camino a seguir.

El simple hecho de añadir pinceladas ha sido como verter gotas en una fuente repleta de agua. Pequeños momentos que podrían cambiarlo todo, y cambiar las piezas de lugar.

Pronto volveremos a vernos, volveré a bañar sus recuerdos. Y de puro terror, será inolvidable.

Una esfera

Es increíble pensar que toda una vida pueda contenerse en el interior de una pequeña esfera luminosa. Dice que esos son mis recuerdos, por lo tanto mi vida entera está dentro de ella. ¿Qué son los recuerdos, sino todo lo que somos nosotros?
Ahora... ¿Quién soy? Me siento desconocida, torpe, ignorante. En parte eso me molesta, como si no debiera ser así.

Tengo familia, personas que me quieren pero que yo no quiero. ¿Y si no les puedo recordar? Quiero creer que el amor, los sentimientos... no los guarda la mente, sino que los mantiene el corazón, aunque estén dormidos.
Si no consigo recordar por lo menos espero volver a amar. Me pregunto cómo serán, si de verdad serán buenos conmigo. Es lo único que tengo ahora, a pesar de que solo son palabras que afirman el hecho. No puedo dejarles escapar.

¿Y la esfera?
No dejo de darle vueltas...
Ese hombre, Sol, podría no ser realmente un amigo, ¿no? Podría... podría ser que quisiera mis recuerdos, si de verdad lo son, por algún motivo.
Y yo, en mi estupidez, ¡se los he dado! Espero no haberme equivocado.

No quiero que jueguen conmigo, sin embargo ahora lo máximo que siento ser es una muñeca capaz de caer en manos de cualquiera.

7 ene. 2016

Llamas

¿Será posible que lo sucedido sea... una irónica metáfora del destino? Siento que crezco, que camino hacia adelante y que estoy dejando atrás muchas cosas. Muchas formas de ver la vida, muchos miedos, muchas dudas... muchas personas.
No es que quiera dejarlos atrás para siempre, en absoluto. Me encantaría que ellos crecieran conmigo, que siguiéramos hacia adelante de la mano, conociendo, siendo capaz de avanzar por mucho que algunos tiren demasiado fuerte hacia atrás o queden en el camino, permaneciendo sus almas con nosotros.

La vida es un ciclo que no deja de avanzar. Intentar impedirlo solo provocará que de pronto algo nos empuje con violencia hacia lo que hace ya mucho debería haber pasado.
Por eso quiero que algunos cambien, sencillamente para que no sufran tanto por ese golpe, o por las aseguradas pérdidas que tendremos en el camino.

Por ello, el pasado debe seguir con nosotros, pero nunca debemos volver.
Quizá este sea, sí... el motivo por el cual las llamas han consumido parte de él.

¿Cuántos serán capaces de afrontar esa realidad?

6 ene. 2016

El camino se hacía más largo aunque el tiempo siguiera corriendo. Las llamas y el humo quedaban en la distancia, como un mal recuerdo persistente en sus memorias.

Lo poco que les quedaba permanecía con ellos, valiendo menos que nada cuando comparaban con los que habían conseguido dormir en el traqueteo de la carreta. Incluso los niños habían conseguido dormir, bien arropados entre sus progenitores.

Iefel, habiendo esperado suficiente, se atrevió a encender un candil con el que iluminar el camino para así aventurarse a espolear en las bestias que los transportaba algo más de velocidad. Miró hacia atrás para asegurar de que a nadie había despertado con la fuente de luz, y sólo vio las miradas que adivinaba antes, en la oscuridad, entonces oteando el horizonte. La que no encontró fue la de Ethan, que había logrado permanecer cerca de Therin mientras estrechaba entre sus brazos a su amante y a su hijo.

En ese instante, acariciaba el cabello de su única hija, y suspiró con evidente frustración. Cuando sus miradas se encontraron, pudieron ver la misma sensación de pérdida.

- Vas a recuperarla.

Ethan asintió, sin hacer falta más explicaciones.

- Como sea. - fue su única respuesta.
- Hay mucho que perder... - se atrevió a responder Iefel en contra, temiendo lo que podía llegar de aquella determinación. Y su mirada se desvió hacia su tierna sobrina.

- No tiene por qué saberlo.

El silencio volvió a adueñarse de ellos, envolviéndolos, sólo dejando espacio para los pensamientos más profundos. Llegaría el día en que aquellas tierras volverían a arder.

1 ene. 2016

La partida hacía poco que había perdido el interés. La competición no era cosa del maestro, que prefería ocuparse a otras tareas más productivas, pero hacía por pasar tiempo con el que fuera su discípulo. Este, en cambio, permanecía observando las piezas con gran interés, planeando una estrategia.

- ¿Cómo está ella? - preguntó entonces, a pesar de lo concentrado que parecía.

Alertó al maestro, y lo devolvió a la tierra que pisaba.

- ¿Quién?
- Therin.
- ... fascinada. Hambrienta de saber. Empoderándose.

Esa última palabra había provocado una sonrisa en el maestro, recordando las muestras que ella había dado hasta llegar a ese estado. El discípulo, en cambio, sintió aflorar en su interior algunas dudas.

- ¿Qué planeas con ella?
- Mostrarle lo que ella quiera saber.
- Aunque ella no sepa que lo quiera, ¿verdad?

El asentimiento después de la sonrisa no hizo más que aumentar la tensión. Las miradas se cruzaban con cautela, investigando, buscando intenciones ocultas.

- ¿... de qué tienes miedo exactamente?
- De que consumas su luz, tal y como hiciste con todos nosotros.

El maestro sintió cómo su sonrisa se hacía más leve, y volvió a mirar el tablero, que permanecía intacto quizás ya por demasiado tiempo.

- Todavía es tu turno.