30 dic. 2012

Nuevos compañeros

Los Cuervos vamos y venimos, de un extremo al otro del mundo. Cumpliendo con la llamada del deber... del sagrado deber de ver de las monedas repicando en nuestras bolsas. Puede que no seamos los más decentes, ni los más valientes, ni los más justos, pero sí honrados. Nadie podría jamás llamarnos ladrones... a no ser que se nos pague para ello.

Todos nos retiramos de este continente, este lugar que ha sido azotado por la guerra durante demasiado tiempo. Una tierra que está condenada, maldita dicen algunos. Los más superticiosos se alejan con gusto de aquí. Nos marchamos a buscar fortuna donde no haya tanta miseria. Tal vez fuera mejor para nosotros aprovecharnos de esta situación, pero no vemos por qué debieramos empeorar lo que ya está malogrado. El mundo nos recordará por nuestra tenacidad, por nuestro estado nómada, por nuestra lealtad hacia los que son abatidos por la crueldad de otros.
Los Cuervos de la Tempestad levantan de nuevo el vuelo

Oscuridad

Abrí los ojos hacia la total oscuridad. No me refiero a la noche, o al frío, ni siquiera al dolor que se apoderaba de todo mi cuerpo. No... hablo de una oscuridad total donde me he perdido completamente.
Desperté segura de saber quien soy, hasta que me detuve un segundo preguntándome simplemente cuál era mi nombre.

Viajo con Kyle y con Nara, dos hermanos a los que no sé si conocí antaño o realmente acaban de conocerme. Me rescataron, según ellos, de ser vendida como esclava a un hombre sin buenas intenciones.
Tengo miedo de mostrarme, incluso de conocer a alguien que me reconozca y reaccione de manera inesperada. ¿Y si he hecho algo malo? Por mis cicatrices... no parece que fuera mujer de bien.

Lo mejor será desaparecer cuanto antes de este lugar. Buscar los restos de un pasado roto. Dejando atrás una guerra que aún no termino de comprender. Y quizá... hallar en Kaine-Dwin una nueva vida, de la cual puedo crear nuevos recuerdos.

Aún pienso que no soy yo quién se ha olvidado del mundo. Sino que... el mundo, se ha olvidado completamente de mí.

“Lilith”

26 dic. 2012

Mortalidad I: Álbum de fotos

Miraba fotos, recordando un pasado cercano repleto de viajes, domingos en el parque de atracciones acompañados del restaurante al que siempre solíamos ir e incluso, simplemente, un abrazo.
Mi hermano solo tenía diecisiete años, y yo acababa de cumplir los doce.

Estábamos en el salón, él estudiando. Hace poco entró en periodismo, y realmente le entusiasmaba. Yo aún no había terminado el colegio, el año que viene entraría en el instituto y me separaría de mis pocos amigos. Aunque en realidad eso no me preocupaba en absoluto.
Contemplaba con añoranza el álbum de fotos, hojeándolo una y otra vez. Estaba en orden desde antes de mi nacimiento, con ilustraciones de mis padres con mi hermano, en su primer cumpleaños, el parque, sus disfraces... ellos se ven con un aspecto ochentero, propio de la época, y eso me hacía gracia.
Luego las fotos donde aparecía mi madre embarazada de mí, y mi hermano cerca, siempre, acariciando su vientre.
Mis fotos de bebé, mi primer diente, mis primeros pasos, la tarta de chocolate de mi primer cumpleaños seguida de la siguiente foto, donde aparezco con las manos sobre el pastel y toda mi familia llena de chocolate, pero siempre sonriente.

Fue una infancia memorable, llena del amor que todo niño necesita.
Hasta que mis padres aceptaron el trabajo, fuera de Moscú.

En esa ocasión yo tenía solo nueve y mi hermano catorce. Apenas pasaban por casa, y mi hermano se enfadaba porque no sabía muy bien como llevar adelante la situación. Pensaba que era culpa mía, porque no sabía valerme por mí misma, así que aprendí a hacer cosas para ayudarle en casa.
Al menos, las pocas veces que veíamos a nuestros padres, eran agradables. Pero ellos eran diferentes, no parecían felices y evitaban hablar del trabajo y de ellos mismos. Más bien, apenas hablábamos, solo sonreíamos con tristeza de vez en cuando. Parecía como... si estuvieran guardando un secreto que les consumiera las ganas de vivir.

El día que se fueron para siempre estábamos en esa posición, mi hermano estudiando y yo contemplando el álbum de fotos, con el corazón encogido porque el día anterior, mis padres deberían haber venido a vernos, como cada fin de semana.

Alguien llamó a la puerta y, como de costumbre, fue mi hermano a ver quién era, porque nunca se fiaba de quién podría llamar.
Escuché varias palabras sueltas pero que marcaron un antes y un después en mi vida. “Servicios sociales”, “accidente”, “fallecidos”, “menores”, “orfanato”.

