30 jun. 2011

La torre

El silencio reconforta. Es alivio y consuelo para mi alma, en constante tribulación por lo mundano que vive a mi alrededor.

La oscuridad ampara. Es protección y abrigo para mi espíritu, en constante delirio para los ultrajes de lo mundano hacia lo divino

Ya casi no recuerdo el reflejo en un espejo, la visión de un mar en calma, la suave brisa moviendo los pastos para los rebaños. El recuerdo de lo oscuro lo llena todo. Es imposible discernir entre sueño y desvelo. Y la única luz que ha de estar permitida es la que procede del Altísimo. Solo cuando estemos preparados podremos salir a contemplar de nuevo lo que está vivo.

Gritar no sirve de nada, los Dioses no escuchan lamentos vanos
Llorar es en vano, nuestras lágrimas no son comparables con las Lágrimas que Ellos derramaron

Solo queda aguardar la Iluminación, la Visión, la cercanía a lo Verdadero. Encerrados en esta gran torre, debemos encontrar las escaleras que nos conduzcan hacia lo alto. Si sigues el Verdadero Camino, Ellos te guían. Y se te bendice con una caricia anónima

El contacto de aquellos que superaron la Prueba, es como aliento de vida

Sed de venganza

Es acogedora su mirada, gratificante su sonrisa. Siempre con ese brillo protector que dan a entender siempre los hermanos mayores. Porque bueno, aunque antes era mi hermano, él no lo recordaba y por lo tanto sentía que no era igual. Pero ahora lo siento, aquel lazo familiar que se entrelaza con otro de amistad. En todo lo que llevamos de día no he parado de estar pendiente de él, lo admito. No quiero volver a perderlo, y también deseo recuperar el tiempo perdido.

Sin embargo, Ethan se ha mostrado más… no insoportable, pero algo arisco. Bueno, es lo de siempre, él me suelta un comentario hosco y yo se lo devuelvo hasta que finalmente uno de los dos se queda sin palabras. Aunque solo ha sido eso, normalmente no se queda solo ahí. ¿Habré hecho algo que le resulte molesto? En caso afirmativo sería muy desagradecido por mi parte después de todo lo que ha hecho por mí. Pero ya le preguntaré. Aún no logro comprender cómo ha llegado a importarme tanto, ni tampoco cómo es que cada vez me importa más. Oh, pero no tengo queja alguna, en absoluto.

Sol estuvo durmiendo toda la noche y se “despertó” preguntando repetidas veces qué es lo que pasaba. Supongo que sería inconsciente, y me resultó bastante divertido. Cuando realmente despertó, vi que en su rostro había calado la tinta de lo que fuera que estuviera leyendo o escribiendo la noche anterior. Empecé a leerlo pero al escucharme tapó mi boca rápidamente. Ya suponía que sería un hechizo debido al arcano, y obviamente no iba a terminar de leerlo, tan solo quería que se espabilara. En fin, con él tampoco he hablado demasiado, supongo que he centrado toda mi atención en Iefel.

Ya hemos fijado nuestro siguiente destino. Con un poco de suerte, mi tía ya pensará que estamos muertos, por lo que quizá nadie se moleste en perseguirnos de nuevo. Volveremos a nuestro continente de origen y buscaremos a Dorek, estoy segura de que al ser tan solo un niño su mente no ha tenido más remedio que ser corrompida para encontrar una luz entre toda esta oscuridad. No tenemos nada que ofrecerle, salvo el calor de una familia y quizá aventuras, siempre le han encantado, no puede haber cambiado tanto… ¿no?

Pronto llegaremos, Dorek. Y con un poco de suerte, quizá me llevé a cierta mujer a un lugar donde no traiga más problemas. Esta sed de venganza solo me corromperá a mí.

[Diario XXVI]

28 jun. 2011

Después de la tempestad, llega.

El tiempo transcurría con lentitud. Desde que atravesamos el Muro lo único que hicimos fue acampar y montar guardia. Finalmente no pude evitar que Sol y Ash nos siguieran, y no le dirigí la palabra en bastantes horas. Solo quería protegerle, aunque lo entiendo, yo habría hecho lo mismo por él. Averigüé que Ethan estaba buscando algo para hacer que mi hermano recordase, nunca sabrá lo agradecida que estoy. Cuando continuamos avanzando hacia lo que era prácticamente la nada rodeada de árboles, me tropecé con algo.

