25 oct. 2011

De miradas

Un nuevo viaje se prepara, y los vientos parecen soplar a nuestro favor. El destino da muchos giros y ahora nos guía hacia un destino en el que desconozco. Si el camino acompaña, llegaremos a nuevas sonrisas y a un puerto lejano de tormentas y de desdichas

¿Tal vez sea el momento de dejar de mirar atrás? Ha llegado a mí una nueva luz que no tiene comparación con el mismísimo sol que alumbra nuestros días. Ella es toda luz. Paz. Serenidad. En sus ojos se ha ocultado una tristeza que guarda a buen recaudo una gran herida, pero a medida que la miro toda sombra de esa herida desaparece poco a poco. Mi imaginación procure tal vez jugarme una mala pasada, interpretando miradas. Nunca fue mi especialidad el leer las almas que se reflejan en los ojos, pero en la cercanía que comienza a crearse no hay desdén, no hay rechazo. Tan solo un interrogante, una curiosidad que parece eterna al querer saber que ocurrirá después.

A veces tiemblo de emoción y miedo al intentar responder a esa pregunta, pero nada puedo, ni quiero, hacer por resistirme a sus miradas y sonrisas. Llenan un alma que creía ya completa. Que dulcísimo error

La tumba

El tiempo se agota, para todos nosotros. Un encuentro se acerca, y nadie se atreve a apostar por quien va a prevalecer. La lucha ha llegado tan lejos que no tiene sentido alargarla más. Regento el poder que un día nos prometía el mundo. Este mundo nos ha dado la espalda, nos ha negado la oportunidad para hacerlo mejor

Como un veneno en cada gota de sangre. Ese rencor hacia todo nos nubla la razón y a la vez nos alienta a atravesar la barrera de lo imposible muy a menudo. Nuestros cuerpos son simples carcasas que darán de sí llegado el momento, pero eso no va a detenernos. Nuestro antiguo maestro y señor regresa a la casa en la que se dieron luz a sus conocimientos, y ahora se dará luz a su muerte, y también a la de sus compañeros.

Tal vez sea el fin de todos nosotros, y tan solo las mentes atormentadas que tengan la desgracia de sobrevivir, tal vez sean capaces de guardar en sus memorias un resquicio de lo que fue. El resto, será sepultado bajo las ruinas de nuestra torre. Victoria y gloria, y el premio estará en la muerte

Y que los Dioses se cubran los ojos con lo que está por llegar

24 oct. 2011

Mirando hacia atrás, el pasado

Tantos años de vida robados, burlados al mismísimo tiempo no bastan para olvidar, paliar los errores que se han cometido. Por vanidad y orgullo quise crear lo que nunca se había visto hasta entonces. El pasado vuelve a nosotros con la fuerza que le damos al querer olvidar, y nunca aprenderemos esa lección.

Ese espejo debía de ser utilizado para bien, para compartir miradas y encuentros. No como una prisión. Aquel tesoro que era la muchacha no se merecía tal destino, sus sueños, su vida, no debía quedar en ese cristal. Mi nombre está manchado ya, no hay otro culpable sino el que lo hizo posible. Una joven que sigue siendo la niña que un día fue, el dolor no ha conseguido enterrar su dulzura. Y ahora todos quedan encantados con su maravillosa persona. Mientras acapara la atención, puedo recordar. Puedo pensar en todas las atrocidades que hicimos o a las que dimos pie.

Mientras todos estallan en júbilo por encontrar a tan magnífica criatura, será hora de despertar viejos sentimientos. Viejas heridas que creía cerradas, cubriendo el corazón para no sentir. Solo así podrán ser vencidos. Aún sabiendose vencidos, lucharán para destruir hasta el último latido de su corazón. Se inmolan para ello.

Rass, con su búsqueda desesperada por una verdad olvidada. Wayler, arañando cada vida en busca de una propia. Sin proponerselo a veces conseguía hacerlas añicos. Justo como hacen con el futuro.

