28 nov. 2011

Mi viaje

Nuestra tierra ha entrado en guerra, y con ella el llanto y la muerte se cierne sobre nosotros como una noche fría. Ya casi no se siente como antes. Miras al cielo y se ve gris, lleno de las nubes que deja el fuego. Arden los hogares de las personas a las que dejamos sin lugar, y también las esperanzas.

Durante los primeros días estuve viajando en solitario. A veces me sentía mal ante tanto silencio, y las noches eran lo peor. Todo ruido era una amenaza, y extrañaba la voz de mi hermana y las voces de mis amigos. Hasta que por fin hallé a un grupo de viajeros que delataban su cansancio y temor. Estaban huyendo, como tantos otros, y yo me había unido a ellos sin pretenderlo.

Me miraron desconcertados, pero aceptaron mi presencia como algo normal. Después vi como era algo común y aceptado por todos. La unión hacia la fuerza mientras otros se dedicaban al batallar. Pero un grupo tan grande destacaba, y nuestras primeras intenciones de sobrevivir fueron interpretadas como rebelión. Creyeron que eramos partidas rebeldes, dispuestas a sabotear a ambos ejércitos. Y había gente dispuesta, y preparada para luchar. Yo era uno de ellos, como un tesoro encontrado por casualidad.

Encadenado y llevado a la fuerza, me ofrecieron un trato. Encarcelarme o unirme a las filas de esa estúpida guerra. Ahora cuentan con un mago más, no soy el único. Mi poder se intensifica, y aprendo a tener una astucia que no podía aprender de otra manera. Tengo que luchar por sobrevivir.

Pero a la vez he ganado algo... que no podría llamar bueno. A pesar de que los magos que participan luchan en un bando, forman una facción independiente. Ignoran que maestro, o que especialidad en la magia. Te acogen y protegen, como un gremio. Sus planes se escapan de mi conocimiento ahora, pero tal vez sea la oportunidad de salir de todo este problema lo antes posible

27 nov. 2011

Un deseo tenebroso

Acabé con mi último enemigo. Era un combate perfecto para mí. Yo salí más que ilesa, y ellos se movían torpemente... fue fácil quitármelos de encima.

Pero al dirigir la mirada hacia nuevos oponentes, que anteriormente se enfrentaban a Ethan, sentí que no llegué a tiempo y nunca podría hacerlo. La hoja de la espada lo atravesó de pecho a espalda, incluso yo sentí su fría hoja. Él, tan solo se quedó completamente aturdido por lo que acababa de pasar. Miró con sorpresa a su alrededor, y fijó su última mirada a mis ojos cargados de lágrimas.

Hasta que... finalmente... se fueron volviendo de un color rojo más intenso. Y como si nunca hubiera existido su cuerpo, este se incendió en las llamas rojas de su Infierno, y expulsando tal poder que aniquiló a aquellos que le arrebataron la vida.
No sé si mi angustia fue mayor por la idea de haber estado conversando hacía un momento sobre el nombre que le pondríamos a nuestra pequeña luz, o por no tener nunca un cuerpo al que llorarle.


Cuando me desperté sin saber exactamente cuando todo se había oscurecido, vi un extraño ente oscuro, como un genio. Deseé con todas mis fuerzas que se cumpliera mi deseo, aunque no lo mencioné en voz alta. Sin embargo, poco a poco se fue realizando.

El cuerpo de Ethan estaba inerte, tumbado en el suelo. Aquella criatura se encargó personalmente de entregarle de nuevo la vida, en forma de luz.


Y aunque no estaba dormida y podía ver todo lo que pasaba, no era consciente de ello, ni podía reaccionar ante nada. Tan solo cuando llegó aquel gran alivio de sentir de nuevo sus labios en los míos.

Sin embargo... aún no estoy segura de si es real o no. Y si lo es...

[Diario LII]






25 nov. 2011

Amarga venganza

Después de aquel día fatídico, las cosas se fueron poniendo más o menos en su sitio. Conseguimos salir al fin de Dyl, sin problema alguno y con Hob surcando el cielo. Tras debatir entre que hacer y no, finalmente Darius se fue a buscar su barco, y nosotros continuamos nuestro viaje.

