30 may. 2011

Palabras de fuego [VI]

El fulgor de la aldea que fue mi hogar me hacía daño en los ojos. Mi garganta era puro fuego: ardía y sangraba con profusión. No fueron pocas las veces que tuve que escupir sangre. Y el movimiento a caballo no ayudaba a mejorar mi situación

Maniatado y a lomos de aquel caballo, era conducido a merced de aquel hombre tan extraño. El que había provocado toda aquella masacre. En mi interior, ya lo llamaba "brujo". Con todo el desprecio que podían darle mis lágrimas amargas. Me ignoró por completo durante el camino que nos esperaba para alejarnos de aquella escena
Querría alejarse cuanto antes de lo que había hecho, y lo demás no parecía importarle

Cuando decidió por fin detenerse, simplemente me dejó caer al suelo. Las magulladuras sobre mi cuerpo aumentaron en número. Caí dormido en aquella incómoda postura, después de pasado un tiempo. Quería dormir, desconectar de todo lo que estaba ocurriendo

Desperté cuando comenzaba ya a amanecer. Diría que fue poco tiempo, pero aquella noche resultaba prácticamente eterna. Demasiadas vidas perdidas, incluyendo la mía, ya que todo sería diferente para mí

- ... quisieron ser iluminados en el camino con las palabras de la verdad... - escuché que aquel hombre hablaba, o casi recitaba - ¿Sabes cual es el camino, chico?

Me volví hacia él, como bien pude, y allí estaba. Sentado sobre una roca, manejando un extraño instrumento esférico, mirando al amanecer con gesto ausente. Me hablaba a mí, sabía que estaba despierto, aunque no me miraba

- Vayas donde vayas, hagas lo que hagas, todo exigirá un sacrificio. Aquel ser que estaba en libertad, aquella pequeña pluma de fénix convertida en una dama danzante, se cobró tantas vidas para evitar muertes futuras. ¿Entiendes lo que quiero decirte?

No asentí, apenas me moví de como estaba. ¿Mi aldea incendiada era un sacrificio? ¿Para qué? ¿Para evitar males mayores? ¿Era eso lo que quería decirme? No entendía, no quería entender.

- Aquel beso, con humor cruel, simbolizaba el cambio en tu vida. Aunque se hubiera incendiado hasta la tierra que pisamos, ella no se hubiera cobrado tu vida. Por eso te saqué de allí - siguió manipulando aquel objeto, aunque de reojo pudo ver como me retorcía en mis ataduras - Te revolverías e intentarías volver, por eso te até

Después, se levantó y me dejó libre, con mis propios pensamientos

28 may. 2011

Nervios... buena descripción para todo esto.

Antes de comenzar a explicar lo que me sucedió estos dos días anteriores, me gustaría dejar bien claro lo nerviosa que estoy. ¿Pero cómo no iba a estarlo? Nunca antes me había sentido así ni… había sido correspondida. Y después de este paréntesis, querido diario, voy a explicar lo que ocurrió.

Sol y yo salimos de la torre, después de algunos imprevistos con una trampilla y agua que al parecer no era de buen augurio, después también de rescatar el diario, de ir al pueblo más cercano y ver como Sol recupera el báculo que tenía otro mago, y de una manera bastante curiosa y cabalgar por el bosque viendo como Ash y Nox se conocía, finalmente llegamos a la cueva donde Ethan y yo estuvimos (y que casi se nos cae encima… bueno, eso pensé) y nos instalamos ahí.

Cuando la noche cayó sobre nosotros y no hubo noticias de Ethan, quise comunicarme con él a pesar de que la última vez que lo hice estaba… ¿luchando por su vida? Aunque después reaccioné de forma extraña, no sabía por qué. Salí de la cueva para mantener una conversación más privada con él, quería sorprenderle con mi llamada, pero fue él quien me sorprendió a mí. Estaba ahí, tras de mí, acariciándome la cintura y susurrándome. Después de intercambiar algunas palabras, soltó: “¿Por qué no lo has hecho ya?” Era curioso, pues yo también me lo había estado preguntando. Vacilé un poco, quería hacerme de rogar, tal vez… o quizá había algo más. Pero le besé, parecía que hacía años que no lo hacía, y era curioso, porque tal vez para él fuera así.

Estuvo contándome algunas cosas del infierno. Aún me impactaba estar enam… hablando civilizadamente con un demonio. Recordé la anterior conversación, y de forma sutil le pregunté “de broma” si había conocido a alguna mujer allí.

-Bueno, estaba en mi palacio tranquilo cuando de repente se me acerca una e intenta seducirme.-Se puso dramático.- Estaba medio desnuda, y se apegó contra mí con esa intención.- Continuó hablando, pero sin saber por qué, un calor recorrió todo mi cuerpo. Dejé de escucharle y me centré en hacer fuerza con mis puños. Era una sensación desagradable, y no entendía bien a qué se debía.

-¿En serio?- Pregunté finalmente.

-Pues… lo de que tengo un palacio es cierto, lo demás no.- Soltó una risa, y aunque me entraron ganas de soltarle yo un guantazo me resistí las ganas. Al menos la sensación desapareció.

Continuamos hablando de trivialidades varias, hasta que concluyó con una pregunta.

-¿Quieres que pase la noche contigo?

-¿Puedes?

-Sí, creo que esta noche me la voy a tomar libre.- Sonrío como solo él sabe hacerlo, con picardía y dulzura a la vez. Creo que él piensa que no capto lo segundo.