Era… un brazo. Emití de mi mente algunos datos que surgieron luego, como el encuentro del resto de cadáveres en lo que era un campamento similar al nuestro. Allí había habido una masacre, y algo se había encargado de mutilar sin piedad a aquellas personas. Ya habíamos cumplido nuestra misión, estaba relajada en parte por ello, quería salir de ahí cuanto antes. Pero Iefel quería buscar a una compañera que faltaba. Me mantuve al margen mientras discutía con el Sir Rodric (nuestro líder nombrado por él mismo) que finalmente se hizo escuchar. Lamenté mucho no poder ayudar a Iefel… pero quería salvarnos al menos a los tres, y no quería sacrificarnos por una mujer a la que ni siquiera conocí que seguro habrá corrido la misma suerte que los demás.

Mientras cabalgábamos, Sir Rodric cayó del caballo, al cual decapitaron, y seguidamente a su jinete. Una sombra cuyos ojos azul hielo no reflejaban nada concreto. No me paré a mirarlos, pero el Maestre sucumbió a ellos y no tardó en morir. Solo quedábamos los tres, y no quería que solo quedáramos dos… prefería que al menos se salvasen ellos. Íbamos a gran velocidad, pero la sombra iba a su ritmo y cuando quise darme cuenta la perdimos. Iefel cayó, frené en seco, angustiada. Pronto me di cuenta de que era obra de Ethan para hacerle recuperar la memoria, pero no era el momento. Por suerte lo despertamos y nos guió hacia la salida, que gracias a mis dotes para llamar a la puerta, se abrió al menos hasta la mitad de la salida. Estábamos todos a salvo, aunque aún tenía aquel nudo que llegaba desde la garganta hasta lo más profundo del pecho oprimiéndome. Nadie sabe hasta qué punto he resistido, y no creo que pueda volver a hacerlo después de todo lo que he visto.

De nuevo Ethan dejó inconsciente a mi hermano, y poco después yo misma caí en las redes del sueño.

Pude imaginarlo, tal vez cavilando. Ethan acercaba aquel orbe a la frente de Iefel. Era el mismo de mi sueño, aún no sé cómo es posible que pueda ver ciertas cosas en ellos. La esfera se introdujo dentro de él, y poco después dejé de “ver” aquella escena.

Una mano suave acariciando mi rostro me despertó. El rostro de Iefel estaban muy cerca, y una sonrisa y una mirada cargada de ternura lo inundaban. Ya recordaba todo, mi hermano había regresado por fin, el mismo de siempre, aunque algo cambiado. No entenderá que es el mejor regalo que me ha hecho en la vida. Dormimos abrazados, aunque él aún tiene la idea de que Ethan es “solo” un tiflin. Y por lo que me contó, puede que pronto tenga un hermano mago. Curiosa combinación la que estamos teniendo:
-Un mago.
-Un aprendiz de mago. (Posiblemente)
-Un demonio.
Y claro está, yo. Que soy algo extraño.

Pronto ideé un plan para sacar a Iefel de todo. La mejor idea que he tenido desde… la única buena idea, mejor dicho. Sol hizo que Iefel fuera invisible, Ethan se marchó para reunirse más tarde con nosotros, Sol llevaría la trágica noticia de que mi hermano ha fallecido junto con los demás, y yo… estaría loca e histérica. Sol me ayudó en ello. Y sí, lo conseguimos. Poco después partimos de nuevo todos juntos.

Llegamos a la ciudad de Ethan, y allí nos instalamos en una posada para descansar. Bueno, hace un rato conocía al simpático primo de Ethan que aseguró que yo era “su gatita”. Pobrecito. Además sus dientes, todos afilados, me producían asco en lugar de lo que tal vez pretendiese. No se parecía en nada a Ethan salvo en el físico. Pero Ethan es… Ethan.

La calma ha llegado después de todo. Sol duerme después de haber usado sin parar su magia, Iefel también descansa, Ethan está demasiado lejos de mí, pero eso pronto tendrá solución. Mis sentimientos se están haciendo cada vez más grandes, y ya no sé con qué palabra puedo expresárselos.

[Diario XXV]

Volver a nacer

Como una luz diminuta sobre un telón oscuro. Miriadas de imágenes sobre mi pasado, del que durante meses he intentado restaurar. Vagas pistas sobre cartas con nombres desconocidos, y apenas colgantes desgastados que parecen reliquias familiares de las que apenas sabía nada.

Ahora todo está tan claro. Me faltó el aire cuando todos los recuerdos volvían a mí a una velocidad pasmosa. Me faltaron las lágrimas de dolor por todo lo que había perdido, incluido el tiempo.
Un rostro sonriente ante mí, fue lo que me ayudó a no cerrar los ojos para siempre y perderme

- Vamos, despierta... Ella te está esperando...

