30 ene. 2012

Comienzos XIII

El camino hacia casa se me hizo largo y al mismo tiempo corto. Largo, pues deseaba volver a ver a mi familia y me impacientaba. Me preguntaba si realmente me perdonarían por lo que había hecho, o si me aceptarían después de todo. Pero el miedo era mucho menor que el hecho de volver a verlos. Corto, pues mi viaje con Norman no duró poco más de una semana, y esa semana fue la mejor de toda mi aventura.
Me sentía como si hubiera encontrado a un amigo de toda la vida. Alguien de confianza. Aunque me mostraba reacia a la hora de hablar con él, dentro de mí agradecía cualquiera de sus palabras. Curó mis heridas antes de continuar el viaje, con delicadeza y cuidado. Le pedí que si al llegar aún no habían sanado me diera un poco de tiempo, pues no quería que mi familia viera todas esas heridas. Claro que... después quedaron las cicatrices.
Norman era un hombre muy educado, y tenía siempre algún tema de conversación. Siempre me miraba a los ojos cuando hablaba; así descubrí un día el color miel de sus ojos. Nunca antes me había fijado.
Solía hacerme reír, y eso que en esa época era difícil. No eran carcajadas, pero me salían ahogadas por mi propia mano. No quería mostrar que en realidad me hacía mucha gracia alguna cosa.
Pero a él parecía bastarle con eso.
Él sí que sonreía de forma abierta o soltaba carcajadas cuando yo misma decía algo ingenioso o divertido. Pero no ese tipo de carcajadas que retumban, sino como si formara una melodía limpia que contagiaba a cualquiera. Claro que, siempre de manera discreta y sin perder las formas.

Sin embargo... no podía dejar de pensar en otra cosa. Aún estando con él y pensando en mi familia, no veía el momento de volver a ver a Drek. Sí, realmente lo echaba tanto de menos...
Seguro que iba a decir aquello de "te lo advertí", pero no me importaba. Yo le reprocharía que no viniera conmigo, y después si lo conseguía, le declararía mis sentimientos. Quizá entonces comprendiera mejor mi escapada. Pero el rechazo era seguro, y en parte no estaba preparada para ello.

Fue un viaje corto, como he mencionado. Finalmente llegamos de nuevo a mi ciudad. Mis heridas estaban ya sanadas, gracias a Norman. Estaba realmente nerviosa, impaciente y asustada. Mi castillo no estaba muy lejos ya.
Norman me cubrió con una de sus capas, muy calentita. El primer día, por suerte, me proporcionó de nuevo ropa decente y me deshice de ese pútrido camisón.
Nadie parecía reconocerme, y no me extrañaba. Había cambiado un poco, y bueno sí, estaba cubierta. Pero no totalmente.

Incluso cuando entré en el castillo nadie me reconoció. Salvo cuando mi padre me encontró, al ir a dar la bienvenida a Norman.
Estaba visiblemente cansado, quizá hasta más mayor... antes de saludar a Norman se detuvo ante mí, con una mirada ensoñadora. Como si hubiera soñado varias veces con ese momento. Tan triste... que heló mi propio corazón.

-Padre...yo...-Comencé algo parecido a una disculpa y a un "estoy en casa".

Pero él se agachó y me abrazó. No sé si creía que me iría de nuevo y que con ese abrazo me retendría. Pero no pensaba irme. Como respuesta, me desmoroné en su regazo agradeciendo su gesto y sobre todo, que no me rechazara después de todo.

Después se separó, se tragó las lágrimas y... me dio la colleja de mi vida. Supongo que en ella había cargado más su miedo que su ira.
Y luego, tan solo añadió:

-Estás castigada de por vida.-"Tampoco querría irme de nuevo", pensé.

-De acuerdo, padre.

Él me sonrió y acarició mi mejilla. Luego sentí algo que me golpeó en la espalda. Al darme la vuelta pude ver la causa de ese pequeño empujón.
Dorek estaba algo más mayor, pero seguía siendo aquel niño que reía y jugaba. No me dijo nada, solo me abrazó con otra de sus sonrisas adorables.

-Hola enano, ¿me has echado de menos?- Pregunté mientras le abrazaba y sonreía. Me encantó oler de nuevo el pelo de aquel pequeño diablillo.
Asintió y continuo abrazándome.

- Tu... tienes que descansar.-Dijo mi padre, el cual parecía contener las ganas de abrazarnos.- Tu aposento sigue siendo el mismo.

-Luego iré...- Añadí mientras lo acercaba para que nos diera el abrazo.

Mientras duraba el abrazo, sentí de nuevo el cansancio. Esa vez fue diferente. Más que simple sueño, me sentí de nuevo acogida. O protegida, más bien. Como cuando de nuevo sintiera que estaba en mi lugar, y quería relajarme por completo.

-Creo que iré a dormir... ¿dónde está Iefel?

-Está perdido en la biblioteca, como siempre.-Respondió Dorek.-Le diré que estás aquí.
Y tras ello, salió corriendo.

-No, espera, no le moles... da igual.- Miré a mi padre, pidiendo permiso con la mirada. Ansiaba ver a Iefel.

-Corre.

Y así hice. Al ir, escuché a mi padre dar órdenes para la preparación de una fiesta. Aunque ese pequeño detalle era lo de menos. Llegué a la biblioteca, que estaba más oscura de lo normal y además había demasiado silencio.

-¿Hola?-Susurré. La respuesta fue el silencio.

Dorek temblaba un poco, y sostenía su espada de madera. Avancé hacia el fondo, ya por saber si algún monstruo horrible se estaba comiendo a Iefel. No era plan...
Percibí una luz de vela.

-¿Iefel?-Pregunté, aún en susurro.

-¿Uhm?-Escuché una leve respuesta casi ausente.

-¿No vas a saludar a tu hermana?

Pude ver bajo la pobre luz de las velas a mi hermano, hecho un ovillo con capas de ropa. Levantó la cabeza al oírme y abrió los ojos de puro asombro.

-¿Ya pensabas que te habías librado de mí?- Dije sonriendo.

Pero no dije nada. Solo se levantó lentamente y suspiró. "¿Y si él no quería volver a verme?" Pensé. Lo miré un poco asustada, con miedo a su rechazo. Pero más que rechazo hubo una leve agresión. Cogió un libro y me lo lanzó.

- ¿¡¿Donde has estado?!?

-¡Auch! Pues, ¡de viaje!

-¿Así, sin más?- Estaba hecho una furia.-¡Con una nota que no decia nada!

-¿Qué no decía nada?-Pregunté arqueando una ceja.- ¿Se borró?

-¡Nada de interes!

-Dije que me iba, ¿qué iba a decir?

-¡Pues que nos querías y que no te ibas!- Añadió antes de abrazarme.

-Pues como os quiero he vuelto...-Aunque sabía que de ser así, habría vuelto antes. Debí decir: "pues como os quiero, no he vuelto porque soy una orgullosa arrogante".

-Has tardado mucho...

-Me perdí.-Mentí.-Lo siento mucho.

-Shh.

Me calló, rotundo y conciso. Y me abrazó aún más fuerte. Cuando pensaba en todo lo que había hecho, pensé en que aún debía muchas disculpas. Primero a mi padre, aún no le había pedido perdón. Y después de a mi familia... a Drek.
En cuanto me separara de Iefel, antes de ir a dormir iría a ver de nuevo a Drek. El corazón me latía frenéticamente al pensar en ello.
Pero antes de poder ir, el sueño me venció, y caí rendida en los brazos de Iefel. No sé que cara puso al ver que me quedaba dormida sobre él, espero que no se asustara.
No pude satisfacer mi deseo de ver a Drek.

"Mañana..." Deseé.

