23 feb. 2015

La impotencia que sentía en mi interior solo encontraba una salida, que era la furia y la ira. La ira sobre aquellos que eran mis seres más preciados, aquellos que más daño podían hacerme. La amenaza estaba en todas partes, en cualquier momento podía descubrir una horrible verdad sobre una parte oscura de mi vida.

Las promesas, a base del ejemplo de los demás, parecen poco válidas. Cualquier palabra es solo aire a veces. Los lazos pueden no llegar a significar nada, por cambios en la vida de esas personas. Por cosas que simplemente no podemos controlar.
Por mucho que luche por ellos, pueden abandonarme, abandonarse entre ellos.

¿Cómo sobrevivir a algo así? Quiero confiar, quiero creer en ellos. Quiero dejar de vivir con miedo a todo lo que ocurre a mi alrededor.
Que no haya historias sin terminar para mí, y que acaben destruyendo la visión que intento tener. Por ella, por mí, por todos.


Mi deseo de venganza contra mi búsqueda de la felicidad. Nunca he vivido una batalla tan intensa, ni siquiera cuando he hecho correr la sangre de otros. Deseo fervientemente no perder el control, no otra vez.

16 feb. 2015

Sueño con un mundo en el que ella no tenga que sufrir por no poder alcanzarlo. Al final, todo puede resolverse de la misma manera. Detener las guerras, las armas como único adorno ritual de eras pasadas, donde no haya temor por ser asaltado.

Para ello, hay que resolver conflictos mucho más profundos, mucho mayores y más antiguos. La necesidad genera esa pérdida de temor a hacer cualquier cosa por el dinero que falta, por algo que echarse a la boca y poder comer. Esa violencia que es la pobreza.
Mi ira contra todo no es una solución al problema, pero acalla la impotencia al ver su dolor. Durante unos momentos, al menos. Tal vez... tal vez creciendo... creciendo y no acumular riquezas. Entregándolas para que crezcan otros, sin que sea necesario pedirlo. Y así, creceríamos todos juntos para ser más fuertes. Unidos para ayudar a todo aquel que necesite...

Habrá enemigos, y será necesario el poder para discernirles entre los que se unan.
Parece un camino, parecen unas metas a seguir. Incluso parecen posibles. Solo hace falta recordar que caminamos juntos. Que debemos deteneros si uno desfallece.
Hemos llegado ya muy lejos, no es momento de rendirse.

Nuestro mundo parece mucho más grande que en un inicio, aún con todo lo que he vivido. Más peligros, más incierto. Solo para evitar que ella no siga en ese mundo hay que seguir en pie.
Nunca me había sentido tan insegura. Dasha me había hecho ver que ni siquiera de mis propios contactos podía fiarme, porque había posibilidades de que se hubieran hecho pasar por ellos. Mi único contacto seguro, con el hogar, lo único que me hacía sentirme segura en esta tierra que ahora me era hostil... ¿era una mentira? ¿Había sido engañada de una forma tan estúpida?

Creía estar preparada para lo que había en esta ciudad. Creía que podría permanecer a su lado contra toda adversidad que se hiciera presente.

Pero no me esperaba que todo estuviera tan mal. Dan parece no haber captado del todo lo que está ocurriendo mientras recogemos a toda velocidad. Puede que no lo haya asimilado, es demasiado inocente, quizás simplista, para estas jodidas intrigas. No estamos a salvo y hay que marcharse, en realidad no es más que eso. La protección de la que creíamos gozar... quizás no una protección, solo un respaldo por nuestras acciones... ya no existe. Nunca ha existido.

Y todos los que están a mi alrededor podrían verse afectados. Por saber de nuestra presencia aún estando expulsados y no haber informado a quienes debían. Casi siento que me ahogo de solo pensarlo. Por culpa de un Príncipe demasiado asustado de ver enemigos por todas partes abandono a mis amigos, cuanto tanta falta les hace nuestro apoyo.

Mientras dura la noche, no puedo evitar acordarme de ella. De tantos abrazos que me quedan por darle. Y tantas palabras por hacerle llegar.

Nos veremos antes de lo que esperas, es una promesa.

9 feb. 2015

Perder el control es una de las sensaciones más desagradables y frustrantes que he tenido el horror de tener que soportar. Es la inseguridad, es el miedo, es no poder relacionarme con los demás por temor a una mala palabra. Porque cualquier cosa puede hacerme explotar en la rabia, en el pánico.

Y mientras tanto ella no dejaba de insistir, de buscarme. De querer saber qué me ocurre cuando es lo último que puedo permitirme que descubra. El avance de la mancha que parece ser mi sangre se ha detenido en su avance, o quizás vaya tan lento que sea imperceptible para mí.
Tal vez lo haga también mi ira, tal vez logre vencer este descontrol a base de fuerza de voluntad.

Desde que me hirieron... todo por culpa de esa hoja infecta.
Los asesinos, en un momento de lucidez, mientras reflexiono y medito para llamar a la calma, eran demasiado astutos. Si no podían aniquilarnos a cuchillo, se asegurarían con heridas como la mía de que nos destruyésemos a nosotros mismos. Con mi fuerza y mi habilidad podrían haberlo logrado de una forma muy fácil. Iefel era muy inocente, aún con sus años. Therin se sumergiría en mis brazos a la mínima llamada. Ethan sería un reto, pero mediante engaño podría quedar indefenso.