22 oct. 2011

Página absurda

¿Celos? No, yo nunca... ¿o sí? Pero la evidencia es indiscutible. Ellos, él y ella, hablando tan cerca, riendo juntos y esa maldita sensación de que no encajo con el momento. El sentimiento especial... se respira, se palpa, se ve y se saborea en el aura que cubre a ambos cuando están tan cerca. ¡Maldita sea! Pero ¿por qué desconfiar de él? ¿O de ella? No parece una mujer de ideas perversas... ¿o irá de mosquita muerta?
¡Pero es que se ve, joder! Y quien me lo niegue está más loco que yo. Imaginaciones o no. Jamás he sentido esta sensación tan desagradable de miedo, desconfianza y asfixia. Pero más aún de ira. Espero arrepentirme después de todo lo que maldigo ahora, y también reírme de todo esto cuando reciba explicaciones.
Escucho pasos, quizá ha llegado el momento de una explicación.

---

¿Una aasimar? Claro, parece tener sentido. Además Ethan es demasiado simple co
mo para inventarse una excusa tan retorcida, afortunadamente. Así que... sí, me río de todo lo dicho antes. Una explicación sencilla.

-¿Qué es un tiflin?- Me preguntó Ethan.

-Un... humano con sangre de demonio, ¿no?- Le respondí dubitativa.

-Bien. Ahora piensa en eso mismo pero a la inversa.

-Un... ¿demonio con sangre de humano?- Pregunté desencaminada, quedándome aturdida por lo que acababa de decir.

No, la verdad es que se refería a un humano con sangre de ángel. Los aasimar.
Por ello esa sensación. Es como un vínculo que no he logrado comprender del todo, pero que no tiene nada que ver con lo que pensaba.
Bueno, una duda menos. Y ahora solo me queda como conclusión de esta página medio arrugada en mi diario que... los celos te hacen pensar cosas absurdas.

[He aquí la sabiduría lograda en ciento cuarenta y un años.]


[Diario XLIX]









Algunas respuestas

Fue dura la despedida, pero dulce el camino y la llegada. De Luna de Miel, ¿quién me lo diría? Esperaba que fuera un mes tranquilo y normal, pero eso hubiera sido demasiado aburrido.
Llegamos a un pueblo extraño al igual que sus gentes. Me llamó la atención una fuente de la que pedí información dado su misterio. El pregonero simplemente me dijo que era un adorno. Aunque para ser un adorno, al tirar la moneda y pedir un deseo vi la imagen de un niño cogiendo la moneda. Si eso era raro, lo fue más aún el linchamiento que hubo después, del pueblo en mi contra.
Todo se volvió oscuro.

Desperté en una preciosa celda a la que solo le faltaban las ratas... y el que pensé que sería el guardia era tan agradable como el lugar. Estuve hablando con otra elfa que también estaba encerrada, y descubrí que había otra mujer ahí, pero inconsciente. El pregonero/alcalde llegó y solicitó que nos cogieran a mí y a la otra mujer. Cual fue mi sorpresa al descubrir a la misma que estaba en la cueva subterránea y a la que di por muerta al destruir el espejo. Fue un alivio y a la vez un mar de dudas.

Cuando descubrí que nos llevaban a quemar cuales brujas decidí llevar a cabo mi plan
improvisado que consistía simplemente en quemar mis cuerdas y sosprenderlos a todos. Después liberé a la mujer, que ya había sido atada en su respectivo "quema-brujas-sin-sentido". Claro que no sin antes quemarle la cara a aquel tipo que inspeccionaba nuestras celdas.

En fin, después de todo eso huimos, pues de repente me di cuenta de que había provocado un incendio que afectó a todo el pueblo. Todo era perfecto, sí, pero... ¿dónde se había metido Ethan?
En mi espejo pude ver al niño, el cual había decidido asignarse un pequeño juguete a cambio de haber quemado su casa.
Aquella mujer transmitía paz, incluso la contagiaba. Así que tranquilamente volví al pueblo y recuperé fácilmente lo que es mío.
Por fin estábamos juntos, y por alguna razón que no acabo de comprender, me siento impulsada a proteger de alguna forma a la mujer. Parece que con un soplido puede llegar a romperse en mil pedazos. Así que... es hora de desvelar nuevos misterios.

---

Ya ha pasado mi ataque de celos. Mi diario se ha quedado con menos páginas, aunque
algo ha quedado escrito entre alguna de ellas sobre eso en cuestión. De momento tan s
olo quiero hablar de lo ocurrido después de aquello.