Sus ojos rojos, malignos por lo general en su raza, despertaban todo lo contrario. ¿Qué hacía un tiflin como ese siguiendo a mi hermana? Todavía seguía sin respuesta, como tantas otras cosas. Intentaba poner en orden mis propios pensamientos mientras recuperaba el aliento. Y como si fueran multitud, el tiflin y el mago me ayudaron a levantarme, dandome ánimo y esperanza

Rieron conmigo ante mi desastroso aspecto: cansado, desastrado en ropas y muy confuso. Y una risa floja de alegría, y nerviosismo a la vez. Demasiadas emociones de golpe. Cuando por fin pude tenerme en pie, me senté junto a ella. Todavía dormía, tan plácidamente como solía hacer en su cama. En eso no ha cambiado nada

Más adulta, más responsable, o eso espero. Me ha salvado la vida, y no sé como darle las gracias. A ella y a sus compañeros, que al parecer también son los míos. Si se entregan de esa forma, espero que sigan siendolo durante mucho tiempo

23 jun. 2011

Malos recuerdos

Todo estaba muy oscuro, no sé muy bien cómo llegué allí. Recuerdo que era un espacio muy cerrado y un olor a podrido inundaba la estancia. Cada paso dado era más desagradable que el anterior. Había algo en el suelo, aunque parecían varias cosas en conjunto. Algunos crujía, otros estaban pegajosos, otros expulsaban algún tipo de líquido pútrido al pisarlo que se calaba por mi calzado. No lo veía, pero lo sentía.

De pronto, una luz apareció delante de mí. El rostro de una persona pálida. Lo peor era que podía ver a través de ella. Su tenue luz creó una especie de penumbra que conseguía hacerme ver lo que había a mi alrededor. A mis pies decenas de cuerpos inertes reposaban en el suelo. Algunos estaban descompuestos, otros estaban en ese proceso y el resto eran recientes. Mis gritos se apoderaron del lugar y más espíritus aparecieron, pensé que para callarlos. No existía salida para mí, pues mis ojos estaban apagados, como limitados, y no podía ver más allá de todo lo que estaba ocurriendo. Mareada, caí al suelo, y eso hizo que me quedara a la altura del rostro de uno de los cadáveres.

Finalmente, pude ver otra luz invadir la estancia. Pero no pude saber quién era, pues mi mente decidió que lo mejor era evadirse de lo ocurrido.

[Diario XXIII] "Hagamos una pausa en mi aventura para recordar."

21 jun. 2011

La búsqueda

Es como caminar por un túnel, como caminar a lo largo de una hilera de arcos que forman el techo de una antigua biblioteca. Solo que las velas se habían consumido por completo. Caminaba en la más absoluta oscuridad, pero el olor a libros persistía. También me llegaban suaves fragancias a perfumes. El aroma de una bella mujer. El hedor del humo en las batallas. Todo a su tiempo, ocupando su lugar. Como claras corrientes de agua que destacasen en lo profundo del océano.

Dijeron que sabría el camino, el corazón lo dictaría. Y aquí sigo, caminando en la oscuridad. Y la fe tiene sus recompensas. Aquella esfera, un pequeño orbe. Parecía que se librase una tormenta en su interior, y los rayos quisieran salir al exterior en todas direcciones.
Ese orbe tenía mucha fuerza, y pugnaba por salir de aquel lugar.
Pensé en ella, y no pude evitar sonreír. Casi me parece verla en la oscuridad

19 jun. 2011

Lo desconocido está próximo.

Un par de días han pasado desde nuestra llegada. Nos alojamos en el interior del castillo, Sol, Ethan y yo. Bueno, a Ethan después de dejarme en la cama tras hablar con Iefel no lo he vuelto a ver. Solo dejó un anillo. Cuando toqué el colgante que me regaló caí desmayada, y aunque busqué por todas partes no lo encontré. Volví a intentar entrar en contacto con él, y esa vez no quedé inconsciente. “Volveré”, es lo único que me decía. Lo único que odio de él es eso, su capacidad de aparecer y desaparecer sin dejar rastro ni tampoco explicaciones. Más tarde dejó una nota explicando que me estaba preparando una sorpresa. ¿En el infierno? A saber lo que es.