29 ene. 2012

Recuerdos olvidados

Desearía no haberme preguntado por ese momento. Siempre me ha dado curiosidad saber que pasó aquel mes, del cual no recordaba nada. Pero claro, ahora estoy casada con un demonio que es capaz de encontrar hasta lo inimaginable. Como hizo con Iefel. Como ha hecho conmigo.
Encontró el maldito orbe que contenía ese tramo olvidado. Al principio me informó de que no lo había encontrado. Pero estaba muy serio. Y confesó haberlo hallado. No entendí aquella reacción, pero si que comprendí que pasó algo malo, algo que Ethan ya sabía y que desde luego le provocaba esa reacción extraña.
Entonces me explicó, antes de cederme el orbe, pues quizá después de la explicación no querría verlo.

No se conformaron con torturarme, sino que además iban en busca de algo más. Un juguete. Como Ethan dijo, un juguete sexual. Y lo encontraron.
Comprendí que todo cuando había creído acerca de eso no era más que una mentira. No pude reaccionar de otra forma, algo en mi se había roto para formar amargas lágrimas. Y no creo que pueda reconstruirse ni saciarse jamás.

Tenía dos opciones: verlo, o destruirlo. Estuve dándole vueltas toda la noche. Pero... ¿iba a cambiar algo si no lo veía? Quizá me dolería demasiado ver aquel acto.

Cuando empecé a ver un recuerdo ajeno a mí, pero totalmente ligado, no pude moverme. Y sin saber por qué, sentí un miedo irracional al ver a ese hombre. Adam.
Como si una parte de mi alma aún recordara aquel nombre, aquella cara y su nauseabundo aspecto. Me quedé sin aliento, nunca había tenido tanto miedo. Y creo que jamás olvidaré su rostro, a pesar de no recordarlo completo.

No quiero verlo jamás. Incluso mientras veía esa parte de mi pasado quería borrar para dejar de ver. Pero no podía. "¡Que alguien lo pare!" Gritaba en mi interior. Y tuve que presenciarlo todo. Y solo fue verlo, si lo recordara perdería el juicio.

Ahora solo quiero... olvidar lo olvidado.

[Nuevo diario VI]

26 ene. 2012

Comienzos XII

Desperté con frió en un carro que estaba en marcha. ¿Cómo había llegado hasta ahí? Supuse que me había dormido cuando Bran me vendió y que aún iba de camino hacia a algún lugar que no conocía.
Sin embargo... tenía frío, ¿por qué?
Descubrí que alguien había sustituido mis vestimentas por un camisón sucio y roto, que dejaba pasar el frío por todo mi cuerpo.
Me sentó dolorida, hambrienta y con mucho sueño. Que extraño... si me acababa de despertar, ¿por qué estaba tan cansada? ¿tanto tiempo hacía que no comía que me rugía el estómago hasta el punto de hacerme daño?

¿Y todas estas heridas? Me pregunté al ver mi cuerpo magullado. Sentí mi rostro hinchado por algunos lados, como el labio inferior y el pómulo derecho. La espalda me ardía, y pude ver horrorizada algunas marchas casi frescas de algo parecido a... ¿latigazos? Me acordaría si me hubieran dado latigazos y una brutal paliza, ¿no? Pero no me acordaba, y eso era lo más inquietante.
Sentía dolor en el vientre, tenía moratones en las piernas de un color amarillento que me asustaba.
Y sentía un gran dolor punzante en...

Llegué a una conclusión lógica. Me habían dado una paliza, patadas, puñetazos... tan brutal que en algún momento de ella quizá me golpeé en la cabeza, y por eso no recordaba nada.
Tenía y sigue teniendo sentido, me desmayé y no me he despertado en días, por eso estoy tan hambrienta...

Pero entonces... ¿por qué mi cuerpo temblaba de puro pánico? No sabía por qué, pero tenía tanto miedo que mi reacción fue encogerme sobre mí misma. Tenía miedo de algo, algo que en ese momento no recordaba y que creo que nunca recordaré.

¿A dónde me dirigía?
Aquellos que escoltaban mi carro no estaban mucho mejor que yo, salvo dos hombres que parecían ser los líderes de todos.
Escuché algunas conversaciones a medias, pero no me enteré demasiado de lo que hablaban. Tampoco es que me interesara.


Pasaron las horas, y me seguía muriendo de frío. Cuando me vieron despierta los hombres sonrieron y jugaron conmigo, burlándose de mí o metiendo las manos en mi pequeña prisión. Pero estaba tan dolorida, cansada y hambrienta que no pude defenderme.


Al llegar la noche montaron el campamento. A mí me dejaron fuera, expuesta al frío. No parecían tener mucho interés en vigilar mis movimientos. Sabían que sería incapaz de escapar, y tampoco iba a pasar nadie por el bosque en mitad de la noche. Y mucho menos iba a molestarse en ayudar a una elfa escapar cuando cabía la posibilidad de que muriera a manos de mis cinco acompañantes.


Afortunadamente, al confiarse provocaron los acontecimientos siguientes.
Se fueron a dormir, y aunque había un esclavo vigilando por si acaso, también se quedó dormido.
Intenté quedarme dormida yo también, hasta que escuché un ruido leve provenir del bosque.
Sentí miedo pues... ¿y si era una bestia? Al menos estaba dentro de la jaula y no podría hacerme daño. Quizá incluso matara a los hombres y si, en un amago de fuerzas consiguiera salir, podría salvarme de mi Destino.

Mi imaginación abarcó infinitas posibilidades, excepto la que resultó ser la correcta.
En medio de la noche, vi a un hombre acercarse a mí.
Tenía mejores vestimentas que aquellos que me acompañaban. Oh, cuando lo vi mejor me di cuenta de que tenía orejas puntiagudas. Hacía tiempo que no veía un elfo. Su cabello era castaño, un poco más claro que el mío, y caía sobre sus hombros en una pequeña melena cuidada.

Se acercó a mí y abrió la cerradura de la jaula sin hacer el menor ruido. Mi cara mostraba asombro y miedo.
Me recogió con tanta delicadeza que me hizo olvidar el dolor físico, nos alejamos del campamento unos metros y se paró para apartarme el pelo de la cara y susurrarme:

-Ya ha pasado todo, tranquila.-Su voz me tranquilizó, era suave y armónica y no sentí ningún ápice de maldad en ella. Sin embargo, no pude evitar mirarle con más miedo que agradecimiento.

Me sentó y, como si adivinara mis pensamientos, me cubrió con su capa. No era mucho, pero un calor agradable me reconfortó.

-¿Quién eres?-Conseguí preguntar, con voz ronca, pues hacía mucho que no hablaba con nadie.

-Un amigo, no tienes por qué temerme.-Claro que... me habían traicionado, y no pensaba confiarme tan a la ligera.

-Nunca te fies de nadie.- Añadí más bien como un consejo que como indicando que no iba a confiar en él.

Pero me apretó contra sí como comprendiendo lo que pretendía decir, y continuamos alejándonos de aquel lugar.


Desperté en un campamento. Al principio pensé que todo había sido un sueño, pero luego me fijé en que era mucho más agradable y acogedor, y además era libre y vi al elfo sentado frente al fuego, limpiando su espada.
¿La habría usado mientras yo dormía?
Me acerqué a él, en silencio.
Tan solo me miró y me sonrió con algo de tristeza, sin dejar de limpiar su arma. Eso me hizo pensar que no quería que nadie se compadeciera de mí, así que casi con desprecio le pregunté:


-¿Qué quieres de mí?

-Llevarte a casa, con tu familia. Creo que es lo mejor ahora.-Aquellas palabras me dejaron desarmada. ¿Con mi familia? Eso era lo que más deseaba en ese momento.

-A...casa... ¿Y cómo sabes quién es mi familia o quién soy yo?
 
-Te pareces a tus hermanos, y tu padre me pidio que te buscara. Ambos partimos en tu busca, pero yo he sido el afortunado, quizas un poco tarde.