Pero eso, desde luego, sería la vía fácil. Satisfacer mi rabia y mi saña contra los que más quiero en estos momentos. Los que me han dado un hogar, una vida, un calor.
Después de acabar con ellos, si es que sobrevivía para seguir en mi lucha contra el mundo, ¿qué ocurriría? ¿Más rabia? ¿Más sangre? ¿Cuanto tiempo tardaría en caer bajo otra espada para evitar más daños a otros inocentes?

Todavía puedo luchar y lo haré. He sobrevivido a incontables cosas, y ahora que tengo grandes motivos para luchar, no va a ser menos. No voy a rendirme. No solo por ellos. Me dejaré llevar por el orgullo, con tal de proteger a los objetivos de mi afecto.

4 feb. 2015

Cada día tenía que hacer un esfuerzo para entrar por aquella puerta con algo más de ánimo del que sentía. Al menos, una suave sonrisa que ofrecer a los que allí estaban.
El pueblo estaba bien, estable. Sus habitantes se dedicaban a sus quehaceres y hacía tiempo que se habían resguardado, preparándose para pasar otra noche. A lo que tenía que enfrentarme era a cómo pasar otra noche de mi vida en la tortura de la ignorancia.

Cerré la puerta preparando mi careta, aunque esa vez no me hizo demasiada falta.
La pequeña Catherin ya hacía por correr hacia mí, a través de esas escaleras que siempre se le hacían grandes. Bajaba un escalón y me miraba. Bajaba otro y volvía a mirarme, para comprobar que yo no me había esfumado mientras ella hacía por bajar lo más rápido que podía.
Me quedé al pie de las escaleras, agachado y esperando a recibirla con un abrazo. Se reía cuando la alzaba y la balanceaba un poco, como si fuera un juguete.

- Papiii, tardas muuuucho.

- Ya lo sé, pero estoy aquí y te voy a llevar a la cama, a dormir.

Entonces la pequeña enmudeció, pensando en lo que le había dicho.

- No hace falta, puedes tardar más si quieres. - dijo, asintiendo e intentando convencerme.

Ahora ame tocaba a mí reírme con ganas mientras subíamos a su dormitorio.
La acosté y arropé con cariño, acariciando su pelo, acariciando sus mejillas. Poco a poco se estaba quedando dormidita, pero seguía mirándome con atención.

- ¿No te irás más?
- ¿A dónde voy a ir?
- No sé... Lejos...

Me acerqué a ella para darle un besito en la frente, que agradeció con un suspiro de infinita tranquilidad.

- No voy a desaparecer. Te quiero, y por nada del mundo me iría lejos de ti.

Abrió los ojos una vez más solo para regalarme otra sonrisa, y caer suavemente dormida de forma definitiva. No sabía si podía hacerla feliz, pero mientras estuviera en mi mano jamás estaría sola.


2 feb. 2015

Dos coronas menos

Quiero volver a casa. No debería haberme ido de ahí, el mundo exterior es un peligro. Y de la corte ya ni puedo hablar...
Estoy cansada de estos muros, de esta tensión, este miedo. A veces quiero irme a mi castillo, entrar en mis aposentos y esconderme debajo de las sábanas para protegerme de todos los horrores. Pero por otra parte, deseo con todas mis fuerzas seguir luchando por un mundo mejor.

Y tras la muerte del Emperador, pensé que no sucedería nada más que me desestabilizara por completo. Pero me equivoqué.
Quizá los Dioses quisieron que encontrase esa carta de un viajero anónimo que debemos encontrar. Ellos querían que desvelara la verdad. Al fin y al cabo, siempre he luchado por ella, y creo que la vida me ha concedido una irónica oportunidad para ello.
Esa nota... era de alguien nuevo, un Gran Atalaya por descubrir.

Mi tío era un impostor. No sabemos desde cuando, pero dejó de escuchar a los Dioses, dejó de ser el Gran Atalaya.
Es increíble como puede cambiar todo en unos instantes. Unos momentos antes discutía con él la injusticia que se llevaba a cabo con nosotros, los magos. Y ahora ha caído. ¿Hemos vencido?
Pero yo le quiero, a pesar de todo. Sé que tenía miedo, por eso nos mintió. Todo el mundo tiene miedo a morir, aunque su solución fuese un tanto cobarde.

Le quiero y le perdono. Pero el mundo no es tan sencillo como eso. El mundo pedirá justicia, y temo que la sangre corra.

Y no solo eso, tengo miedo de mis propias consecuencias. Ya me han dado la certeza de que me arrepentiré, probablemente una amenaza encubierta.
¿Qué haré ahora? No puedo esperar a que otros solucionen mis problemas. Llorar a mi padre o a mi prometido para que me protejan. Son mis consecuencias, al fin y al cabo.

Y pienso luchar para que la certeza se convierta en un imposible. Lucharé además por ese mundo con el que sueño y con el que unos pocos van soñando a su vez.
Es el principio del cambio. Y para ello, las coronas han debido y deberán pasar a manos más limpias y puras.