30 mar. 2011

Despedida

Todo estaba oscuro. Recuerdo que soñaba, pero no era igual que siempre, sino que era muy profundo. Me resultaba placentero. Sentí una presencia, no sabía especificar de quién se trataba. Una mano acariciaba, suave, mi rostro dormido. Intenté devolverle la caricia, pero me pesaban los brazos. Busqué su mirada, sin embargo los párpados no respondieron a mi llamada.
Y sus labios se posaron sobre los míos en un beso que no pude responder. Unos labios cálidos y suaves, también desconocidos. Un aroma particular de alguien que quizá ya conocía, pero no podía adivinar a quién pertenecía. Y una voz dulce y tranquilizadora que me decía al oido:

"Hasta pronto, querida."

Y de nuevo, la oscuridad, tras el sonido sordo de unos pasos alejándose.

[Diario III]

El ataque

En un pueblecito llamado Blackstone, la gente festejaba el primer día del verano de 1790, todo el mundo lo pasaba en grande con sus familiares y amigos, incluida Ginevra, una niña de 10 años que se divertía jugando con sus amigos en la plaza. Había cordero para cenar y todos lo vecinos bebían y gritaban, bailando y haciendo bromas alegres.


Esto último asqueaba a Cleo, no podía soportar ver a los humanos pasándoselo bien, ellos eran inferiores y debían ser aniquilados excepto aquellos elegidos que se unieran a su causa, por suerte, Kronidas acababa de terminar su entrenamiento y aquella noche lo celebrarían, a la manera Vampiro...


Kronidas no se extrañó cuando Cleo le dijo que iban a atacar el pueblo, acababa de terminar su entrenamiento y sabía que tendría que “iniciarse” de alguna forma. Él pensó que estaba preparado, que no tendría ningún problema en matar a aquellos infelices, pero no compartía la mentalidad de Cleo sobre los humanos, y creía que asesinar a niños era eliminar el ganado que serían una vez fuesen adultos. Pero Cleo era su Creadora, y debía obedecerla igual que le obedecía Garret y Nero, los otros vampiros que iban con ellos.


Kronidas tuvo un mal presentimiento minutos antes de entrar en el pueblo, pero preparó su espada de doble filo y se sentó junto a Cleo, que miraba con odio la gran hogera que habían hecho los humanos en la plaza del pueblo.

-Es la hora- Dijo Kronidas.

-Menos mal, los humanos deben morir, no son más que animales y como animales les trataremos- Respondió con un deje de desprecio en la voz.

-Sí, señora.


Ginevra jugaba feliz con sus amigos. Jugaban al escondite y a ella le tocaba buscar; se apoyó contra un árbol, cerró los ojos y empezó a contar desde diez hacia atrás.

-3...2...1...¡Allá voy!-gritó al terminar. Se colocó sus guantes nuevos y salió en busca de sus amigos. Vio a Tom y corrió detrás de él, en la persecución chocó de repente con un hombre que entraba al pueblo, este le miró, indiferente. Miró hacia arriba, no lo conocía, tenía un aspecto extraño: melena rubia, ojos azules y pequeños y con ropas oscuras; a su lado iba una mujer extraña, al ver a la niña la miró con asco.

-Perdone-susurró tímidamente Ginevra justo antes de salir corriendo a por Tom...pero ya se había salvado. Asi que fue en busca de los demás, con gesto decepcionado. Estúpidos extranjeros, siempre en medio...


Kronidas se quedó pensando en la niña que se había chocado con él, era mona, tenía los ojos azules y grandes, el pelo castaño claro y piel pálida, sintió algo extraño cuando le tocó, se estaba arrepintiendo de entrar en aquel pueblo, la gente se lo estaba pasando bien, y nadie les había hecho nada. Cleo se equivocaba con Kronidas, a pesar de haberle quitado el nombre, la luz del sol, los amigos, la familia y toda su vida en general. A pesar de haberle entrenado para la batalla, entrenado para defenderse como vampiro y entrenado para no tener sentimientos a la hora de segar vidas, no había erradicado del todo su parte humana.