Volví del bosque, y la escena que encontré al regresar a la cabaña fue la de ella, frágil, en los brazos de un hombre que inspiraba desconfianza. Deseoso quizá de dar un beso a quien no le corresponde.
Fui en su ayuda, y... ¡sorpresa! ahí teníamos a otro mago del Sol Negro, que no tardó demasiado en librarse de mí y encerrarme en una prisión de fuego. Aunque más fuego había dentro de mí en aquel instante. Lo mas extrañó fue cuando simplemente rozó los labos de ella y desapareció junto con mi pequeña prisión.

Más tarde, al dejarla descansar en su habitación, decidí que era el momento de respuestas. Me abrió su corazón, me explicó que su padre es el líder del Sol Negro (bueno, es quien la ayudó en un momento de su vida, por lo que no es su auténtico padre, afortunadamente) y que el hombre de antes es un amante del pasado que no soportó que se enamorase del hombre que vi tras el espejo. Al parecer su padre no vio mal el permitir que él matara al hombre que amaba.
Sí, todo eso la convierte en nuestra aliada.
Pero a mi estas historias me hierven la sangre.



[Diario XLVIII]


















7 oct. 2011

Votos

Creo que esta vida se va a quedar corta para entregarme a ti. Todo ha sucedido tan deprisa que miro atrás y apenas parece haber pasado tiempo. Pero aún así no puedo dejar de sonreír. Nos quedan mil cosas por vivir, y millones de discusiones por tener. Y si no tuvieramos todo eso, no me sentiría tan feliz como ahora.

Nunca te había visto tan radiante. Este ha sido el día, hasta ahora, más especial de nuestras vidas. Que siempre nos quede un buen y maravilloso recuerdo de todo esto, aunque no termine de salir bien en un futuro. Lo que ahora sé es que no me perdería un solo segundo de lo que acaba de comenzar

Te prometo fidelidad, confianza y amor.
Este vínculo puede ser eterno si así lo queremos.
Una mano amiga, una luz en la oscuridad,
juntos tú y yo en el camino que ahora comenzamos

5 oct. 2011

Promesa eterna

En este día, Ethan, uno mi vida a la tuya, como mujer, amiga, amante y confidente. Puedes confiar en mi amor, porque es real. Nuestros caminos se juntaron y hoy decidimos parte de nuestro Destino juntos.

Prometo ser una esposa fiel, y apoyar tus metas e ilusiones, , al igual que te levantaré cuando caigas, te confortaré en el llanto y gozaré de tu alegría.

Desde hoy, quiero que cada segundo de mi vida esté impregnado de ti.

4 oct. 2011

Comienzos III

Vaya, nunca pensé que el vientre de mi madre llegaría a estar así. De vez en cuando notaba algo moverse, ella decía que eran “pataditas”, y recuerdo la infinidad de veces que daba besos a mi futuro hermano. Me gustaba apoyar suave mi mejilla en el vientre y acariciarlo con la yema de mis dedos, pero lo que más feliz me hacía era ver la sonrisa de mi madre cuando pasábamos las tardes así.

Incluso llegué a hacerle preguntas que nunca me contestaba, como por ejemplo: “¿Cómo ha entrado ahí?” o “¿Te lo has comido?”. En la primera pregunta siempre pasaba algo que impedía que me contestara. Ahora entiendo que no eran simples casualidades, claro está. En la segunda se reía y me revolvía el pelo. Por lo que deduje que sí, se lo comió.

Iefel entonces era más mayor, yo tenía 54 años (11 humanos) y mi hermano 75 (15 humanos), por lo que se le comenzaban a notar el cambio en sus fracciones. “Un joven elfo, fuerte y sabio” lo definían. Aunque bueno, decían que lo de sabio era algo futuro, y que de momento iba por el buen camino. Yo… aún seguía más o menos igual, un poco más alta, aunque nunca lo he sido demasiado, el cabello un poco más por debajo de los hombros y bastante menos… rechoncha.

Recibí algunas burlas de niños y niñas que conocía, riéndose de mi “corpulencia”. Vaya, como ya mencioné, estaba redonda y oronda, para que engañarnos. Y sus burlas me provocaban de vez en cuando un llanto silencioso en secreto. Sin embargo, todo empezó a cambiar cuando comencé a entrenar con el maestro. Antes de coger al menos un simple palo para entrenar, se dedicó a ponerme en forma. Fue duro, sí, pero valió la pena. En ese entonces, volviendo al tema, ya estaba bastante más delgada. Al principio se preocuparon por mi salud, pues había adelgazado muy deprisa. Pero después entendieron que era así como estaba bien realmente.