-Oh... yo... no quería que...-Empecé justificándome y disculpándome por haber provocado tantos problemas con mi escapada, pero me di cuenta de lo segundo que mencionó.-¿Tarde?
      
-Lo ultimo que queria era encontrarte en una carreta de esclavistas.-Sí, tenía sentido. Aunque me alegró que fuera él quien me encontrara, y no mi padre. Agaché la mirada, avergonzada. Me habían derrotado, no podía sobrevivir sola, lejos de casa.

-No recuerdo como he acabado ahí.-Dije sin más.
      
-Esta bien, no te preocupes. Entonces...¿quieres que te lleve a casa?

-Sí, pero...no quiero que sepan nada de esto.

Arqueó una ceja en gesto de duda, pero no tardó en comprender y asintió.
 
-No es ninguna deshonra, si es lo que piensas, pero de acuerdo.-Bueno, para mí si que lo era, pero no me parecía el mayor problema.

-No quiero que se preocupen demasiado.
     
-No hace falta que se lo cuente para que lo estén.- Aquello me hizo entender lo egoísta que había sido.

-Lo lamento...-Musité.

Pero no me contestó. En lugar de eso me sirvió en un cuenco de madera una suculenta comida que tenía un aspecto exquisito.

-Toma esto, creo que te va a gustar.

No respondí. Tenía tanta hambre que realmente no saboreé la comida. Mi estómago parecía agradecer que de nuevo le diera algo para alimentarme. Luego, cuando estaba algo más saciada, continué más despacio y saboreé mejor el plato. Estaba delicioso.
Al terminar, me di cuenta de que no había mencionado palabra. Y recordé lo que me dijo antes de empezar a comer.

-Desde luego.- Conseguí que mi rostro expresara media sonrisa.

-Y ahora, deberias seguir durmiendo.-Añadió mientras me sonreía, esta vez, contento.

-Sí... pero, ¿cuál es tu nombre?-Hasta ahora nunca había sido yo quien preguntaba los nombres, pero en esa ocasión quise saberlo.
    
-Norman, ¿y el tuyo?
  
-Kyra...creí que ya lo sabrías.- Añadí con algo de picardía.

-Ahora sé como te gusta que te llamen.-Sonreí.

-Buenas noches.-Concluí mientras me levantaba.
      
-Descansa, Kyra.
        
-Y... gracias, Norman.-No solía dar las gracias a todo el mundo, pero me sentía realmente agradecida con él.
  
-Créeme, ha sido todo un placer conocerte.
        
-Lo mismo digo...
    
Fui a dormir, y bajo el son de una canción que Norman tarareaba para sí mismo o... quería pensar que para mí, caí rendida, con la esperanza de volver de nuevo a casa.

Intriga

Es interesante observar como cambian las cosas con el tiempo. Aquella mujer, hermosa y ambiciosa, sedienta de poder y realmente peligrosa. Habia recibido un pequeño trono que fingia no merecer, pero en cuanto lo tomo, muchos temblaros, dudosos de hasta donde era capaz de llegar.

Quien sea inteligente se mantendra un escalon por debajo de su trono, pero tambien lo suficientemente lejos como para escapar de su ira. Sus extravagancias han llamado la atencion en la corte del rey, quien tuvo a bien saciar su curiosidad invitandola a su mesa. Eso no hizo mas que aumentar su soberbia, su sensacion de poder. Casi ha abandonado el castillo que poseia, dejandolo al cargo de un patan que supo escalar posiciones en el momento adecuado. El podra organizar el caos que nuestra señora dejo alli.

Pudiendo mostrar todos sus encantos ante un rey aburrido y ahora asombrado por su nuevo "juguete", creeria que no podia faltarle de nada. Pero pronto saltaron los recelos. Tenia una historia increible a sus espaldas, y los que pululan en este mundo de pompa y lujo no pueden dejarlo pasar.

Sera interesante cuanto tardan en devorarla los cuervos que guardamos en nuestro ser. Esperando a un momento oportuno, un destello que se pugna por ocultar. Nadie vacilaria en despojarnos a todos de lo que poseemos

Volar



Es... como decirlo. Ni siquiera todas las páginas de este diario conseguirían plasmar la sensación de ese momento.
Volar.
Si tuviera alas mis pies jamás tocarían el suelo. Entiendo a Hobsyllwin cuando me pide permiso para volar. Aunque demasiado bajo es peligroso.
Pero ¿por qué quedarnos abajo? ¡Volemos juntos hacia el cielo! ¡Que la tierra se pierda del campo de visión!
¿No es maravilloso? Sentir el aire desbaratar la melena hasta convertirla en una maraña... ¡pero no importa! El viento golpea cada punto de mi piel, hasta hacerme sentir un escalofrío, que transcurre en toda mi espina dorsal.

Sensación de... peligro. Pero sabiendo que existe la seguridad. Olvidar el significado de caer, de caminar. Tan solo volar. Sí, volar. Como los pájaros hacen, como los insectos mudos. Como los dragones.

Aunque el eco de su voz, madura, retumbaba mi cabeza, casi no podía escuchar el timbre de ella. Palabras básicas, casi impuestas para impedir la caída cuando mi dragón dio volteretas en el aire.

Y luchar sobre él. Siempre que no sea un gran riesgo, ¿no es épico ver a la elfa combatir a lomos de su gran dragón plateado? Mi niño, al fin y al cabo.
Oh sí, desde luego que me emociono e imagino batallas épicas, pero... ¿es malo soñar despierta mientras vives un autentico sueño?

Quien tuviera alas...

[Nuevo diario V]

25 ene. 2012

Comienzos XI: En blanco

El carro llegó más pronto de lo habitual. Muchas personas salieron de él, personas de todas las edades y razas, todos... excepto una mujer que yacía inconsciente. Alguien la cogió casi con brutalidad y la llevó, al igual que los demás, a una celda en el subterráneo de aquel lugar. Era el lugar a donde iban a parar los esclavos antes de ser trasladados con sus nuevos amos.
Se podría decir que era una máquina de tortura en su totalidad. Pero... ¿para qué querían torturarlos? Es simple. No eran más que simples esclavos, juguetes a los que manejar con desánimo, pero con brutalidad.
Casi probando su capacidad de resistencia. Muchos morían sin conocer a su amo. Pero no importaba, eso significaba que aquel individuo, despojo, no era efectivo para trabajar para alguien. Aunque puede que la muerte sea el mejor remedio.

Algunos salían a conocer su futuro oscuro, quizá para servir a un solo señor, o para trabajar en cosas que nadie haría. O tal vez para diversión de un rato. Las mujeres solían someterse a la prostitución, y no veían ni una sola moneda por ello.

Kyra despertó en su celda. Estaba encadenada y aturdida por lo sucedido. Al ver su situación comenzó a tirar de las cadenas, intentando librarse de ellas. Claro que, nunca lo conseguiría.

-¡Soltadme!

Gritaba una y otra vez, pero tan solo recibió como respuesta el lamento de otros esclavos y el silencio.
Un hombre se acercó a su celda. En el rostro de ella tan solo se pudo dibujar la pura repugnancia. Pero ¿qué si no?
Ese hombre era asqueroso. Sucio, demasiado grande. Sus brazos eran casi tan gordos como la cabeza de la misma Kyra. No llevaba camisa, tan solo unos pantalones casi rotos, remangados.

Pero lo que a Kyra le asqueó no fue eso. Sus manos estaban cubiertas de sangre, su pecho igual. Lanzaba a la elfa una mirada que ella no pudo soportar. Simplemente calló, asustada e indefensa. Como nunca hubieran imaginado a Kyra.
Parecía más pequeña de lo habitual, y más aún cuando comenzó a sollozar y a encogerse sobre sí misma.

