29 ago. 2013

Esta tierra parece cambiar a medida que camino por ella. Al perder a mi compañía en viajes habitual... todo se vuelve diferente. He marchado solo, y ahora me pierdo entre mis propios pensamientos a cada momento.
A veces escucho voces que me reclaman. Risas o la simple pregunta de si falta mucho para llegar a nuestro destino.

Supongo que son recuerdos que jamás me abandonarán, y que me torturarán sin descanso a medida que pase el tiempo. Me da miedo pensar que poco a poco se irán volviendo más reales, hasta que acabe viviendo en una ilusión mucho más atrayente que esta realidad.
¿Cómo hacer para abandonarme a ella?

¿Cómo puedo extrañarla tanto? Y ahora extraño también a mis hijos, a su hermano, a mi amigo. He sacrificado mi tiempo con ellos por encontrar a la mujer que me ha dado la vida.
Aquella mujer que me arrastró de esa vida que conocía, pero que me adentró en otra llena de sorpresas, amor, aventuras. Y a pesar de que no la supe hacer feliz...

La necesito a mi lado. No.
Necesito saber que está viva, necesito saber que ella puede vivir, donde sea. Siguiendo su propio camino, pero que sigue viviendo.
Tal vez necesite deshacerse de todos los lazos que la unían a mí. Después de la guerra... todo se preveía diferente. Mi destino, tal y como lo conocía, se veía incierto. Pero no de este modo.
Escribo casi ya sin sentido, no encuentro cordura en mis pensamientos. Pero en parte, me hace sentir mejor. Estas palabras arderán después en una hoguera, pero sirvieron a un propósito. Evitar que me sumergiera en un abismo de locura.

Primeros días en camino.

22 ago. 2013

Una oscuridad casi infinita. Ecos de pasos que resonaban por largo tiempo. Tan solo se escuchaban pausados pasos en esa tranquilidad. Estos pasos rompían con el habitual y único sonido de las gastadas y agrietadas páginas de un libro al ser pasadas de un lado a otro.

El ávido lector, que alimentaba su sed de conocimientos a la tenue luz de un candil, alzaba la cabeza. Y una sonrisa se enmarcó en su rostro.

- No te esperabamos por aquí... No en mucho tiempo... - susurra, desde aquella sonrisa lobuna.

El interpelado sonríe a su vez, pero agacha la cabeza, sin tener del todo claro qué contestar. Observa la fría sala, desprovista de todo salvo de sombras que parecían cobrar vida. Y de secretos aún por descubrir.

Tras aquella extraña bienvenida, el visitante comenzaba a pasear por la sala. A pesar de caminar a oscuras, sabía guiarse entre aquella zona. Como si fueran para pesados y numerosos tomos, grandes estanterías se alzaban hacia una altísima cúpula, y en ellas... pequeñas esferas.

Esas pequeñas esferas, contenidas en idénticos soportes de madera negra, emitían un leve resplandor. De diferente color, pero igualmente atenuado para todas. Parecían contener una pequeña niebla o bruma en su interior. Como si quisieran revelar su naturaleza, muy leves ecos de voces, sonidos de parajes... surgían de ellas.

- Sabes que no puedes tomar ninguno de ellos, ¿cierto? - pregunta el anfitrión, que había seguido los pasos del visitante ceremoniosa y silenciosamente.

- Solo me da curiosidad. Quería saber cómo sería si decidiese hacer lo mismo... - deja escapar de sus pensamientos. - Dicen que es liberador... Ella parece satisfecha después de todo, ¿no es así? - inquiere el anfitrión, con un leve rastro de humor en su voz.

 El interpelado no responde, solo se detiene. Suspira después de unos momentos. La amenaza velada que ella había dejado todavía le hacía sentir escalofríos. ¿Se atrevería a hacerlo de nuevo?

 Se da la vuelta y camina hacia aquel pilar de cristal, que contenía a aquel ser monstruosamente torturado durante tanto tiempo. Su mayor tortura era seguir viviendo, mientras era utilizado para propósitos que no eran nada conocidos por él. Sus ojos se abrieron, para contemplar aquellas criaturas que siempre acudían en busca de su poder. Pero que jamás lo dejarían escapar de su prisión que era la vida.

