20 sept. 2011

Alianzas

Llegó a mí trastabillando entre los pobres restos de mis amigos. Mi casa estaba abierta para cualquiera que quisiera saber, pero aquel desdichado necesitaba directamente de mis conocimientos. Murmuraba sinsentidos acerca de un combate. Su esencia estaba algo derribada. Había pasado demasiado tiempo en plano ajeno, y aquello descolocaba su naturaleza.

Ahora estaba en casa, templo del saber, y se restituiría. Lo más preocupante serían sus heridas. Alguien había conseguido canalizar su propio poder para volverlo en su contra. ¿Cómo lo harían? Lo ignoraba, pero eso no quedaría así por mucho tiempo

Se estaba jugando con fuego. Nadie sometería a un señor, aunque fuera menor, del infierno. Af el Derrotado no lo permitiría por mucho tiempo, y yo tampoco. Habían pasado la delgada línea que podía poner en peligro nuestro mundo. No podían tener idea del poder que poseían, y en manos equivocadas podría suponer la destrucción

Mi nombre es Necron, y comienza la búsqueda de respuestas. Ophiel sobrevivirá a sus heridas, pero deberá esperar si quiere acompañarme. Desde aquí puedo ver a algunos mortales que sigan sus pasos. Tendré que seguir también sus pesquisas, ¿quién sabe lo que puedo descubrir?

Otra promesa rota

La situación se me escapaba de las manos. Cada sueño era más agobiante que el anterior y lo peor es que ahora lo veía con más frecuencia en la realidad. Ethan aún no sabía nada sobre ese último sueño ni sobre su pequeña visita a casa… supongo que en algún momento debería contárselo.

Cuando me excedí con la dosis de aquel estimulante… no pude ocultarlo más (y más aún cuando estuve durmiendo durante dos días), entonces me preguntó. Tras discusiones sobre la confianza, las promesas, el enfado por ocultarlo con la excusa de “no quiero preocuparos” y demás reproches, decidí tras reflexionar unas horas que debía contárselo. Accedí a dale un voto de confianza, porque temía lo que podría ocurrir.

Y ocurrió. Al contárselo decidió encontrarse con él a solas, desapareciendo como siempre hace y sin dejar ningún tipo de rastro tras de sí.

Llena de ira contenida durante largas noches y ese instante de sentirme angustiada, como cada vez que Ethan me hace eso, fui en su búsqueda. Después de preguntar al elfo inaguantable por su compañero leñador, me indicó por dónde estaba. Allí los encontré, al verdugo, a Ethan en el suelo y a la mujer que una vez me crucé y que tenía unos saquitos curiosos con algo. Fue una auténtica sorpresa, y más aún cuando me atacó.

Primero fui a por el verdugo, pero se detuvo sin motivo aparente y proseguí con ella. Fue una dura pelea, su lanza parecía fuerte, y fue un error partirla en dos para darle pie a manejar dos armas. Pero con mi último ataque, conseguí hacerle una gran herida. Por desgracia para mí, la muy […] no murió, y desapareció de forma curiosa. Como si se fundiera con su propia sangre… hasta desaparecer por completo.

No sabía, ni sé, por qué el verdugo estaba en el suelo inconsciente, y… deseé con todas mis fuerzas acabar con todo en ese momento, dar fin a su miserable vida y librarme de él hasta sentir de nuevo algo de paz en mis sueños. Iba a hacerlo, estaba cerca, demasiado cerca. Casi sin pensarlo me acerqué para matarlo… quizá ese casi fue mi perdición. Quizá me lo pensé demasiado para decidir no hacerlo. Aunque no es propio de mí matar a sangre fría, creo que… tengo motivos y las suficientes agallar para ello. Pero no hay nada como un combate justo. De momento lo dejaría con vida, incluso no le privaría de su capacidad de caminar para poder enfrentarme de nuevo a él. Sin embargo no habrá una segunda oportunidad para ese miserable.

Fui hasta Ethan tras patear un poco al verdugo… ¿qué esperabas? No iba a dejarlo ahí sin darle una patada ni nada. Él estaba herido, al parecer bastante. Casi como si se me fuera la vida con ello, dejé que se marchara al Infierno a curar sus heridas, aunque hubiera deseado ir con él.