Seguro que el recuerdo de su hogar era lo que más dolor le provocaba.

La muchacha aún no se había percatado de que sus ropajes no eran los mismos. Habían sustituido su habitual vestimenta, de pantalones y chaleco por... un camisón sucio y con roturas. Casi podía sentirse desnuda.

Pasaron los días, y sobrevivió a base de algún que otro pedazo de pan y agua que le proporcionaba el hombre de siempre. Ojalá hubiera sido tan solo estar medio muerta de hambre, ¿verdad?
Sin embargo Kyra era sacada de su celda cada día, ya sea para trabajos forzados, para ser expuesta como un animal ante cualquier persona que se interesara por ella. Pero la veían demasiado débil como para aceptarla.

Decidieron "fortalecerla" para que en un futuro pagasen por ella. La sometieron a diversas torturas, cada vez más dolorosas donde tan solo podía gritar de dolor y llorar. Si quería escapar, ya no tenía fuerzas para ello.
El primer día tan solo fueron diez latigazos. Los demás fueron peores. La apalearon hasta la inconsciencia y más allá.

Pero ella hubiera deseado que después de toda esa tortura y el tormento de pasar hambre y sueño hubiera sido lo único.

Un día, después de quince días sin ver la luz del Sol y prácticamente ausente de todos cuanto la rodeaba, volvieron a sacarla para exponerla. Ella odiaba eso. La solían tocar demasiado cuando investigaban si era buena esclava o no.
Pero ese día la cosa fue a más.
El hombre que inspeccionaba las celdas, Adam, pareció coger favoritismo a Kyra, y decidió probar suerte con los amos que buscaban mujeres de compañía.
De nuevo fue mostrada, esta vez, desnuda. Ella hizo todo cuanto pudo para cubrirse, sin éxito, pues la golpeaban para que se mantuviera quieta.

El interesado mostró un gesto de aprobación, y susurró algo al guarda, el cual sonrió satisfecho y recibió el pago por la esclava.

-Llevadla, pues, a la dirección indicada dentro de cinco días.-Dijo el nuevo amo y señor de Kyra.

-Mi compañero se encargará.-Añadió Adam.

Después tiró de la elfa. Pero no la llevó a su celda esa vez. La llevó a una de las habitaciones donde la golpearon alguna vez. Como siempre, al entrar cerró la puerta con llave, y liberó de las cadenas a Kyra.
Ella lo miró sorprendida y asustada.

-Esta es la parte que más me gusta de mi trabajo.-Comenzó Adam. Aún imponía a Kyra con su gran tamaño, y la repugnaba con su hedor. Sobre todo, le temía por todas las torturas a las que la había sometido.

-¿Qué...?-Comenzó con voz ronca. Pero calló al instante tras una bofetada.

-¡No hables!-Gritó Adam.- Has conseguido un nuevo amo, espero que no me eches de menos...-Kyra se estremeció.- Te necesitaran para satisfacer a los hombres, pero antes se me ha encomendado la tarea de saber si serás buena en ello.

Kyra no comprendió. El hombre se abalanzó hacia ella. Intentó escapar, pero a Adam parecía divertirle más así. Finalmente se cansó de seguirla y la tiró al suelo, mientras le arrancaba de nuevo la poca ropa que llevaba.
Ella intentó zafarse, pero era inútil.
El hombre también se deshizo de aquellos pantalones pútridos. Kyra sentía su hedor más cerca, sobre ella, y sus gritos eran ahogados por una enorme mano.

El dolor recorrió cada fibra de su cuerpo. Era una punzada diferente a las demás. Algo que ya nunca podría recuperar. Lloraba y gemía de dolor mientras Adam satisfacía su enfermizo deseo. La agarraba del pelo, arañaba su piel y apretaba demasiado los dedos en su cuerpo cuando el placer era más intenso.
En un intervalo de menos de una hora, la cual para Kyra fue como si de un día entero de tratara, aquel hombre le destrozó la vida por completo.

Se quedó en ese mismo lugar, tirada. Sentía la sangre, le dolía tanto que no se fijó en los otros golpes que Adam le proporcionó durante el acto.

El tiempo pasó lentamente. De nuevo la encerraron en la celda hasta el día en el cual debía ir a reunirse con su amo.
Casi en estado de inconsciencia fue llevada hasta el carro.

Pronto despertaría de ese estado para regresar de nuevo a la realidad.

Comienzos X

No viajé durante demasiado tiempo con Bran. No porque no quisiera, sino por los acontecimientos que darían lugar más adelante.

Estuvimos juntos una semana y poco. Ya estaba bastante lejos de casa, muy cerca de la costa al sur de mi continente. Sin ninguna duda, hoy en día no quiero regresar a esa zona. Jamás. Echaba de menos a todos, a pesar de que estaba a punto de atravesar el mar para despedirme definitivamente de mi vida. Quería conocer otros lugares. Fue Bran quien me dio la idea de ir hacia allí.
Los últimos días sentí inquietud, como si me observaran de cerca.

Cuando llegamos a la costa vi barcos de todas las clases. Algunos eran enormes, otros eran más medianos y me parecían adorables los más pequeños. Los botes me hicieron imaginar que estaba en medio del mar con tan solo ello. No fue una sensación agradable ese pensamiento.
Pero el mercado era enorme. Había mercaderes que ofrecían sus productos a voz alzada, incluso te perseguían por todo el muelle si hacía falta. Tenías que comprar sí o sí.

Vimos algunos carruajes de mercancías. Comida, bebida, ropajes y... ¿personas? Había un carruaje tapado, y pude escuchar perfectamente el lamento de la gente. Seguro que más gente podía oírlo, pero claro... todos preferían ignorarlo.

-Bran... ¿oyes eso?

-¿El qué?

-La gente que está encerrada en ese carro tapado.

-Ah, son esclavos.-Susurró.- Supongo que irán con sus nuevos amos.-Respondió con un tono neutral.

-Es horrible. No pueden ser privados de su libertad. Tenemos que hacer algo.-Añadí en voz baja, por si acaso alguien escuchaba. Bran se lo pensó durante un rato y después habló.

-Tengo un plan. Es simple. Vas y abres el carro mientras yo distraigo al mercenario.

Y así lo hicimos. Me acerqué en silencio hacia el carro cuando se metía en un callejón saliendo del puerto y me coloqué detrás de él. Vi aparecer a Bran desde otro sitio opuesto y distrajo al mercenario de una forma un tanto peculiar. Pensaba que intentaría lanzar algo o desviar su atención lejos de ahí. Pero tan solo se puso a hablar con él. Así... ¿cómo liberaría a los esclavos sin llamar la atención?

Cuando conseguí abrir la cerradura, Bran y el mercenario se dieron la mano. Aquello me dejó perpleja, por lo que no advertí la presencia de alguien detrás de mí hasta que me empujó al interior del carro. Había mucha gente, apretados, pero no me fijé en ellos, pues pronto me vi encerrada por la persona que me empujó.

Contemplé horrorizada al hombre de la otra vez, del cual Bran me rescató. Bran se acercó a nosotros con una sonrisa siniestra.
Me miró burlón y estrechó la mano con el hombre andrajoso o... más bien le entregó su parte del dinero. Me costó comprender lo que había sucedido.

Desde el principio, Bran y ese hombre habían estado aliados. Supuse que tan solo querían capturarme para este fin, pero al ver que yo iba ganando la pelea, Bran apareció para "rescatarme". O más bien a él, pues estaba herido y se estaba desangrando. Quizá tampoco le convenía que me hiriera.
Lo que más me dolió no fue la propia traición, sino el hecho de que consiguieran engañarme y que, de nuevo, me hubiera confiado demasiado.
Todos esos pensamientos bañaron mi mente por completo, dejándome nula ante cualquier cosa. Bran interrumpió mis pensamientos, con una risa demente.