Sentí llenarme de gozo al escuchar aquellas palabras. Y bueno, quise aprovechar la noche, y supongo que él también quiso. Así que eso hicimos, aunque esa vez fue diferente.

[…]

Me despertó para despedirse. Me prometió que no tardaría mucho en volver. Al regresar a la cueva, Sol todavía dormía, y yo empecé a preparar el desayuno con ganas. Cuando despertó me miró extrañado, supongo que no me había dado cuenta de lo feliz que estaba y de mi forma de actuar. Estuvimos hablando y supo que había estado con Ethan por el olor de mis ropajes. Un dulce aroma, para mí. Sol quería hablar con Ethan, y bueno, si era lo que quería…

Ethan dijo que vendría a la noche así que Sol y yo pasamos de nuevo todo el día en la cueva. No sé bien por donde fueron los acontecimientos, que finalmente acabamos hablado de él.

-Kyra, ¿estás enamorada?- Me preguntó repentinamente. ¿Lo estaba?

-Pues… no lo sé…

Le expliqué todo lo que había pasado, con Hedrek, con Ethan. Estaba hecha un verdadero lío. Aunque Hedrek fue mi primera vez, nunca antes había manifestado ese tipo de sentimiento hacia alguien. Sol me recomendó que lo pensara, pero ya tenía el cerebro fundido de tanto pensar en ello. Sabía que con Ethan todo era diferente y… Hedrek y yo no estaríamos como al principio debido a los acontecimientos pasados. Tampoco sabía que éramos Ethan y yo, lo cual era más desconcertante aún.

-¿Y por qué no hablas con Ethan?

-Debería, pero… no sé cómo hacerlo.

-Explícale lo que me has contado a mí.

-Sí… lo haré.

El resto del día pasó veloz. Si tenía uñas ya no quedaban, y eso que yo jamás me las había mordido. A la hora de cenar, Sol echó algo que daría “más sabor” a la comida. Pero realmente era un tranquilizante. Ya me lo podría haber dado antes. No tardó en aparecer. Se fueron de la cueva para hablar a solas y yo me quedé ahí, pensando en que decir y hacer. Más tarde, volvió Ethan solo, Sol se había quedado fuera para darnos intimidad.

-Estás nerviosa.- Empezó Ethan. Una gran forma de comenzar poniéndome más nerviosa aún.

-No… solo es que… tenemos que hablar.

-Ah… ¿y bien?- Tenía una expresión curiosa.

-Pues…-“Ve al grano” me dijo una voz en mi cabeza.- Quería saber… eh… ¿Qué somos?

Soltó una palabreja muy irritante y le pegué una bofetada. (Palabra compuesta por amigo y una anterior derivada del acto sexual)

-Es broma… pues, no lo sé.

Le expliqué algunas cosas, pero no sé si me entendió bien.

-Eso quiere decir que me quieres.- Dijo con un tono de broma, como siempre.

-…Sí.- Sus ojos cambiaron de expresión, parecían estar en shock, pero aún así prosiguió.

-Que mal, deberías odiarme.-Quería hablar de forma seria, y con esa misma expresión en mi rostro le confirmé.

-Te quiero.

-Eh… lo… mismo digo.- Parecía avergonzado y ahora pude ver claramente el nerviosismo en sus ojos.

Continuamos hablando, él estaba cada vez más nervioso y yo también, pero menos que cuando estaba a la espera de que viniera.

-¿Quieres ser mi pareja?-Conseguí preguntarle.

-Vaya… nunca pensé que me lo pedirían a mí.- Rió.

-Pues pregúntamelo a mí si quieres.

Y bueno… como ya he mencionado al principio, estoy realmente nerviosa, porque cuando dejamos claro lo que éramos supe que se trataba de algo serio, y yo nunca me había encargado de nada serio. Me siento feliz y consternada también. Me castigó sin pasar la noche conmigo por ponerle nervioso, pero supongo que tendría cosas que hacer. No veo el momento de volver a verle y espero que cuando lo haga no tenga que volver a marcharse.

[Diario XVII]

26 may. 2011

La tentación vive ¿abajo?

Desperté, bañado en sangre y sin poder ver nada a mi alrededor. Creía estar en una pesadilla, y tal que así, comencé a gritar para olvidar todo lo que podía perder, todo lo que estaba arriesgando. Mi vida, mi corazón, mi alma, y todo lo que ello conllevaba

Me abracé a mi mismo y comencé a llorar. Tardé un buen tiempo en darme cuenta de que lo mucho que lloraba. A todo ello, se sumaron amargos recuerdos que creía tener enterrados en lo más profundo de la memoria. Caí dormido, y no me preocupé en el tiempo que pasé así

Al abrir los ojos, estaba en una habitación de paredes negras como el azabache, paredes marmóreas como el azabache y no parecía tener fin en altura. Como el abismo

Escuché unos suaves pasos sobre aquel suelo de mármol cuya negrura casi dañaba los ojos. Aún tenía sangre, y ahogando un nuevo llanto, levanté la vista. Allí estaba. Una mujer que deslumbraba en belleza, pero cuyos ojos robaban hasta el calor del alma. Me contemplaba mientras lentamente caminaba hacia un trono de piedra que había en la sala que habitabamos.