Ginevra empezó a correr en el bosque, vio na sombra y creyó que sería alguno de sus amigos. Corría detrás de la sombra, sin llegar a ver quien era; entonces la perdió de vista. Empezó a oír gritos que venían del pueblo, al principio creyó que era por la fiesta...Pero los gritos fueron cambiando hasta coger un matiz de terror y angustia. Sentía la muerte cerca. Ginevra empezó a correr hacia el pueblo, necesitaba ver que estaba pasando. Corrió lo más rápido posible, no le importaban las pequeñas heridas a causa del choque con las ramitas de los árboles, tampoco le importaban los tropiezos contra las grandes piedras. Llegó allí sin aliento. Al ver todo eso se horrorizó. La gente corría de un lado a otro con las caras llenas de terror. Habían cadáveres en el suelo en medio de charcos de sangre. La gente huía a sus respectivas casas, gritando de pánico. En ese momento vio como un hombre mordía en el cuello a una mujer; vio como se alimentaba de su sangre, como caía por el cuello de la mujer, vio como moría. Entonces Ginevra pensó en una cosa: “Mamá”. Y salió corriendo.


Cleo se deslizaba entre la gente como una sombra, no se alimentaba de nadie, simplemente los mataba y dejaba que sus cadáveres se pudriesen en el suelo y sirvieran de refugio para las moscas y los gusanos, mató niños, adultos, ancianos, algunos de ellos se intentaban defender, pero resultaba inútil ante el inmenso poder de la vampiresa, otros suplicaban que les dejase con vida, pero Cleo no tenía intención alguna de perdonar a nadie. No tardaron en llegar los guardias más valientes armados con lanzas, espadas y escudos, Kronidas se deshizo fácilmente de dos de ellos gracias a su habilidad de transformarse en niebla, pero un tercero le hizo un corte profundo por la espalda puesto que le había pillado desprevenido, Cleo mató sin problemas a el soldado y se dirigió a Kronidas.

-Debes estar atento, aunque esa herida no supondrá un problema, te dolerá.

-Lo sé, pero no estoy seguro de que...- En ese momento fue interrumpido por Cleo.

-¡Un momento! Siento un poder cercano, un poder bastante grande.

-¿Otros Vampiros?- Preguntó Kronidas.

-No, parece como... un demonio...-Olisqueó el aire

-¿Un demonio?- Kronidas no sabía de la existencia de demonios.

-Si... ¡Por aquí!- Y echó a correr hacia el bosque, fuera del pueblo.


Ginevra corrió lo más rápido posible, saltaba las piedras, esquivaba las ramitas, si se caía se levantaba a la milésima de segundo; el viento hacía que los ojos le llorasen, nublándole la vista, pero no importaba, ella seguía corriendo como alma que lleva el diablo. Por fin llegó a su pequeña casa. La puerta estaba entreabierta, había luz y el viento hacía que la puerta se cerrase y abriese lentamente. Ginevra entró lentamente, con los ojos cerrados esperando ver a su madre viva al abrirlos...No fue así. Abrió los ojos lentamente y la vio. Vio a su madre tirada en el suelo...desangrada. Ginevra corrió hacia ella llorando, llamándola, al estar a su lado se abrazó a ella y lloró sobre su cuerpo sin vida. Gritaba y lloraba sin consuelo. Entonces miró a su madre, la miró a los ojos aún abiertos y sintió como si se precipitase al vacío . Sintió su cuerpo descender hacia las profundidades de esos ojos. De repente veía lo que vio su madre. Ella estaba en el cuerpo de su madre. Vio como esa mujer extranjera con la que tropezó antes la miraba con odio y sonreía de forma sádica. Vio como se lanzaba al cuello de su indefensa mader, absorviendo su vida. Entonces regresó. Odiaba a esa mujer, vengaría las muertes que causó, la mataría fría y lentamente, disfrutando de su dolor.

Entonces sintió una presencia a su espalda.




28 mar. 2011

Lecciones

De acuerdo, ¡Márchate si es lo que quieres, estúpido mago! Que no te importe nada más, si solo hemos sido para tí una aventura más. Ni un "adiós" que delate tu ida, tan solo un hechizo adormecedor. Pero te lo agradezco. Gracias a tí ahora sé que no debo confiar en nadie, no puedo dejarme llevar siempre por los sentimientos. Si vuelvo a verte será como quieres, reservada y desconfiada. ¿Es lo qué quieres, no? Y en caso contrario, es lo que has causado.