Estoy de acuerdo con no dejarme ir al Infierno si eso afecta a nuestro hijo. Pero estoy cansada de sentir esa incertidumbre y angustia cada vez que le cuento algo y reacciona así. Harta de que se esfume sin dejar rastro, sin dejar que ayude o dé mi opinión sobre su decisión, sin pensar antes en las consecuencias. No soy el mejor ejemplo, sin embargo no es la primera vez que desaparece de esa manera. Yo no aprendo, pero él no se queda atrás.

Quizá esa promesa se quede sin cumplir. No es que no quiera que se preocupe… es que no quiero que reaccione de forma violenta siempre que le cuente mis problemas.


[Diario XLVII]



Espejo y Reflejo

Una chica dura. A pesar de sus años y la longevidad propia de su raza, seguía siendo una niña que merecía una dura lección. Mis heridas seguían sangrando con profusidad, siendo como parte de mi pequeña transformación. Todavía estaba en el suelo, tal y como ella me dejó. El arma desapareció de mis manos tal y como apareció. Me sentí frustrada, y el dolor me previno de golpear el suelo para desfogar mi rabia.
Pero había algo más.

Ella estaba allí, observandome casi con la mirada muerta. Sus emociones parecían dormidas desde hacía mucho tiempo, ya había olvidado por qué. Cruzada de brazos, parecía esperar cual era mi reacción. No se me escapaba algo de burla en su gesto, apoyada sobre la pared, mirando como me contenía a la vez que estaba herida de gravedad

- Menuda sorpresa, Reflejo, verte así - dijo con calma, quizás divertida
- No volverá a suceder, puedo asegurartelo - le respondí con dureza mientras me levantaba a duras penas.

Estando en el refugio, mis heridas comenzaban a sanar paulatinamente. Seguimos en silencio, sintiendo como su mirada pesaba sobre mí, y yo miraba al vacío, sintiendo como todo volvía a la calma. Efímera calma

- La próxima vez, Espejo - le dije casi en susurro - no volverán a interponerse en nuestro camino. - la miré con una sonrisa en mis labios - Y no volverán a molestar a cualquier otro mortal

13 sept. 2011

Reencuentros y aventuras

El encuentro con Darius fue emocionante. Sobretodo cuando me sorprendió tapando mis ojos desde atrás. Sí, desde luego había sido un bonito reencuentro, y nuestro abrazo demostró que ambos habíamos extrañado al otro. Nos vimos interrumpidos por Ethan, que apareció diciendo "¡eh, eh,eh!"

Bueno, aún no entiendía por qué estaba tan celoso de Darius, al fin y al cabo estaba con él e íbamos a casarnos, ¿no? En fin, suponse que se le pasaría cuando lo conociera mejor.
Error. Cuando ya estábamos en el barco y estábamos cada uno en sus respectivos camarotes, me desperté a la mañana. Como me desvelé, fui a la cubierta a sentir el frescor de la mañana, y allí estaba Darius. Dijimos de ver juntos el amanecer... pero al final me quedé dormida. Lástima, me hubiese gustado de verdad ver el amanecer con él.
Desperté en su camarote, bueno, en su cama. Él estaba en un sillón. Desde luego es un caballero, es algo que me encanta de él, pues es educado y al mismo tiempo agradable. Quizá... si lo hubiese conocido mejor antes de dejar su barco y hubiéramos pasado más tiempo juntos... habría permitido que ocurriese algo entre nosotros. Pero Ethan llegó antes, sin duda es el hombre al que amo. En fin, son solo cavilaciones sin fundamento, el caso es que al salir vi a Ethan delante de la puerta, que me miró unos segundos y se dio media vuelta al instante.
Me costó comprender lo que había pasado. Sin duda había malinterpretado los acontecimientos. No lo encontré hasta más tarde.

Tras las explicaciones a él, a Darius y entre ellos, las cosas se solucionaron. Tampoco puedo pedirle a Ethan que sea un hipócrita si realmente no le ha causado una buena impresión Darius.

Pasó el tiempo en el barco, y pronto llegamos a la costa. Quedé con Darius al atardecer para depedirnos. Durante ese tiempo exploré la ciudad. Encontré algunos criminales encerrados por las calles. Uno de ellos me pidió que me acercara, ¿y a qué no sabes quien se acercó? Me dio una llave de un cofre que tenía "cosas". La curiosidad, como siempre, se apoderaba de mis actos.