Su sonrisa engatusaba, y su voz acompañaba ese efecto hipnótico. Me levanté para poder recomponerme, y saber en que estado me encontraba, pero ella rompió todos los planes. Se había cruzado de piernas y observaba toda la sala con mirada crítica

- Parece que has despertado el lado generoso de Af, Ophiel... - dijo con un tono burlón que a nadie se le escaparía - Pocas veces otorgaría un presente de semejante valor

La miré sin comprender, y mi expresión de incertidumbre realmente tendría que ser exagerada, ya que comenzó a reírse con gran humor

- ¿Todavía no entiendes, pequeño? - me preguntó. Se levantó del trono y se acercó a mí con caminar sinuoso. Una vez a escasos centímetros, colocó el dorso de su mano en mi mentón, acariciandome - Todo lo que ves ahora... te pertenece... por cortesía de Af...

Su mirada se desplazaba de mis ojos a mis labios, en clara sugerencia de una "confianza" mayor

- Y puestos a recibir... ¿qué más te gustaría tomar?

Su cuerpo, ahora semidesnudo, se pegó contra el mío. Piel contra piel, ardiendo en deseo, siendo que era casi palpable. Sus labios rozaron los míos en una clara invitación a un beso.

- Ya que si soy el señor de lo que hay aquí presente... - le dije con la voz temblorosa - me gustaría tomar la tranquilidad y el silencio de mi propio palacio... Si me permitís...

Me quedé quieto tal y como estaba, esperando su reacción. Sus ojos chispearon en una llama de rabia y frustración. Retrocedió un paso y en un torbellino de fuego desapareció, y un grito propio de una banshee fue su despedida

Caí agotado en lo que era mi trono por semejante encuentro. Después, rompí a reír de puro nerviosismo. El poder de aquella mujer era infinitamente superior al mío, y de un simple chasquido habría acabado con mi vida. Comenzarían las noches en vela para poder guardar mi propia vida

24 may. 2011

Los placeres de la sangre

Cuando comencé creí que solo era un juego, una nueva prueba a superar. Ahora todo es diferente, más oscuro y vil, casi como cuentan en las leyendas
Pero, no me culpen a mí, nunca tuve un demonio en mi camino al que preguntarle:

- Ey, ¿como es todo allá abajo? ¿O arriba? ¡Donde sea!

Su respuesta habría sido llevarme directamente para que lo sufriera en mi propia carne. Ahora que lo pienso, lo prefiero así. Aunque han pasado muchas cosas desde entonces, cualquiera merecería un descanso después de esto. Pero te vale dormir con un ojo abierto para poder sobrevivir

Una vez Kyra estuvo a salvo por fin de vuelta en Argonath, me tocó responder por todo lo que había hecho. Mi situación era, por así decirlo, inusual. Muy inusual. Tanto que ni siquiera los propios demonios tenían constancia de ello. Que curioso, ¿no?

Me encerraron durante largo tiempo, en la oscuridad y una sonata de gritos de almas atormentadas como música de ambiente. Supongo que para intimidar y acabar con la poca cordura que yo conservaba. No terminaba de estar mal cuando descubría algo que sí podía hacerme temblar:
No estaba solo, y mi compañero de celda no era otro que aquel al que acababamos de encerrar, y como "regalo" se me había otorgado mi forma demoníaca. Su ira era grande, y ¡que casualidad!, yo era su principal objetivo. Me habían entregado como primer plato a aquel ser

De hecho, me habría devorado de no ser por la intervención de su amo, que ahora también podría decirse que es el mío.
Af era su nombre. Af el Derrotado, cuya humillación por su última batalla perdida todavía podía verse en su piel, o lo que quedaba de ella. Su látigo restalló sobre su siervo que estaba a punto de devorarme. Se recogió en las cadenas que lo sujetaban en nuestra prisión, y no volvió a acercarse.

¿Una trampa? ¿Una prueba de fe? ¿Querían que me excediera en confianza?
Quizás una mezcla de ambas. Tras sacarme de allí, Af me hizo un nuevo obsequio: me entregó un gran batallón de sus hordas. Mi misión era comandarlas y dirigirlas. Acababa de convertirme en el superior de una hueste de ánimas atormentadas.
La ambición me cegó, y acepté de inmediato. El viejo Derrotado se guardaba más información de la que estaba dispuesta a dar. Me ocultó la gran verdad de sus huestes: para comandarlas, debía derrotarlas primero.

Me arrojaron a una batalla eterna y descarnada. Cuando caí desfallecido y falto de un aliento que no necesitaba, descubrí un cielo negro repleto de estrellas. Mi cuerpo sangraba, y ni siquiera me sentía vencedor. Tan solo vencido

- La derrota que sientes en el alma - escuché desde lejos hablar a Af - es la consigna de estas huestes. Para comandarlas, primero debes ser parte de ellas

Y perdí el sentido con aquellas palabras resonando en mi cabeza

Rescate

Resultó complicado, sí. Nos metimos de lleno en una batalla sin fin y al coger una espada fui por unos momentos el punto de mira. Suerte que Ethan estaba ahí para sacarme del lio. Fuimos a otro plano diferente, con puertas que mi vista no alcanzaban a ver finalizar y por cada hueco entre ellas infinidad de estrellas.

-No vayas por ahí o te perderás en el olvido.- Me aconsejó Ethan al asomarme un poco a uno de los huecos. No pensaba meterme de todos modos.