Es curioso el Destino, ¿cierto? Llegamos a parar a un pequeño pueblo en llamas, al cual ayudamos a apagar el fuego y a rescatar a quienes estuvieran atrapados. Y allí lo vi. Un hombre cubierto con una túnica casi tan negra como el color de su piel. Algunos habitantes de allí lo estaban intentando ayudar, y yo, impulsada me encontré ayudándolo a escapar.

Cuando huyó, lo perdí en el bosque incluso después de haberlo perseguido un rato. Aunque luego vi unos ojos rojos que me observaban desde algún punto de ahí. No eran los de Ethan, y quería imaginar que eran los de aquel a quien conocí hace mucho.


Escuché la voz lejana de Ethan, llamándome. Sin embargo quería averiguar de una vez por todas la identidad de mi acompañante. Hasta que lo encontré de frente.

Sí, era él. Con su piel negra como el azabache, sus ojos rojo sangre transmitiendo esa mirada recelosa a cualquiera, pero que, a pesar de que nunca lo dijera, escondía un profundo miedo.

Drek me observaba, y al preguntarle y confirmar su identidad, me sentí aliviada a la vez que enfadada. Aún me sentía defraudada por su desaparición. Pero al menos, estaba ahí.

Ethan seguía llamándome, estaba enfadado porque habían desaparecido sin más. Una vez tratado el asunto y haberlo llevado de nuevo al pueblo, regresé y encontré una pequeña hoguera.

Estuvimos hablando no demasiado tiempo, pues la conversación tomó un matiz desagradable. Al parecer, fue mi padre quien lo encerró en aquel lugar, y no contento con ello, mató a sus padres y a su hermano. Y para rematar la faena, Drek reclamaba venganza.

"¡Ni hablar!" Pensé. Le advertí que no dejaría que matase a mi padre y que lucharía contra él hasta la muerte si era necesario. Ahí quedó la cosa, tan solo tenía que llegar antes, con mi padre.

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Prácticamente estuvimos todo el día en movimiento. Sol, Aeryn y Hob fueron por su lado, mientras que Ethan, Ash y yo por el nuestro.

Al llegar a su casa, no tardé en pedirle explicaciones. Terribles realidades que hubiera deseado no conocer. Un hombre que lucha por prejuicio no merece el honor de un guerrero. Sin embargo, en ese momento el asunto era otro.

Drek apareció primero causándole heridas en el rostro, y después regresó cuando yo estaba presente, quedándonos los tres en la sala, conversando.

Y entonces comenzó todo. Un velo de oscuridad y una lucha a ciegas. Escuché una queja de mi padre, y sentí mi cuerpo cayendo sobre el de Drek para apartarle de su lado. A pesar de no poder ver, acerté con mi blanco. Ambos nos agarramos del cuello, pero él lo hizo con más fuerza.


Las mías fueron disminuyendo al mismo tiempo que las palabras salían de mis labios.

Porque... ¿qué culpa tenía yo de sus prejuicios? ¿Por qué tenía que sufrir la pérdida de mi padre a manos de quien siempre ha sido un gran amigo? Y creo que él lo comprendió.

Me intenté poner en su lugar varias veces, y para apagar el fuego de su ira mentía diciéndole que yo en su lugar no mataría a su padre. Sí, mentí, pero cuando me sostenía del cuello y "vi" de pronto la amarga realidad, abrí mi corazón una vez más.

No quería perder a mi padre, prefería que su mano apretara con toda su fuerza mi garganta hasta hacerme soltar el último aliento. Entonces sí que le dije la verdad. Si yo fuera él... no querría hacerle pasar el dolor de perder a un ser amado por simple venganza. No, nunca a un amigo.


Al acabar de hablar y sentir menos presión en mi cuello, simplemente se marchó.

Y cuando recuperé la visión, tan solo me aseguré de que todo estuviera en orden. Con un beso me di por despedida.


[Diario LI]



21 nov. 2011

La Antípoda

La venganza siempre debería ser satisfactoria. Me llevaba regocijando en ella, imaginando como sería, lo que podría ser toda una vida. Antes de que sucediera la terrible muerte de mis familiares, no podría considerarse haber vivido. Un niño que apenas ha visto la luz de la superficie, es encarcelado en una fría celda por diversión de un señor que apenas entiende de la guerrilla a la que hace honor.

Y ahora la muchachita que había iluminado en mi oscuridad lo echa todo por tierra.