Fui a despedirme de Darius donde quedamos. Sin duda de nuevo sentiré su ausencia. Pero lo veré pronto de nuevo. Luego me marché a la casa que me había indicado el hombre. En una trampilla que daba lugar a unas escaleras que bajaban a un lugar con ratas y agua, encontré el cofre. Dentro solo había pergaminos, armas extrañas y un libro. Pero encontré dinero en un lugar oculto debajo del cofre. ¡Bien, eso era lo que quería!

Aún así me llevé todo lo demás para examinarlo con más detenimiento. Cuando lo leí todo en mi habitación de la posada y descubrir que mi querido amigo era una especie de verdugo sin escrúpulos, caí en la maravillosa conclusión de que si me descubrían con todo eso me podrían acusar de algo. Por lo que decidí devolverlo todo.
Tengo que admitir que en ocasiones soy épica (y ahora es cuando suelto una risa maliciosa). Con una capa oscura evité las miradas de los guardias y llegué de nuevo. Estaba abajo, devolviendo las cosas, cuando escuché ruidos arriba. Entonces el tipo que estaba en la celda apareció en la estancia. Me escondí mientras miraba como se lo llevaba todo y al irse pasando por mi lado, soltó un simple "gracias".

Acongojada como estaba, volví de nuevo evitando que me vieran. Incluso subí por la ventana de mi habitación. Claro... ahí me esperaba Ethan. Pero... ¿cómo es que no me odia después de todas las estupideces que hago?

Al día siguiente fuimos a la otra ciudad, donde dejé a mi padre antes de partir a Kaine-Duin. No tardamos demasiado. Llegamos al mercado, y allí lo vi, hablando con algunos mercaderes. Buenas vestimentas, y un aspecto mucho más saludable. Como siempre había sido mi padre. Me acerqué esperando que me viera.
Y cuando centró su mirada en mí, tan solo nos abrazamos. Siempre me ha gustado que me susurre que soy su niña, aunque en ocasiones me he quejado diciendo que ya no era una niña. Pero en ese momento se me llenó el corazón. Al principio no reconoció a Iefel, pero pronto ya estábamos los tres abrazados.

Esta semana ha estado cargada de reencuentros. Si solo esos dos me han dejado tan buen sabor de boca... ¿cómo será el día de mi boda, cuando me encuentre con todas las personas a las que he estado conociendo durante mi pequeña aventura?
Ya queda poco.

[Diario XLVI]



12 sept. 2011

Prisionero de recuerdos

La esfera de luz fue como un faro para todos nosotros. Un viejo hermano, capturado y herido con la ausencia de libertad, volvería a nosotros con el corazón encendido de rabia y sus manos sedientas de sangre. No tardaría en llegar a nosotros, como un perro apaleado lejos de casa

Difícil de domar, pero con el tiempo necesario, acabaría con cualquier cosa con una simple orden.

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Mirar el cielo era el único entretenimiento. Las estrellas pasaban lentas esperando que las ahuyentase el amanecer. Demasiado lentas. Solo habría que esperar a cualquiera que se sintiera demasiado confiado como para acercarse. No sabían que con cualquier movimiento brusco podría balancear mi jaula y tomarles del cuello. Los guardias no llegarían a tiempo para evitar que crujiera como una ramita en mis manos.

Pero eso no era divertido.
Demasiado fácil

Quería ser libre para poder trabajar a mi aire, bajo un caudillo cruel que no quisiera mancharse las manos con torturas y otros asuntos turbios que le propiciasen la infamia. Trabajar a oscuras, en una celda donde mis pacientes pudieran pudrirse. En la oscuridad, siempre quedaba un margen de error, y si por casualidad fallaba en mi objetivo... Los gritos de dolor eran igual de placenteros a mis oídos

Ella se acerca, y dejo de escuchar los gritos que me ayudan a dormir. Recuerdos de tiempos mejores, y ella los aleja. Tal vez sea algo bueno pensar en el presente, para poder avanzar en el futuro.

La llave sigue oculta
Úsala bien

9 sept. 2011

Sueños

Gime y llora. Todavía solloza cuando se cree en una pesadilla. El problema está en que su vida misma está repleta de pesadillas, su vida misma lo es. ¿Por designio de los dioses? Tal vez, pero no me importan los estúpidos juegos de las deidades caprichosas que solo atienden a su propio impulso. Sea o no una víctima cruel del destino, posee un don que no puedo dejar escapar.