Vi que poco a poco iban apareciendo algunas personas de la nada y supe que ahí era yo el ser extraño. Encontramos la puerta. Sí, la puerta, ya que observé claramente como la figura de Sol, débil y maniatada se encontraba en su interior. Era un lugar frío y no daba buenas sensaciones. Arena gris, algo más oscura que la piel de Ethan. Escuchamos un estruendo y cuando quise darme cuenta estaba apoyada contra la cubierta de un barco, con Ethan muy cerca de mí, guardando silencio. No tardamos en llegar a un enorme edificio. Aunque al principio no veíamos nada, una puerta emitió luz y del barco cayó una pasarela. Nos metimos debajo, mientras arriba un montón de armaduras desfilaban hacia el exterior.

Escondidos percibí algunos ruidos fuera y comprendí que Ethan se había encargado de deshacerse de dos de aquello seres. Nos pusimos sus armaduras y continuamos la búsqueda. Después de algunos… eh… imprevistos debido a mi nula capacidad de labia, llegamos por fin a las mazmorras. Allí estaba él, débil. Nunca me gustaría volver a verle de aquella forma. Lo soltamos y abrió un momento los ojos, que se posaron sobre los míos.

-Estoy soñando.

-Sí Sol, lo que vos digáis.- Le respondí secamente.

Al salir y de nuevo engañar a los seres que estaba allí (en esa ocasión Ethan y yo cambiamos rangos) salimos corriendo como nunca. Llegamos de nuevo al barco y junto a él había unas barcas más pequeñas.

Iba a gran velocidad, pero no tardamos en escuchar cómo se ajetreaban detrás de nosotros. Ethan cayó inconsciente o dormido, no me quedó muy claro ni entendía el por qué. De pronto, una luz a lo lejos. Estábamos muy cerca del portal cada vez más y más hasta que por fin lo traspasamos.

Oscuridad. Olor a… ¿tierra? Y el tacto me lo verificaba. Una pequeña lengüita bañó mi rostro perplejo, la de Ash. La achuché y la mimé a más no poder hasta que me di cuenta de algo. Sol estaba tirado a mi lado, pero solo él. Ni rastro de Ethan.

-¿Ethan? ¡Ethan!- Lo llamé en busca de la respuesta que no llegó.

Sol se despertó y lo llevé al interior de la torre, que ahora estaba diferente, sin todo lo que había antes. Por decir que no había ni una simple brisa. Pero al menos no estaba sola. Llegó el momento de las explicaciones.

Es un secreto, nunca lo contaría, ni siquiera a mi diario, pues nunca se sabe lo que hacen los libros cuando su dueño duerme. Tan solo mencionaré que es un precio muy alto el que pagó y lo peor de todo es que creo que lo comprendo. Y añadir que fue suficiente para ganarse mi perdón y de nuevo mi amistad. Quedamos en un acuerdo de confianza. Tutearnos, es lo que siempre le pedía.

Continué la búsqueda de Ethan, lo hallé en la planta superior, dónde ocurrió todo. Ahora no había cristal, tan solo un pedestal bañado por la luz vaga de algunos rayos del Sol. Pronuncié su nombre y apareció, prometiéndome que volvería pronto y que tenía que resolver unos asuntos.

Minutos que pesan como semanas, días que transcurren como años. La diferencia temporal que me da a entender marea mis sentidos y un escalofrío recorre mi espalda cada vez que lo recuerdo. El tiempo, de nuevo entorpeciendo mi camino. Pero te esperaré.

Vuelve pronto, Ethan.

[Diario XVI]

21 may. 2011

A prueba

No fue fácil llegar hasta la torre. El enano que nos había dirigido por el camino hacia ella se dispuso a marchar. Sus ojos eran blancos, quizá su cordura estuviera a punto de desaparecer junto con el color de ellos. Recuerdo las voces que anteriormente nos acecharon. “No saben a dónde van” “¿Crees que unos simples mortales pueden sobrevivir?” “Ilusos”. A pesar de todo intenté que el miedo no me invadiera.

Ash había desaparecido, aunque mejor para ella, así permanecería a salvo de todo. Ethan y yo continuamos nuestro camino y fue a partir de entonces cuando comenzó todo.

A la entrada de la torre pude ver perfectamente la silueta de mi hermano Iefel. Él se alejó de la entrada y corrió escaleras arriba antes de poder alcanzarlo. Al llegar lo vi de nuevo mientras gritaba:

-¡Guardias, hay intrusos!-Ya me imaginaba que acabaría luchando contra muchos guardias.

Apareció uno con el rostro cubierto, que sin piedad separó la cabeza del cuerpo a mi hermano con su arma. Yo… me quedé paralizada unos momentos, mientras la cabeza se acercaba hacia mí rodando y el cuerpo inerte de Iefel se mantenía unos momentos en pie hasta caer. La furia, la rabia, la ira… todo inundó mi cuerpo. Embestí contra el guardia, ya nada me importaba más que matarle. Atravesé su cuerpo con mi espada y de su boca solo salió un pequeño grito de dolor y sorpresa.
Lo que ocurrió después fue aún peor. Al quitarle lo que le cubría la faz vi el rostro dolido de mi padre que no tardó en quedarse sin vida.
“Esto no está pasando, ¡esto no está pasando!” Intenté reaccionar, pero mi cuerpo no estaba por la labor. Sin darme cuenta, me dejé caer al suelo.

-Kyra, debemos continuar.-Escuché la voz lejana de Ethan. Anteriormente su rostro había estado cambiando poco a poco. Sus orejas se volvieron más puntiagudas y al hacer un gesto con la boca pude visualizar que sus dientes se alargaron. En ese momento, no estaba segura de si realmente era él, pero ya no me importaba.

