13 sept. 2010

William, La sangre de Tavala's Rock (Cyberpunk)


Nombre: William Von Karma

Edad: 28 años

Sexo: Masculino

Cabello: Largo, negro

Ojos: Negros

Altura: 1'75 metros

Raza: Humano

Tipo: Ladrón

Profesión: Trabaja en The Sevenstripes





12 sept. 2010

Aslaf Street, n. 321

¿Adivinan quién se refugia aquí? Todos los tesoros recaudados por VonKarma (todos de procedencia dudosa) se concentran aquí. ¡Límpiense los zapatos!, y bienvenidos

The SevenStripes

Éste es el local en el que la aventura comienza.

Pasado en llamas (001)

Todas las ciudades tienen historias, historias que merecen ser contadas. Muy pocas son escuchadas, pero merecen su mención, ya que es la sangre de todos los que allí viven. Esta es la historia de la Sangre de Tavalas Rock.

Un disparo. Lo oyó silbar a pocos milímetros de su oreja, y las astillas que estallaron frente a él por poco le atraviesan los ojos. Cambió de dirección mientras escuchaba gritar al dueño de la casa, de la cual estaba cometiendo robo.

-¡¡Maldito hijo de perra, voy a cortarte...!! - dijo su anfitrión. No pudo escuchar el resto, ya que la puerta principal se abrió para dejar paso a un muchacho demasiado fornido para vencerlo en combate. Se avalanzó contra la salida, provocando una sorpresa aún mayor.

Bajó las escaleras que lo separaban del suelo 3 pisos, y un golpe de gracia quiso que cayera en... entre cajas de basura y otros desperdicios. Eso fue lo único que evito que el muchacho saliera malherido volviendo a casa, sin la pieza robada. Una vez a salvo de aquella paliza, ya que el dueño de la casa había desistido en su búsqueda, volvió a casa casi saltando por haber conseguido su premio: una Jvc_rcm00




Huyó a lo que era su hogar, ya que las sirenas de la policía se acercaban cada vez más. Allí, colocó la aparatosa radio en un lugar bien visible, como si fuera un trofeo que exhibir. Se quedó contemplandola hasta que una voz lo sobresaltó:

- ¿Eso es lo que hoy has traído?

Era su compañero, de habitación y tal vez de celda, si llegaran a encarcelarlos. El pequeño Dapper (o Dan'Up, si se daba el caso). Su gran chepa lo hacía reducirse a la altura de 165 metros. Sus manos y su gestualidad asemejaban a la de un roedor, y casi actuaba como tal. Su pelo, en cresta, mostraba en arcoiris casi en plenitud. Observaba el nuevo instrumento y hurgaba, intentando descrubir una increíble cualidad que lo hiciera de mayor valor. Pero claro, era el capricho del ladrón. De él, de William VonKarma. Y con sus manos, podía conseguir cualquier cosa.

Tras unas discusiones varias, descubrió que Dapper tenía algo extraño en sus pupilas... Al acercarse, vió un pequeño neón que desfilaba en vertical por sus ojos con la siguiente frase:

EL ORDENADOR ES TU AMIGO

... Era otra de las extravagancias del renacuajo: las lentes de última generación. Al ver que por fin lo había descubierto, Dapper fue de vuelta a su refugio, su habitación privada de la que apenas salía. Will dejó que se marchara y tuvo la genial idea de echarse a dormir...

Dormir con la música rock a todo volumen... el sueño de todo cyberpunk.

I’m on the highway to hell...
I’m on the highway to hell...

Aquello fue lo que sacó del sueño al ladrón. La maravillosa voz del viejales de su jefe resonó en toda su oreja.

- ¿Con que escaqueandote de tu trabajo, eh, capullo? ¡Te descontaré del sueldo la noche que te has pasado a tu bola, maldito comemierda! ¡¿Me has oído bien?!
- ¿De qué me hablas? ¡Ayer libraba, carcamal! - dijo Will, por fin del todo despierto.

El jefe siguió con su verborrea, hasta que por fin decidió darle fin colgando la llamada. El local, el SevenStripes, no estaba lejos, y podría ajustar cuentas de una vez, en vez de escuchar los gritos por el dichoso auricular del teléfono. Algún día acabará rompiendose de tantos gritos, de eso estaba seguro Will.

Así que dejó a Dapper trajinando en la cocina, mientras el iba a saber de que iba la noche en el local. Estaba cerrado en aquellos momentos para el público, pero en el interior se desarrollaba la batalla de volver a reconstruirlo como un lugar decente* y adaptable para las copas.

*Advertimos que el sentido de DECENTE no es aplicable según el concepto de hoy en día.

En el interior se hallaba Candy, el dulce de todos los bares en varias manzanas a la redonda. Su magnífica cabellara rubia y su esplendoros cuerpo fueron lo primero que acapararon los ojos de Will. Una voz caló en lo profundo de aquella maravillosa visión con las siguientes palabras:

- ¡¡Hey!! - chasquido de dedos - Tengo cara, ¿sabes?
- Perdona, Candy, estaba comprobando como estaba el bar hasta que... - se excusó Will, pero ella volvió a la carga:
- Claro, claro... - dijo lanzándole un trapo a la cara, mientras se reía. - Vamos, ayúdame.

Ambos fueron adecentando el local, poco a poco. Pero la paz fue rota cuando un grito de Candy, procedente del almacén, hirió los oídos de Will. Y la escena hallada no fue mucho más enriquecedora: un cadáver estaba tendido junto a la puerta de emergencia, que daba acceso al almacén.

No tardó en aparecer la guinda del pastel: el viejo, dueño del local y superviviente de aquella ciudad de locos. Escuchó atentamente las palabras de Candy, que le explicaron todo lo sucedido. La mejor opción, si una de ellas era que encontrara el cadáver y formara un caos.

Con toda la calma de que fue capaz, el viejo registró el cuerpo de nuevo. En su pecho, grabado a cuchillo: CUENTA SALDADA. En sus bolsillos, su identificación: Benjamin Keller, 23 años. Y en su muñeca un extraño grabado a fuego. Candy perdió todo asomo de dureza y tranquilidad: tembló y lloró, corriendo hacia un lugar aparte.

Ante Will, las palabras surgieron como un volcán en erupción:

- Mi padre tenía esa misma marca...
- ¿Y no sabías que significaba?
- Creo que tal vez sea hora de averiguarlo.

Diario del narrador, G.D.
Acto I: Pasado en llamas (001)