Por años he huido de todo lo que había conocido en mi tiempo en la superficie. El color de mi piel y de mis ojos atraen la hostilidad en todo lugar. A la par de las acusaciones y de prejuicios, me he convertido en lo que todos deseaban encontrar en mí. Una sombra de la que desconfiar, un suspiro en mitad de la noche que nada bueno puede traer.
A veces he tenido que volver a lo profundo hasta que se calmasen las fuertes tormentas que provocaba. Fácilmente podía encontrar las entradas a mi verdadero hogar, pero no acogerían a un desertor que había pasado tanto tiempo en la superficie. Había olvidado las costumbres, los gestos. Y la supervivencia en la superficie no era igual en la Antípoda.

Una mirada podía suponer la muerte. No importa cuan bajo estés en la escala social o de poder, cualquiera hará lo imposible por pasar por encima de cualquiera. Apenas duraría días. Había decidido no volver, pero ahora volvía a estar todo en duda, fuera de lugar

16 nov. 2011

Comienzos IV

Fue entonces cuando comenzó una etapa muy oscura para mí. Supongo que para todos. Iefel callaba y mantenía la cabeza metida entre las páginas de algún libro de estudio, ausente de todo... quizá incluso de aquellas palabras que no conseguía terminar de leer.
Mi padre, a pesar de tener que seguir con su vida normal y atender sus asuntos, también estaba ido, y de vez en cuando se paraba y me miraba, con una sonrisa en los labios que no llegaba a impregnar de felicidad en sus ojos. Yo le respondía el gesto con una mirada indiferente.
Desde lo ocurrido no volví a sonreir en una temporada larga. Veía en su pequeño lecho al nuevo miembro de la familia que había arrancado la vida a una de las personas más importantes para mí: mi madre. Lo llamaron Dorek, aunque yo no lo llamaba de ninguna manera. Casi no me percataba de su existencia.
Sin embargo, Iefel si se percató de ella, y lo aceptó como un miembro más de la familia. Incluso a veces dejaba de prestarme la atención, que no me prestaba demasiada ya de por sí, para juguetear un poco con él. Y al ver mi reacción y mi recelo ante aquella criatura que era también mi hermano, me lanzaba alguna que otra mirada de reproche, regañándome incluso por mi comportamiento. Pero no me importaba, y aún así él no insistía. Sabía que no eran buenos tiempos.

Tenía pesadillas, veía a mi madre morir de mil formas diferentes, y aunque algunas de las muertes no tenían que ver con un parto, escuchaba siempre al final de mi sueño el llanto de un bebé. Me despertaba sudorosa y llorando, y como nunca podía volver a dormirme, dibujaba mis pesadillas para desahogarme, recopilándolas en una caja sin saber demasiado bien por qué motivo.
Hasta que una noche, como descanso, soñé también con mi madre.
Estaba sonriéndome, pero me miraba con tristeza. Estábamos en un claro, donde la luz no era demasiado intensa o escasa, y ella llevaba el vestido que más me gustaba, blanco, largo y con encajes sencillos pero elegantes. No me acerqué, por miedo a que fuera otra pesadilla, pero desde donde estaba, me preguntó:

-¿Qué es la familia, Kyra?- Yo, sin saber a que venía esa pregunta, y al atraparme tan de repente, me quedé pensativa unos minutos.

-Son esas personas que te hacen sentir bien cuando estás triste, que te quieren y permiten que sea recíproco...-Contesté, seria.

-Sí... ellos son los padres y las madres, lo hermanos y hermanas, los tíos, tías, abuelos y abuelas, ¿verdad?-Porsiguió ella, manteniendo su sonrisa.

-Así es... pero mis abuelos murieron hace mucho, y... tú... tampoco estás ya.-Dije con un matiz de dolor que provocó una desagradable sensación en mi vientre.

-Kyra, yo siempre estaré contigo, al igual que siempre han estado tus abuelos con todos cuando se fueron. Pronto nos reuniremos de nuevo, pero mientras debes ser feliz con tu padre y tus hermanos.

-¿Con padre y con Iefel?

-Y con Dorek.-Añadió.-Cuida de tu hermano, mi vida. Te necesitará, al igual que Iefel y Hafrel.

-Pero... por su culpa...tú...-Comencé, herida, con lágrimas en los ojos.