-No puedo… he matado… a mi padre y a mi hermano.-Lágrimas recorrían mi rostro sin piedad mientras en mi garganta se ahogaba un grito que deseaba la libertad.

-No podemos parar aquí.

-Ve sin mí, Ethan, ya no puedo más.

-Kyra… no puedo hacer esto sin ti… te necesito. Me estoy perdiendo a mí mismo.- Esas palabras me convencieron. Me dije a mí misma que debía continuar el camino, no venía a cuento tanto sacrificio sin motivo.

Me levanté del suelo y proseguí. Ethan parecía afectado, pero no entendía por qué a él no le pasaban cosas al igual que a mí. No tenía ganas de preguntarle, no tenía ganas de nada. Solo de acabar con todo. Subimos y subimos hasta la última planta, y antes de poder pasar la puerta vi algo que me desconcertó del todo, que me hizo más daño aún que lo anterior.

Mi madre. Su mirada tenía un claro matiz de decepción, parecía que iba a romperse de un momento a otro.

-Kyra… ¿Qué has hecho?-Me preguntó. Permanecí en silencio, aparte de por el shock en sí, porque no tenía nada que decir.-Has matado a tu hermano… a tu padre… ¿Tan poco valen? ¿Crees que merecen morir para salvar tu vida?

No entendía por qué mi madre me estaba diciendo todo eso. Ella, quien me cuidó y me quiso incluso después de morir, porque aún la siento cerca… y esa persona que estaba delante de mí no me inspiraba cercanía alguna.

-¿No quieres que viva?- No contestó, no era ella o no quería pensar que era ella. “Mi madre es un ángel” Caí de pronto en esa absurda deducción. Sin pensarlo agarré el picaporte de la puerta que conducía al final del camino y la abrí.

Fue un alivio el ver que lo que decía ser mi madre se convirtió en algo parecido a aquella cosa negra que vimos en el bosque y que nos perseguía. Justo al abrir la puerta, vi al fondo de una inmensa sala otra puerta que se abría de pronto, y a Ethan salir de ella. Al mirar atrás ya no estaba y las piezas empezaron a encajar. Fue todo una prueba que debíamos llevar a cabo de forma individual, y ambos la habíamos superado.

Estábamos agotados y finalmente caímos al suelo.

Desperté, él también lo hizo. La sala en la que estábamos era extraña, y no me fijé demasiado en el decorado. Tan solo me percaté del centro, donde había un cristal zafirino sobre un pedestal.

-No lo toques.-Me ordenó Ethan.-Si no quieres irte a una dimensión diferente y no puedas volver a Argonath.

-Gracias por el aviso. Ethan… lo que ha pasado… no era real, ¿verdad?

-No, ha sido todo una ilusión.-Un suspiro largo salió de muy dentro de mí. Fue un verdadero alivio, me sentí menos pesada.- Bueno, ahora hay que poner fin a todo esto. No te asustes por lo que voy a hacer.

Sacó una pequeña daga y le dije: “Vasa cortarte, ¿no?” Él me respondió que sí, de todas formas no iba a asustarme por eso. Pero ojala hubiera sido solo eso. Con la mano bañada en sangre oscura agarró el cristal y lo impregnó de ella. Todo fue muy rápido. El suelo temblaba, y de una espesa nube de humo negro algo apreció, una criatura de las tinieblas cuyo cuerpo estaba maltrecho y dejaba ver gran parte de su esqueleto. Extendió sus manos hacia el cielo y poco a poco algo pareció formarse en ellas. Una esfera negra de lo que supuse que sería aquel demonio del que queríamos deshacernos.

Caí al suelo, mis piernas dejaron de responder.

-¿¡Para qué me habéis llamado!?-Gritó con una voz profunda.

-Quiero rescatar al mago que tienes encerrado.- Ethan habló mientras continuaba agarrando el cristal. El otro ser deja surgir una gran risa atroz.

-No es tan fácil como quieres creer, pero por entregarme a mi esclavo te acercaré a él. ¡Y tú por mancillar mi piedra serás castigado!- Profesó esa última parte señalando a Ethan.

De las manos de aquel ser surgieron hilos de fuego que atacaron sin piedad el cuerpo de Ethan. Empezó a consumirse, su carne, su ropa, su ser. Quise correr a salvarlo e interponerme a su castigo. Pero para mi sorpresa, Ethan comenzó a reírse, con una carcajada descontrolada.

-¡Vamos, libérame de esta carcasa mortal!

Poco a poco intenté comprender… o estaba muriendo, o… No pude acabar el hilo de mis pensamientos, pues la oscuridad invadió mi mente hasta dejarme inconsciente.

[Diario XV]

17 may. 2011

Pasión

Todo fue muy extraño al igual que fugaz. Bajo el efecto de alguna planta alucinógena que no me esperaba encontrar entre nuestro vendaje.

Hablábamos, como siempre. Mientras descansábamos sobre una cama mirándonos a los ojos. Nunca me había fijado antes en el brillo misterioso de ellos, no de esa manera, ni de cómo sus ropajes se ceñían fieles a su piel grisácea. Tampoco en que sus labios fueran de un color algo más cálido que el resto de su cuerpo, y de lo suaves que parecían. Un segundo eterno de miradas significativas.

El beso me ardía, tal vez segundos, o minutos… no me importa. Siempre me ha importado el tiempo y cuando no sé de él me agobio, pero en ese momento no existía. Tan solo su aliento en mi boca y la punta de mi lengua deseando ir más allá.