Atado, encadenado y con los ojos vendados, sumido en un sueño eterno del que ni siquiera es consciente. Lo encontramos en una prisión, llorando su desdicha, mientras su carcelero se reía de su desgracia. Aquel malnacido que se hacía llamar guardián del orden... Lo mandé empalar a la primera oportunidad. Y nos llevamos nuestro tesoro con nosotros

Su cuerpo está marcado por extraños tatuajes que bien podrían ser de nacimiento. Desde un principio estaba sellado con semejante don. La primera noche que pasó en nuestro poder nos condenó con terribles pesadillas de las que a duras penas pudimos escapar. Fuera de control, su poder puede resultar mortal. Por ello le tenemos bajo nuestro poder. A oscuras, la luz le daña su frágil piel.

En la oscuridad, los sueños surgen con mejor fluidez. Y los miedos se acrecentan en su silencio

6 sept. 2011

Entrega y encuentros

Él está enfadado. Entró en la habitación golpeando la puerta, pero luego se detuvo pensando que yo seguiría dormida. Fingí hacerlo para que no tuviera que fingir una preocupación que no sentía. No se había dado cuenta, pero yo sí: un demonio había llegado a la posada en la que descansabamos, y habían estado muy cerca el uno del otro.

Supongo que su enfado habrá sido mayor que cualquier otra emoción... Tampoco ha tratado antes con demonios, y no sabría reconocerlos. Yo tampoco, pero este era... diferente. Su aura era tranquila, como en paz. Me esperaba algo más caótico, como un mar en plena tormenta. No parecía buscar ningún mal, ni para mí ni para él

Primero sentí un gran miedo, y me escondí entre las sábanas, esperando que no me encontrase, que no me buscase siquiera. Pero después encontré algo familiar en él. Como una luz que le rodease, una sonrisa que permaneciese detrás de su persona y le diese calor
¿Quién podría ser?

Invitación especial

Después de tanto tiempo te escribo, padre.

¿Por dónde empezar a contarte? Después de dejarte han pasado muchas cosas. Y lo más rápido es el tiempo. El viaje ha sido duro, y ha habido desilusiones y esperanzas en él. Quiero que sepas que he encontrado mis mayores objetivos, y que Iefel me acompaña en mi viaje, al igual que Sol... supongo que recordarás que se fue en su día. Todo tiene explicaciones. Encontré a Dorek, en tierras lejanas tras acabar su prueba como Atalaya… sin embargo no se ha incorporado de momento con nosotros. Pero estoy segura de que pronto lo veremos y estaremos de nuevo juntos los cuatro.

También he conocido a muchas personas nuevas en mi viaje, y se ha incorporado uno más a nuestro pequeño grupo de aventureros, que sin duda me ha ayudado a encontrar a Iefel, a Sol y a Dorek. Su nombre es Ethan, es un tiflin bastante extravagante, pero un buen hombre después de todo. No habría podido llegar tan lejos sin su ayuda.

Perdí el rastro a Hedrek hace ya bastante tiempo, poco después de dejarte a ti. Supongo que estará bien… también mantengo la esperanza de volver a verlo.

Quizá un día especial nos encontremos todos de nuevo… un día que ya está marcado y en el cual espero recibir un fuerte abrazo tuyo y ver tu más sincera sonrisa. Padre… después de todo este tiempo he decidido que quiero dirigir mi vida hacia un nuevo Destino que marcará un gran cambio. Me caso.

Estoy segura de que la noticia no solo será impactante sabiendo cómo soy yo, pero quiero que sepas que estoy más feliz que nunca y que deseo con todo mi corazón verte el día 30 de marzo en Dyl, aquella ciudad tan cercana a la nuestra. La ceremonia dará comienzo al atardecer, y el convite será poco después del anochecer. Supongo que habrás adivinado quien es el hombre que he escogido para compartir mi vida… Ethan seguro que se alegrará de conocerte y deseo que tú también te alegres de ello.

Espero noticias tuyas, padre… al igual que verte de nuevo cuanto antes.

Muchos besos de tu hija, Kyra.

[Atentamente: Kyra & Ethan]










P.D: No olvides que la asistencia del padrino es la más importante para mí.

