29 nov. 2014

No hay nada más terrorífico que despertar para ver como la muerte casi te lleva.

El susto fue encontrar la imagen del puñal, tras del cual estaba Therin, buscando llevarlo lejos de mí. Y la otra mano del asesino que me estrangulaba, intentando quitarme la vida casi de cualquier manera, a cualquier precio. Nunca había visto tanto empeño por poner en duda mi integridad física.

Lo que siguió segundos después pasó demasiado rápido como para poder recordarlo con precisión. Gritos, llamas, gritos de Therin... Solo me levanté en cuanto pude para golpear ese rostro, eliminar la amenaza que llegaba de los que creía mis aliados.
Mi vida era un inconveniente más que una ventaja, era totalmente prescindible.

Cuando lo tuve entre mis manos, tuvo el valor para acabar con su vida, sin que nada pudiera hacer. Pero las heridas que nos causamos antes de que todo acabara todavía sangran.

Ahora, miro hacia el horizonte, escuchando a esos hombres marchar hacia lo que era mi hogar, buscando sobrevivir, seguir respirando... y pienso en lo velozmente que ha cambiado todo. No todo, realmente. El valor de mi vida.

Ante el asesino, sentí que no valía nada.
Pero al ver a Therin intentando salvarme... volvió a tener un gran valor, hasta entonces desconocido para mí.
Todo por esa muchacha que adora las amapolas.

21 nov. 2014

Aquellas ciudades temblaban, siendo pequeños universos vivientes que vivían, sentían y también morirían con el paso del tiempo. Pero en aquel momento, todo parecía estar al borde de la destrucción inminente. Demasiados frentes abiertos, demasiadas figuras poderosas con miedo, y por lo tanto con la capacidad para actuar precipitadamente.

Los usuarios de la magia, tan perseguidos y temidos, respondían ahora por primera vez desde que se iniciaran las cacerías. Cuando se limitaban a huir y a esconderse, no importaba los horrores a los que fueran sometidos. Cuando reclamaban venganza, todo era muy diferente.

Y mientras intentaban que estos no hiciesen arder el mundo, buscaban también destituir y atrapar al loco que los había encerrado, buscando forzarles a un compromiso que no querían o podían aceptar. Quizás así apaciguasen la ira de los magos, por entregarles al que quería acabar con ellos de una forma todavía más radical si era posible.

Y el heredero de todo aquel poder y también los problemas que venían en consecuencia, observaba el horizonte, amenazando llegar con oscuras nubes.
Su séquito trabajaba a sus espaldas, pero no era consciente de ello. Demasiado inmerso en sus propios pensamientos, intentando salvar su vida y la de aquellos a los que apreciaba, después de tanto tiempo. ¿Habría perdón para él? ¿Conseguiría no manchar la reputación y el nombre de ellos sus nuevos aliados? La pesadilla tendría que acabar en algún momento, y ciertamente: tendría suerte si es que conseguía escapar con vida, aunque fuese para vivir en la miseria.

17 nov. 2014

El humo estaba empezando a dificultar la visión de todos los presentes, pero no había mucho que mirar. Solo había que escuchar, y quizás, si estabas lo suficientemente ebrio, pensar demasiado. Todavía más si entre la multitud estaba esa persona que comenzaba a inspirar música.

Apartó la botella, molesto por lo que comenzaba a sentir, pero no podía dejar de mirarla. Con sus amigas, disfrutando de todo y de nada con sus amistades.
Nunca se había sentido demasiado parte de ello, pues no lo eran. Ella, en cambio, parecía necesitarlos. Tal vez fuera aquello. Ella buscaba algo que él nunca había poseído, y él no era capaz de entregarlo.

Sacudió la cabeza, sabiéndose seguro en aquel rincón. No le encontraría, ni siquiera por casualidad. Y mientras gozaba de la visión de su musa, ignorante de serlo, comenzó a escribir lo que podría haber sido, lo que podría ser por azares de aquel mundo... pero que nunca llegaba a materializarse.



9 nov. 2014

Adoraba el silencio, cada cual era diferente dependiendo del momento y lugar en el que estuvieras. Y realmente, aquel desentonaba con el que estaba acostumbrado: nocturno, natural, solo roto por las criaturas que habitaban a su alrededor y se acercaban a su cabaña.
Pero aquel también tenía su encanto. Frío, espectral, bañado por ruidos casuales de los guardias moviéndose de un lado para otro. Tuvo por seguro que debía aguardar a que las aguas se calmasen y que lo sacasen de allí.