Por otro lado, creo que acabo de tomar la decisión más demente de toda mi vida teniendo en cuenta mis miedos. Hablé nuevamente con Iefel, y existe la posibilidad de que pueda venir con nosotros. El problema es que antes de ello, debe cumplir una misión: Atravesar El Muro y encontrar a los que fueron anteriormente. Son amigos de Iefel, por lo que entiendo que esté dispuesto a ir a buscarlos. Yo también lo haría. Y como es mi hermano, no puedo dejarlo solo, después de todo lo que he pasado, no quiero verle morir sin más. Así que… he decidido acompañarlos. Lo sé, estoy loca. Y lo peor es que Sol quiere venir también… ¡ni hablar! No estoy dispuesta a perderlos a los dos.

Sol continuaba insistiendo, y a pesar de que fue difícil convencer a Iefel para que me dejara acompañarlos, no puso ninguna pega a que viniera él. Y luego la egoísta soy yo. La cosa acabó tensa, Sol y yo nos enfadamos. Terminé mi plato y me fui directa a la cama. No tardó en venir a hablar. Pensé que le había convencido para que no viniera, quedé bastante satisfecha por ello.

Cuando terminamos de hablar me sorprendió con un beso en los labios. Fue solo un roce, sin ánimo de más. Supuse que para él significaba lo de siempre, el fin de una etapa de su vida. Y así era, pues Sol era al fin y al cabo, un hombre de costumbres. El colgante de Ethan ardía, era obvio que lo había visto o sentido, aún no tengo muy claro lo que es. Queda poco para partir, al amanecer del día que nazca mañana.

Hice poco más, hablé de nuevo con Iefel para asegurarme de que iba a avisarme cuando tuviéramos que partir, y al final me lo prometió. De nuevo a solas sobre mi cama, intenté contactar con Ethan para despedirme de algún modo. Le pregunté dónde estaba y de nuevo respondió que preparándome una sorpresa. Luego se materializó, y me preguntó por el beso. Creo que le convencí de que para Sol significaba otra cosa, aunque estaba celoso. Me pareció adorable por su parte.
Él sabía que vamos a atravesar El Muro, y me vino genial, porque no quería explicarle a él también que me iba, y además tampoco quería que intentase unirse a nosotros. Es cosa mía, quiero intentar vencer mi miedo, y he de hacerlo sola. Con un último beso en los labios y un “ten cuidado” saliendo de ellos, de nuevo desapareció.

Ahora toca dormir, mañana será la hora de la verdad. Sol duerme cerca de mi cama tras pasar el día en la biblioteca. Tengo tanto miedo que no sé si podré traspasar El Muro sin que me dé un ataque de histeria y quiera volver hacia atrás. El tiempo dirá. Tal vez esta sea la última vez que escribo con esta personalidad. El cambio está garantizado, lo desconocido está próximo.

[Diario XXII]

16 jun. 2011

Olvido

Palabras, palabras, palabras

Desde mi Despertar, no he tenido ante mí otra cosa. Habladas o escritas. Siempre prestas a ser entendidas, dispuestas a que se desentrañaran sobre ellas cualquier misterio. Eran como un imán, no podían ejercer mayor atractivo sobre mí

Ayudaban también a olvidar ese gran vacío que tenía sobre mi espalda. Como la nada, aterradora como un terrible cuento encantado a un niño desvelado. Me robaba el sueño, las horas, la tranquilidad. Y ahora que sé la verdad, quisiera también olvidar.
¿No era suficiente castigo el olvido?

¿Por qué tampoco puedo discernir la verdad de la mentira?
¿Lo real de la ficción?
¿Mi pasado del simple deseo de tenerlo?

Me siento confuso
Construí un hogar sobre nada, sobre el blanco de mi memoria. Y ahora, de nuevo, todo roto. ¿Por qué permitir esa ligereza para con mi vida? ¿Quién se tomó la libertad de dirigir mi vida con tanto desaire?

Quiero recuperar, y también perder
Recuperar la verdad
Perder el miedo

La peor forma de perder a alguien

Se me han juntado demasiadas cosas. En nuestro camino encontramos a un guardián… más bien un antiguo Guardián de la Noche, que se había fugado y ahora estaba en busca, captura y muerte. Hemos estado ayudándole a pesar de que ello podría suponer un problema más serio, pero finalmente se fue. Espero que el destino lo cuide y no cumpla la terrible profecía de separar su cabeza de su cuerpo.

Quiera o no, ha habido más charlas con mis compañeros y discusiones, como es normal, pero no me apetece hablar de ello, no en estas circunstancias. Llegamos al viejo hogar de Ethan, entre un viento fuerte y frío, pero aquel lugar estaba protegido de ambas cosas. Pasamos la noche en una posada bastante cálida en comparación a todo aquel paraje blanco y helado. Pronto, al amanecer, continuamos nuestro viaje hacia El Muro.