A veces veía a mi padre asomarse a mi entrenamiento, aunque él creía que no lo veía. Pero nunca vi exactamente lo que su rostro reflejaba ante ello. Mi hermano se paseaba también por ahí, mientras iba de un lado para otro con una pila de libros en los brazos. Que aburrido. Pero el maestro, a pesar de ser severo, sabía el momento exacto de cuando había que parar.

Un día, mientras entrenaba, noté que los sirvientes estaban ajetreados. Al acabar mi entrenamiento quise saber lo que sucedía, así que seguí el jaleo. De una de las habitaciones, escuché gritos de mi madre que me encogieron el corazón y el alma. “¡Mamá!” grité antes de correr hacia la sala. Alguien me agarró del brazo antes de poder llegar, y a pesar de mis esfuerzos no pude zafarme. Estaba asustada, creía que era el fin. Pero mientras me agarraban vi en otro punto de los pasillos a Iefel, moviéndose de un lado para otro.

-¡Iefel! ¡Mamá está gritando! ¿Qué está pasando? ¿Dónde está padre? ¿Por qué nadie la ayuda? ¡Se va a morir, y nuestro hermanito también!- Mientras corría hacia él le solté preguntas por doquier, y al ver que no me hacía caso le golpeé varias veces en el brazo y el pecho.- ¡¡Iefel!!

-¡Calla Kyra, deja de golpearme!- Me gritó cuando sintió mi “ataque repentino”.-Madre está bien, está trayendo al mundo a nuestro hermano… también estaba así cuando te tuvo a ti.

Me callé de golpe. No entendía por qué gritaba, pero sabía al menos que no había alguien haciéndole daño. Sin embargo, a pesar de que me calmé, Iefel parecía nervioso, como si presintiera algo que yo no había captado.

Las horas pasaron largas, a pesar de estar lejos, los gritos de mi madre resonaban por todo el castillo. Iefel acabó por sentarse, y parecía murmurar algo cada vez que se escuchaba un grito más fuerte que los demás. Me pareció oír: “¿Por qué grita tanto?” Pero aún no sé si lo imaginé o no.

Hasta que en un momento determinado, los gritos cesaron de golpe. Unos minutos después, escuchamos el lloriqueo de una personita que acababa de llegar al mundo. Yo sonreí, al igual que Iefel, que mantenía aún un gesto preocupado.

Era un momento mágico, mi hermano acababa de llegar y podía saborear el momento. Sí, todo era hermoso. Hasta que escuché la voz de mi padre gritando el nombre de mi madre.

Iefel y yo nos miramos, y al mismo tiempo corrimos hacia donde provenían los gritos. Pero al llegar, sentí un frío que heló mis huesos. Como… si algo me atravesara. Y lo vi todo.

Mi padre, gritando y llorando al pie de la cama. Su grito era desgarrador, como cuando a alguien le arrancan el corazón de cuajo… un grito de dolor, pero ahogado. Había sangre, mucha. Y el cuerpo inerte de mi madre descansaba sobre donde antes había estado gritando por mi hermano. Parecía que la vida estaba transcurriendo de forma lenta, corrí a por mi madre, llorando y gimiendo de dolor. Iefel también comenzó a llorar, pero diferente. Se dejó caer al suelo, simplemente, y se agarró con fuerza las sienes.

Pronto nos sacaron de ahí a ambos, y esa vez no fue fácil controlarme. Gritaba a mi madre, suplicándole que despertara y abrazándome a ella para que no me separasen jamás de su lado. Pero no fue suficiente. La histeria me invadió, y no recuerdo el momento exacto de mi encuentro con la tranquilidad.

Todo ello provocó que ignorásemos al pequeño milagro de la vida, que se movía tranquilo en los brazos de la comadrona, con sus pequeñas manos y piernas, y sus ojos violetas como los de su madre. Nadie sabía que entonces sentí odio por aquella criatura que arrancó de cuajo la vida de mi madre. Pero eso no duraría mucho tiempo, tal vez hasta que comenzara a sentir las caricias de mi madre cada noche.