- Todavía no. - responde, finalmente, antes de marcharse por donde había venido. En realidad, huía de todas aquellas esferas de recuerdos que contemplaba. Lo habían aterrorizado hasta un punto que desconocía en él.

21 ago. 2013

Si desaparecieran...

Ahora que había encontrado un lugar en el cual mantenerme, había planeado negocios, maneras de conseguir un tratado de comercio, guardias para el pequeño pueblo que se mantiene debajo de mi inmenso castillo... parecía que empezaban a ocurrir problemas.
Una nueva emoción, un misterio que resolver.
Una extraña sombra que bordeaba la montaña de enfrente.

Acudí hacia allá, con Sol como compañero. No fue fácil, antes de poder averiguar nada un enorme oso nos atacó y debilitó nuestras fuerzas. Él casi no lo cuenta, pero por suerte regresamos a tiempo a mi castillo.
Estuve enferma, curándome de mis heridas. Entre tanto... Zekkyou vino a visitarme, aún afectado por las heridas de las lanzas. Pero el muy cabezota quería verme, e insistía en que hubiera algo más entre nosotros que simple amistad.
Parece no entender, parece no querer comprender que me he hecho tanto daño a mí misma y a mi alrededor que esa idea ha quedado descartada desde un principio.

Una vez recuperada, viendo que más personas se veían afectadas por esa extraña sustancia negra, lo que fuera... regresé a la montaña, en esa ocasión con Zekkyou, que ya se había recuperado por completo.

Viajamos durante casi un día entero, escalando a la cima de la montaña cuando pude ver que era ahí donde nacía ese misterio.
Seguimos hablando, tan insistente. Ya casi me quedaba sin argumentos, parecía que el más importante no era suficiente para él. Pero aún así, no he desistido.
Llegamos a la cima y vimos... un extraño altar con velas de fuego negro. ¿Invocaciones? No pude averiguar mucho más de él, pues dos enormes lobos comenzaron a atacarnos. Conseguimos vencerlos, pero yo ya no pude continuar...

Desperté, no sé cuánto tiempo después, en el Bosque Crepúsculo. Echaba mucho de menos ese lugar, y no quería marcharme de nuevo. Pero lo hice, cuando me encontré mejor.

Estúpida, cabezota, arrogante... ¿cuándo entenderás que en realidad no quieres separarte de su lado?

Pero él ya lo había decidido, entre los dos, cuando hablábamos sin llegar a una conclusión exacta. No volvería a verlo en largo tiempo.
No quería, pero en el fondo sabía que era lo mejor para él.
Y aquel beso de despedida... pensé que sería lo único que obtendría de él en mucho tiempo.

Y sin embargo, acaba de marcharse. Mientras preparaba a los muchachos del pueblo y seleccionaba a unos pocos para que me acompañaran a encontrar a la persona que invocaba en la montaña... él estaba a mi lado.
Dijo que no lo vería en mucho tiempo, y de pronto... lo veo de nuevo en mi castillo. Sol lo había solicitado, y yo de nuevo tenía que verlo.

Se pregunta por qué lo evité, probablemente le duela que lo hiciera. Pero... ¿qué si no? La noche anterior nos despedimos como si no nos fuésemos a ver en mucho tiempo, y a la mañana siguiente ahí estaba de nuevo... pero con el recuerdo de aquel beso que nos dimos.

Al menos... conseguí solucionar el problema. Entregué a mi Maestro a la mujer que se encargaba de crear la discordia, una bruja.
Y Zekkyou volvió a marcharse, sintiendo una emoción más fuerte antes de caer en el portal.

Ahora... me pregunto cuándo volveré a verlo. Y si seguiré viéndome capaz de continuar reprimiendo mis sentimientos. 

Preguntándome... qué ocurriría si desaparecieran para siempre.

[Diario IX]