El Muro… parece mentira que ya estemos aquí. No es como imaginaba, pues aunque es frío, y no en el sentido temporal, alrededor parece tener algo de vida, o al menos eso es lo que aparentan los Guardianes. Viendo como estaba el que huyó, estoy segura de que aún no he visto la Verdad.
Pensaba que lo terrible sería encontrar un lugar desconocido por mí y todo Argonath. Tenía miedo de perderlo todo, incluso a mí misma, y aún lo sigo teniendo, pero hay otra cosa que ocupa mi mente por completo en este momento.

Quiero omitirlo todo, la charla con aquel hombre sobre mi hermano y su aparición. Su mirada sobre mí, indiferente, tal vez cordial. Pero solo eso.
Su historia heló mi sangre más que aquel lugar. Una llegada, su comportamiento huidizo y su silencio antes de que ocurriera aquello. Un incendio en el cuál tal vez su papel fuera importante para otras vidas. Sin embargo el Destino deseó acabar con su memoria y olvidar por completo quién era, de dónde venía y cuál era su verdadero Destino. Aunque ya ha cambiado.

Mantuvimos una charla en la cual le expliqué su nombre, quién era yo y por qué había venido hasta aquí. Se mostró distante al principio cuando de mis labios salió la palabra “hermanos”. Aún así escuchó nuestra historia, nuestra familia, cómo cayó nuestra casa y por qué estaba aquí.

Concluimos la conversación con un abrazo, quería llorar en su hombro y suplicarle que me recordara, pero sabía que eso lo aturdiría y se distanciaría aún más. Me dolió y aún me duele el tener que tratar a mi propio hermano de vos… como si fuera un desconocido. Yo para él, lo soy.

No tengo ganas de nada. No sé si venir hasta aquí ha servido de algo ni tampoco si debería quedarme a esperar que mi hermano se aclare. Nada tiene sentido... la peor forma de perder a alguien es que esa persona te haya olvidado.

Al menos está vivo. Al menos no estoy sola. Al menos… tengo una oportunidad mínima de hacerle recordar. Y tan solo acabo de llegar.

[Diario XXI]

13 jun. 2011

La mitad oscura

El dolor de cabeza era descomunal. Hacía frío, y todo estaba oscuro. Sentía la mano de Kyra sobre la mía, probablemente habría caído dormida mientras intentaba pegarme una bofetada tras alguna grosería. Aquel sueño había sido demasiado repentino
Y ahora me sentía débil, entumecido por aquel extraño frío.

Seguíamos en la posada, la última que visitamos con algo de conciencia. Todo estaba en silencio, ya en el cielo oscuro. Y un frío desalentador. De mi boca, un suave vaho quedaba despedido. Casi podía percibir el leve destello rojo de mis propios ojos

Y fue gracias a ese tenue fulgor cuando la vi. Altiva y orgullosa, y envuelta en un halo de poder que no me gustaba. Su sonrisa brillaba con malicia

- No recuerdo haberte invitado a la fiesta... - me notaba aturdido, descolocado. La señalé, vacilante - Tu nombre era... ¿Vicky?
- ¡Calla, estúpido! - ladró alterada, lo cual revelaba un carácter terrible, que el tiempo confirmaría
- Vaaale... - suspiré, cansado, mientras Kyra seguía durmiendo en su borrachera - ¿Por qué no me dices que es lo que quieres, y así acabaremos antes?
- Pronto lo descubrirás... - susurró en tono intrigante

"Claaaro, y ahora sus malvados lacayos se cernirán sobre mí para a saber que malignos planes elaborados por esta loca, ¡está loca!

Todo se ensombreció de golpe. Efectivamente, los compinches de esa mujer estaban detrás de mí. Aletargado, no había podido percibir su presencia. Pero sí la de alguien mucho más aterrador.

Sobre un pentagrama finamente elaborado, un portal del mismísimo abismo se abría ante nosotros. Aquellos muchachos, aprendices en la materia de la convocación, gritaban aterrorizados, producto de su terrible invocación. Incluso yo, temblaba

- Has despertado algo superior a ti, maldita bruja - susurré hacia ella, completamente seguro de que podía escucharme

Temblaba, y me protegía del fuerte viento que salía del portal. Aquella era una entrada a mi mundo, y tenía la vaga sospecha de que nuestro visitante no traía buenas noticias, al menos para mi

- ¡Glabrezu! ¡Te entrego a tu díscolo servidor, que entre mortales, planea y erige tu caída! ¡No es su deseo otro que... obtener tu poder! ¡Ahora, maldíceme con tu favor! - dijo ella, como una petición, aunque más bien sonaba como una exigencia

Af había terminado de cobrar forma por completo, y aunque sus ojos eran ciegos, su rostro se dirigió hacia mí. Lo miré impasible, no pudiendo acallar la voz de aquella bruja. Todos los que estaban allí, permanecían incoscientes

- ¡Bruja! - bramó Af con desdén - Juegas en un tablero en el que desconoces las reglas, entrometiendote en mi poderío. Si osas interferir de nuevo, ¡le entregaré tu alma al mismísimo Cerberus!