-No, Kyra, no es culpa de él, ni de nadie. Es Destino quiso que aquel día abandonara mi cuerpo y naciera un bebé sano que continuaría el camino que nos ofrece.-En ese momento, su sonrisa se volvió realmente sincera.-Y ahora... te ofrece la oportunidad de acunar a Dorek, por mí...

Comprendí entonces el deseo de mi madre. Ella buscaba nuestra felicidad, y quería que Dorek creciera sabiendo que no era su culpa, a pesar de que yo se la estuve echando. Se despidió de mí, y yo corrí a abrazarla por última vez, aunque fuera en sueños.
Me desperté tranquila, con una leve sonrisa que hacía tiempo no nacía de mí.

-El Destino...-Murmuré mientras me levantaba despacio y me dirigía hacia la habitación de Dorek.

Dormía al lado de la matrona, que yacía en la cama sin inmutarse de mi presencia. Me asomé a la pequeña cuna que se encontraba al lado, y vi la pequeña carita de un bebé despierto, con los ojos grandes y violetas, moviendo sus manitas como si acabara de descubrirlas.
Con cuidado, lo cogí en brazos, y aunque nunca había cogido a un bebé, no sé por qué sabía perfectamente cómo tenía que tratarlo para no hacerle daño. El pequeño se dejó llevar tranquilo hacia mi habitación, lo dejé en la cama y cerré la puerta.

Me observaba curioso cuando lo miré desde arriba. Y con la punta de mi dedo, acaricié su mejilla. Eso le provocó una sonrisa limpia y sincera. Su piel era suave, y me quedé largo rato acariciándole, hasta que finalmente se quedó dormido.
Sentí el sueño caer de nuevo sobre mí, y me tumbé al lado de mi hermano pequeño, dejándolo en un lugar seguro de la cama por si se caía, y arropándolo para que no sintiera frío. Apoyé con suavidad mis labios sobre su piel aterciopelada, y derramé un beso al mismo tiempo que una lágrima.
Ahí me quedé, dormida junto a él, procurando no hacerle daño en ningún momento ni apretar demasiado su frágil cuerpo. Esa noche, fue mi primera noche sin pesadillas, y deseé que las siguientes tomaran ejemplo de ella.

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Lo que ella no sabe, es que esa misma mañana se escuchó un grito horrorizado de la matrona, al ver el lecho del pequeño sin rastro de él. Eso alarmó a todo el castillo, sobre todo a Hafrel y a Iefel. Buscaron por todas las habitaciones, mandaron a guardias hallar rastros de un posible secuestro y vigilaron todas las salidas por si aún esa persona no había salido del castillo.
Iefel estaba asustado, pero se dio cuenta de quien era la única persona que no estaba buscando, y, como guiado por algo o alguien, se dirigió hacia los aposentos de esa persona. Avisó a su padre de que creía saber donde estaba Dorek, que lo siguió inmediatamente.
Llegaron a la puerta de la elfa en concreto, y Hafrel miró a Iefel con un interrogante y un pequeño brillo de reproche, al pensar que le estaba tomando el pelo. Pero Iefel tan solo le hizo un gesto para que no hiciera ruido, y abrió la puerta con suavidad.

Dentro encontraron a la única persona del castillo que no se despertaría aunque hubiera un huracán. Dormía placidamente, abrazada con suavidad a un pequeño bulto inmóvil, completamente dormido quizá después de haberse despertado al escuchar tanto ruido, al contrario que su hermana, pero que había vuelto a caer en los brazos de su sueño.
Ambos, padre e hijo, se quedaron mirando la escena durante unos minutos, comprendiendo que no había motivo para interrumpir el momento que habían estado esperando.
Después, tan solo dejaron a los hermanos continuar su descanso, salieron de la estancia cerrando al puerta con cuidado, y tras eso, se miraron, dibujaron una leve sonrisa, y el más mayor de los dos se fue a arreglar el caos que había organizado él mismo.

Todo se complica.

