24 abr. 2013

(I) Despierto en soledad

Intentaba volver a respirar, y aunque lo consiguiese, parecía que no llegaba el aire. Parecía como si hubiera arrebatado demasiadas vidas como para permanecer con la mía propia. Así pues, el Destino o los Dioses tenían preparado el modo de compensarme por lo que había hecho.
Ella no estaba.

La última vez que la vi... Dioses, es todo tan confuso en la batalla. Apenas puedo recordar los rostros con los que me crucé, lo que pude decir, a quién pude salvar y cómo... Pero creo recordar una espada que se caía sobre su cabeza. Me lancé para protegerla. No se había apenas dado cuenta de la muerte que se cernía sobre ella. Cuando acabé por fin con la amenaza, ya la había perdido de vista.

No me detuve ni aún cuando terminó la batalla. Tenía que encontrar su rastro. No podía desaparecer así, sin más. Su cuerpo, incosciente... muerto. No, aquello no. Ese vínculo todavía no estaba roto. Podía sentirlo en alguna parte.
Había visto como algunas de las criaturas de otros planos. Demonios y criaturas peores que estos. Algunos habían devorado almas y cadáveres a su paso, alimentados y enloquecidos por el caos y el odio que se había desatado en aquel lugar.
Eso era un fin definitivo. Pero no era el caso de Kyra. No podía serlo. Y rabiaba al ver un miedo cada vez más arraigado en la mirada de Iefel.

Él creía que podía haber pasado. No podía pasar. No podía entender. Y lo lamentaba por él. Mi esperanza era para él como un garfio al rojo vivo que mantenía abierta una herida. Una herida que llegaba hasta lo más profundo. Hobsyllwin ni siquiera se acercaba. No quería enfrentarse a esa ausencia.

La despedida fue larga. Tan larga como lo eran los silencios que habitaban entre nosotros cuando no había nada inmediato que hacer. Nuestra pequeña lloraba, desconsolada, hasta que alguien acudía a abrazarla. Parecía comprender, parecía asustada a romper ese silencio. Hasta que no podía soportarlo más.
Pasé con ellos el tiempo necesario para que se acostumbrasen al dolor. Si es que eso era posible. Y entonces tuve que marchar.

A encontrarla. Ellos estarían bien. Tenían que estarlo mientras yo estuviera fuera.
Pronto estaríamos todos juntos, de nuevo.

21 abr. 2013

Preparémonos

Han pasado un par de días.
He estado pensando mucho, reconociendo que decidí mal los últimos acontecimientos que sucedieron de forma tan prematura.
Y he decidido no forzar nada, dejarme llevar por mis pasos en un camino de varias direcciones. En ese camino surgirán diversas emociones, muchos sentimientos. Con quién sea, no me importa.
Aunque no me lo ponen fácil, si ambos son tan persistentes e insisten en no dejarme escapar. ¿De verdad vale la pena? Quizá eso era lo que me gustaba de ellos, pero ahora...

Ethan me ha explicado lo que era, su naturaleza oscura y temible. Justificándose explicando que no es malvado. Y es cierto, no parece ser así... pero de todas maneras, sigue asustándome. Sin embargo, ya no es un demonio, ha perdido todo ese poder y ha insinuado que es posible que eso lo haga “menos atractivo”. ¿Quiere decir que su poder era un pilar importante entre nosotros? No sé si sentirme insultada o no. Pero creo que no lo dijo con mala intención.
Ya ha comenzado a intentar enamorarme. Empezar de cero, dijo.

Fui también a hablar con Drek, pero ya habían levantado el campamento. Aún así dejó un mensaje a Nara, explicándole que me encontraría. Viaja hacia aquí, a Dalanvor. Espero poder entregarle mis cartas entonces y decirle lo mismo que le he dicho a Ethan.

A pesar de todo, después de tanto pensar, en lo único que quiero centrarme ahora es en la guerra que está por venir. Hemos ido a... la ciudad de los dragones, por llamarlo de alguna manera. He conocido a mucha gente agradable, y a un enano que me está ayudando con mi entrenamiento. La verdad es que he disfrutado ahí arriba, si ignoro el motivo de la reunión.
Hobsyllwin y yo, luchando juntos, contra otros jinetes y sus dragones que pueden provocar el caos en nuestro mundo. Muchas discusiones y debates de personas que no están seguras de si luchar o no.
Yo estoy dispuesta, tengo la esperanza de poder impedir que las personas inocentes de abajo mueran en vano.
Entrenar, luchar, vencer.

No os preocupéis por mí, esta vez... llevaré casco.
Mejor así, ¿no?

14 abr. 2013

De regreso

Creía que sentiría júbilo, nerviosismo, miedo, inseguridad. Pero lo que guardo en mi interior es un frío que no me permite albergar otros sentimientos. Y todavía no caigo en un pánico pues tengo ese miedo ante el frío. La total indiferencia causada por el fuego que quemaba.

Sus desaforados sentimientos hacia ellos, sean quienes sean, terminaron por minar mis esperanzas de recuperar lo que hubo. Tan solo quería encontrarla. Sabía que estaba viva, y tenía que saber si estaba bien. Quería ignorar si sus sentimientos se desbocaban por otra persona. Yo ya no existía en su corazón, ignoraba por qué. Pero seguí adelante.