Ella temblaba, y cayó al suelo por la potencia de su voz maldita. El Derrotado me llevó consigo, tal vez para probar mi obediencia y lealtad. Aquella bruja me había dado una idea, pero todavía no era el tiempo

Más tarde, descubriría gracias a mi amo que esa bruja tentaba mi poder. Af era consciente de la existencia de Kyra, pocas cosas escapaban a su entendimiento, y entre ellas, tampoco escapaba mi debilidad.

No podía dejarme en libertado con tanta facilidad, pues su posición quedaría en duda. Debería permanecer allí, en mi plano, encadenado y oculto, mientras ella se enfrentaba a su mitad oscura

El tiempo dirá

Aquel muchacho era solo un crío. Y ya tenía en sus ojos la sabiduría de un anciano, casi lo que podría haber vivido en apenas unos años. ¿Qué es lo que habrá visto en aquel muro? ¿Lo habrá traspasado y habrá contemplado los horrores que muchos aseguran que existen allá?

No me atrevo a preguntarle mientras tiembla observando el fuego. Está sumergido en profundos pensamientos que, de poder escudriñarlos, me llevarían a terribles pesadillas que no quiero ni imaginar... Pero aquí seguimos. Podemos continuar, nuestra cordura seguirá intacta mientras no miremos más allá

Ethan lo observa todo con indiferencia. Su prueba ha sido grande, al dejar de ser mortal, y quedar en el infierno. Todos hemos visto cosas...
Pero muchos lo temen por eso mismo.

Al otro lado del Muro, lo que debiera permanecer en relatos de terror y terribles lugares, se hace realidad en nuestra tierra. Con una simple barrera mortal para detenerlos
Mis sueños me dejan sin aliento. Veo tristeza, lágrimas y un sentimiento de impotencia

Y lo peor, no puedo predecir ni saber a que se deberá
Solo el tiempo dirá

6 jun. 2011

Esto implica... un cambio

Un ruido colosal, pedazos de aquel lugar cayendo sobre todos nosotros, dolor en todo el cuerpo y finalmente oscuridad. No pensé que la velada acabaría de tal modo, recuerdo intervalos de sueño en el cuál aparecía un hombre curándome y explicándome que tuve un accidente en una explosión. Pasaron cinco días, dos de ellos durmiendo y los demás intentando recobrar de nuevo la capacidad de caminar y valerme por mí misma. Por suerte siempre he sido una mujer fuerte.

En la posada no queda nadie, tan solo un mensaje sobre la madera del cabecero de la cama: “Phyro”. La Torre, ahí estaban. Todo fue tan rápido, pasé el camino desconectada de todo, preguntándome qué había pasado, cuestionándome la fidelidad de mis amigos. Se me cruzaban infinidad de cosas por la mente. Ellos me habían abandonado, el colgante de Ethan estaba frío al igual que aquella torre. Miradas de desdén se cruzaban mientras me hacía camino hacia el archimago. Pensaba que era Sol hasta que descubrí que se trataba de una mujer, y junto a ella estaba Sol, con un aspecto desconocido, demasiado arrogante para mí. Creo que nunca solté tanta blasfemia junta.

Sol parecía reírse de mí, me confesaba que no lo conocía y admitía que quería quedarse en la torre con aquella mujer. Nunca pensé que se pudiera llegar a odiar a alguien en unos minutos nada más conocerlo. Él me había decepcionado, me sentía ultrajada y engañada, despojada de mis armas sin protección alguna, salí de la torre tras algunas mofas por parte de los estudiantes de magia. Magos, cada vez me repugnaban más.

Al salir el colgante sin vida que anteriormente me pidió que me fuera, cobró de nuevo su luz y con ello la voz de Ethan. No quería saber nada de él, pensaba que me había traicionado al igual que Sol, pero pronto me di cuenta de mi error. Era una crédula, insensata, como siempre. Nunca aprenderé, detesto ser así. Ethan estaba prisionero en el Infierno, y Sol estaba también bajo el mando de aquella mala pécora. Sí, mala pécora. Quería a Ethan, a MÍ demonio.