Doy vueltas en mi habitación, como un perro encerrado. Falta una hora para media noche y ya tengo todo listo, el petate, comida y dinero en la mochila. Mi arco con el carcaj en mi espalda y mi daga en el cinto.
Miro a Trebor, que está sobre la mesita de noche, observándome con esos ojos tan redondos.
¿Qué quién es Trebor? ¡Vaya! Con todos los cambios que he sufrido en este pequeño tiempo apenas me ha dado tiempo a hablaros de Trebor, espero que lo entendáis.
Trebor es mi sapo, mi mascota. Es bastante pequeño para ser un sapo, es de color verde oscuro, con la panza de color claro, tiene los ojos saltones y oscuros. Es bastante cariñoso, le encanta que le acaricie la cabecita. Suelo llevarlo en un bolsillo ancho cuando hay gente, si vamos por un bosque le dejo suelto porque me gusta verle dar saltitos por ahí... ¡es tan adorable!
Lo cogí con las manos y le di un pequeño beso en su cabeza, cerró los ojos y como respuesta hizo un pequeño: "Croac". Lo metí con cuidado en el bolsillo y fui a por Pututu.
Él me esperaba en el pasillo, se le veía cansado y con sueño...pobre, seguro que se acababa de despertar. Está siendo muy bueno conmigo, apenas nos conocíamos y ya estaba dispuesto a acompañarme en ésta búsqueda, realmente le debía mucho. Algún día se lo compensaré.
-Hola-susurró cuando me vio.
-Hola... ¿Nos vamos ya?
-Sí, claro...vámonos.
Salimos silenciosamente de la posada y al poner un pie fuera nos urgió una duda: "¿A qué salida se refería el drow?" Yo tengo entendido que hay dos, una al norte y otra al sur... ¿A cuál debíamos ir?
-¿A cuál salida vamos, Elwing?-preguntó mi compañero mirando a ambos lados.
-Bueno...podrías ir tú al norte y yo al sur...
-No es recomendable que vayas sola de noche...vamos a la más cercana, que es la sur, ¿Cierto?
-Si...vamos.
Andamos en silencio, las calles estaban vacías y oscuras, no se escuchaba nada...Nunca me gustó la oscuridad acompañada del silencio, me pone los pelos de punta...Pero Pututu estaba conmigo y-aunque es un poco torpe-me sentía más segura con él caminando a mi lado, además, él es muy alto y su aspecto intimida un poco, aunque por dentro me inspira ternura, es muy bueno conmigo.
Finalmente, llegamos a la salida de la ciudad y nos internamos en un pequeño bosque que hay cerca.
A poco metros vemos aparecer a la persona con la que nos hemos reunido, esta vez sin capucha.
Su piel era negra azabache, contrarrestaba el color de su pelo blanco como la nieve...tenía unos ojos de color rojo que me inspiraban temor.
-Vaya, pensé que no vendríais-dijo con esa voz tan peculiar.
-Pues...aquí estamos. ¿Dónde está mi hermano?
-Os llevaré hasta él. Paciencia.
Sacó un pergamino y lo desenrolló.
-Con ésto puedo llevaros hasta la ciudad donde creo que está.
-Pero... ¿estaré preparada?
-Eso debes decidirlo tú. ¿Queréis ir o no?
Pensé por un momento echarme atrás...abandonar la búsqueda e intentar vivir con la pérdida de mi hermano...Pero pensé en Elrond, en todos los momentos que pasé con él, las cosas que me enseñó, cómo luchó para poder salvarme...No, no podía rendirme.
En mi mente me reprendí por haber dudado y pedí perdón a Elrond por haber pensado durante un segundo en abandonarle.
-Si, queremos ir-dije decidida.
-De acuerdo.
Acto seguido, el drow empezó a leer el pergamino en una lengua que no pude reconocer, cuando terminó una especie de portal se abrió en el suelo.
-Ya está listo. Podéis entrar.
-Vamos... ¿no?-le dije a Pututu.
-Qué remedio...
Antes de ir al portal vi una figura negra aterrizando cerca de dónde estábamos. Era gigantesca. El drow subió encima y dijo:
-Hago esto porque me ayudaste a encontrar a esos tres. Adiós.
Y salió volando...Vi con claridad que era esa gran criatura de color negro.
Era un dragón.


13 nov. 2011

Nota

La noche sería larga, pero solo para nosotros dos. Ella ha cerrado los ojos, totalmente confiada, ciega ante la absoluta curiosidad que la llena. Mis dedos acarician su suave piel, como si pudiera acariciar un pasado que quedaba realmente lejano.
Volvía a sentirme lleno con la fuerza que me embargaba en el tiempo en que podía destruir todo mi mundo. Todo aquello había pasado, pero ella me hacía recordar, con su fragancia que evocaba grandes cosas.