En fin, ocurrió lo que tuvo que ocurrir. Y fue algo más tarde que aquel beso cuando consumamos aquel acto ardiente. Sin detalles morbosos, pues escribo un simple diario para recordar en un futuro como surgió y el por qué. Cómo me sentía, pero no son necesarios tales detalles pues en mi memoria bien fijados se quedarán.

[Diario XIV]

El portal

El cristal zafirino estaba manchado ya de aquella sangre negra como el mismísimo abismo que acababan de convoncar. El suelo temblaba, y como una tempestad en mitad del océano, una terrible nube de color negro comenzó a formarse en la sala.

Las tinieblas se expandieron creando una cúpula de terror y muerte en su interior. Nada podía verse a través de ella, y pocos querrán ver algo así. Ella cae al suelo de impresión y miedo

De la piedra comenzó a sugir un ente viviente. Reblandecida, dejó que unas diminutas manos comenzaran a abrise paso y a expander su superficie. Tal velocidad, o tal pasmo con el que contemplaban toda la escena, que pronto tuvieron ante sí a un señor de las tinieblas

Su carne fustigada mil veces en los infiernos dejaba ver un esqueleto maltrecho. Su espalda encorvada dejaba entrever una columna destrozada, con un crujido que asemejaba al de los ancianos árboles al caer.
Extiende una mano hacia lo que sería el cielo de poder verlo. Una esfera negra comienza a formarse en su mano. Siervo díscolo y amo cruel vuelven a reunirse en aquella sala de espanto.

- ¡¿Para qué me habéis llamado?! - preguntó con una voz surgida de las profundidades

- Quiero rescatar al mago que tienes encerrado - se atreve a hablar el que aferra la piedra

De aquella garganta surge una risa divertida y atroz

- No es tan fácil como quieres creer - responde - pero por entregarme a mi esclavo, te acercaré a él ¡Y tú - señala al joven aterrorizado - por mancillar mi piedra, serás castigado!

De sus manos surgen pequeños hilos de fuego que comienzan a consumir la carne y las ropas del que recibe el castigo. Los gritos no tardan en llegar, y para asombro de la que lo acompaña, una risa descontrolada

- ¡Vamos, libérame de esta carcasa mortal!

Y al terminar la frase, caen en la oscuridad de un sueño profundo, muy profundo, más allá de las tierras que se conocen.

14 may. 2011

Viajando con un demonio

Ya hemos emprendido nuestro viaje. La despedida no fue tan dura, aunque cogí cariño a Gran Sapo y a los demás e incluso me había acostumbrado a que me llamaran renacuajo, ya me he concienciado de que no puedo echar raíces en ningún lugar… al menos de momento. Ethan me regaló un colgante bastante extraño, pero viniendo de él es todo un detalle. Aunque seguro que había algo escondido en todo eso. Bueno, poco después supe lo que era, pero no voy a escribirlo ahora sin explicar lo que ocurrió antes, ¿no?

Salimos de la ciudad y bueno, simplemente cabalgabamos por el bosque. Aún me descolocaba el cambio de personalidad que Ethan tiene de la noche a la mañana. Era raro, pero no parece la misma persona. Y quiera o no, tiene algo bueno por el día y por la noche al mismo tiempo. Ah, y otras muchas cosas malas, hay que añadir ese punto importante. Pero bueno, incluso le he cogido aprecio. Sin pasarse.

Hemos jugado a preguntarnos cosas y a pesar de no descubrir mucho, me había llamado la atención que guardara un secreto relacionado conmigo. Además de haber matado a alguien, pero nadie es perfecto, y yo no soy quien para juzgar eso. También me explicó que aquella criatura que vimos tras matar al lobo (si se puede denominar así) es un demonio y lo que estamos haciendo es huir de él. El colgante… bueno, es uno contra demonios, ya sabía yo que algo tenía.

-¿Cómo podemos deshacernos del demonio?-Le pregunté.

-He combatido antes contra otros demonios, pero no sé como vencer a este.

-Igual con algo de… ¿magia?

-Sí, es posible.

Me quedé callada. No me hacía ninguna gracia tratar con magos, y sabía que ese sería nuestro destino. Así que eso decidimos, buscar una torre de magos y a alejarnos de la costa, a pesar de que ese no era mi destino. Pero si no, nos va a perseguir siempre y lo mejor es eliminarlo cuanto antes de nuestro camino. Mi mayor temor es encontrarme a Sol allí.

No tardé mucho es descubrir su secreto. Solo me fui un momento a… no recuerdo a qué. Pero deje a Ethan descansando al pie de un árbol. Al volver Ash no estaba y él aunque parecía que estaba dónde lo dejé, tampoco estaba… al menos, no su conciencia.

Sus ojos estaban negros y su voz no era la suya. No. Era la de aquel demonio, que al parecer se había introducido dentro de él. Nuestros colgantes brillaban, y parecían repeler a la criatura. Le dije que saliera de él, que buscaría a Sol, creo que es eso lo que quiere y a pesar de no querer hacerlo, tengo que encontrarlo. Hasta que por fin salió.

Lo dejé durmiendo y lo cubrí con una manta. Yo también caí traspuesta.

Al amanecer, era el mismo de siempre. Bueno, el mismo de cuando es de noche. Le va a durar esa faceta unos días, me dijo. Su secreto no era otro que el simple hecho de tener sangre de demonio. Y aunque me asusté un poco al principio, he comprendido que no por ello debo darle de lado. Como ya he mencionado, le he cogido aprecio.