Con furia regresé de nuevo a la cima de la torre, de nuevo despojada de mi arma. Ella quería que luchara, y en el caso de morir, lo perdería todo. Le dejé bien claro algunas cosas.

-El poder de la Torre es limitado, y necesito a un demonio. He encontrado al tuyo, que es el más… fácil, de acceder.- Informó la archimaga.

-Tú misma lo has dicho.- Desde que llegué a la Torre, admito que me volví más arrogante, y creo que algo en mí ha cambiado desde entonces.- es mí demonio, ¡ah! y él también es mío.-Concluí señalando a Sol, que soltó una media sonrisa escondida.

Seleccioné una espada después de algunos intentos fallidos con otras, una normal, como a mí me gusta, sin trucos raros ni nada por el estilo. Entré en un círculo de luz, y de tres de mis sombras surgió una figura como la mía, con la espada más grande. Curioso, tenía que enfrentarme a mí misma.

Empezó el ataque por su parte, con una esquiva por la mía. Conseguí hacerle algunos rasguños, pero en un momento ella llevaba ventaja y me hirió varias veces. Estaba desesperada, le hice un a fondo, ataqué a su cabeza y cuello para acabar cuanto antes, pero era inútil. Tuve una oportunidad que fue definitiva. Continué atacándole y cuando me di cuenta estaba clavándole correlativamente mi espada hasta darle… ¿muerte?

Un gruñido surgió de la oscuridad, aquella mujer estaba a rebosar de cólera, pero Sol apareció por detrás colocándole un puñal en el cuello. Quise incrustarle la espada repetidas veces hasta verla muerta, sin embargo, pronto me vi huyendo de la torre, haciendo de nuevo caso a Sol. Conseguimos huir de allí. Ella permanece rodeada de demonios, pero no son de su agrado. Aún me sigo arrepintiendo, pero aunque esté fuera de mi alcance, es cierto que hay cosas peores que la muerte. Yo misma lo he vivido, cuando me he visto sola y abandonada por dos personas tan importantes… la muerte era más dulce que ello. Temía por Ethan, pero el sueño y el dolor me hicieron caer en un profundo sueño.

[…]

Alguien me despertó. ¿Quién iba a ser? Ethan. Estaba de nuevo con nosotros, juntos los tres. Aunque faltaba Ash, pero espero que vuelva pronto, mantengo la esperanza. No me había dado cuenta de lo absurda que había sido pensando que iban a traicionarme. Pero supongo que no viene mal algo de desconfianza por mi parte.
Quizá Ethan tiene razón. Quizá ser inmortal no sea tan bello como lo pintan. Sobre todo si vas perdiendo a las personas que quieres. Ahora me angustio al pensar… ¿por qué te has condenado, Ethan?

[Diario XX]

5 jun. 2011

Una pausa

Hemos continuado el viaje. Omitiendo que se nos ha sumado una gata al grupo bastante curiosa (y que espero que no se acerque demasiado a mí) y que bueno, se pueden hacer más cosas de lo que pensaba mientras se mantiene relaciones… llegamos a la ciudad y allí nos hospedamos en una posada para descansar. Me di el baño más largo de la historia, y no me arrepiento. Después dejé a Sol en la habitación ya que Ethan se había ido hacía una hora y conociéndole seguro que estaba liándola por algún sitio.

La ciudad tenía lo que toda ciudad tiene. Mercados, gente con prisas y gente tranquila, tabernas… que curioso: “La puerta al infierno”. Seguro que Ethan estaba ahí dentro. Después de ver a un borracho salir disparado de ahí, y golpear la puerta con algo parecido a una contraseña absurda, entré.

La primera impresión no fue buena. Gente formando corrillos, música que acompañaba al lugar, bebidas corriendo de mano en mano. Era demasiado obvio que ese tipo de gente se reuniera ahí, tanto que era absurdo.

Y después de echar un vistazo encontré a Ethan sentado en la barra. Me pareció ver algo raro en él, supongo que habrían sido imaginaciones mías.

Desde luego era un buen lugar para preguntar por El Muro, y así al menos sabría algo más de él y no me daría tanto… reparo. Ethan fue a preguntar a un tipo extravagante, con cara de pocos amigos y una marca bajo su ojo que me llamó la atención. Permanecí en la barra, y ya que estaba me pedí algo para tomar. Echaba de menos el sabor del alcohol, he de admitir.