- ¿Estás lista? - le pregunté mientras me acercaba a ella, contemplando su fragilidad. Su respiración temblaba, y lo hizo aún más cuando mi voz rompió el silencio.
Asintió lentamente al rato, tal vez asustada

Con sus frágiles dedos, tanteaba, intentando buscarme en su oscuridad. Su rostro se ilumina ahora por una frágil luz azul hielo que surge de mis dedos. Así, parece más un ángel que nunca. Entonces su expresión cambia, se relaja y pierde toda sombra de temor inicial.

Abre los ojos, que parecen cubiertos por un velo blanco. Un velo empapado de recuerdos, de los que tal vez fueran los más tiernos de su vida. Un asomo de sonrisa aparece, temblorosa, y mira al vacío. Se encuentra muy lejos de este lugar. Toma mi mano con cariño, que sigue acariciando su piel. Ahora parece mirarme, embargada por la cantidad de recuerdos que la abruman.

Su voz se ha convertido en un frágil hilo que hay que recoger con delicadeza. Se deja guiar hasta el lecho, donde nos tumbamos para dejar que las horas caigan sobre nosotros. Faltan las palabras, pero nos faltan noches también.

Al fin, ella concede a olvidar de nuevo, para regresar a un presente que tal vez esté fuera de lugar para nosotros. Es tanto lo que hemos vivido. Todo lo que nos une también debería separarnos. Me siento como el que tuvo la llave de su infortunio, y la dejara descuidada para que cualquiera pudiera tomarla. Y así fue.

Pero en sus ojos hay perdón, sin la necesidad de que se lo suplicase. Tan solo callamos durante unos instantes, para después hablar de las impresiones, las huellas que nos dejó el pasado. Después, de nuevo, la oscuridad y el silencio

-- Rememorando estas palabras cuando huye el sueño, y deseando también poder retroceder

4 nov. 2011

El inicio.

Todo iba bien. Todo era prácticamente perfecto...¿Por qué cambió de repente?
Recuerdo paz y armonía... y entonces los Drows llegaron dispuestos a destruir todo lo que se cruzase en su camino. Fue muy rápido y confuso, solo recuerdo que Elrond me cogió de la mano y empezó a correr fuera de la aldea.
No sé hasta dónde llegamos, ni como pudieron alcanzarnos. Miré a mi hermano con miedo, pero él solo podía mirar a los elfos oscuros que nos habían cortado el paso.
Eran tres. Dos consiguieron inmovilizar a mi hermano. El drow restante me cogió y...me forzó... Sentí miedo, asco, impotencia, dolor...pero sobretodo sentí odio hacia aquel ser tan repugnante. Cuando terminó, busqué la mirada de Elrond...estaba horrorizado por lo que acababa de presenciar, intentaba zafarse de los elfos pero uno de ellos le golpeó en la cabeza, dejándole inconsciente. A mi me esperaba lo mismo...la oscuridad se abalanzó sobre mi.