Fue la primera vez que vi a mi hermano reaccionar de forma violenta. Él gritaba hacia esas personas que estaban en la puerta y a las que no había dejado pasar, yo asimilaba poco a poco las palabras de estas y empezaba a sollozar cada vez con más fuerza.
Gritaba frases cortas: “Es mi hermana”, “no la separaréis de mí”, “solo me queda una semana”, “por favor”, “tiempo”, “es mi hermana”, “por favor”.

Se refería a que en una semana cumpliría años. Entonces él podría obtener mi tutela y podríamos vivir juntos como hasta ahora.
No parecieron escuchar, un hombre agarró a mi hermano porque este comenzó a sacudir los brazos con violencia, y una mujer vino hacia mí con tranquilidad y me dijo que tenía que ir con ellos, pero que posiblemente en poco tiempo volvería a casa, y que no tuviera miedo.

Aunque en eso último no le hice caso, agarré su mano y nos dirigimos hacia el exterior de la casa. Mi hermano me miraba, herido, con el rostro descompuesto por las lágrimas y el dolor. Y yo... me dejé llevar a sabiendas de que, pronto, él vendría a por mí.

Esa fue la primera vez que fallé a mi hermano.
Cuando regresamos a casa juntos, me hizo prometer que jamás lo abandonaría.
Y por eso... por la promesa rota, sé que nuevamente le he fallado, y al igual que pudimos recuperarnos de la primera vez que ocurrió, ahora podemos hacerlo de nuevo.

Intentaré ayudarle, evitando para empezar que lo encierren en un lugar donde no pueda ver la luz hasta que crean que ya lo han atiborrado lo suficientemente de calmantes.
Estoy segura de que... con un poco de paciencia y ayuda psicológica, pronto volverá a ser de nuevo el que era antes, el mismo Kai que sonreía con inocencia en nuestro álbum de fotos.

19 dic. 2012

Esperanza

Todo se ha deshecho en solo unas horas.
No puedo evitar pensar que... al fin y al cabo, es culpa mía. Yo he iniciado toda la discusión, yo he sido más que nadie y he decidido por mi cuenta algo que debería haber pensado más concienzudamente.
Creí que Kai entraría en razón, por una vez. Siempre tan protector, tan irascible, con tanta atención sobre mí. Pensé que era lo normal entre hermanos. Lo es, solo que... su preocupación es demasiado inmensa como para que su cabeza piense con claridad.

¿Realmente me hubiera ido de casa? Mi hogar, donde tantas cosas he vivido, con mi hermano. Quien me agobiaba, estableciendo límites normales y otros muchos demasiado excesivos.

Ahora que he escapado, porque no tenía otro remedio, me pregunto si él me perdonará. Pero no tenía otra opción. Era eso o dejar el tiempo correr encerrada en mi dormitorio, sin ningún contacto con el exterior.
Apenas pude escuchar los gritos que soltaba detrás de la puerta, mientras bajaba por las escaleras de incendios. Y la voz de Elijah, continuado por un golpe seco.
Entonces lo supe...  mi hermano necesita ayuda.

Aquí estoy ahora, en la casa de Martin, tras haber declarado lo sucedido a la policía y negado establecer una denuncia. Y más aún la protección en un centro de mujeres maltratadas o el establecimiento de una ley de alejamiento. ¡Demonios, no estoy siendo maltratada!

Es solo que... su amor es tan grande que no es capaz de medir hasta donde puede llegar.
Solo espero recuperar algún día nuestras vidas, y poder regresar a casa para ser nuevamente una familia.
Mi pequeña familia.

8 dic. 2012

Diferentes

Aquí estoy, nuevamente en Moscú.
Las cosas han cambiado mucho en los últimos días, y la verdad no sé si ha sido la decisión adecuada.
He vivido nuevas experiencias que han concluido con el mismo final que aquella vez en la moto, con Andrea y sus colmillos afilados. Y eso sí lo tengo claro, me ha encantado.
Ella y yo hemos compartido algo, y ahora he encontrado la diferencia entre placer y amor. Pensaba que estaban unidos por el mismo gancho, pero se ha abierto en dos y me ha demostrado que una cosa puede ocurrir sin la otra.

Ahora... de alguna manera lo hemos entrelazado. Lo hemos dejado en una relación abierta, pero... ¿ella realmente desea eso?
Yo no quiero compromisos de ningún tipo, al menos no todavía. Aún no conozco la sensación de estar enamorada, y me pregunto si con ella la encontraré. Y si no lo hago, puede que todo se deshaga, aunque ella me haya prometido que nada cambiará.
Lo único más cercano al amor ha sido fascinación, y no ha sido por Andrea, ni tampoco perdura hoy en día después de tanto tiempo alejado.

Entonces... ¿realmente ha sido una buena decisión?
¿O... placer y amor irán siempre separados en mi camino?