Desvié la mirada del lugar donde mantenían su plática con la mala suerte de encontrar al lado mía a un tipo extraño que me miraba… eh, bueno, de forma patética, la verdad. Después de que me sirviera una copa que rechacé y me negara a ir con él, la cosa se puso extraña.

“Pero ¿qué hace? ¿Para qué diantres me está cogiendo del brazo?”

Oh vamos, ni siquiera me había dado cuenta de lo que pretendía, ni tampoco había sido capaz de reaccionar y darle una patada cuando Ethan ya estaba ahí, dándole la paliza de su vida.
Que aburrimiento, yo quería un poco de acción. Me quedé sentada en la barra viendo como ambos peleaban a mis pies, y claro está, ganó Ethan.

Ya tenía algo de información referente a cómo llegar hasta El Muro. La verdad, no sé para qué preguntó eso si ya sabíamos cómo llegar. Conociéndole, seguro que no han hablado de eso.

En fin, vamos a otra taberna… pero antes, Ethan, déjame hacer una pausa para escribir esto antes de que se me olvide… después de la que vamos a pillar.

[Diario XIX]

2 jun. 2011

La puerta al infierno

Aquella taberna destilaba clase y estilo en cada rincón... O eso quería aparentar. Las ventanas cubiertas con unas cortinas negras que llamaban al misterio. Una puerta con una contraseña totalmente inútil, ya que de escuchar a los borrachos llamar con la clave correcta con gran estruendo, era fácil entrar

El interior dejaba mucho que desear. Música propia de ambientación para una narración de terror, alcohol servido con gran estilo y corrillos susurrantes creaban misterio
Por desgracia, parecía ser de los pocos lugares en los que sicarios y otros agentes de aquel buen oficio podían permanecer sin atraer demasiadas malas miradas

Yo esperaba algo más impresionante, tal vez algún lugar al que tuvieran acceso los que ahora eran mis congéneres... A veces, lo más obvio era lo más acertado. Incluso para los sicarios y demás. Era un escondite evidente, quizás demasiado. Por eso nadie los buscaba allí para su detención

Kyra apareció con su habitual curiosidad. Apenas me dio tiempo a esconder la sonrisa idiota que había plantado. Prefiero sonreír oculto entre su pelo, cuando ella duerme.

Por fin, llegó el momento de las preguntas, cuando encontré al sujeto indicado. Aquella marca bajo su ojo lo desvelaba. Me senté frente a él, sin invitación ninguna salvo la de una copa en mi mano

- Eres un Guardia de la Noche

- No - respondió - Lo fui

- Y no muy bien parado, por lo que veo - dije con algo de sorna, aunque pronto descubrí que no funcionaba con él - Háblame del muro

- Frío, hambre, miedo - seguía sin mirarme - Nada atractivo para un turista. Llegan criminales a engrosar las filas de la Guardia. Y al otro lado... la muerte

- Aham, si me explicaras eso un poco más...

- Aullidos, hombres grises... Con ojos zafirinos como el origen de la nieve. Son cadáveres andantes, o eso cuentan las leyendas. No voy a decirte qué debes creer

- ¡Gracias! Ahora, si me disculpas...

Kyra había atraído a un visitante molesto. Maldito loco, no sabía que era solo mía. Unos cuantos puñetazos en su cara bastaron para dejarselo claro. Aunque debería despertar primero para reflexionar sobre ello

1 jun. 2011

A lo desconocido

No hicimos mucho más. Tampoco teníamos un lugar concreto al que acudir para continuar la búsqueda de mi hermano Iefel. Hasta que Ethan trajo un posible destino consigo: El Muro. De lo que hay allí... nadie sabe, y quienes lo exploraron no lo han podido contar. Tengo que admitirlo, estoy asustada. Pero nunca lo admitiría en voz alta. Siempre he tenido miedo a lo desconocido, y no es extraño que toda esta aventura no se me esté haciendo aterradora, pues al menos siempre suelo llevar una leve idea de lo que encontraré. Sin embargo, El Muro... ni los mapas cuentan su secreto, ni nadie, ni nada. Es como un susurro enloquecedor que me atormentara cada instante y me oprimiera el pecho a cada paso que avanzo. Incluso tuve miedo cuando me adentré en aquella trampilla de la Torre, pero pude mantener la calma. Me recordó a algo que había estado oculto en mi fuero interno, algo que sucedió cuando era una niña...

Pero en fin. Todo tiene un sacrificio. Y tampoco vamos a pasar la frontera del Muro... a menos que la cosa se descontrole. Pero bueno, todo tiene su lado positivo.
No estoy sola.

[Diario XVIII]