-En serio, no imaginaba que sería tan fácil. Parecías hasta inteligente, D. Espero que lo pases bien con tu nuevo amo, ¡ah!, y no es nada personal, pero lo cierto es ¡que no tengo una triste moneda! Aunque eso ya lo sabes.- Otra persona mientras Bran decía aquello se las arregló para arrebatarme las armas y el dinero. No podía moverme ni reaccionar, ¿qué sería de mí?
Y como una estúpida, no me defendí.

Mis posesiones acabaron en manos de Bran, incluido mi diario de viaje, el cual no volví a ver.

-Traidor, bastardo. Musité.

-Puede... gracias por tus posesiones. Buen viaje D, nos veremos... o no.- Y comenzó a reírse a carcajada limpia.

El carro se puso en marcha mientras yo soltaba mis últimos gritos de rabia hacia él.
Comencé a comprender que estaba atrapada y no era ya dueña de mi propio Destino. Comprendí mi amargo futuro, y con ese último pensamiento, todo se volvió oscuro.


Todo a partir de aquella oscuridad todavía continúa borroso a día de hoy en mi mente. No recuerdo nada de lo que sucedió hasta concluir mi viaje. Me pregunto si me di un golpe en la cabeza...

24 ene. 2012

Comienzos IX

El tiempo continuaba avanzando y mi viaje seguía realizándose en solitario. No tenía problemas, mis antiguos compañeros de viaje me enseñaron a valerme por mí misma y, desde luego, apliqué sus enseñanzas. Todas, excepto la más importante.
No quería volver a mi hogar como todos hicieron, y no porque no quisiera verlos, ¡desde luego que no! sino porque mi propio orgullo me impedía dar media vuelta y admitir que estaba equivocada. No le daría a Drek esa satisfacción de decirme con un tono de voz irritante, debido a su falta de apasionamiento: "te lo advertí". Sin embargo lo extrañaba tanto... tanto que me oprimía el corazón hasta dejarme sin aire.

"Si él estuviera conmigo..." comenzaba siempre en mi mente, pero nunca quería acabar lo que seguía, pues ello provocaba que se creara un nudo desagradable en mi garganta. Tan solo lo escribí una vez en mi pequeño diario de viaje, donde relaté casi todo lo que hice y pensaba... sobre todo lo que sentía.

Tras despertarme una mañana después de haberme sentido observada durante la noche, comencé a recoger mi campamento. Mientras estaba en ello y desvié mis pensamientos de nuevo a mi familia, escuché a alguien acercarse. Sabía que era una persona, pues de ser una bestia no habría armado tanto escándalo. Alertada y en guardia, vislumbré tan solo a un humano de aspecto claramente andrajoso, acercándose a mí con una sonrisa que me provocó un escalofrío.

-Vaya... ¿A quién tenemos aquí? Una elfita tan joven y tan... sola. ¿Te has perdido?

No le respondí. Lo miré desafiante mientras llevaba la mano a la empuñadura de mi espada. Pero no estaba ahí, y tampoco estaba entre mis cosa. ¿Y si... me la robaron durante la noche?
El hombre pudo ver mi cara de horror ante la certeza de verme indefensa.

-¿Has perdido algo?-Dijo mientras sacaba mi espada y me la mostraba.

Casi instintivamente, me abalancé contra él y tras forcejear, conseguí arrebatársela. Y cuando nos implicamos en una lucha reñida, lo herí profundamente en el costado. No tardaría en morir desangrado.
Sin embargo, en su último esfuerzo consiguió abalanzarse contra mí y desarmarme, dejándome acorralada entre el filo de su hoja y un árbol. Ya sentía un poco de presión sobre mi vientre, pero nunca me atravesó, pues alguien se abalanzó contra mi adversario, el cual se dio la vuelta violentamente mirando al nuevo individuo. Lo primero que vi fue sorpresa en sus ojos. Después un brillo en la mirada que en ese momento no pude adivinar a que se debía.

-Largo de aquí, ella va conmigo.-Inventó el humano que me había ayudado. Callé acongojada. El hombre andrajoso lanzó una sonrisa divertida y sorprendentemente se levantó y se marchó.

El humano no tenía mucho mejor aspecto que el otro. Tenía el pelo revuelto, negro y sucio, y ojos grises. Ropajes destartalados, como si siempre llevara lo mismo. No parecía de fiar, pero me había ayudado.

-De nada.-Se limitó a decir. Pero yo no iba a darle las gracias.-No deberías viajar sola, ¿hacia dónde te diriges?

-A ningún sitio.

-¡Oh! ¡Que casualidad! Entonces no te importará que viaje contigo.-Comenzó a acomodarse en lo que quedaba de mi campamento.

-Sí que me importa, yo viajo sola.

-Bueno, te he salvado el pellejo, y aún así veo que eres fuerte y sabes manejar ese chisme.-Señaló mi espada.- Podríamos ayudarnos mutuamente.

Me quedé pensativa un rato. Supuse que igual un poco de compañía no vendría mal, así dejaría de pensar siempre en lo mismo. Por lo que acepté su propuesta.
A pesar de su aspecto y su forma de hablar, me planteé que quizá sería un buen hombre. Y como siempre, me confié.

-Por cierto, ¿cómo te llamas?-Preguntó a la noche después de un viaje tranquilo, mientras cenábamos al calor del ambiente de una posada que además, había pagado yo.

-Dakota.-Respondí recordando en consejo de Uriel de no dar mi verdadero nombre. Eso me hizo pensar que quizá él no se llamaba realmente Uriel. Pero tampoco importaba.

-Dakota... nombre extraño para una elfa. No me lo creo, así que te llamaré D.

-Suena ridículo.-No me gustaba nada en absoluto.

-Lo sé. Mi nombre es Bran, por cierto.

-Uh... lo simplificaría, pero tu nombre ya es ridículo de por sí.

Bran soltó una risa seca, y continuamos la cena sin mencionar palabra.

21 ene. 2012

Un poco de diversión nunca viene mal.

Los rayos del sol me despertaron a la mañana siguiente. Parpadeé un par de veces y miré a mi alrededor, estaba tumbada en una cama mullida, tapada con mantas suaves y cálidas...me sentía tan bien...
La habitación era pequeña, la cama estaba contra la pared y a la derecha había una mesita de noche, donde estaba Trebor durmiendo plácidamente...seguramente saldría de mi bolsillo anoche, es muy listo. En la habitación también había un escritorio de madera y un armario del mismo material. 
Me destapé y me incorporé. Me froté un poco los ojos para espabilarme y bostecé, hacía tiempo que no dormía tan bien.
Me levanté y salí fuera. Eché un vistazo en la habitación de William, para ver si seguía dormido, pero la cama estaba hecha, supongo que se habría levantado ya. Después miré la habitación de Pututu, estaba profundamente dormido y roncaba un poquito. Cerré la puerta para que no le molestase ningún ruido y bajé las escaleras hasta el salón.
William estaba sentado en la mesa, parecía que acababa de terminar de desayunar.
-Buenos días-me saludó sonriente.
-Buenos días ¿Hay algo de desayuno?-soy muy seca recién levantada.
-Si, claro, siéntate-William fue a la cocina y volvió con un plato de comida.
-Gracias-dije cuando me lo sirvió.
-De nada. Por cierto, en el pueblo más cercano hay un festival con música, bailes, bardos, juegos...podría ser divertido, ¿Quieres que vayamos?
-¿Un festival? ¡Claro!-me encantaba la música y el baile, me encantaba ver a la gente feliz y pasándoselo bien-. En cuanto termine de desayunar subo a arreglarme un poco-dije sonriente.
Terminé rápidamente y subí corriendo a mi habitación para prepararme. Allí me arreglé el pelo y no paré de cepillarme todos mis rubios mechones hasta que quedaron suaves y sedosos al tacto. 
Después busqué en mi mochila mi colgante favorito. Me lo regaló Elrond, me lo pongo en las ocasiones especiales y el resto de las veces lo dejo guardado en la mochila, para que no se estropee. Es muy bonito, tiene forma de Luna y es de...¡vaya! ahora que lo pienso...nunca he sabido de qué estaba hecho; bueno, no importa, el caso es que es muy especial para mi.
Cuando terminé de arreglarme fui a la habitación de Pututu para ver si seguía dormido...Y así era...bueno, estaría muy cansado...Le dejaré una nota diciendo donde estamos y listo.
Cuando terminé, bajé para salir con William, él ya estaba saliendo de la casa.
-Ven, iremos en caballo. Oye ¿Dónde está tu compañero?
-Se ha quedado durmiendo, pero le dejé una nota diciéndole donde estamos.
-De acuerdo...pues iremos en un solo caballo y dejaremos el otro aquí por si cuando se despierta quiere venir.
Nos dirigimos a la parte de atrás de la casa, allí había un pequeño establo donde había dos caballos muy bonitos.
William sacó a uno y cuando él se subió me tendió la mano para sentarme tras él. Una vez sentada me agarré muy fuerte a él y empezó a galopar.
Con el viento, su pelo recogido en una coleta me acariciaba la nariz y me hacía cosquillas, además los ojos me lloraban por la velocidad. Hacía mucho tiempo que no montaba a caballo y apenas me acordaba de esta sensación, me alegra volver a recordarla; me gustaba sentir el viento y la velocidad, el cabello de William acariciándome, que el galope me levante unos centímetros de mi asiento, que mi corazón lata a la misma velocidad a la que vamos...Me sentía libre.