Y allí vamos, en busca de la torre. Pronto llegaremos y espero que haya servido de algo.

[Diario XIII]

13 may. 2011

Palabras de fuego [V]

Aquella misma noche nos despertó el fuego. Las gastadas campanas de la iglesia a los que pocos acudían comenzaron a sonar, despertando a todos los pueblerinos. Varias casar ardían con furor sin que nadie pudiese impedirlo. A pesar de ello, muchos intentaban contenerlo con la escasa agua de los pozos. Nadie pudo detenerlo

Yo los contemplaba con la boca abierta, casi sin darme cuenta. La gente empujaba y golpeaba prácticamente por el hecho de moverse. Sus rostros eran iluminados por aquel fuego estremecedor. Allí lo vi, entre las sombras. Una mano descubierta, fuera del arrope de su capa, como si dirigiera el fuego. Es más, las llamas se avivavan con el movimiento de sus manos

Yo no podía creerlo, y ni se me pasó por la cabeza detener aquel destrozo obrado por aquel conjurador de males. No podría permanecer mucho tiempo en ese pueblo si yo confesaba lo que vi. El temor a la magia era increíblemente potente en comunidades como la mía. Al parecer, aquel hombre tan misterioso también pensó en que no guardaría silencio. Sus ojos me miraron con rabia, y tal vez quiso ponerle remedio

Las llamas cobraron vida, justamente delante de mí. Como si surgieran de la tierra muerta. Quedé cegado por momentos, y cuando recuperé parte de la visión, encontré algo sorprendente. Había caído al suelo del miedo, y ahora una figura femenina hecha de llamas se inclinaba sobre mí. Sus ojos me recordaron a los míos: un increíble vacío blanco que llenaba el corazón de temor

Sus labios se unieron con los míos. Al contrario de lo esperado, no abrasaban. Un calor profundo que irradiaban sus labios, mientras que un estupor me invadía. Ya no pude volver a pronunciar palabra hasta horas después.

Aquel hombre lleno de misterios me arrastró tras haber causado todo aquel caos. En aquellos instantes era mudo, por lo que solo podía intentar escapar e intentar averiguar que era lo que pasaba a través de lo poco que podía ver en aquella noche tan oscura y aciaga

10 may. 2011

Va de monstruos

Finalmente lo he logrado. Aunque pensé en el momento que vi aquella huella que no iba a contar esta experiencia jamás. Era como la zarpa de un lobo, salvo que parecía ser cinco veces más grande de lo habitual. Lo peor llegó cuando contemplé a la verdadera criatura, un lobo casi tan alto como yo caminando a cuatro patas. Ni mencionar su tamaño erguido.

Fue una batalla dura y aunque algunos salimos heridos, unos más que otros he de añadir, conseguimos vencer. Ethan y yo decidimos volver más tarde para examinar el cuerpo e intentar averiguar que criatura era.

Mala idea. El cuerpo inerte del lobo dejó de serlo al llegar. Su parte trasera permanecía inmóvil mientras se arrastraba con sus patas delanteras, con unos ojos negros como abismos y un movimiento sumamente tétrico. Poco a poco, su mandíbula se fue abriendo hasta desencajarse, expulsando una especie de pus negra que fue tomando forma de hombre.

No un hombre cualquiera. Era Sol. Pero al mismo tiempo no lo era. Fue extraño y aunque efímero, duradero.

Ethan dijo que vio a su padre, y aunque dedujimos que tal vez habíamos visto cosas distintas, me inquietaba y aterraba al mismo tiempo. Supuse que no tardaría mucho en encontrármelo de nuevo, y así fue.

Me dijo atrocidades acerca de Sol. Y no quiero creerlas, pero al fin y al cabo es un desconocido que jamás habló de él. Y aunque pude huir sé que volveré a verle. Pronto nos iremos, Ethan y yo, pero antes él irá a un viaje y yo buscaré a mi hermano. O tal vez me quede ahogando mis lamentos con algunas copas que no sientan nada mal.

[Diario XII]

8 may. 2011

Palabras de fuego [IV]

Desperté a las puertas de mi hogar. Todavía no había amanecido, y fue una suerte. La reprimenda por haber pasado la noche fuera de casa habría sido monumental, y eso no entraba en mis planes. Fingí haber dormido toda la noche en mi lecho, y me deshice de todas mis obligaciones en el menor tiempo posible.

Pude entonces buscar a ese hombre misterioso. Lo ocurrido por la noche era como un sueño muy difuso. Apenas recordaba nada, salvo el "márchate". Aquello había sido en mi mente como una palabra de los mismos dioses. Mi cuerpo no había respondido a mis impulsos.

Lo encontré tomando un frugal desayuno mientras leía. No parecía tener mucho dinero para más, en aquellos instantes. Y por el honor que le hacía a la comida, tampoco querría gastarse mucho. No apartaba la mirada de su libro, hasta que me di cuenta de que me miraba. No se había movido un palmo, tan solo sus ojos

Cerró el libro sobre la mesa y me indicó que me acercara. Yo le había estado observando desde la puerta, sin que nadie me llamara o delatara mi presencia. Aquel hombre era realmente extraño, y también su libro.

Curioso, no le quitaba ojo mientras me sentaba frente a él. Me miró durante segundos que se hicieron eternos, pero yo seguía mirando su libro. Podía sentir su mirada sobre mí

- ¿Tanto te interesa el libro como para olvidar lo que pasó anoche? - me preguntó con una voz cargada de sorna. Ante la ausencia de mi respuesta, preguntó - ¿Sabes leer?