Desperté en el mismo lugar, con la cabeza llena de  preguntas. Todo lo ocurrido volvió a mi mente de golpe, recordé todo lo que había sucedido: el ataque, la huida con mi hermano...todo, absolutamente todo.
Pude levantarme, confusa y llena de miedo...no había nadie a mi alrededor. Pedí ayuda en varios sitios, fue en vano...aunque cuando creí que estaba todo perdido, cuando me disponía a salir del bosque, vi a una figura tirada en el suelo, respiraba levemente, al acercarme vi que estaba herido de gravedad, pero por fortuna tuve tiempo suficiente como para pedir ayuda y que pudieran curarle.
Cuando terminó la curación me di cuenta que no era un elfo, ni un humano, ni un enano...nunca habia visto una criatura igual. Era muy alto, su cabeza no tenía pelo, su piel era azulada y en la cara tenía tentáculos, como si fuese una barba. Me llamó mucho la atención.
-¿Qué eres?-le pregunté extrañada.
-Yo...bueno, soy un azotamentes-contestó algo tímido.
-Ah...-nunca había oído hablar de esa raza-¿De dónde eres?
-De...abajo. Ya sabes...la Infraoscuridad...
-¿¿QUÉ??
-Si...bueno...a ver...déjame que te explique...se dice que allí viven las criaturas malas y despiadadas y demás...pues bien, yo no soy como ellos...me escapé, no me gusta matar, no me gusta ver el sufrimiento...
-Y...bueno...¿cómo te llamas?
-Pues...no lo recuerdo...ni si quiera sé si tengo uno, de donde vengo no hace falta tener nombre, se sobrevive y punto.
-Mi nombre es Elwing...si quieres puedo ponerte un nombre...
-De acuerdo, supongo que así será mas fácil relacionarme con los de aquí...
Pensé en un nombre rápido y fácil de recordar:
-¡Pututu!-exclamé-¡Te llamarás Pututu!
-...¿en serio? ¿No suena algo ridículo..? Bah...da igual, supongo que estará bien así...
Después de contarle mi historia y llegar a la conclusión de que ninguno de los dos teníamos un lugar a dónde ir, también le pregunté si había visto a los drows salir del bosque.
-Efectivamente-me respondió-. Iban corriendo, y me hicieron ésto-se señaló la herida- y...sí, creo que sí, llevaban a un elfo lunar con ellos...
Esos bastardos tenían a mi hermano, mi deber es salvarle, le quiero y es la única familia que me queda...
Pututu y yo decidimos salir del bosque e ir a alguna ciudad cercana, a lo mejor habían parado allí...si éramos rápidos podríamos alcanzarlos.
Nos pusimos en marcha y, tras varios días de viaje, conseguimos llegar a una ciudad.
Me quedé boquiabierta al entrar por primera vez en ella...Nunca había estado en una ciudad, me extrañaba mucho ver tantas razas juntas...en el bosque solo había visto elfos y de vez en cuando venía algún enano o humano a comerciar...pero solo muy de vez en cuando.
Estaba anocheciendo y empezamos a buscar algún sitio donde pasar la noche...además de algo de trabajo, yo no tenía mucho dinero.
Afortunadamente encontré una posada donde podíamos pedir trabajo y alojamiento.
El dueño del local nos acogió con alegría y estuvo de acuerdo con el trato, si trabajamos allí él nos daría un pequeño salario además del alojamiento.

2 nov. 2011

Casi al borde de la locura

Tras nuestra llegada y todo lo que ella supuso, la partida de Iefel... nuestro siguiente Destino, y las respuestas sobre el tema del Sol negro, las cosas se están tiñendo de un gris muy desagradable a cada sentido.
Guerra. Es la palabra que está ahora en boca de todos. Por lo que no sería fácil salir del continente y viajar hacia Kaine Duin para enfrentarnos a ellos. Ethan se fue, Darius estaba siendo buscado y yo provoqué que lo encerraran. Era mi turno, no podía permitir que se sacrificara así por mí... y menos con la mirada de odio que me lanzó Aeryn al saber lo ocurrido.
Hobsyllwin estaba extraño, creo que está entrando en una etapa compleja... demasiado pronto.

Después de las humillaciones de los guardias y conseguir lo que querían, conseguimos liberar a Darius. La verdad, el ambiente de aquel burdel no era el indicado para mí. Al menos conseguimos eso. Pero al volver, Hob y Sol no estaba, y cuando volvió tan solo Sol me asusté.
Sus manos estaban negras, y estaba malherido. Busqué a un curandero, y fui en busca de Hob.

Al encontrarlo, supe que no estaba bien. Se siente culpable por el hecho de su naturaleza de dragón, pero no permitiré que lo descubran. No sé si lo estoy haciendo bien con él, no sé que decirle o hacer para que no se sienta así...

Volvimos, y Darius me informó acerca del estado de Sol, quien había perdido las manos. Supuse su reacción cuando lo supiera, y vi la de Hob, con la mirada rota. Él había lanzado un rayo de escarcha a Sol en su intento de escapar, sin intención de herirlo.
Aunque descubrí más adelante que mi hijo estaba creando unas manos nuevas para Sol, y estuve segura de que eso es lo mejor que podía hacer.

Por otro lado, Ethan no estaba, y necesitaba urgentemente su ayuda, y sus palabras. El corazón se me heló cuando recibí un mensaje que podría haber sido sobre su muerte. Afortunadamente (dicho de forma irónica) "solo" estaba malherido, y a la noche ya sentí su cuerpo caer en la cama.
Con tantas cosas, no sé como aún conservo la cordura.

[Diario L]