Bestias

Estaba fuera de control. Después de aquella noche, nuestra sed de almas era tal que había dejado escapar la magia como si fuera el aliento después de una larga carrera. Aquella bestia sin ningún tipo de control me tomó como un muñeco a su merced y me abatió con todas sus fuerzas.
Aún cuando sentía perder el conocimiento, sonreí para mi mismo. Sabía que, cuando llegara el momento, mi pequeño juguete estaría dispuesto para derramar aún más saña con aquellos a los que estaba destinado

Nuestro nuevo y legítimo señor estaría contento si viera lo que es capaz de hacer. Sus ojos dorados siembran el miedo, y sus fuertes garras te envían a un lugar de pesadilla, de donde fue creado:

El mismo infierno

5 sept. 2011

Decepción

Por lo general todo marchaba bien. Hob se recuperó pronto gracias al excéntrico anciano que se supone que va a ayudarme a criarlo. En el fondo le agradezco que viniese. En fin, poco a poco aprenderé como cuidarlo y que esté bien.

Además he estado preparando mi boda. Los invitados, la fecha, el lugar… la vestimenta aún me la estoy pensando. Al final seguro que accedo a ponerme un vestido. Bueno, es mi boda, soy yo la que tiene que destacar, ¿no? Y ya que vienen las personas que quiero, voy a arreglarme para la ocasión.

El 30 de marzo, dentro de dos meses, nuestro enlace se dispondrá en Dyl, la primera ciudad que pisé tras huir de la que fue la mía. Todo por lo general parece perfecto.

Ahora tocaba el tema de los invitados, mi padre, mis hermanos, Sol, Hob, Arnie, Laila, Darius y la poca tripulación que conocí, Gran Sapo y la pandilla, Alvin y… Hedrek.

Él suponía la mayor complicación, porque ni siquiera sabía que estaba con otro hombre. Aún así escribí las invitaciones. Unas más directas, otras más sutiles como la de mi padre y la de Hedrek, en cuya carta solo añadí una pequeña frase en la que decía que me casaba.

Así que se la di a Ethan, no sabía cómo ir hasta Hedrek, y él era el único que podía saber dónde estaba. Realmente solo le pedí que buscase dónde estaba, pensaba enviarle la carta por otro tipo de vía. Pero mientras caminábamos, después de irse él tras toda la noche, lo vimos caminar hacia nosotros.

Parecía normal hasta que me di cuenta de que tenía el ojo derecho amoratado.

Ethan le dio la carta en persona a Hedrek, y como reacción tras leer la carta, le propinó un puñetazo. Por suerte Ethan no se lo devolvió.

Por lo que sabía que tenía que hablar con él urgentemente y explicarle o… bueno, tenía ganas de pegarle por haber hecho eso a Ethan. Afortunadamente Ethan pudo llevarme al lugar.

Una pequeña posada, no sabría distinguir la ciudad. Él se quedó fuera mientras yo me adentraba en busca de Hedrek. Y ahí estaba, de espaldas a mí, con una jarra en la mano y mi carta en la otra. Le toqué el hombro.

Sus ojos me miraron con algo de… ¿desdén? Apretó la mano que sostenía la carta, doblándola de mala manera. Y se levantó. Ahora está más grande, su expresión no es la misma y parece bastante… amargado, por así decirlo. No encontré nada del Hedrek que conocí, salvo aquellos ojos azules clavados en los míos.

Apenas salieron palabras, pregunté qué fue de él y me dijo que algún día me contaría, pues es largo de contar. Afirmó que golpeó a “mi mensajero”, simplemente por la noticia. Estuvimos ahí, de pie, y yo me mantuve deseosa de darle un abrazo después de todo el tiempo pasado. Sin embargo me reprimí, tenía miedo de dar falsas esperanzas o de que no fuera correspondido. También reprimí algunas lágrimas por el hecho de aquel encuentro tan frío.

Fue cuando me preguntó: “¿Qué deseas hacer?” Justo al momento en el que me disponía a irme. Yo pensé: “Abrazarte”, pero en lugar de decirlo le hice la misma pregunta, pensando que me abrazaría.

En lugar de ello, me sorprendió con un beso que evité rápidamente. Solo eso, me besó y se fue. Pero yo no iba a dejar así las cosas y le lancé la jarra de madera a la cabeza. Entonces me fui del lugar.