Respondí casi sin querer, negando con la cabeza. Después, la agaché avergonzado. Aquello era un lastre que llevaba sobre mis hombros desde hacia mucho tiempo. Y hasta el momento, no había manera de ponerle solución.
Solo me quedaba resignarme ante mi ignorancia

- Espero que sepas ponerle remedio a eso, muchachito - me dijo en el tono más amable que podía dar de sí - Si aprendes, podrás hacer grandes cosas

Mi frustración creció con aquellas palabras. Me sentía inútil e incapaz de hacer nada. Tenía dos manos para trabajar, pero no era para nada lo que yo esperaba. Me alborotó el pelo antes de marcharse hacia algún lugar al que no podía seguirle. Me dediqué a imaginar como sería yo siendo como aquel hombre. ¡No podría parar de escribir, cualquier pensamiento! En cambio, tenía que perderlos por el paso del tiempo

Aún pensaba en ello cuando dormía, o hacía el intento. Pero la solución a mis ruegos llegaría pocas horas después, con el imparable fuego

7 may. 2011

Sombras

Cada vez todo es más oscuro.
Cada vez hay más almas que caminan sin rumbo.
Cada vez más de ellas acuden a mí.
¿Por qué yo? !Dejadme tranquila¡ Estoy harta de vuestras lamentaciones, de vuestros gritos en mi cabeza, de las pesadillas que sufro al dormir. Estoy harta de veros, de intentar escucharos para que me dejéis en paz, también detesto vuestro silencio ¿Qué queréis de mi? ¡Buscad a otro a quien podáis atormentar!
Da igual cuanto grite, da igual lo que insista, siempre obtendré como respuesta el silencio.

Y, a pesar de todo, os necesito tanto...

6 may. 2011

Leyendas del norte (II)

Observo el cielo casi con indiferencia. Desde la torre más alta de nuestro castillo, padre dejaría de escuchar mis molestas quejas acerca de su manera de llevar el gobierno. Siempre llevó muy mal las críticas, incluídas las suaves y amables sugerencias de madre

- Calla, mujer, no necesito de tu pérfida lengua ¡Lárgate a acallar a esos insidiosos niños! - le gritaba sin cesar

Para él, siempre fuimos un estorbo. Pero mi hermano pudo considerarse más inteligente. Pronto aprendió a callar y a acceder a sus deseos, como un corderito. Estúpido y más que estúpido. Anuló toda tu capacidad para pensar, y ahora eres una copia de él.

Podría decirse que padre cumplió su objetivo. Sus ínfulas y delirios radicales de poder no era sino su ansiedad por ser inmortal. De verlos juntos, cualquiera podría decir que el pasado y el futuro se unieron en un agujero temporal

Y por ello no puedo soportarlo
¿Nadie conoce la justicia salvo cuando no se la trata con ella? ¿Tanto ciega el exceso de placeres y poder? No quiero ser así, no puedo permitir que este mundo quede así. Mi espíritu cambia, una sonrisa más sincera y libre de temor aparece en mis labios

Se acerca la noche

5 may. 2011

Misión aceptada

He visto el barco zarpar. Ha sido doloroso a la par de esperanzador. Estoy segura de que volveré a ver a Darius y conseguiré encontrar a mi hermano.

Las personas de este continente no se identifican por su amabilidad. Incluso tengo que abrirme paso con seguridad para que la gente no se choque conmigo. Encontré una posada que, aunque el dueño es bastante estirado, está bien. Tiene cama y baño ¿qué más puedo pedir? Me quedaba poco dinero y conocí a aquel tipo extraño.

Al principio tan solo me choqué con él, pero después coincidimos en una pequeña discusión entre el posadero y otro mercader, entonces fue cuando me propuso acompañarle a tomar un trago. Pensé: Bueno, es gratis. Además me daba mucha curiosidad su piel gris al igual que su cabello, pero lo que más incertidumbre me causaba eran sus ojos, más bien el brillo, de color rojo. Algo me impulsó a saber de él, pero no fueron sus modales. En absoluto. Y fue peor cuando embriagué y desperté en su cama. Por suerte sin signos de nada extraño.

Por el día era más serio, aunque seguía siendo insoportable, pero por la noche lo era más aún debido a que decía todo de una forma más directa. ¿Quieres acostarte conmigo? Incluso insinuó que era una mujer fácil. Pero en fin, he podido soportarle. Me explicó sus cambios de humor, debidos a que su raza tolera bastante poco la luz del Sol, y les provoca mal estar.

Y finalmente me propuso una misión. Eran diez monedas de oro a cambio de realizarla ¿pero cómo iba a negarme con el poco dinero que me quedaba? Buscar y vencer a una bestia que ronda esta ciudad, al parecer nadie la ha visto de forma directa. Confío en mí, sé que podré sobrevivir después de todo lo que me ha pasado y de paso intentaré librar a esta ciudad de su bestia. A lo mejor no es para tanto, aunque sé que tan solo intento convencerme a mí misma de ello.

Tan solo me queda coger mi espada, pues mi camisa de mallas ya la tengo puesta. Me queda mentalizarme o tal vez tranquilizarme al pensar lo que me espera ahora. Tengo que sobrevivir, he de encontrar a mi hermano, tengo que cumplir mi promesa de que volveré a ver a Darius, esperar a Alvin y sobretodo… tengo que volver a ver a Hedrek.

[Diario XI]