-¡Te odio, te odio!-Grito mientras golpeó un inocente árbol.

-Kyra, para.-La voz de mi padre, lejana, y sus manos, detienen mis puños.

Y aquí comenzamos nuestra nueva aventura. Mi nueva vida después de muchos cambios, y por fin he aprendido la lección. A tí te gustaban las lecciones, ¿no, Sol?

[Diario II]

Caminos

Hemos caminado mucho en todo lo que llevamos juntos, tanto que casi ya no sé hacia donde nos dirigimos. Unos vienen y otros van, pérdidas tenemos todos. Pero cada pérdida es un golpe en el pecho, que no te deja ver la realidad para poder seguir adelante. Todo es confuso, incluído en el propio corazón.

¿Aún sabemos amar? ¿Estamos dispuestos a continuar, a mantener lo que tenemos? Mi vida ha cambiado mucho, aunque a juzgar por las heridas y las lágrimas en silencio, ya no sé si fue para bien o para mal.

Kyra... a veces te pierdo, y me pierdo a mi mismo intentando encontrarte. Tu mano sigue aferrada a la mía, o quizás al reves. Pero no puedo ver tu mirada, no puedo ver tus ojos que seguro miran hacia otros horizontes. Este horizonte que soy yo se te queda pequeño

- Hedrek S.

En la noche

Merezco tu odio
Merezco tu desprecio
Pero nadie podrá quitarme lo que en lo oscuro pude robarte. Tu presencia me acompaña, allá a donde me lleven los pies, el reproche de no saberte despedida. Te añoro, aquellas miradas escrutadoras que encierra mi conocimiento. Pero es realmente en tus ojos donde reside la magia. Ódiame, pero no quieras reprocharme el querer vivir

Quien pudiera sumergirse en ella


Sí te despediste, querida mía, aquel beso de tus labios dormidos lo hizo por ti




17 mar. 2011

Búsqueda

Es cierto, no sabía lo que iba a pasar. Tampoco sé si estos tiempos de ahora son mejores o peores que los ya pasado y mi mente no consigue recordar. Pero de igual modo, ahora tenía algo parecido a una familia, con Alexia por una parte que aunque sea aún una niña, es bastante madura. A Otto, que bueno, nos hace reir en muchas ocasiones y también un buen chico. Evelyn, a la que le debo mucho debido a mis meteduras de pata prolongadas, y a la que también he cogido cariño. Y Cipotito, ese gato al que bauticé con toda mi buena fé y que aún está junto a nosotros.

Y cuando descubrá lo que me sucedió, que el destino decida por su propia mano lo que ha de hacer conmigo.

16 mar. 2011

Capítulo I

En el Primer Principio, Traenor gobernaba en la oscuridad, en soledad y en una duermevela insana. Soñando cosas que los mortales no pueden ni imaginar, siendo así el sentido de la existencia de todas las cosas que hay en el mundo. Nadie más podría desentrañar la gran trama de la vida diseñada por Traenor, solo los más próximos a los cielos pueden alcanzar una leve certidumbre. Por ello, nosotros, los Atalayas, alzamos nuestras torres hacia el cielo, con el deseo y el fervor de estar mas cercano a los dioses.

Los dos hijos de Traenor traerían las buenas nuevas de la vida. Su hijo, Cadeth, el menor de la casa, traería el valor y el coraje de luchar por lo que es justo, la rectitud y el equilibrio; mientras que su hija, la primogénita nombrada como Dierann, sembraría la duda y el misterio, traería la magia al mundo mortal. Dierann renegó de su padre, encerrado en la gran casa celestial, pugnandolo de indiferencia a lo que lo rodeaba. Y era cierto, los largos años habían acabado por enfríar el corazón de Traenor, pero no lo suficiente como para no llorar.