Lo más difícil fue decírselo a Ethan, cuyos ojos se volvieron más rojos que de costumbre. Aún así se resistió a hacer lo que realmente deseaba hacer, y aún se lo agradezco.

Hedrek… me has decepcionado. Después de tanto tiempo sin vernos, supuse que nuestro encuentro sería algo más cálido de lo que ha sido. Tampoco esperaba ser la alegría de tu vida… pero al menos un abrazo, un “te he echado de menos”, un apretón en el hombro. Lo que fuese, excepto besarme. Me siento traicionada, pues a pesar de saber que voy a casarme, te has aprovechado de mí en ese aspecto: la confianza.


[Diario XLV]





4 sept. 2011

El maestro

Seguía el rastro. Casi podía escuchar su frágil corazón, latiendo por sobrevivir a lo largo de los años que había robado al destino y a las almas malditas del infierno. No escaparía por mucho tiempo más. Pagaríamos el trato, tarde o temprano, aunque fuera con el último aliento del último de nuestros acólitos.

No eran instruidos con el odio, pero sí con el valor de las almas. Mi buen amigo, nigromante por excelencia, me había concedido una piedra de Erythnuul, capaz de convocar a muertos vivientes que entretuvieran mientras hacía el trabajo.
Quería medir sus fuerzas.
¿Cuanto habría progresado en aquellos años?

Apenas era un niño cuando había comenzado mi educación, y ya la soberbia le corrompía. Quería el mundo a sus pies, quería el mundo para verlo arder con el regusto del sádico. Quería tener el poder de las almas para tenerlas en su poder, marcandolo todo con un deje de melancolía falsa que a nadie podía engañar. Fingía una tristeza por la tierra que quería ver destruida

Aquel dragón plateado, prodigio que mis ojos podían ver, advirtió mi presencia. Su juventud le propiciaba a la curiosidad, que sería mortal en mis manos. Su potencial era grande, y su poder, mayor. Y la elfa que lo protegía era también valiente.

Allí estaba él. Ignorado por el tiempo. Seguía siendo un vanidoso, aún por el paso de los años. El combate fue rápido. Nuestras miradas se cruzaron, pero no compartimos la sonrisa con la que le obsequié. El dragón está herido, lo que le valdría como advertencia

El tiempo se le agota

3 sept. 2011

Una nana para mi dragón

Se alejó. Como no, sin hacerme caso. Y eso que lo castigué, como buena madre que soy. Bueno, algo parecido. Pero se me desgarró el alma cuando lo vi tirado en el suelo, en forma de dragón, y con una herida en el costado.

No me fijé en aquel hombre en ese momento, quería que le entregase a Hob, y no me di cuenta, hasta que Ethan me dijo que se lo diera, de mi manera de protegerlo. Me costó entregárselo a Ethan, pero al hacerlo salió corriendo. Buena estrategia.

-¡Cogedle!-Gritó el hombre, mientras invocaba a unas criaturas que no parecían en absoluto vivas. Vestidos con armaduras y cascos, con trozos de carne podrida. Incluso podía ver algo de sus tejidos internos. Pero no me entró el pánico, y comenzó la batalla.

Cada vez que acribillaba a esas criaturas, no daban muestra de dolor. En un momento dado de la pelea escuché algo caer, pero no me di cuenta hasta más tarde de lo que era. Continuamos, no eran muy fuertes, pero al estar muertos tenían la ventaja de que no podían volver a morir. Dos de ellos se prendieron en fuego, el último que me quedaba fue decapitado. Pero a pesar de estar sin cabeza, su cuerpo seguía luchando, fue entonces cuando me entró el verdadero pánico.

Luego, todo estaba nublado.

Desperté en los brazos de Iefel, todo había terminado. Me explicó que el hombre se fue tras coger algo del suelo, y entonces me fijé en que no tenía el colgante de Ethan. ¡Maldita sea! Su primer regalo, y además tenía la libélula enganchada. Ya no podría comunicarme con él y sí, ahora me siento más vulnerable. No por mí, sino por el bebé. Y también por Hob, que apareció en su forma humana en brazos de Ethan al instante.

Tiene fiebre, al menos Sol ha curado su herida. Es tan pequeño que temo que esas fiebres acaben con él. Espero que mis nanas y caricias ayuden a que se sienta mejor.


[Diario XLIV]