Su condición pacífica por seguro ayudaría a que el señor de aquellas celdas le liberase. Al fin y al cabo, había protegido a su hija de una maldición incurable de haber llegado tarde y de las bestias que sin duda se habían inquietado ante esa posibilidad. La naturaleza y todos sus hijos se alteraban ante terribles cambios como aquellos. Más siendo en una persona tan joven.

Sin poder evitarlo, sus manos apretaron el cayado que siembre llevaba consigo. Al ser anciano, le habían permitido cargar con él. Había evitado que se manifestase. Esa noche. ¿Acaso estaba demasiado tardía la noche? ¿Se manifestaría más adelante? ¿Tendría algún otro efecto, aunque el cambio no fuese completo?

Sin duda la irresponsabilidad e inconsciencia de la muchacha era el principal motivo, pero se sentía muy responsable por lo que pudiese ocurrir después.
No quería ver como una vida quedaba destrozada por una negligencia, por ser débil o demasiado viejo ya. Aunque la había ayudado, no se merecía algo así.

Suspiró, intentando acallar sus dudas y temores. La espera sería larga.

3 nov. 2014

La noche era fría, y en el castillo parecía todavía más oscura y solitaria. Aunque no la viese a cada momento, le gustaba encontrarse ese paso alegre por los pasillos. Atrayendo la atención de los siervos, interrumpiendo sus trabajos. Corriendo de los guaridas o escuchando a través de puertas. Sabía que era una ilusión el hecho de que parecía que todo el lugar la extrañaba, pero lo sentía.

Nunca habían tenido un conflicto así. Nunca habían salido palabras de su boca de tal gravedad. Se arrepentía con todas sus fuerzas, y no volverían a darse. Pero quería darle el tiempo suficiente para que su corazón se calmase también.

Lentamente, se retiró de la ventana para volver a sus quehaceres, a ocupar la mente hasta que ella regresase. Pero entonces escuchó un lejano y largo aullido, que congeló la sangre en sus venas. Solo un aullido, algo habitual en algunas noches. Pero un mal presentimiento llenó su corazón, provocando que saliese corriendo. Tomó su capa y rápidamente se hizo al bosque.
La guardia, sin que necesitase ser llamada, acudió con él, siguiendo sus pasos.

Ladridos y más aullidos. Casi creía escuchar el grito de su niña, que tanto disfrutaba de estar en el bosque. ¿Sería posible?
Su respiración quemaba como nunca. Sus músculos ardían, pero no podía pararse. No podía perderla, no podía perderla a ella también. No podían entenderlo. Pero no era posible. Su corazón no sobreviviría a esa pérdida.

Grita el nombre de su hija hasta casi quedarse sin voz. Pero en mitad de aquella espesura, parece que el eco viene de todas partes, imposible de localizar.
Los guardias le siguen, iluminando precavidamente armados e iluminando aquella oscuridad. Sin razón alguna, se hace el silencio en aquel lugar. No más ladridos, no más aullidos. Y siente sumergirse en las tinieblas. La esperanza de que ella esté viva es la única hebra que le une a la vida.

2 nov. 2014

Segunda oportunidad

Todo se ha ido fuera de control. La situación se nos escapa de las manos y estamos recibiendo las consecuencias de nuestros actos.
Casi creí odiar a mi padre, durante apenas un segundo. Pero me es imposible odiarle. Aunque estaba tan enfadada que dije cosas que no pensaba. Me rectifiqué, pero él no parecía predispuesto a perdonarme en ese momento.

Me dio puerta, y dolida, marché.

Pensaba volver al anochecer, cuando los ánimos se hubieran calmado y las cosas pudieran hablarse. O al menos, no gritarse.
Pero no pude hacerlo.

El licántropo empezó a perseguirme por la espesura del bosque. Nunca había sentido tanto miedo. Pensé que no volvería a ver a mis seres queridos, y eso era lo que más daño me hacía.
Sentí un agudo dolor en el hombro, un fuerte mordisco que traería consecuencias terribles en un futuro si ese ser no acababa conmigo en ese mismo instante.

De pronto... una luz.

La bestia huyó y pude ver a mi salvador. El Maestro de Raziel me estaba salvando la vida.
Lo siguiente que recuerdo es masticar belladona y tragarla.
Luego, la peor noche de toda mi existencia. Creí morir en determinados momentos por la toxina de esas hierbas que podrían evitar la maldición.
Pero sobreviví. Alguien quería que mi vida continuase.

No sería un monstruo. Seguiría siendo la misma de siempre y podría volver a casa.
Agradecer y aprovechar esta segunda oportunidad.