19 ene. 2012

Una reunion tediosa

Habia un gran silencio en la sala. Poco a poco, los invitados iban llegando con un temor disfrazado de soberbia y falsa seguridad. Hacia tiempo que habia tomado mi asiento, y me dedicaba a esperar. Nadie saludaba, solo aguardaba en silencio.

En el centro de la sala, nuestro atril de piedra, en el que se recolectaban nuestros pensamientos, para crear una verdad absoluta acerca de lo que habia ocurrido, tomaba forma. Una esfera que despedia una tenue luz plateada hacia de iluminacion en el lugar. Los que no dedicaban su total atencion a lo que se reflejaria en el orbe, optaron por observar a los congregados con disimulo.
Muchos habian satisfecho sus planes. La guerra nos habia abierto una puerta, una oportunidad que ninguno habia querido desaprovechar. Otros estaban a punto de conseguirlo
Pero el motivo que nos reunia alli no era para vanagloriarnos de nuestro exito.

La fuerza contra la que luchabamos era fuerte en un pasado reciente, pero se habia fragmentado con rencillas internas. Todo un logro para el que fundo esa misma red y ahora luchaba contra ella.

Todo lo que habiamos vivido se recaudaba en el orbe, para mostrarnos a todos lo que sabiamos y podiamos conocer. Algunos incluso conocian el paradero de Sol, a pesar de sus intentos por desaparecer de la faz de Argonath.

Todos habiamos perdido y habiamos ganado con lo ocurrido. Y a pesar de todo, extrañaba a mi amigo. Pronto estaria con mis hijos y con Kyra, con mi familia, y sentia todavia el vacio de cuando alguien hace su camino. Una despedida abrupta, demasiadas cosas en tan poco tiempo.

Deje de escuchar para sumergirme en mis pensamientos, cavilando y temiendo alguna otra sorpresa como aquella, que cambiaba mi vida de manera tan brusca. Solo me quedaba esperar

16 ene. 2012

Esquema





En definitiva, Sol es un mago poderoso que se vio corrompido cuando lideraba al Sol Negro, y reflejó su corrupción y ambición en los miembros. En un ataque de cólera, murió. Cuando se respiraba tranquilidad regresó a la vida (Liche), siendo un engendro que, según el Sol Negro, debía morir. Sol quiere acabar con ellos porque saben su naturaleza.
Sin embargo él no lo recuerda o no quiere recordarlo. El trato consiste en entregarlo e intentar que entre en razón. Pero a pesar de los remordimientos, la recompensa por todo será su mayor deseo, recuperar a mi niño, a quien creía muerto... Hobsyllwin.

Conclusión: Me duele la cabeza, voy a echarme.

[Nuevo diario III-IV]

14 ene. 2012

Muerte

Hace bastante que perdí el hilo del tiempo. No recuerdo bien lo que ha estado ocurriendo estos últimos días, ni tampoco sé exactamente que partes han sido soñadas o no. Bueno, realmente si que lo sé, pero me hubiera gustado que todo lo sucedido hubiera sido una pesadilla cruel.
Últimamente he estado echada en la cama practicamente todo el día y la noche. Sin embargo la primera vez que sentí el contacto con una, fue todavía en algún lugar de aquel extraño plano. Malherida, sin fuerzas y sin poder mover ninguna parte de mi cuerpo, salvo la cabeza.
Realmente pensé que me había quedado inválida para toda la vida, y deseé estar muerta antes que vivir impotente a todo. Incluso sabía que así Ethan y mi familia no tendría que sufrir las consecuencias de mis actos. Sí... estaba mejor muerta. Pero cuando ví a Sol a mi lado y me explicó que pronto me podría mover, aquellos pensamientos desaparecieron.

Nunca olvidaré ese combate. Conseguí llegar a Sol y... a pesar de que he logrado que llegue a odiarme por mi traición, llegamos al acuerdo de vencer a Rass y a Espejo, ya que tanto ansiaba encontrarme y vengarse.
Cuando mantuve mi lucha con ella y creí haber ganado, entonces ocurrió.
Ya había inmovilizado mi brazo derecho, y el fuego era su arma más efectiva. El fuego...
Su puño, duro como la piedra e impregnado fuego se hundieron en mi pecho hasta límites que me dejaron sin más opción que dejarme caer. No podría describir esa sensación, no el dolor, sino el ver como poco a poco, la vida se escapaba dejándome desnuda ante la muerte. Y cuando todo se volvió negro, supe o... más bien creí, que jamás volvería a ver un nuevo amanecer.

----Mis últimos pensamientos...----

Pero según me explicó Sol, tras haberme cogido de aquella parte del bosque en la cual había despertado sintiendo un gran calor a pesar de estar lloviendo, alguien intervino en la pelea.
Entendí que no hubiera sido él mismo, pues... a pesar de todo le traicioné. ----Sin embargo, me siento...----

En cualquier caso, Reflejo había intervenido y aprovechando que su propia hermana a la que tanto odiaba estaba indefensa, se las arregló para acabar con ella. Y por fortuna, decidió perdonar mi vida.
Quizá si que haya algo humano en ella... o simplemente no le interesaba matarme. Pero le debo la vida. Y no pienso renunciar a ella con misiones suicidas que no me incumben.

Y acabadas las explicaciones y encontrar en Sol algo de verdad en todo lo que pasamos, decidió separar nuestros caminos. Quizá es lo mejor para todos. Quizá es normal pues, al fin de cuentas, le he traicionado. Pero aunque así sea, el peso de mi traición no dejará tranquila mi conciencia... borrando los restos de una amistad que tanto logró llenarme.