Ahora está conmigo. Es como si fuera una desconocida, igual que ahora soy para ella. Todo se ha quedado detrás de un velo gris que lo vuelve distante y extraño

13 abr. 2013

Caigo a pedazos

Marchar incansablemente, acumulando victorias y sembrando el terror, así era como se presentaba una nueva vida. Nueva vida que ahora está rota por su presencia. El éxito, respeto y fama que había ganado se derrumba ante una mujer que se marcha buscando un sueño, despreciando la realidad.

A pesar de mis palabras, se ha marchado en su busca. Mientras me sumerjo de nuevo en la oscuridad que había conseguido dejar atrás desde que me embarqué en esta misión, en este proyecto. Me encontré con que me necesitaban por fin, para algo real. Y no ser solo la persona a la que acudir a escondidas, como algo prohibido.
Yo podía existir por fin para el mundo.
Y apareciendo ella, esta nueva realidad se cae pedazo a pedazo

Tres días

El tiempo ha pasado demasiado deprisa. Más bien... ha sido corto para los acontecimientos que me han sucedido en solo... ¿tres días?
En la ciudad en la cual he estado más tiempo habían llegado un ejército encabezado por un temido general acompañado por su... fiel mano derecha. Esa última persona resultó ser alguien que ya conocía. Un elfo oscuro llamado Drek. Lo más impactante fue que resultó ser mi amante.
Entonces me pregunté: ¿tenía un amante? ¿por qué, si amaba a mi marido?
No lo comprendí, tampoco he tenido tiempo para comprenderlo del todo.

Es un hombre persistente, y en cierta parte, tierno. Ojos rojos que reflejan la verdad de sus sentimientos, que me impiden dudar de sus palabras. Intenté hablar con él, explicarle lo que pensaba hacer... disfrutar de los momentos que surgieran hasta que apareciera Ethan. Entonces intentaría estar con él, pero Drek me ha dado toda la vuelta.
Decidí darle una oportunidad, no sé exactamente para qué, creo que no he hecho bien. Pero me sentía bien en sus brazos, intentando conocerle.
Hasta que finalmente se decidió que al día siguiente nos marcharíamos y conocería a toda mi familia.

Marché, dejándolo con una esperanza y el recuerdo de un beso que no llegamos a darnos. En solo cuestión de días no puedo estructurar mi vida por completo.

Llegamos al pueblo en Dalanvor, donde vive mi hermano mayor. Estaba tan nerviosa que no podía responder por mí misma. Nara se quedó en Kaine-Dwin, ahora que más la necesito. Pero tenía que enfrentarme a eso.
Conocí a mi hermano, a mi hija que es... como si fuera yo en pequeña y con la piel más clara. Y a mi hijo. Todos parecían tristes. Entiendo lo duro que tiene que ser que a alguien a quién quieres no le puedes dar el abrazo que tanto ansías. No podía... era demasiada presión para mí pequeño corazón.

Entonces alguien apareció por detrás. Ya había conocido a quienes debía conocer, solo faltaba él. Me giré lentamente mientras apenas podía centrarme en observar al hombre que se mantenía en pie tras de mí.
Un tiflin, apuesto, alto... me moría de vergüenza, y no sabía por qué. Bueno, en realidad sí. 
Apenas lo miré, estaba muy asustada. Era un hombre muy cansado, que aparentaba más años de los que debería tener. Y en un momento me fijé en sus ojos.

Increíble.
Una mirada roja, cargada de tristeza. Como la de Drek. Incluso parece que ambas reflejan un sentimiento parecido. Pero al mismo tiempo, diferente.
Me abrazó mientras reprimía a duras penas algunos sollozos.
Y yo me dejé abrazar. Y durante ese abrazo pensé tanto... que finalmente mi cabeza decidió olvidar durante ese momento.

Pensar que... si lo recordara sería aún más doloroso, me hace saber que hay cosas que es mejor dejar en el pasado.

11 abr. 2013

Lord Aethrody

Lord Aethrody. Señor de la guerra, el Terror, la Horda que arrasa y abrasa la tierra. Sus tropas, a caballo o a pie, marchan buscando un enemigo digno de ser batido, derrotando a los rivales de algún señor con las suficientes monedas como para buscar esa rápida solución.

Su figura es un enigma. Nadie ha visto su rostro. Posee una sombra que lo protege de todo mal, un encapuchado que muestra su mirada que brilla en rojo sangre antes de arrebatar la vida. Nadie conoce su nombre, su origen, su motivo para pertenecer a la Horda. Pero Lord Aethrody lo trata como a un hermano. Su ira solo se contiene cuando trata con él. Porque de él depende su vida.

No han sido pocos los intentos para arrebatarle la vida. Y se aprende a desconfiar de todos, y a confiar en aquella espada que te ha protegido. Porque no conoce la clemencia, solo la ambición. Sus tropas crecen en número y en fama, que se convierte en miedo que se propaga.

De nuevo, marchan.