Las lágrimas de los tres dioses, abatidos por la disputa de la casa celestial, acabaron por caer en el Plano Material de la Gran Rueda, siendo así que se creara nuestro mundo. La gracia divina de la Trinidad convocaron a las primeras almas para poblar el nuevo mundo: Argonath

Dierann, todavía en el exilio por voluntad propia, huyó al plano supracelestial para dar a luz a su propio hijo, Aelthar. Este hijo, incompleto y deforme, recibió de su madre los dones del misterio, y de él nació la magia. Derramada sobre el mundo para descontento de Traenor, la civilización fue conocida como tal.

Aquellos que recibieron el Don de Aelthar, fueron los llamados magos y conjuradores, dueños del secreto
Aquellos que recibimos ojos para dislumbrar la realidad oculta en los cielos, fuimos llamados a Él, siendo nombrados Atalayas.

Que los Dioses nos bendigan con sus lágrimas

Manuscrito del Mundo Antiguo, Capítulo I,
El Primer Principio
El Nacimiento de Argonath
Por Atalay Friedrich

15 mar. 2011

Descontrol

Me había perdido entre la multitud, disfrutando del delicioso sabor de la euforia que entrega la noche. Nada podía detenerme ante nada, salvo sus miradas de desdén. Estaba convencida de que la seguía... y razón no le faltaba. Caminaba por el mercado que se retrasaba a cerrar por aquella familiaridad que correspondía a la ciudad. Era increíble vivir allí, casi podía sentirme como en casa. Laila en la posada, como si de una hermana mayor se tratase, Arnie siempre con su mirada de niño. Y Kyra con su vitalidad para rechazarme.

Hasta ese momento. Una fuerte marea de rabia y dolor se levantó por todo mi ser, casi sentía arder mi corazón. Tan concentrados estaban en completar aquel acto despreciable. Ni siquiera escucharon mis pasos. Estrellé la piedra varias veces sobre sus cabezas, hasta que perdieron la conciencia. Yo quería su sangre, o el miedo en sus ojos, pero había más urgencia en sus ojos. Jamás la había visto así, y tampoco quiero volver a hacerlo.

Se dejó caer en mis brazos, como si no existiera nada más.
Ojalá comprenda que siempre me tendrá con ella. Siempre

Desaparecer.

Mi cabeza es una bomba de relojería.
¿Dónde están mis padres?
¿Quiénes eran mis padres?
¿Quién soy yo?
¿Qué sucedió?
¿Tengo yo algo que ver?
¿Qué está sucediendo ahora?
¿Por qué allá a donde voy solo hay muerte?
¿Cuándo acabará todo esto?

Ahora solo quiero gritar. Cerrar los ojos muy fuerte, abrirlos y ver que he vuelto a la normalidad...con mis padres, Jack, Otto, Theo...
Sin embargo los cierro y al volver a abrirlos sigo en esta pesadilla. Lo único que me da fuerzas es saber que Jack y Otto siguen a mi lado...por ahora...Ahora nada es para siempre.



14 mar. 2011

Tiempo

El tiempo, aunque para mí sea más lento, no deja de transcurrir de forma abismal. Sé que algún día recordaré está aventura como si hubiera pasado hace una eternidad. Mi primer sentimiento de afecto hacía un hombre nunca morirá, aunque él si lo haga. La magia de mi compañero permanecerá siempre conmigo, al igual que su recuerdo. Y si el tiempo pasa tan rápido como dicen, ya que mis años superan una vida humana con creces, desearé que nunca jamás nos alcance y podamos seguir con nuestra aventura sin que me dejen sola otros muchos años más.

[Diario I]

Palabras de fuego

Tuve un sueño hace días, aunque hasta ahora no pude recordarlo. Nox, como siempre que viajo en soledad, me acompañaba. Todo estaba rodeado de una luz blanca, casi inmortal. Y el batir de una espada en ese espacio blanco. El sueño de la razón produce monstruos
Escribo estas palabras en mi diario de viaje, y se consumirán en las llamas a mi muerte. Nadie gozará de las profecías con las que se me condenaron hace años. Se acercan tiempos oscuros y nadie debe saberlo. Al querer evitarlo, no harían más que acelerar lo nefasto Demasiadas vidas se han perdido por querer evitar los designios de los espíritus, que no son más que los despojos de los Dioses. Ellos, en el cielo, nos han condenado al tormento y a la muerte. Yo solo seré un testigo de aquello que esté por llegar