[Nuevo diario IV]

12 ene. 2012

Crepúsculo permanente

Y cuando todo estaba transparente, una nube gris y tormentosa consigue transformar todos mis pensamientos. Una vez organizadas mis ideas en ese estúpido esquema que he hecho hace un rato, permanezco sin saber del todo que hacer.
Tras aquella charla con Zekkyou, el miembro del Sol Negro que había desestabilizado mi vida por completo, estoy totalmente aturdida y aún no sé a quien creer de ambas partes; si a un desconocido de hace dos días, o a mi amigo de hace un tiempo, el cual guarda un pasado demasiado extenso para su raza y quizá, demasiado turbio.
Ya he llegado a la conclusión de todo. El trato está sellado con lo más fiable de todo. La sangre es la mejor de las firmas, y la muerte será el resultado de una traición.
Admito que sí, llegué a ese pacto sin haber todavía reflexionado del todo sobre mis actos. Pero la oferta era el mayor de mis deseos, y el castigo será mayor que eso, no tengo la menor duda. Pero no me importa, siempre que pueda sentir por última vez el cuerpo cálido de mi niño y asegurarme de que esté a salvo... aunque después no pueda verlo jamás.

Y ahora ya tengo mis ideas claras. Cumpliré el trato, principalmente para no morir de forma patética. Sol llegará a alguna conclusión que aún está en duda. Pero está claro que no se dejará atrapar tan fácilmente. Y cuando tenga a mi hijo, intentaré protegerlo. Ethan... no sabe nada de esto, y probablemente no reaccione ante la situación.
En cuanto a mi posición ante todo, he decidido mantenerme neutral. Cumpliré mi trato e intentaré por todos los medios que Sol entre en razón y no muera. Para salvar su vida y evitar más dolor en todos nosotros.
Sin embargo, mi trato es solo con Zekkyou... y estoy segura que habrá alguien reclamando venganza en algún lugar. Para entonces estaré preparada. Continuaré luchando por lo que quiero. Mis razones para vivir son infinitas, y no pienso dejarme vencer tan fácilmente.
Pronto, en aquel crepúsculo permanente.

[Nuevo diario III]

El trato

El castillo permanecia en silencio. La ultima visita ya habia sido recibida, y solo algunas horas faltaban ya. Para mi serian como segundos en el atardecer infinito de este plano. No la escuche cuando llego, permanecia sentada mirando el cielo a mi lado, recostada sobre la amplia mesa del salon. Su gesto de indiferencia no habia cambiado nada, solo podia adivinar que seguia viva gracias a las volutas de humo que despedia su pipa.

- Ella tiene ideales, no como tu - me dijo al percibir que la miraba, con curiosidad - No lo traicionara asi como asi.
- Lo hara por el niño
- Y Rass va a molestarse mucho por entregarle al dragon por esa nimiedad - respondio mordazmente

"Los pequeños placeres de Anthica, observar como las fieras devoran a su presa"

La ignore mientras la musica volvia a sonar, cumpliendose mi deseo de no querer seguir escuchando aquella voz que iniciaba una conversacion. Una segunda nueva presencia, airada y colerica, se aparecio ante nosotros.

- No en mi casa, Innoc, ya conoces las normas
- Desde luego, y tu las has roto todas - añadio ella, sus ojos estaban encendidos de rabia - Yo voy a tener la misma consideracion con ellas, se acabaron las tratos gentiles. No se me escapara esta vez

Asenti, esperando que se marchase de una vez. La caza habia comenzado. Una vez eltrato estuviera cumplido, ya no quedaria nada que los protegiera en este mundo.

6 ene. 2012

Comienzos VIII

Uriel había conducido mis pasos desde entonces. Cuando llegué a su campamento encontré a más acompañantes, entre ellos un elfo, una humana y otro humano aparte de Uriel.
El elfo era conocido como Zorro, al parecer no recordaba su pasado ni su nombre, por lo que alguien decidió llamarlo así debido a su capacidad de burlar a todo cuanto lo acechaba. Tenía rasgos muy felinos, ojos ambar y cabello castaño claro, largo. Quizá era un poco más mayor que yo, pero ni siquiera él lo sabía.
La mujer se llamaba Julia, era la más jovén del grupo con veinte años de edad. Bueno, si yo hubiera sido humana entonces habría sido yo la más joven, con dieciséis años (ochenta años élficos). Era una muchacha rubia que se recogía el pelo. Sus ojos eran verdes y siempre mostró recelo ante mi presencia.
El otro humano, Max, era albino. Era la primera vez que veía a uno, y me sorprendió que hasta sus ojos eran blancos como la leche. Pero era un hombre muy tierno que incluso llegó a caerme bien. Tenía la misma edad que Uriel, treinta años.

Durante un tiempo viajé con ellos. Buscaban lo que yo, aventuras y emociones, sin embargo no tenían mucha experiencia con armas. Zorro se valía de su destreza, Julia podía persuadir a su oponente con tretas y engaños. Max aún estaba aprendiendo a manejar el arco, pero ya era bastante bueno. Y solo Uriel y yo manejábamos espada. Él llevaba entrenando desde que tenía diez años, y a pesar de llevar menos tiempo que yo, estábamos muy igualados. Era cierto aquello que decían, pensaba: los humanos a pesar de vivir menos, se esfuerzan más en conseguir sus metas. Quizá ese es nuestro problema, que el tiempo no es nuestro enemigo y por lo tanto, no lo invertimos completamente.

Éramos una buena compañía, nunca buscámos el mal a nadie, solo defender la justicia y luchar por ella. En algunas ocasiones nos enfrentamos a bandidos que nos asaltaban a nosotros o a comerciantes del camino. No me manejaba con demasiada gracia, pero gané habilidad y destreza. Ah, y cicatrices, pero ninguna profunda. Todos luchábamos por sobrevivir, aunque también sabíamos que en el grupo había algo más que compañeros de viaje.
Nunca admití que cogí cariño a todos, incluída Julia. Me hacía reír en el fondo con sus intentos de meterse conmigo.

Sin embargo, el paso del tiempo, aunque solo hubiera pasado un mes, pesaba, y me preguntaba día y noche por mi padre y mis hermanos. Los echaba tanto de menos que tuve la tentación de abandonar en numerosas ocasiones. Un día, estando ausente en mis pensamientos mientras miraba el fuego, Max interrumpió mis cavilaciones.

- Últimamente estás ausente.-Comenzó.

-No... bueno, aunque no lo parezca en ocasiones me pongo a reflexionar sobre mis actos.

-Serás impulsiva, pero todo el mundo tiene que pensar de vez en cuando.

-Supongo.

-¿Piensas en volver a casa?-Preguntó para mi sorpresa.

-¿Cómo...?

-Todos tenemos familia, incluido el bruto de Uriel.-El aludido emitió un gruñido.- Y seguro que todos hemos pensado en volver.

-Ni hablar.-Interrumpió Zorro.- No incluyas a todos en el mismo saco, yo no tengo ningún lugar al que regresar.

-Una cosa es que no tengas un lugar.-Continuó Julia.-Y otra muy diferente es que no lo recuerdes.

-¿No os gustaría regresar?-Pregunté casi involuntariamente.

-Sí.-Simplificó Max.

-Pues lárgate.-Zorro había dado la espalda a la hoguera la cual rodeábamos.

-¿No te gustaría averiguar algo de tu pasado?

-Diablos, sí. No sé que demonios habré hecho, pero no quiero pensar que era un maldito asesino o violador.

-Me gustaría que lo averiguases algún día. Si quieres podemos descubrirlo juntos, puedo ayudarte.-Ofreció Max.

-No te pongas sentimental.

-Bueno, te he cogido algo de cariño en todos estos años. Realmente eres como un hermano para mí.- Sonrió de forma sincera, como siempre hacía.

Aunque Zorro nunca lo admitiría, aquel sentimiento era mutuo. Todos sabíamos el deseo de Max de volver a casa, y el gran pesar de dejar la compañía. Era una encrucijada para él, hasta aquel día decisivo para todos...


Pasaron dos semanas desde aquella conversación. Julia y Uriel habían cogido algo más de... confianza. Comenzaron a dormir juntos y los demás hacíamos bromas al respecto. Algunas no las comprendía, pues fue mucho más adelante cuando conocí el significado de "dormir juntos" y la broma que ello conlleva.
Aquel día de nuevo nos enfrentamos a cuatro hombres bastante grandes, que habían asaltado un pequeño carruaje de comerciantes y estaban forzando a algunas mujeres. O intentándolo, porque al llegar nosotros comenzó la carnicería.
Por mi parte iba bien. Al ser tan grande era más fácil escurrirse, y ese día de suerte conseguí acabar con mi enemigo. Cuando acabé, escuché un grito provenir del bosque. Max siempre se ponía en un lugar lejano para sorprender al enemigo con sus flechas, sin embargo no era muy poderoso.
Ese miserable acabó con su vida como quien rompe una rama insignificante. Llenos de ira, acabamos con todos y después todo fue silencio y llanto.

Max había muerto, y en mi cabeza aún no cabía esa idea. Uriel consolaba a Julia en un abrazo, yo permanecí en pie casi sin conciencia de donde estaba y Zorro... él se derrumbó en el suelo y lo golpeó con todas sus fuerzas.

El día pasó de forma lenta. Habíamos acampado sin mencionar palabra alguna, hasta la hora de las decisiones por parte de todos.

Nos sentamos, y como si todo estuviera planeado, comenzamos nuestra conversación.

-Tenemos algo de lo que informaros.-Comenzó Uriel.-Julia y yo... bueno... hemos decidido que no queremos perder a nadie más. Y que necesitamos asentarnos en algún lugar, donde poder vivir juntos y criar a nuestro hijos.

La idea me chocó. Ellos se iban a formar su propia familia y no podía creer que entonces nos quedáramos solos Zorro y yo. Sin embargo, el mismo interrumpió:

-Yo también quería decir que... puesto que es lo que Max hubiera querido... voy a buscar las piezas de mi pasado hasta juntarlas y descubrir la verdad. Aunque sea dolorosa.-Parecía que estaba a punto de echarse a llorar, pero prosiguió.- Él lo hubiera querido así.

Cuando me quedé desarmada ante aquella separación, solo pude añadir:

-Puedo ir contigo a buscarlo, si lo deseas.

-No. Eres joven y aún te queda mucho por vivir. Vuelve con tu familia, como yo haría si la recordara, como haría Max...

Y a la mañana siguiente, como si nunca hubiera pasado, cada uno tomó su camino, quedándome de nuevo sola y con el orgullo demasiado alto como para rendirme y volver a casa. De nuevo estaba sola, y mi cabezonería me impidió aprender la gran lección que todos habían intentado ofrecerme.

3 ene. 2012

Comienzos VII

Increíble. Me había escapado de casa y me esperaban grandes aventuras. O eso creía yo. Para despedirme y tranquilizar a mi famila dejé una nota la cual decía:

"Padre, hermanos, ahora que soy más mayor y tengo la capacidad, fuerza y valor para llevar a cabo mi propia aventura, he decidido marchar para hacer realidad ese sueño. No he querido despedirme por no causaros dolor alguno, sin embargo tampoco quería que pensárais que me han obligado a irme. No me busquéis, cuando mi aventura llegue a su fin, regresaré sin reparo alguno.

Kyraà'nshra Daa'rokt"

Realmente no quería decir nada porque sabía que jamás me dejarían cometer aquella locura. Pero confiaba plenamente en mí, incluso con demasiada arrogancia... y tenía por seguro que vendrían a buscarme.

Al salir no supe por donde empezar. Las calles eran enormes y todavía estaba cayendo la noche. Había poca gente, y la que estaba por ahí se tambaleaba diciendo palabrejas que no lograba comprender y que además desprendían mal olor. Evité a esa gente y, salí de la ciudad. Sería un poco absurdo quedarme a dormir en una posada del mismo lugar del cual me había escapado.
Así que... acabé en el bosque.

Continué durante algunas horas, pero el cansancio finalmente pudo conmigo. La idea de hacer un campamento era buena, con sus tiendas y demás... pero no sabía nada sobre montarlas ni tampoco sobre hacer fuego, así que acabé durmiendo al raso y expuesta al frío y a toda criatura que se le antojara devorarme.
Sin embargo cuando casi estaba a punto de quedarme dormida, sentí algo húmedo en mi rostro. Esa humedad continuó, cada vez más fuerte. Sí, justo ese día se había puesto a llover a cántaros, y no tuve más remedio que correr a buscar cobijo.
Afortunadamente encontré una cueva no muy profunda, pero lo suficientemente resguardada como para evitar que me mojara más. Tenía frío y estaba empapada. Pero el sueño era más fuerte que todo eso, y al fin conseguí dormir.

No recuerdo cuanto dormí. La emoción de haberme escapado y el cansancio acumulado desorientó mis sentidos. Al despertar, escuché algo a mi alrededor, y cuando recordé donde estaba me puse en alerta.
No veía demasiado puesto que estaba oscuro. No sabía si seguía siendo por la noche o si había estado durmiendo un día completo. Sin embargo continué con la búsqueda de aquella criatura que emitía tal escándalo. Y ojalá no la hubiese hallado.
Los ojos de un furioso lobo se posaron sobre mí, alertado tal vez porque me había percatado de su presencia. Me quedé petrificada, no sabía que hacer exactamente. Torpemente cogí mi espada, pero antes de colocarme en la posición de defensa que mi maestro me había enseñado, el lobo se abalanzó contra mí, haciendo que soltara mi espada por la sorpresa
Sentí su aliento cálido sobre mi piel, y las zarpas que apretaban mis brazos y vientre. La luna dejaba caer un pequeño halo de luz sobre nosotros, y pude ver que sus ojos reflejaban un rostro aterrorizado de una muchacha a la cual le había llegado su hora.
Ya estaba a punto de darme el primer mordisco, cuando alguien apareció y se abalanzó contra el lobo. Este quedó aturdido durante unos segundos antes de atacar a su pequeña molestia. Sin embargo no fue una disputa larga, pues aquel individuo rápidamente se libró del lobo con una estocada perfecta.

No me fijé en que estaba temblando hasta la última fibra de mi ser, y aunque hubiese querido no habría podido fingir que no estaba asustada. Aquella persona me tendió su mano, y yo le ofrecí la mía para ayudarle a levantarme. Era un hombre joven, humano. En mi vida había visto a muy pocos humanos, pero me decían que a pesar de que vivían muy poco intentaban día a día superarse a ellos mismo.
Tenía el cabello a la altura de los hombros, castaño, y con la poca luz de esa noche solo pude distinguir que sus ojos eran oscuros. Me miraba con sorna, y también me estudió de arriba a abajo.

-Vaya... ¿qué hace una pequeña elfa como tú por aquí, tan sola?-Preguntó.

-Yo...-Comencé con la voz quebrada. Me aclaré la garganta y rectifiqué.- No es asunto vuestro.

-Que desagradecida. ¡Si te he salvado la vida!-Dijo con aire triunfal.

-Lo tenía todo controlado.

-Claro... por eso temblabas de puro horror. Oye, no muy lejos de aquí está mi campamento. Espero no arrepentirme después de llevarte a él.-Explicó.

-No os he pedido nada.

-No pasa nada pequeña elfita...

-Kyraà'nshra.

-¿Perdón?-Intentó repetir mi nombre, sin éxito.

Suspiré.

-Kyra.

-¡Ah, Quiira!-Bueno, más o menos.- Yo soy Uriel.

-Enhorabuena.

-Bien, ¿quieres venir o no? No tengo toda la noche.

Y... aunque mi orgullo era más grande que yo, tuve que admitir que necesitaba un lugar caliente donde estar. Por lo tanto, decidí tragármelo por esa vez y acompañar a Uriel hasta su campamento, y puesto que me había salvado la vida, pude concederle un voto de confianza.

Además... todo aventurero tenía siempre uno o varios acompañantes. Y Uriel tenía todas las características de un gran compañero de viaje.